La Vanguardia de Cuenca

Intereses: comunicación y actualidad en general, weblogs, sociedad, política

Reabrir el tren Madrid-Cuenca-Valencia (por Juan Andrés Buedo)

Compartir

Un imperativo ético y estratégico contra la España vaciada

En el corazón de Castilla-La Mancha, donde las vías oxidadas del ferrocarril convencional Madrid-Cuenca-Valencia yacen como cicatrices de un abandono institucional, late un clamor silencioso pero tenaz: el de los pueblos que se niegan a desaparecer. La clausura de esta línea en 2022, confirmada por el Tribunal Supremo en diciembre de 2024 pese a la movilización de plataformas como «Pueblos con el Tren», no fue un mero ajuste técnico. Fue un hachazo a la cohesión territorial, un agravio a la equidad social y un freno al progreso económico de una región que ya arrastra décadas de despoblación. Reabrir este tren no es nostalgia ni capricho; es un imperativo ético y estratégico que desataría un mosaico de bienes económicos, sociales, culturales y de calidad de vida, capaz de revertir la brecha entre el eje atlántico-mediterráneo y el interior agonizante.

Como geógrafo, sociólogo y analista de la política regional, he seguido de cerca esta batalla. Desde las primeras notificaciones ministeriales hasta los recientes apoyos institucionales recabados por la plataforma ciudadana en diciembre de 2024 y las alegaciones de febrero de 2026 contra convenio a tres band@s (Adif-JCCM-Ayuntamiento de Cuenca) para urbanizar los terrenos de Adif, el mensaje es claro: el tren convencional no compite con el AVE, sino que lo complementa. Mientras el AVE conecta metrópolis a 300 km/h -al menos teóricamente, que con la política disruptiva del ministerio de Transportes se ha rebajado mucho-, el tren regional teje el territorio, une pueblos y sostiene derechos básicos. En un país donde el 80% de la población vive en el 20% del territorio, ignorar esta línea es condenar a Cuenca y sus comarcas a la irrelevancia perpetua.

Bienes económicos: Motor de desarrollo rural y competitividad

La reapertura generaría un impacto económico inmediato y multiplicador, comenzando por la conectividad productiva. Imaginen profesionales, autónomos y pymes de Tarancón, Motilla del Palancar o Utiel desplazándose diariamente a Madrid o Valencia sin quemar combustible ni horas en autovía. Esta línea facilitaría un mercado laboral ampliado para rentas bajas o medias, aquellas que no acceden al AVE por precio o ubicación. Según análisis sobre ferrocarriles en la España interior, tales servicios generan empleo directo en mantenimiento, explotación y servicios auxiliares, estimándose entre 500 y 1.000 puestos en una línea de esta longitud, más el efecto indirecto en hostelería y logística.

No menos crucial es el transporte de mercancías. El interior manchego produce miles de toneladas anuales de agroalimentario –vino, queso, cereales– que hoy dependen del camión, vulnerable a subidas de carburante y congestiones. Un tren convencional adaptado para mezclas de pasajeros y carga ligera sacaría estos productos hacia el corredor mediterráneo y la capital, competitivizando cooperativas rurales frente a importaciones. Plataformas como «Pueblos con el Tren» lo subrayan: esta vía no es reliquia, sino arteria viva para economías locales que luchan por no externalizarse.

A largo plazo, atraería inversión europea. La Agenda contra la Despoblación de Castilla-La Mancha y los fondos Next Generation priorizan transporte sostenible y cohesión. Reabrir la línea encajaría en programas como el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, desbloqueando millones para electrificación y modernización. En un contexto de inflación energética y transición verde, esta apuesta sería un multiplicador: por cada euro invertido en ferrocarril regional, se generan 2,5 en PIB local, según estudios europeos sobre líneas secundarias. Ignorarla es hipotecar el futuro de autónomos y pymes, condenándolos a la dispersión de autobuses ineficientes.

Bienes sociales: Blindar derechos en la España despoblada

Más allá de lo económico, el tren es un derecho fundamental. En comarcas donde el coche es lujo inalcanzable para jubilados, jóvenes precarios o familias monoparentales, el cierre de 2022 agravó la brecha: sanidad especializada en Albacete o Valencia, educación superior en Cuenca capital o Madrid, servicios administrativos en sedes provinciales. Un tren con tarifas sociales y horarios ampliados (mañanas, mediodía, tardes-noches) garantizaría acceso equitativo, alineado con la Constitución y la Agenda 2030.

La cohesión rural-urbana se fortalece así. Castilla-La Mancha pierde 10.000 habitantes al año; Cuenca, provincia extremeña en despoblación, vio cómo el cierre aceleró la espiral: menos servicios, más éxodo. Reabrir enviaría un mensaje político: el Estado apuesta por el interior. Sería un antídoto al abandono institucional, fomentando arraigo familiar y reduciendo la fractura generacional. Jóvenes podrían estudiar en Cuenca y trabajar en Madrid; mayores, visitar nietos sin depender de favores vecinales.

Esta movilidad cotidiana asequible –billetes por debajo de 10 euros por trayecto– democratizaría oportunidades. En contextos de renta media baja (Cuenca ronda los 22.000 euros anuales per cápita), el tren convencional es «socialmente eficiente»: bajo coste operativo, alta ocupación potencial y cero emisiones en fase de uso si electrificado. Frente al mosaico de autobuses post-cierre, ofrece regularidad y capacidad, clave en emergencias como Filomena, donde el AVE colapsó y los buses fallaron.

Bienes culturales y patrimoniales: Puerta al alma de Cuenca

Cuenca, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, y su entorno –Hoces del Cabriel, Serranía Baja, villas medievales como Belmonte o Alarcón– son tesoros subexplotados por falta de acceso fácil. El tren directo desde Madrid (dos horas, paradas selectivas) impulsaría turismo de proximidad: fines de semana sin coche, ideal para madrileños y valencianos. Dinamizaría alojamientos rurales, museos locales y rutas etnográficas, inyectando millones en economías endémicas.

El turismo ferroviario, en auge en Europa (piénsese en el Le Puy en Francia), convertiría la línea en experiencia: vagones panorámicos, paradas temáticas, billetes combinados con AVE. Preservaría, además, la memoria colectiva: 139 años de historia interrumpida en 2022, símbolo de progreso decimonónico que unificó comarcas. Reabrirla honraría esa identidad, contrarrestando la narrativa de «España vacía» con una de resiliencia cultural.

En un mundo de overturismo costero, este interior ofrece autenticidad: gastronomía manchega, patrimonio industrial ferroviario, naturaleza virgen. El tren lo haría accesible, elevando Cuenca de «parada AVE» a nodo cultural vivo.

Bienes de calidad de vida: Más allá de la supervivencia

La calidad de vida no es abstracta: es llegar al hospital sin pánico presupuestario, es que los hijos estudien cerca, es envejecer sin aislamiento. El tren ofrece transporte seguro, cómodo y resiliente, superando averías viales o nevadas. Reduce dependencia automovilística –clave en hogares sin vehículo–, integra intermodalidad con AVE (intercambio en Cuenca-Fernando Zóbel) y optimiza tiempos puerta a puerta.

En pueblos como Huete o Carboneras de Guadazaón, donde el bus es esporádico, el ferrocarril elevaría la cotidianidad: compras en Valencia, ocio en Madrid, visitas familiares. Para rentas bajas, es pagable y ecológico, alineado con ODS de movilidad sostenible.

Bienes de progreso general: Sostenibilidad y equilibrio territorial

Finalmente, el progreso general. Electrificado, el tren corta emisiones un 90% vs. coche/camión, cumpliendo PNIEC y fondos UE. Equilibra planificación: AVE para élite, convencional para base territorial, evitando brechas como en Soria o Teruel.

Aporta resiliencia sistémica: redundancia ante crisis climáticas. En 2026, con Trump en la Casa Blanca impulsando infraestructuras y Europa verde, España no puede permitirse líneas muertas.

Hacia la acción: No más excusas

Reabrir cuesta 200-300 millones (electrificación, señalización), amortizables en una década por retornos múltiples. «Pueblos con el Tren» recaba apoyos; sin embargo, Page y PSOE regional viven en la inepcia. ¿Y el Gobierno central? Sánchez, ha de ponerse en campaña contra la despoblación, y, si tuviera un mínimo de inteligencia pública y no sectaria, debería actuar.

Ciudadanos de Cuenca: exijamos. Políticos: legislen y hagan que las Administraciones funcionen, que falta hace. Este tren no es pasado; es futuro. Reabrirlo es tejer España una, justa y próspera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *