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Europa la paz, el nacionalismo la guerra

Publicada el mayo 22, 2014 por admin6567
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Editorial de UPyD (Ver aquí)
¿Se puede defender a la vez más Europa yninguna España? Sí, pero mintiendo. Europa se ha construido contra el nacionalismo, y si no ha llegado más lejos ha sido por culpa del nacionalismo. Marine Le Pen dice abiertamente que quiere destruir la Unión (o convertirla en poco más que un club social) porque Francia forma parte de Europa. Artur Mas dice que quiere separarse de España porque es el Estado al que pertenece Cataluña. En cambio, puede fingir europeísmo y hasta pedir para Bruselas competencias que le niega a Madrid.
Europa es un intento de convertir a 500 millones de personas primero en conciudadanos y más adelante en compatriotas
Europa es un intento de convertir a 500 millones de personas primero en conciudadanos y más adelante en compatriotas. El secesionismo es el intento de convertir a conciudadanos en extranjeros. Europa reconoce que un ser humano nacido en Cracovia no vale menos que uno nacido en Oporto. El nacionalismo, lo diga abiertamente o no, refuerza el sentimiento de superioridad del que vive en Reus respecto del que vive en Huesca. Europa borra fronteras. El independentismo las levanta.

Europa responde a los mejores deseos humanos: la paz, la igualdad, el reconocimiento de lo común. El nacionalismo, tal y como resumió François Miterrand, es la guerra. Niega la igualdad. Rechaza lo común. Fue la ideología que, debidamente exacerbada, condujo a Europa a dos guerras mundiales y sigue en la raíz de los últimos conflictos que ha vivido el continente: Yugoslavia, Ucrania. Frente a la barbarie, las aburridas instituciones europeas han significado un progreso moral sin precedentes históricos. Un progreso que puede continuar si vence la resistencia nacionalista o truncarse si resulta derrotado.

Europa puede competir, puede tener voz, puede defender a sus ciudadanos. El nacionalismo, a pesar de sus falsas promesas, sólo puede conducirlos a la insignificancia, a la postración, a la miseria. Cuando Rusia firma un acuerdo energético con China, el gobierno alemán puede hacer poco; el español, nada; el de una Cataluña independiente sólo el ridículo. Lo mismo ocurre con la regulación de los mercados financieros o con la economía del conocimiento. Europa puede competir. Los países pequeños apenas podrían sobrevivir.

El bipartidismo también ha fracasado en la superación del nacionalismo, hasta el punto de comportarse ellos mismos como nacionalistas

 
No se trata de combatir a los nacionalistas, que tienen derecho a defender lo que piensan en una sociedad plural, sino al nacionalismo. Se trata de desvelar su falsedad y sus contradicciones. Algo que ni siquiera intentan el PP y el PSOE. Ambos, durante décadas, han negociado, se han servido y se han puesto a la disposición de PNV, CiU o ERC. Durante un tiempo, pudo tener sentido. Era posible imaginar puntos de encuentro. Pero hace mucho que quedó clara la inutilidad del esfuerzo. Está en la naturaleza del nacionalismo querer siempre más. El bipartidismo también ha fracasado en la superación del nacionalismo, hasta el punto de comportarse ellos mismos como unos nacionalistas más.

Combatir el secesionismo y construir Europa pueden parecer dos tareas distintas, pero en realidad son la misma. Mientras la Unión no ha logrado deshacerse todavía de los egoísmos miopes de los Estados, los que debían defender a España como comunidad democrática prefirieron y prefieren todavía pactar con quienes quieren romperla. UPyD es el partido más europeísta precisamente por no ser nacionalista. Votar a UPyD el domingo significa defender una España unida dentro de una Europa unida, proclamar la igualdad de todos los ciudadanos y dar un no rotundo a los que quieren convertir en extranjeros a los que hoy son sus conciudadanos.

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