
En una época en la que España y Europa revalorizan su red ferroviaria como columna vertebral de la movilidad sostenible, el desmantelamiento de los tres kilómetros de vía férrea en Tarancón no debería contemplarse como una mera «limpieza urbana», sino como la pérdida de una infraestructura de Estado. En un mundo que camina hacia la descarbonización y la competencia por la conectividad, Tarancón posee un activo que muchas ciudades envidiarían: una conexión directa de alta capacidad con la red nacional.
Una vía levantada es una vía que nunca volverá. La experiencia demuestra que, una vez convertidos los terrenos ferroviarios en parques o asfaltos, la recuperación es económicamente inviable. No hablamos de pasado ni de nostalgia, sino de estrategia: el ferrocarril sigue siendo, en pleno siglo XXI, el eje más eficiente, limpio y vertebrador para la movilidad del futuro.
Desde el punto de vista técnico, el tramo ferroviario de Tarancón forma parte del Eje Madrid-Cuenca-Valencia, un corredor con potencial estratégico dentro del Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda (PITVI) y del Marco Estratégico de Movilidad Sostenible de España (2021-2030). El mantenimiento del trazado permitiría su futura integración en la red de servicios regionales de Renfe Viajeros (Media Distancia y Cercanías extendidas), con inversiones asumibles mediante fondos europeos como el Mecanismo Conectar Europa (CEF) o el FEDER 2021-2027, enfocados en la transición ecológica y la movilidad inteligente.
El falso dilema: parques o tren
Se ha instalado un discurso engañoso que plantea una disyuntiva inexistente: o tenemos zonas verdes y equipamientos urbanos, o mantenemos la vía. Nada más lejos de la realidad. La solución está en la integración inteligente, no en la sustitución.
El modelo de «Corredor Ferroviario Verde» ofrece una alternativa de consenso y modernidad. Con vallados estéticos y permeables, pasos a nivel seguros, arbolado y espacios peatonales, el tren puede convivir armónicamente con la vida urbana. Ciudades europeas como Friburgo, Estrasburgo o Graz lo demuestran cada día: el ferrocarril no separa, sino que cohesiona cuando se planifica con sensibilidad.
Este enfoque está alineado con las Directrices Europeas de Integración Urbano-Ferroviaria promovidas por la Comisión Europea dentro del Pacto Verde Europeo (European Green Deal) y los principios de la Estrategia Europea de Movilidad Inteligente y Sostenible (2020). La coexistencia entre la vía y los espacios públicos no es una utopía, sino una buena práctica urbanística basada en estándares de seguridad y diseño urbano sostenible.
Tarancón, nodo estratégico de movilidad
Tarancón ocupa una posición privilegiada entre Madrid y el Levante, en el eje natural que une la meseta con el Mediterráneo. Desconectarse del ferrocarril sería renunciar a ese papel estratégico en la logística y en la movilidad del futuro.
La expansión de la Comunidad de Madrid hacia el este abre escenarios realistas, como la prolongación de la red de Cercanías o la implantación de un Tren-Tram, capaz de operar como tranvía en el núcleo urbano y como tren convencional en el entorno comarcal. Pero todo ello depende de una condición innegociable: conservar el trazado ferroviario. Sin vías, esas oportunidades desaparecerán para siempre.
El planeamiento territorial de Castilla-La Mancha, recogido en la Estrategia Regional de Ordenación del Territorio (EROT) y en los planes provinciales de movilidad, reconoce a Tarancón como un nodo de enlace regional y subregional. Desde la óptica de la planificación pública, mantener el trazado ferroviario no es sólo una cuestión patrimonial, sino una pieza estructural para la posible constitución de un Área Funcional de Tarancón, clave en las políticas de cohesión territorial y lucha contra la despoblación promovidas por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Sostenibilidad y coherencia con la Agenda 2030
Mientras Europa invierte miles de millones en modernizar y reabrir líneas ferroviarias, Tarancón se enfrenta al riesgo de hacer justo lo contrario. La supresión del tren convencional iría en dirección opuesta a la Agenda 2030 y a los principios de movilidad sostenible.
Ni el autobús ni el coche privado pueden cubrir por sí solos la demanda futura de transporte limpio, eficiente y accesible. El mantenimiento del suelo ferroviario es, en realidad, una apuesta ambiental: es la única garantía de disponer de un transporte público masivo y descarbonizado a medio y largo plazo.
Desde la perspectiva de políticas públicas, el ferrocarril es un instrumento fundamental para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente el ODS 9 (Industria, Innovación e Infraestructura) y el ODS 11 (Ciudades y Comunidades Sostenibles). Su conservación permitiría a Tarancón acceder a proyectos financiables dentro del marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), específicamente en el Componente 6 (Movilidad Sostenible, Segura y Conectada).
Urbanismo de coser, no de cortar
El argumento de que las vías «dividen» la ciudad es, en esencia, un problema de diseño urbano, no de infraestructura. El urbanismo moderno busca coser, no cortar.
Pasarelas peatonales, pasos inferiores, carriles bici paralelos y zonas de estacionamiento disuasorio junto a la estación permitirían transformar el entorno sin destruir la vía. El resultado sería un corredor lineal que funcione como pulmón verde y eje de movilidad sostenible, contribuyendo tanto a la calidad de vida urbana como a la cohesión territorial de Tarancón dentro del mapa ferroviario español.
Este modelo de «cosido territorial» es plenamente compatible con las Guías de Diseño de Movilidad Activa del MITMA (Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible) y con las líneas de actuación del PEIT 2023-2030, orientadas a recuperar infraestructuras existentes mediante intervenciones ligeras de integración paisajística y reutilización funcional. Su aplicación en Tarancón permitiría una intervención coste-eficiente, con alto retorno social y ambiental.
Tarancón puede elegir entre borrar su pasado ferroviario o proyectarlo como un activo de futuro. Donde algunos ven una vía muerta, otros podemos ver una oportunidad viva de conexión, sostenibilidad e inteligencia territorial. No hipotequemos el futuro por una visión corta de presente.