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Pactar no es traicionar

Publicada el febrero 5, 2015 por admin6567
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EDITORIAL

La tendencia al pluripartidismo abrirá paso a la necesidad de acuerdos o alianzas

  • Pablo Iglesias tiende la mano a Tania Sánchez
EL PAÍS (Ver aquí)
 

El Barómetro del CIS difundido ayer afianza la impresión de que el pluripartidismo pugna por instalarse definitivamente en España. La hipótesis de que ninguna de las opciones principales pueda acercarse a la mayoría absoluta propicia dos situaciones: o bien Gobiernos en minoría, una solución poco estable de por sí; o apoyos y alianzas suficientes como para garantizar la gobernabilidad de las instituciones, como se hace en otros muchos países europeos.

Editoriales anteriores

En defensa de la libertad (03/02/2015)

Seamos serios (30/01/2015)

Gesto sin explicaciones (26/11/2014)

El orden en que el CIS sitúa ahora las preferencias de voto hacia las principales opciones (Partido Popular, Podemos y Partido Socialista) no tiene tanta importancia como la fragmentación del electorado, la consolidación de una clara competencia al PSOE por su izquierda (Podemos) y la debilidad del PP para ejercer el papel director de la política española. Salvo cambios drásticos de aquí a las urnas, esa situación exige abrir camino a la cultura del pacto y del acuerdo, desterrando los afanes de polarización y de imposiciones que han guiado muchos de los pasos dados en la vida pública.

No es evidente que los resultados de las urnas hayan de parecerse a los que proporcionan las encuestas, y nadie puede descartar que una de las opciones en cabeza termine destacándose claramente sobre las demás. Pero hay que revisar las rotundas posiciones contrarias a todo pacto por principio. Claro que hay que pactar en asuntos importantes, sabiendo bien lo que se acuerda y explicándolo de forma transparente a los ciudadanos.

El pactismo exhibido recientemente por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder socialista, Pedro Sánchez, traduce la nueva situación. Aunque no se entiende la concesión hecha por el PSOE a la aceptación (por la puerta de atrás) de la “prisión permanente revisable”, ni tampoco la oferta de un pacto por la educación tras una legislatura plagada de decisiones unilaterales del PP en esa materia, sin embargo, y aun con los titubeos propios de un terreno nuevo, firmar un pacto tiene ventajas: permite a Rajoy alejarse de la imagen de rodillo con que ha conducido la legislatura de mayoría absoluta, mientras Sánchez trata de afianzar una imagen de político responsable y capaz de entenderse con sus adversarios. Sin duda, la actitud de Podemos tras las elecciones autonómicas y municipales dará la medida de su proyecto político, cuando haya de decidirse entre facilitar Gobiernos de derechas o de izquierdas.

La política lleva demasiado tiempo instalada en la crispación y en el bloqueo del diálogo interpartidista. Se han criticado y olvidado injustamente los beneficios proporcionados por el método consensual utilizado en la Transición, del que surgió lo mejor de España tras la dictadura: la protección de las libertades civiles y la normalización de la democracia. Ahora llevamos años sumidos en una crisis política de la que será muy difícil salir sin aceptar la idea de que un acuerdo no implica una traición.

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