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Tras 18 meses: la comunicación (por Antoni Gutiérrez-Rubí)

Publicada el mayo 13, 2013 por admin6567
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Antoni Gutiérrez-Rubí | (Publicado en Micropolítica-Blogs El País, aquí)

Rajoy

Han tenido que pasar 18 meses para que
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, haya
dado instrucciones precisas
para dar un giro a la comunicación
gubernamental. Más que un giro (de dirección, de orientación) se trata casi de
un inicio. Quizá, demasiado
tarde
. Aunque los responsables de la comunicación aseguran que, en términos
comparativos con otros líderes europeos, Rajoy ha hecho tanto o más que sus
homólogos, el dato es discutible y, sobre todo, no se ajusta a la percepción
pública más extendida, ni con el crítico momento económico y social que vive
nuestro país, y que hubiera reclamado una determinación pedagógica y
comunicativa que Rajoy ha despredicado o ignorado por incapacidad o
desconocimiento. Rajoy si ha comunicado, no lo ha parecido. En absoluto.
Y si lo ha parecido, no le ha servido.
El plasma
ha sido letal. Su imagen
está hundida
.

Sus propios correligionarios, los llamados
barones, no se han mordido la lengua o buscan distanciarse del estilo
Rajoy
. Esta misma semana, Alberto Núñez Feijóo,
presidente de la Xunta de Galicia, se
ha apresurado a afirmar
que al Gobierno le falta «un relato» para «hacerse
entender». Y no
son críticas aisladas
. Es decir, que en el caso de que informe del qué, cómo
y cuánto, no ha sido capaz de explicar los «porqué». Esta es la clave. Informar
y justificar son cosas diferentes. Rajoy tiene el poder, pero ha sido
incapaz de hacer pedagogía. Y, en política, esta limitación se paga duramente y
se soporta muy mal.

La ofensiva de comunicación la dirigirá,
paradójicamente, el mismo equipo. Cambio de estilo y actitud, no de personas. Se
cuidará a los corresponsales extranjeros y se invitará a periodistas
—especialmente de medios económicos anglosajones— a conocer de primera mano las
medidas y los resultados estimados o previstos. No es la primera vez, pero la
anterior data de octubre pasado. Una
eternidad
. Rajoy es consciente del tremendo desgaste de la
marca España —y de la suya— en el exterior, que lastra y perjudica la confianza
en nuestro país, sin la cual la recuperación es mucho más compleja. La
vulnerabilidad es extrema, agudizada por la ciénaga
de la corrupción
. La desconfianza nace con el desconocimiento, y
crece con la incomprensión y la irritación.
Cuando se confirma que se
gobierna con un programa diferente por el que se fue elegido, la grieta bajo los
pies se abre.

Aunque todas estas medidas, y las que tengan o
vayan a preparar, pueden ayudar al Gobierno y a su política de comunicación, lo
más importante será lo que haga —o deje de hacer— el mismo
Rajoy. Esta ofensiva llega tarde, y puede ser insuficiente sin
cambios más profundos que deberían afectar —probablemente— a la composición del
Gobierno, a la reestructuración y ubicación de las competencias comunicativas, y
a una poderosa agenda de Rajoy centrada en la relación, conexión e
interlocución. Este debería ser el nuevo
relato
. Sin cambiar su
actitud
, no hay estrategia ganadora. Para entendernos: Rajoy
necesita un coach, además de una estrategia. Su entorno afirma que es
muy difícil cambiarle. Justo lo que se necesita.

La foto del Presidente, distribuida esta misma
semana, trabajando solo en su despacho (y con el ordenador apagado, un
metáfora impagable
) es otro error. Aunque el espacio sea agradable y
moderno. No es la primera vez que su equipo siente una fascinación torpe por el
superhéroe y filtra sus mesas
de trabajo
, que casi siempre revelan más
de lo que pretendían. Querían humanizarle y revalorizarle, mostrando su entorno
y su dedicación. Pero es precisamente la soledad, el ensimismamiento, la
reclusión en su despacho, lo que hay que atacar en lugar de
promocionar.
Nadie duda de su capacidad de trabajo y de su
esfuerzo y resistencia personal
. Las dudas están en otras áreas. Mostrar que
trabaja es casi ridículo. Nos interesa el cómo y con quién.

Decía Dwight Eisenhower que «el
liderazgo: es persuasión, y conciliación, y educación… y paciencia». Rajoy
parece que ha leído mal o parcialmente la cita. Nos pide paciencia.
Justo la que no se tiene ni se puede conceder a quien ha quebrado la confianza.
Debería concentrarse en la persuasión (de lo que hace y dice), en la
conciliación (de políticas, de acuerdos y de pactos con las fuerzas políticas y
sociales) y en la educación (en otra
educación).

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