
La fulminante sustitución de Benjamín Prieto por una gestora presidida por José Martín‑Buro ha abierto en el PP de Cuenca una de las crisis internas más profundas de las últimas décadas, con consecuencias que van mucho más allá de una simple pelea de cargos. Lo que está en juego no es solo quién manda en el aparato, sino el tipo de liderazgo y de proyecto que la derecha conquense va a ofrecer a una provincia castigada por la despoblación, la pérdida de servicios y la fatiga política.
Martín‑Buro no llega a la presidencia del PP de Cuenca fruto de un congreso ilusionante, sino de una operación quirúrgica desde arriba: dimite Prieto, Génova interviene y se nombra una gestora que, lejos de ser neutra, viene con encargo claro de elaborar las listas electorales y pilotar el partido hasta 2027. La propia hoja de ruta difundida deja muy claro que la prioridad es organizar el aparato, diseñar candidaturas y crear una nueva junta local en la capital, no abrir un debate a fondo sobre el modelo de provincia o la reconstrucción de consensos.
Esta forma de aterrizar en el poder interno ha sido percibida por una parte importante del partido como una imposición más que como un relevo natural, y eso marca desde el minuto uno la legitimidad de Martín‑Buro. El mensaje implícito es demoledor: cuando las cosas se tuercen, se soluciona con un nombramiento desde Toledo y Madrid, no preguntando a los afiliados ni a los alcaldes.
La reacción no se ha hecho esperar. Casi 70 alcaldes y alrededor de 40 portavoces municipales se han revuelto contra la nueva gestora, reclamando un congreso provincial urgente y advirtiendo de que una dirección “provisional” convertida en permanente puede tener un fuerte coste electoral. Que más de un centenar de cargos locales firmen un documento de este calibre revela hasta qué punto el malestar es estructural y no una simple pataleta de dos o tres afectados por la remodelación.
La primera grieta visible ha sido la dimisión de Alejandro Pernías, alcalde de Villar de Cañas, que ha abandonado la gestora y el comité ejecutivo provincial al considerar que la fórmula elegida vacía de sentido la participación interna y bloquea la celebración del congreso. A su salida se han sumado otras tres dimisiones en la gestora, un goteo que dibuja la imagen de un equipo que empieza a resquebrajarse pocas semanas después de
El núcleo de la crítica es muy concreto: no se discute solo quién, sino cómo. Los alcaldes reprochan que una gestora sin fecha de caducidad clara se arrogue el poder de configurar las listas municipales y provinciales para dentro de dos años, desplazando en la práctica a los afiliados y a los órganos estatutarios. Traducido al lenguaje político, se trata de blindar un poder orgánico desde arriba y de condicionar el mapa de poder local hasta bien entrado 2027 sin pasar por las urnas internas.
Esta sensación de “democracia secuestrada” resulta especialmente dañina en una organización que había presumido de que el último congreso provincial dio a Prieto un respaldo superior al 97% de los votos. No es casual que el sector crítico insista en la idea del respeto a la voluntad expresada por la militancia: si la dirección que eligieron se cambia por decisión ajena a la provincia, el mensaje a la base es que su voz pesa menos que el cálculo de Génova.
A este déficit de legitimidad interna se suma un problema de imagen externa. Sectores de la oposición recuerdan a Martín‑Buro como uno de los ejecutores de la etapa de recortes de Cospedal, un periodo asociado en Cuenca al cierre de servicios y a la sensación de abandono institucional. En una provincia que pelea por mantener escuelas, centros sanitarios y conexiones de transporte, ese pasado hace muy difícil construir un relato de “nuevo comienzo” creíble.
Mientras tanto, la gestora intenta proyectar un discurso de “revitalización electoral” con horizonte 2027, confiando en que el desgaste del PSOE y el giro a la derecha del electorado conquense terminen tapando la fractura interna. Pero un partido partido por la mitad está peor armado para capitalizar el descontento que un adversario serio pero cohesionado.
En este tablero, la figura clave en la capital es Beatriz Jiménez. Martín‑Buro la ha colocado al frente de la nueva junta local del PP de Cuenca y ha verbalizado que uno de sus objetivos es convertirla en alcaldesa. Ella misma ha confirmado que tiene intención de presentarse como candidata en 2027, y las encuestas la sitúan como favorita para ganar con 10 concejales y mayoría con Vox.
De momento, ni la gestora ni el sector crítico han puesto sobre la mesa un nombre alternativo para la candidatura municipal de Cuenca, lo que refuerza el papel de Jiménez como eje central de la apuesta del PP en la ciudad. Sin embargo, su fortaleza electoral puede verse condicionada si llega a 2027 encabezando una lista diseñada por una dirección provincial contestada y sin haber resuelto el pulso con los alcaldes.
Las encuestas recientes pintan un escenario que, a primera vista, parecería cómodo para el PP: ventaja clara en la capital, crecimiento de Vox y un PSOE a la baja. Pero esa foto se ha tomado en plena efervescencia de la crisis interna, y cabría preguntarse si refleja realmente un voto sólido al proyecto popular o más bien un rechazo coyuntural a la gestión socialista en el Ayuntamiento y en la Junta.
En clave provincial, una fractura prolongada puede traducirse en menos militancia activa, menor movilización en campaña y fugas de voto hacia la abstención o hacia candidaturas independientes y otras opciones conservadoras. No es descabellado pensar que algunos de los alcaldes hoy en rebeldía opten por bajar el perfil, no implicarse al máximo en la campaña o incluso explorar proyectos propios si sienten que se les ha cerrado el paso en el reparto de puestos.
En el fondo, la pregunta que habría que hacerse en Cuenca es si la crisis del PP está sirviendo para discutir de ideas o solo de sillas. Hasta ahora, la batalla se libra en el terreno orgánico: quién preside, quién diseña las listas, quién manda en la junta local, cuándo se celebra el congreso. Mientras tanto, siguen pendientes los debates de fondo: qué hacer con el vaciamiento demográfico, qué modelo de infraestructuras se defiende, qué papel debe jugar la ciudad de Cuenca en un corredor Madrid‑Levante que no deja de reconfigurarse.
Martín‑Buro ha decidido jugar el partido como un administrador del aparato, no como un impulsor de un proyecto de provincia integrador y transversal. Y los críticos, más centrados en recuperar mecanismos de democracia interna que en articular una alternativa programática visible, corren el riesgo de reducir la disputa a un pulso de legitimidades sin contenido.
Con estos mimbres, cuesta sostener que Martín‑Buro sea la opción que Cuenca necesita. Es un liderazgo nacido de una imposición, sostenido por una gestora cuestionada, que mira más a la aritmética de las listas que al horizonte de la provincia y que arrastra un pasado difícilmente digerible para quienes han sufrido los recortes. Su prioridad explícita es ordenar el partido, no ordenar Cuenca.
Cuenca, ciudad y provincia, necesita liderazgos capaces de sumar, de tender puentes entre generaciones y comarcas, y de sentarse con todos los actores para dibujar una estrategia de largo plazo que trascienda el calendario interno de un partido. Mientras el PP permanezca atrapado en la lógica de la gestora y del control de las candidaturas, seguirá mirando al ombligo… y dejando abierta la puerta a que otros ocupen el espacio de la esperanza que hoy sus propios militantes reclaman sin ser escuchados.
Estoy totalmente de acuerdo. La imposición desde Toledo – léase Sr.Nuñez – solo va a traer al partidoy a la provincia de Cuenca perdidas en todos los sentidos. ¿ Quienes de nuestros políticos regionales y nacionales del PP se acuerda de nuestros pueblos casi despoblados y plantea proyectos que favorezcan económicamente a través del trabajo de sus gentes en su zona rural?
¿ No sé podría plantear en la zona de la sierra algún/os tipos de trabajo que lleve desde el cuidado y mantenimiento de la gran masa forestal que hay en la provincia hasta la explotación de la riqueza que puede generar esa riqueza maderera? Esa riqueza donde primero se debe dejar notar es en esos pueblos y en los ciudadanos que allí habitan. Sí poco a poco se lucha por crear puestos de trabajo cabe la esperanza de aumentar la poblacion. Si aumenta un mínimo la población surgirá la necesidad de incrementar unos servicios básicos: una pequeña tienda, un bar/restaurante, …, una panadería. Eso también implica que se dan facilidades a quienes se quieran arriesgar a montar un pequeño negocio. Nada es imposible si ponemos ilusión, trabajo y esfuerzo en sacar adelante un pequeño negocio, … sí éste está en cierta forma avalado por otros negocios de miras más altas. La riqueza de una zona donde primero se debe notar es en ésta.
¿ Por qué casi siempre los nuevos proyectos de trabajo se van a localidades que no funcionan mal en el tema trabajo, y se olvida SIEMPRE a las zonas despobladas?
Si volvemos al PP de Cuenca, yo quiero en el partido a personas que conozcan la provincia y sus problemas como la palma de su mano, que conozcan la gente, su forma de vida, sus problemas y sus ilusiones in situ ni desde el despacho. Personas que primero miren por posibles soluciones y no por » coger» sillón, despacho y buena nómina. PERSONAS QUE LLEVEN A CUENCA, SUS GENTES Y SU PROBLEMÁTICA EN LO MAS HONDO DE SU CORAZÓN.