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El correctivo europeo (por Ignacio Camacho)

Publicada el junio 21, 2010 por admin6567
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Zapatero ha quedado retratado en Europa como un líder insolvente que ha de ser sometido a rigurosa vigilancia

IGNACIO CAMACHO
(Publicado en ABC, aquí)
APROBADILLO raso. El displicente adanista que iba a mostrar a Europa el camino para salir de la crisis, iluminando con el resplandor socialdemócrata los pasos de la Unión, ha terminado su semestre de presidencia examinado por un tribunal de ceño fruncido que le ha pasado la prueba por los pelos para no provocar males mayores, y gracias a un atropellado arreón final de mal estudiante. Todo lo que podía salir mal ha salido mal para Zapatero en este turno europeo que pretendía convertir en el lanzamiento de su liderazgo «planetario». Arrancó exacerbando su protagonismo y no ha logrado sino ganarse enemistades y recelos; continuó con una cosecha de plantones, traspiés y fracasos y ha finalizado con la forzosa revocación de su política mediante una enmienda radical impuesta por aquellos a quienes trataba de impresionar con su novedoso «modelo productivo sostenible». La visibilidad internacional que buscaba sólo ha servido para provocar una profunda desconfianza que ha acentuado el «riesgo-país» y ha hecho zozobrar la estabilidad financiera española.
El resumen de esta brillantegestión comunitaria se resume en una brusca cura de humildad. El zapaterismo amplificó para darse pisto la importancia de un simple turno de dirección de la agenda europea y quiso imponer correctivos a los países que incumplieran los objetivos sociales, para acabar sometido a la amenaza de duras sanciones por saltarse el pacto de estabilidad, acorralado por la presión de los mercados de deuda y rodeado de dudas sobre la solidez de España como miembro del sistema monetario. La sobrevaloración del peso específico español en la Unión ha desembocado en el arrinconamiento de la nación en el grupo de las naciones poco fiables; lo que empezó como una advertencia simbólica —Zapatero sentado en Davos junto a los presidentes de Letonia y Grecia— ha concluido con la evidencia de la asimilación al peligro griego. Y todavía la retórica oficial ha pretendido pasar como un espaldarazo de suficiencia lo que no ha sido más que un aprobado provisional de las medidas de ajuste urgente forzadas por la tutela del directorio francoalemán. Pero en Europa no basta la propaganda al uso de puertas adentro; los socios exigen hechos contundentes para mantener el aval de su dinero.
El Zapatero que sacaba pecho bajo la estela de los cohetes del Año Nuevo ha quedado retratado como un líder insolvente que ha de ser sometido a vigilancia para que no comprometa la estabilidad común. Las bases de la política española han sido revisadas por un protectorado de hecho que ha desmantelado el proteccionismo derrochador y ha obligado al presidente a una reconversión completa de sí mismo. Bien mirado, se trata de un balance involuntariamente positivo; al menos alguien ha impuesto de fuera un poco de cordura en una deriva de desatino.

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