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EPISODIOS PROVINCIALES. 31 – Hay que detener la crisis estructural de Cuenca (por Juan Andrés Buedo)

Publicada el marzo 30, 2026marzo 30, 2026 por Juan Andrés Buedo
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La provincia de Cuenca arrastra una crisis estructural que combina estancamiento económico, deterioro laboral, debilidad del Estado del bienestar y un clima político polarizado en torno al relato de “avance” frente a “quedarse atrás”.

En este marzo de 2026, no es un territorio que se esté muriendo en el sentido biológico del término. No hay un cese de funciones. Lo que hay es una metamorfosis dolorosa, una reconfiguración de sus órganos internos que ha dejado a la vista las costuras de un modelo de desarrollo que durante décadas ignoró la periferia interior de España. Si observamos el mapa de la provincia como un cuerpo humano, veríamos arterias que se han estrechado —las vías del tren convencional—, nodos linfáticos que intentan procesar nuevas inversiones —las macrogranjas y los parques fotovoltaicos— y un corazón, la capital, que late con una arritmia preocupante, debatiéndose entre ser una ciudad de servicios o un museo de nostalgia.

Existe una forma de mentir sin mentir: seleccionar los datos que uno quiere, ignorar los que incomodan y envolverlo todo en papel de regalo institucional. En Cuenca llevamos años asistiendo a ese espectáculo. Cada cambio de padrón municipal, cada estadística de empleo, cada presupuesto regional se convierte en una oportunidad para proclamar que la provincia «cambia de rumbo», que los indicadores son «históricos», que el problema de la despoblación «se está revirtiendo». Y sin embargo, cuando uno se sienta a leer los números con calma, sin la urgencia del tuit ni la algarabía del acto de inauguración, aparece una realidad más incómoda, más compleja y, en última instancia, más honesta.

Cuenca tiene un problema. No es un problema reciente, ni tiene una causa única, ni se va a resolver con catorce bonos de emprendimiento de 27.000 euros repartidos en una provincia de casi doscientos municipios. Es un problema estructural, acumulado durante décadas, agravado por decisiones políticas de todos los signos y alimentado por un modelo territorial que ha premiado sistemáticamente a quien ya tenía y penalizado a quien más necesitaba. Hablar de ello con rigor es un acto de responsabilidad. Mirarlo hacia otro lado, también lo es, pero de otro tipo.

El espejo que no queremos ver

Los datos del Instituto Nacional de Estadística no mienten, aunque sí pueden silenciarse. La provincia de Cuenca es hoy la que menos crece de las cinco provincias de Castilla-La Mancha. En 2023 su padrón aumentó apenas un 0,20%, mientras Toledo lo hacía al 1,6% y Guadalajara al 1,91%. La capital provincial —esa ciudad que fue Patrimonio de la Humanidad, que tiene uno de los conjuntos medievales más singulares de Europa— fue en 2023 una de las tres únicas capitales de provincia de España que perdieron habitantes. Solo Córdoba y Cádiz compartieron ese triste privilegio.

No es un dato de un año malo. Es una tendencia. En la provincia, 210 de sus 238 municipios tienen hoy menos vecinos que a principios de este siglo. Casi nueve de cada diez pueblos conquenses se están vaciando. Y el balance natural es demoledor: en 2025 nacieron 1.330 personas y fallecieron 2.149. Un saldo vegetativo negativo de 1.089 seres humanos. Por cada tres conquenses que llegan al mundo, más de cuatro se van de él para siempre.

¿Y el crecimiento que nos venden? Existe, sí. En 2025 la provincia sumó 969 habitantes. Pero 1.571 eran personas de nacionalidad extranjera llegadas de otros países. Los españoles, en cambio, siguieron marchándose: 602 menos. Cuenca crece gracias a quien viene de fuera, mientras sigue despidiéndose de los suyos. Eso no es revertir la despoblación. Es tapar una hemorragia con un apósito.

La fuga silenciosa de las mujeres

Hay un dato que aparece en las estadísticas pero que casi nadie comenta porque es demasiado incómodo: en 2025, los hombres crecieron en 328 en la provincia, pero las mujeres apenas lo hicieron en 12. No es un error tipográfico. Doce mujeres más. La fuga femenina —bien documentada por la demografía rural— es el indicador más elocuente del estado real de una provincia: las mujeres jóvenes, que en general tienen mayor formación, son las primeras en marcharse cuando un territorio no ofrece empleo de calidad, servicios suficientes ni expectativas de futuro. Cuando las mujeres se van, los pueblos no solo pierden habitantes. Pierden futuro.

Este dato no aparece en ningún discurso institucional. No hay plan específico para abordar la brecha de género demográfica en Cuenca. No hay un diagnóstico serio sobre por qué una joven formada prefiere Albacete, Madrid o Valencia antes que quedarse en su pueblo. Hablar de esto no es feminismo de ocasión: es demografía pura y dura.

El efecto Madrid que se vende como política propia

Cuando la Junta de Castilla-La Mancha presenta las cifras del crecimiento regional, suele poner en el mismo paquete a las cinco provincias. Los datos son, en conjunto, razonablemente favorables: la región supera los 2,12 millones de habitantes, las zonas de extrema despoblación registran tres años consecutivos de saldo migratorio positivo, la Estrategia frente a la Despoblación 2021-2031 tiene el 96% de sus medidas en marcha. Todo eso es cierto. Y todo eso es, a la vez, profundamente engañoso para quien vive en Cuenca.

Guadalajara es la segunda capital de España que más ha crecido desde el año 2000: un 37,5%. Toledo ha crecido casi un 26%. Esos datos son espectaculares. Y no tienen nada que ver con ninguna política de despoblación. Tienen que ver con Madrid. El corredor del Henares, que convierte a Guadalajara en ciudad-dormitorio; La Sagra toledana, donde municipios como Seseña han sumado más de 25.000 habitantes en dos décadas. Cuenca no tiene ese privilegio geográfico. No está en ningún corredor económico de alta densidad. Atribuirle a la política regional el mérito del crecimiento de Guadalajara para aplicárselo a Cuenca es, en el mejor de los casos, un error de análisis. En el peor, es una manipulación consciente.

El mercado laboral: precariedad con otro nombre

El desempleo en Cuenca cerró 2025 con 9.002 parados registrados. Los responsables políticos lo presentaron como un logro. Pero enero de 2026 ya trajo 252 parados más. Y cuando se mira la Encuesta de Población Activa —que mide el desempleo real— la provincia terminó 2025 con 14.200 personas desempleadas, con una tasa cercana al 14%. La estructura productiva conquense es frágil, dependiente del turismo estacional y de una agricultura e industria agroalimentaria que no genera suficientes empleos de calidad. La renta de los hogares es de las más bajas de la región a pesar de un PIB relativamente significativo: la riqueza que se genera aquí no se queda aquí. Unos 37.000 conquenses se encuentran en riesgo de pobreza. Nadie ha revertido eso.

La inversión social que no llega

Un informe de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales situó al ayuntamiento de Cuenca a la cola de los municipios españoles en inversión social: 61,27 euros por habitante, por debajo del umbral del 60% de la mediana estatal. Personas mayores sin suficiente atención domiciliaria, familias en riesgo sin el apoyo necesario, una red de servicios sociales al límite. Y la advertencia es clara: en Cuenca, como en tantos territorios rurales, el código postal sigue determinando las oportunidades reales de vida.

El modelo de financiación: el gran silencio cómplice

Aquí está, quizá, la raíz más profunda del problema. El modelo de financiación autonómica distribuye los recursos fundamentalmente en función del número de habitantes. Parece justo. No lo es. Prestar servicios básicos —sanidad, educación, transporte— en un territorio extenso, envejecido y con muy baja densidad de población es objetivamente más caro que hacerlo en una ciudad compacta. Y sin embargo, el sistema no reconoce esa diferencia.

La CEOE CEPYME Cuenca, junto con las patronales de Soria y Teruel —la Red SSPA—, ha rechazado frontalmente el nuevo modelo de financiación propuesto en 2025-2026 por ignorar los criterios de despoblación, superficie y dispersión. La lógica del círculo vicioso es aplastante: menos recursos → peores servicios → pérdida de población → aún menos recursos. Sin esta reforma, cualquier otra política territorial es cosmética. Y, sin embargo, este debate brilla por su ausencia en el discurso político conquense. Es más fácil cortar cintas que pelear en los despachos de Madrid.

Las políticas que no escalan

Que las medidas actuales tienen algún efecto es indudable. Que ese efecto sea suficiente para revertir la crisis estructural de Cuenca es una ficción que conviene desmontar. El Plan de Empleo Rural financió en 2024 la contratación de 316 personas con 1,73 millones de euros: una media de 5.475 euros por trabajador, en muchos casos para una contratación que dura lo que dura la subvención. Los bonos al emprendimiento concedieron 14 ayudas en toda la provincia en 2025. Catorce. En una provincia de 238 municipios y 14.200 desempleados.

Sería como intentar vaciar el Júcar con un cubo de cocina y proclamar cada mañana que el nivel del río va bajando. La propia zonificación del programa ITI —el gran instrumento europeo de inversión territorial— ha sido criticada por el CSIC en 2024 por presentar «evidentes limitaciones territoriales en su diseño», omitiendo municipios con síntomas claros de regresión demográfica.

Lo que hay que hacer

Cuenca necesita políticas distintas, no solo más de lo mismo. Vivienda rural accesible: la provincia tiene un enorme parque de viviendas vacías en sus municipios; sin rehabilitación y acceso real al mercado, cualquier política de atracción de residentes choca con una barrera física insalvable. Simplificación administrativa real para municipios pequeños, donde la burocracia pensada para ciudades actúa como disuasor del emprendimiento y la instalación de nuevas familias. Reforma del modelo de financiación territorial con criterios correctores de despoblación, superficie y sobrecoste de servicios rurales. Conectividad e infraestructuras dignas, empezando por esa deuda ferroviaria histórica con Madrid. Y políticas específicas para la brecha de género demográfica: si las mujeres jóvenes no quieren quedarse, ninguna otra medida alcanza.

Un territorio que merece la verdad

Cuenca no necesita gestores del relato. Necesita gestores de la realidad. Necesita políticos capaces de decir en voz alta, sin eufemismos, que la situación es grave, que las soluciones actuales son insuficientes, que hay batallas que dar en Madrid y en Bruselas antes de seguir anunciando bonos de escasa eficacia estructural.

La provincia tiene activos extraordinarios: patrimonio natural e histórico de primer nivel, suelo asequible, calidad de vida, una tradición agrícola y agroalimentaria de valor. No es un territorio condenado. Es un territorio mal financiado, mal conectado y mal explicado.

Los conquenses merecen saber con exactitud dónde están y qué hace falta para cambiar las cosas. No porque el diagnóstico pesimista sea más verdadero que el optimista, sino porque un diagnóstico honesto es la única base sobre la que puede construirse una solución real.

El primer acto de respeto hacia Cuenca es decirle la verdad.

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