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No hay golpes liberales (por Álvaro Vargas LLosa)

Publicada el agosto 16, 2013 por admin6567
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ÁLVARO VARGAS LLOSA

EL MUNDO (Ver aquí)

La espeluznante masacre perpetrada por el Ejército egipcio ha confirmado la ingenuidad, a menudo el otro nombre de la estupidez, de la decisión de los laicos, liberales y coptos de ponerse al servicio de los militares tras el éxito de las movilizaciones del Tamarrud contra el régimen crecientemente dictatorial de Mursi. La abracadabrante decisión de unirse a los uniformados a los que ellos, y no los Hermanos Musulmanes, habían derrotado en 2011 es otra constatación de que no hay golpes liberales, sólo militares.

Esa decisión privó a Egipto de posibles mediadores entre militares e islamistas; también de una reserva moral y una referencia política que contribuyese a contener en lo posible las tendencias que ahora dominan el escenario y sirviera a la comunidad internacional de interlocutor para presionar en favor de alguna fórmula mínimamente racional. Es demasiado tarde: ahora, el general Abdel Fatah al Sisi, autor de tres masacres en un mes, no puede dar marcha atrás porque sabe que si deja el poder, o incluso si afloja las riendas, acabará empalado por sus enemigos. Los Hermanos Musulmanes han logrado lo que querían tras fracasar en su empeño, con Mursi, de capturar las instituciones, hacer valer una Constitución a la medida y modificar la legislación electoral en beneficio propio. Ahora, se ha hecho humo toda posibilidad de negociación.

¿Qué le espera a Egipto? Basta recordar lo que fue el régimen de Mubarak para saberlo. Las fuerzas de seguridad del Estado, que igualaban en número a las de China, estaban al servicio de Mubarak y su familia. La represión era peor contra los liberales que contra los islamistas, pues a éstos se les dejaba actuar en campos como la asistencia social. A los coptos se los discriminó, razón por la cual la mayoría pertenecen a ese 40% que está en la miseria. La Constitución era una mentira: el estado de emergencia permitió durante tres décadas eludirla. El Estado fue «privatizado»: los militares se quedaron con las empresas. El dictador, hijo de un campesino, amasó una fortuna calculada en 70.000 millones de dólares. Y el país que había sido el granero del Mediterráneo terminó importando trigo.

La democracia ha resultado, por ahora, una ilusión en Egipto, el país más importante de la Primavera Árabe. Requería que la Hermandad, la primera fuerza, entendiera que sus ideales de largo plazo exigían sacrificar sus intereses excluyentes; que los militares entendieran que sus intereses de largo plazo, a diferencia de los inmediatos, coincidían con el ideal democrático; y que los laicos y liberales entendieran que sus ideales e intereses exigían una mayor paciencia de la que tuvieron cuando, habiendo logrado jaquear a Mursi, saludaron a al Sisi como salvador de la patria.

 

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