Skip to content

La Vanguardia de Cuenca

Intereses: comunicación y actualidad en general, weblogs, sociedad, política

Menu
  • INICIO
  • BIOGRAFÍA
  • PUBLICACIONES DEL AUTOR
  • Instagram
  • Facebook
  • X
Menu

La voz que vuelve por las vías (por Juan Andrés Buedo)

Publicada el mayo 7, 2026mayo 7, 2026 por Juan Andrés Buedo
Compartir

En honor y gloria de Javier López Salmerón

Hay canciones que nacen para acompañar un verano y otras que llegan para quedarse en la conciencia de un pueblo. Las de Javier López Salmerón pertenecen a esa segunda estirpe: la de las palabras que no aceptan el olvido. En una época donde todo parece condenado a la fugacidad —la noticia instantánea, la indignación efímera, el titular de usar y tirar—, el autor conquense ha decidido levantar algo mucho más difícil: memoria.

Y lo ha hecho desde la música, que es quizá la forma más humana de resistencia.

Escuchar sus letras es volver a oír el silbido de un tren que muchos quisieron dar por muerto. Pero no hay defunción posible cuando todavía quedan ciudadanos capaces de nombrar aquello que les duele. Porque el ferrocarril convencional Madrid-Cuenca-Valencia no era solamente una infraestructura; era una arteria sentimental, una forma de pertenencia, un puente entre generaciones. Por sus ventanillas viajaron estudiantes, trabajadores, soldados, enamorados, emigrantes y abuelos con bolsas de rafia y bocadillos envueltos en papel de plata. También viajaba algo más profundo: la sensación de que Cuenca seguía conectada al mundo sin renunciar a sí misma.

Eso es precisamente lo que Javier López Salmerón entiende con admirable lucidez poética.

Letra de dos canciones de Javier López Salmeron, 7.05.26Descarga

En sus composiciones no hay panfleto, sino dignidad. No hay consigna hueca, sino una emoción civil que brota de la tierra. Cuando escribe “un pueblo sin caminos se empieza a desconectar”, no está hablando únicamente de raíles. Está hablando de la despoblación emocional de un territorio al que demasiadas veces se le exige resignación disfrazada de modernidad.

Porque quizá el gran talento del autor reside en haber comprendido algo esencial: que el progreso auténtico nunca puede construirse sobre el abandono. Hay una belleza amarga en esa denuncia que atraviesa sus versos, una mezcla de rabia serena y amor por la ciudad herida. Frente al lenguaje burocrático de expedientes, competencias y planes estratégicos, López Salmerón devuelve humanidad al debate. Les pone voz a quienes sienten que las decisiones sobre su futuro fueron tomadas demasiado lejos de las estaciones vacías.

Y ahí aparece el verdadero valor de su obra: convertir una reivindicación ferroviaria en un relato moral.

No es casual que sus canciones invoquen continuamente al pueblo, a la memoria y a la democracia real. Son palabras grandes, sí, pero pronunciadas desde abajo, desde la intemperie de quienes ven desaparecer servicios esenciales mientras se les promete un mañana abstracto. En tiempos de cinismo político y resignación colectiva, resulta profundamente conmovedor encontrar a alguien que todavía cree en el poder de la palabra compartida.

Cuenca necesita voces así.

Necesita creadores que recuerden que una ciudad no se defiende únicamente con estadísticas o informes técnicos, sino también con emoción, identidad y cultura. El arte, cuando nace de una verdad profunda, puede convertirse en una forma de patrimonio colectivo. Y estas canciones lo son. Porque hablan del tren, sí, pero también hablan de algo mucho más grande: del derecho de los territorios a no ser borrados lentamente del mapa sentimental de un país.

Quizá dentro de unos años alguien vuelva a escuchar estos versos y comprenda mejor lo que ocurrió aquí. Comprenda que hubo ciudadanos que no aceptaron el silencio de las vías como algo inevitable. Que hubo quienes defendieron el tren convencional Madrid-Cuenca-Valencia no por nostalgia vacía, sino porque entendían que la cohesión territorial no puede depender exclusivamente de la rentabilidad inmediata.

Mientras tanto, Javier López Salmerón ya ha conseguido algo importante: que la memoria siga circulando aunque los convoyes hayan dejado de hacerlo.

Y a veces, en los pueblos que se niegan a desaparecer, una canción puede convertirse en el último tren de la dignidad.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Actualidad
  • Administración Pública
  • Administraciones Públicas
  • Ciencia
  • Cine
  • Comunicación
  • Cultura
  • Deportes
  • Economía
  • Educación
  • Empleo
  • Gastronomía
  • Historia
  • Juegos
  • Libros
  • Literatura
  • Medio ambiente
  • Música
  • Pensamiento político
  • Política
  • Religión
  • Sociedad
  • Sociedad de la Información
  • Televisión
  • TIC y Sociedad del Conocimiento
  • Uncategorized
  • Urbanismo y Arquitectura
  • Viajes
  • Web/Tecnología
  • Weblogs

Recent Posts

  • La voz que vuelve por las vías (por Juan Andrés Buedo)
  • Un polvorín llamado PP de Cuenca (por Juan Andrés Buedo)
  • Cuenca es la provincia que más pierde en Castilla-La Mancha. Causas históricas, datos actuales y lo que se puede hacer (por Juan Andrés Buedo)
  • La Iglesia Católica frente al sanchismo y las críticas de VOX (por Eulalio López Cólliga)
  • Vías de memoria, vías de olvido. La traición a la línea Cuenca-Valencia y el Plan X Cuenca (Coord. Eduardo Cruz)

Recent Comments

  1. M.luisa Martinez en Un polvorín llamado PP de Cuenca (por Juan Andrés Buedo)
  2. Moises Lopez Cano en Orden público y regularización de inmigrantes (por Juan Andrés Buedo)
  3. Eduardo Cruz Mariana en Impulso de una política social activa para el repoblamiento y el desarrollo sostenible del medio rural conquense (por Juan Andrés Buedo)
  4. Juan Peralta en Cuenca no está condenada, está mal dirigida (por Juan Andrés Buedo)
  5. Julian.briz en Cuenca no está condenada, está mal dirigida (por Juan Andrés Buedo)
© 2026 La Vanguardia de Cuenca | Desarrollado por Superbs Tema de blog personal