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El hombre que mató a ‘Trinity Valance’ (por Enric Juliana)

Publicada el octubre 4, 2010 por admin6567
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(Publicado en La Vanguardia-Reggio´s, aquí)

ANÁLISIS

Hundido en las encuestas y desautorizado en Madrid, ¿llegará Zapatero a mayo?

Es una gran película con un guión de los de antes; un guión digno de ser estudiado en todas las escuelas de Ciencias Políticas. Una pieza maestra del escritor James Warner Bellah para John Ford. El hombre que mató a Liberty Valance. El congresista Ransom Stoddard (James Stewart) cuenta como conquistó el estrellato gracias a una acción heroica que en realidad tuvo un protagonista oculto. Movido por nobles sentimientos y también por la insensatez, Ransom se enfrentó un día al forajido Liberty Valance, dueño y señor de Shimbone, pequeña localidad del Oeste.

Tenía todas las de perder, pero la bala que resolvió el duelo a su favor salió del rifle de su amigo y rival Tom Doniphon (John Wayne), condenado a seguir en una esquina de la historia, porque no eran suyos los tiempos de ley y orden que la gente de Shimbone reclamaba. Ransom conquistó el escaño y la novia que un día estuvo a punto de ser para el bueno de Tom. Ganó una bella mujer, una envidiable carrera política y una leyenda: el hombre que mató a Liberty Valance.

Sin la tensión de un buen western, sin esa heroicidad antigua que tenían los hombres cuando todo estaba por construir, casi podría decirse que el episodio de Madrid, magnificado por unos medios de comunicación sedientos de que en España pasen cosas, ha elevado a Tomás Gómez, alcalde metropolitano de Parla, a la categoría de leyenda nacional. Héroe, sin que sea suya la bala que ha tumbado al todopoderoso aparato del PSOE en el asfalto de la plaza Callao de Madrid.

Valiente y temerario como Ransom Stoddard (aunque sin la blandengue bonhomía de James Stewart), Gómez, el hombre hecho a sí mismo que nació en Holanda hijo de padres emigrantes, el chico de la calle Gluck de la canción de Adriano Celentano, que regresó a Parla para reponer un poco de verde allí donde sólo había cemento, tuvo el coraje de enfrentarse a los designios de José Luis Rodríguez Zapatero, José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba, el triunvirato que hoy encarna el poder político en España.

Gómez tuvo el arrojo de dar el paso, pero la bala certeramente disparada desde un porche en la penumbra ha salido de la boca de un rifle llamado Disgusto. Cuando la televisión informó anoche de la victoria de Gómez, un ligero calambre de satisfacción recorrió el espinazo de la entera sociedad española. La gente le tiene ganas al presidente del Gobierno. Este es el dato más contundente del momento. Lo reflejan las encuestas (credibilidad por los suelos y 13 puntos de ventaja para el PP) y se respira en la calle. La victoria del de Parla envía una interesante señal sobre la transpiración interna del Partido Socialista, a la vez que agrava su actual debilidad. La señal de “todos contra Zapatero” ya está dada. ¿Qué hará ahora el presidente? ¿Aguantar hasta mayo, acentuando la previsible debacle del PSOE en las elecciones locales? Le queda otra opción. Dimitir, abandonar antes de la primavera, cediendo la presidencia a un socialista de fibra (¿Pérez Rubalcaba?), que intente evitar el desastre anunciado.

Y en medio de la balacera, el PSC pasaba por allí.

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