
El 31 de marzo de 2019 la Revuelta de la España Vaciada llevó a decenas de miles de personas al centro de Madrid para convertir, por primera vez, el abandono del territorio en una cuestión de Estado y no en un mero problema “local”. Siete años después, en el VII aniversario de aquella movilización, seguimos necesitando explicar por qué nuestros pueblos no son un vestigio del pasado, sino una condición de posibilidad para cualquier proyecto democrático, justo y sostenible de país. No hablamos de una nostalgia romántica por la “vida de antes”, sino de derechos vulnerados, desequilibrios territoriales que se agravan y un modelo económico que continúa tratando amplias comarcas como si fueran tierra de sacrificio.
La pieza informativa emitida por Castilla-La Mancha Media en “Castilla-La Mancha a las 3” el 31 de marzo de 2026 sitúa muy bien este contexto de aniversarios, balances y promesas. Mientras las instituciones presumen de estrategias, memorias de impacto demográfico y miles de millones de euros destinados a combatir la despoblación, la realidad cotidiana en buena parte del medio rural castellano‑manchego y del resto de la España interior sigue marcada por el envejecimiento, la pérdida de servicios básicos y la precariedad de las oportunidades vitales para la población joven. Las campanas que repican en los pueblos, como recuerda la propia cobertura de CMM, no son un rito folclórico: son una llamada de auxilio y, al mismo tiempo, un toque de arrebato que interpela al conjunto de la sociedad, no solo a quienes todavía resisten en los territorios más castigados.
Este manifiesto nace precisamente de esa tensión entre el discurso oficial y la experiencia real de quienes habitan la España que se vacía y se desangra. Frente al relato triunfalista que da por “revertida” la tendencia demográfica o cifra el compromiso político en grandes agregados presupuestarios, aquí se toma la palabra desde abajo para nombrar con claridad lo que está ocurriendo: un mundo rural amenazado por la despoblación, por el desmantelamiento del tren convencional y de otros servicios públicos de transporte, por redes viarias deterioradas y por una vertebración territorial ineficiente que penaliza la vida diaria de miles de personas. Un territorio agredido por megaproyectos energéticos y de datos que colonizan paisajes y suelos agrarios, por plantas de biogás y biometano presentadas como “verdes” mientras generan impactos irreversibles, por una nueva minería extractivista que hipoteca el futuro de comarcas enteras y por modelos de agricultura y ganadería intensiva que esquilman suelos, contaminan aguas y sustituyen el tejido agrario familiar.
Pero el texto que sigue no se limita a denunciar; reivindica también el papel del mundo rural como espacio de alternativas y de oportunidad. Frente a la mirada que reduce nuestros pueblos a una carga presupuestaria o a un decorado turístico estacional, el manifiesto los presenta como escenarios de futuro: lugares para la incorporación de nuevos pobladores —retornados, migrantes, jóvenes emprendedores— que puedan hacerse cargo de servicios esenciales hoy al borde del cierre; territorios donde ensayar respuestas más sociales al problema de la vivienda, hoy casi inaccesible en muchas grandes ciudades. Zonas idóneas para sostener modelos de agricultura y ganadería extensiva, para fortalecer redes agroecológicas de cercanía, para recuperar mercados locales en clave de soberanía alimentaria y para aprender de experiencias de gestión forestal comunitaria que cuidan el monte y reducen el riesgo de incendios en un contexto de emergencia climática.
En estas páginas se plantea, además, una agenda positiva de transición: comunidades energéticas en otra escala, proyectos de autoconsumo que no destruyan el paisaje ni expulsen otros usos del suelo, espacios con alma para reconectar con la naturaleza, con la memoria y con la cultura rural como fuente de creatividad y resiliencia. El mundo rural aparece aquí como aula abierta de democracia —donde la organización comunitaria no es una abstracción sino una práctica cotidiana— y como semillero de iniciativas de economía social y solidaria que afrontan necesidades reales con otros valores distintos del lucro inmediato. De fondo late una convicción que la cobertura mediática apenas roza: frente a un sistema global en crisis, que nos conduce al colapso, la desigualdad extrema y la violencia, la reconstrucción de los vínculos comunitarios que todavía subsisten en muchos pueblos es una de las pocas alternativas plausibles.
Por eso, el manifiesto insiste en elevar el 31 de marzo a Día Europeo de Lucha contra la Despoblación, no como un gesto simbólico más, sino como palanca política para que la Unión Europea, el Gobierno de España y los gobiernos autonómicos asuman que esta herida territorial compromete la cohesión social y la sostenibilidad ambiental de todo el país. Y por eso lanza un mensaje nítido que resume el espíritu de estas líneas: el mundo rural no se rinde, se organiza; no quiere ser gestionado desde la condescendencia ni convertirse en laboratorio de proyectos especulativos, sino establecer nuevas alianzas entre lo urbano y lo rural, “de igual a igual, desde el respeto y la cooperación”. Que nadie decida por nosotros sin nosotros, que nadie dé por vacíos unos pueblos mientras sigan latiendo: ese es el hilo que cose tanto el contenido de este manifiesto como las imágenes y testimonios que medios públicos como CMM han empezado a recoger, todavía de forma insuficiente, pero cada vez menos ignorables.
El texto que el lector tiene ahora entre manos es, en suma, una invitación a escuchar ese latido y a convertirlo en compromiso: compromiso institucional, pero también ciudadano, profesional, cultural y mediático. Leído junto a la información emitida en “Castilla-La Mancha a las 3” el 31 de marzo de 2026, este manifiesto ayuda a completar un mismo cuadro desde dos ángulos distintos: el de la narración periodística y el de la auto‑representación de los propios territorios. Que estas páginas sirvan, al menos, para que nadie pueda alegar desconocimiento ni mirar hacia otro lado cuando vuelva a sonar, en el próximo 31 de marzo, el repique de las campanas de la España vaciada.

Manifiesto
VII Aniversario Revuelta de la España Vaciada
31 marzo 2026
Defendamos el territorio. Nuestros pueblos, espacios de oportunidades
«En el 7º Aniversario de la Revuelta de la España Vaciada, rememorando la gran
manifestación en Madrid en la que resonó el clamor unánime de esa España que se
despuebla y se desangra, volvemos a salir a las plazas de nuestros pueblos para alzar la
voz en defensa de un territorio amenazado por el abandono institucional, y de un mundo
rural agredido por proyectos especulativos que lo están convirtiendo en tierra de sacrificio
en aras de los intereses del capital financiero.
Volvemos a demostrar que somos pueblos que resisten, comunidades que mantenemos
viva la cultura rural y preservamos el medio natural, colectivos que nos coordinamos y
trabajamos en red por hacer de nuestros territorios escenarios de futuro y espacios de
oportunidades de cara a la alternativa que nuestra sociedad necesita, un modelo de
desarrollo que ponga en el centro las necesidades de las personas, la primacía del bien
común y la protección del territorio que sostiene la vida.
(En defensa del territorio)
El mundo rural nunca ha estado tan amenazado y agredido como en estos momentos:
-Amenazado por la despoblación de extensas áreas rurales (lo cual no es casual ni
inevitable, como pretenden hacernos ver), con el consiguiente desmantelamiento de
servicios básicos, que dificulta la supervivencia y el acceso a los derechos sociales en
condiciones de igualdad.
-Amenazado por las dificultades para la movilidad (red de carreteras en mal estado,
desmantelamiento del tren convencional, desaparición de servicios públicos de
transporte…) y por la ineficiente vertebración del territorio.
-Agredido por los megaproyectos energéticos que destruyen paisajes y suelos agrarios
en beneficio exclusivo de grandes empresas y fondos de inversión ajenos al territorio;
megaproyectos que no se justifican por las necesidades reales de la sociedad y que, a su
vez, traen consigo otras formas de colonización industrial y especulativa en la España
vaciada, como son los centros de datos.
-Agredido por la avalancha de proyectos de plantas de biogás y biometano, que, bajo la
falsa apariencia de producción de energía verde, generan daños irreparables al entorno
natural y a las poblaciones afectadas, cuya opinión se menosprecia.
-Agredido por la nueva minería extractivista, la cual, amparada en el interés
geoestratégico de control de minerales escasos en aras del desarrollismo tecnológico,
justifica el sacrificio de tierras de labor y ecosistemas protegidos e hipoteca el futuro de
comarcas enteras.
-Agredido por la mala gestión de los recursos forestales y el abandono de los montes,
que los convierte en pasto de incendios devastadores en un contexto de cambio climático.
-Acosado por la presión de las políticas agrarias, los mercados internacionales y la cadena
alimentaria, que hace cada vez más difícil el mantenimiento del modelo de agricultura y
ganadería familiar, basado en el aprovechamiento de los recursos en equilibrio con el
medio natural, un modelo suplantado ahora por el de la ganadería intensiva en forma de
macrogranjas y el de la agricultura intensiva, que no solo esquilman los suelos y
contaminan las aguas, sino que también son insostenibles por la dependencia de insumos
y de energía que conllevan.
-Amenazado por la mentalidad urbano-consumista que alimentan los medios de
comunicación y plataformas tecnológicas, que genera desconexión con la naturaleza y
provoca desarraigo emocional.
(Somos espacios de oportunidades)
No somos un problema para la sociedad, como demasiadas veces nos ven desde las
instituciones y los centros de poder.
Somos también, y así reclamamos que se nos reconozca, escenarios de futuro, espacios
para la alternativa y cuna de nuevas posibilidades:
-Espacios para la incorporación de nuevos pobladores (personas retornadas, migrantes,
jóvenes emprendedores…) en trabajos que desaparecen por falta de relevo (bar, tienda,
carpintería, herrería, panadería…) y que siguen siendo servicios esenciales para la
población.
-Espacios de posibilidades para buscar alternativas más sociales al grave problema de la
vivienda en nuestro país, cada vez más inaccesible en las grandes ciudades.
-Espacios de oportunidades para apoyar modelos de agricultura y ganadería en
extensivo que preserven los ecosistemas y mantengan limpios los montes, para propiciar
sistemas de producción agroecológica de cercanía, impulsar redes de productores y
consumidores, recuperar y fortalecer los mercados locales, en clave de soberanía
alimentaria.
-Espacios de aprendizaje de buenas prácticas en la gestión pública de los bosques y en
el aprovechamiento comunitario y sostenible de sus recursos, que en algunos lugares se
están llevando a cabo con acierto, y extenderlas a otros territorios donde las cosas se están
haciendo mal.
-Espacios de innovación para poner en marcha proyectos de sostenibilidad energética
en otra escala más social, fomentar el autoconsumo y crear comunidades energéticas, sin
destruir los paisajes ni hipotecar el uso primordial de la tierra como productora de
alimentos.
-Espacios con alma para reconectar con la naturaleza e implicarse en su defensa. La
conservación de la biodiversidad se ha demostrado que es la herramienta más eficaz para
hacer frente al cambio climático.
-Espacios con memoria para resintonizar con la cultura rural y redescubrir su potencial
creativo como herramienta para afrontar los retos del futuro (cambio climático,
sostenibilidad, soberanía alimentaria, resiliencia ante un sistema en crisis, identidad frente
a la globalización alienante…)
-Espacios comunitarios para el cuidado de las personas en entornos amigables y
humanos, donde están floreciendo multitud de experiencias que ponen en el centro los
cuidados de las personas mayores, de la infancia, de la discapacidad, de la salud mental…
-Somos aulas abiertas para aprender a partir de la experiencia viva de la organización
comunitaria, que es la mejor escuela de democracia y participación ciudadana.
-Somos semillero de nuevas iniciativas de economía social y solidaria, sostenidas por
la comunidad, que respondan a las necesidades de la población y generen trabajo decente,
desde otros valores no mercantilistas.
-Somos un espacio privilegiado, en suma, para ir avanzando hacia la alternativa global
a un sistema mundial en crisis, que nos conduce al colapso, a la desigualdad más absoluta
y a la violencia extrema, alternativa que pasa por reconstruir los valores comunitarios que
en las zonas rurales se mantienen vivos.
En esta jornada, en que reclamamos una vez más que el 31 de marzo sea declarado DÍA
EUROPEO DE LUCHA CONTRA LA DESPOBLACIÓN, hacemos un llamamiento
a que la sociedad en su conjunto tome conciencia de la gravedad del problema. La realidad
de la despoblación no afecta solo a quienes habitamos en la España vaciada: es una herida
colectiva, un desequilibrio que compromete la cohesión social, la sostenibilidad
ambiental y la justicia territorial de todo el país.
Por ello, instamos a la Comunidad Europea, al Gobierno de España y los gobiernos de las
comunidades autónomas a adoptar medidas urgentes encaminadas a lograr un equilibrio
territorial más justo y a promover iniciativas que establezcan nuevas alianzas entre el
medio urbano y el medio rural, de igual a igual, desde el respeto y la cooperación. Pero
también afirmamos con fuerza que el mundo rural no se rinde: se organiza, propone y
construye alternativas frente a un modelo que nos margina y nos expolia.
Que nadie decida por nosotros sin nosotros. Que nadie dé por vacíos nuestros pueblos
mientras sigan latiendo. Es tiempo de unidad, de compromiso y de lucha. !Defiende tu
pueblo, porque defendiendo nuestros pueblos estamos defendiendo el futuro de todos!»