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El periodista Rafael Nadal desnuda a los poderosos en el libro ‘Els mandarins’ (por Francesc-Marc Álvaro)

Publicada el febrero 27, 2011 por admin6567
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Es un trabajo literario que toma lo político como punto de partida para hablar de lo humano

Francesc - Marc Álvaro Francesc – Marc Álvaro (Publicado en La Vanguardia, aquí)

Lo que queda de los poderosos cuando desaparece toda la liturgia que rodea y protege al poder es algo que sólo puede entreverse en escasos gestos perdidos, palabras extraviadas, momentos sin guión. Es lo que nos ofrece el periodista Rafael Nadal en su libro Els mandarins (L'arquer), recién salido de la imprenta, oportuno para soportar la crisis observando los protagonistas de las noticias desde detrás del teatro de guiñol. En el volumen, breve como un poemario, encontramos dieciocho intensos y amenos retratos –algunos en dos o tres tiempos– que son miniaturas sobre el poder sin máscara. Su mayor acierto es congelar el instante efímero y esculpir en él, con un estilo cuidadosamente minimalista, la silueta moral de alguien que tiene o ha tenido (bastante o mucho) poder o algo que se le podría parecer.

En las páginas escritas por Nadal desfilan, sobre todo, políticos (Pujol, Maragall, Montilla, Zapatero, Rajoy, Pérez Rubalcaba, Zaragoza, Prenafeta, Laporta, Mitterrand y el general ruso Alexánder Lébed), empresarios (Slim, Asensio, De la Rosa), escritores (Pla, Mahfuz), y los príncipes Felipe y Letizia, además del Rey, que es retratado a partir de un divertido episodio que convierte lo más natural en insólito y viceversa. Con materiales diversos, recogidos directamente a lo largo de su trayectoria profesional, ya como joven redactor de comarcas, ya como director de El Periódico, el autor elabora unas páginas vividas en las que lo que se omite y sugiere es tan o más relevante que lo que se anota. Sabedor de la máxima de la composición literaria según la cual “menos es más”, Nadal consigue que sus semblanzas se alojen en escenas construidas con muy pocos detalles, pero colocados comopiezas de relojería suiza. Funcionan con fluidez. Y crean, con pocos trazos y diálogos milimétricos, un universo dentro del cual cada mandarín elegido por el narrador es contemplado con una luz nueva, sorprendente, desconcertante a veces. El impacto sobre el lector está asegurado, más como un pinchazo agudo en un costado que como un petardo cerca de la oreja. Nadal no se deja llevar por la moda de dar leña almono, al contrario: domina una suave ironía, porque hay compasión hacia los personajes del retablo, todos ellos pillados en falta o casi por un cronista que, cuando le viene bien, nos deja ver su asombro o su perplejidad, para que compartamos algo más que el secreto.

Más que un libro de política con voluntad literaria estamos ante un trabajo literario que toma lo político como punto de partida para hablar de actitudes –flaquezas más que grandezas– tan humanas que sólo las admitimos al verlas en aquellos con mando en plaza. En Els mandarins, el lector descubre cosas que han pasado lejos de la gente y, en este sentido, estamos ante un libro que también es informativo. Pero que nadie espere encontrar en él chismes sobre la rabiosa actualidad, no va por ahí la cosa. Nadal apunta a esa parte de la noticia que el clásico llamaría intrahistoria y que, bien bruñida, revela más –sobre el mundo y sus demonios– que mil páginas difundidas por Wikileaks.

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