
La salida del ministro de Transportes, después de las tragedias de Adamuz y Urda, abre una crisis que amenaza con alcanzar directamente a Pedro Sánchez. Tres viñetas de Forges permiten interpretar las responsabilidades del poder, el oportunismo electoral y el hartazgo ciudadano. En Cuenca, el cierre del tren convencional continúa siendo una herida territorial.
La política española ha entrado en una fase en la que los acontecimientos se precipitan más deprisa que la capacidad de los partidos para controlar sus consecuencias. La dimisión de Óscar Puente, anunciada el 3 de noviembre de 2026 durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados, constituye uno de esos episodios que cambian repentinamente el escenario electoral. Lo hace cuando apenas faltan veinticinco días para las elecciones generales del 29 de noviembre, con un Gobierno sometido a una severa erosión de credibilidad y una sociedad conmocionada por las tragedias ferroviarias de Adamuz y Urda.
El ministro ha abandonado su responsabilidad ejecutiva y ha renunciado a encabezar la candidatura socialista por Valladolid. Su decisión, presentada como un ejercicio de dignidad, coherencia y empatía con las víctimas, admite un reconocimiento que no debemos escamotearle. Pero también exige un análisis crítico sobre su oportunidad, las contradicciones de su explicación, las consecuencias para Pedro Sánchez y la responsabilidad institucional que subsiste después de cualquier dimisión.
Las tragedias han ocasionado numerosas víctimas mortales y han obligado a reexaminar la confianza en la seguridad ferroviaria. Son hechos que exigen respeto hacia los afectados y una separación rigurosa entre la responsabilidad política y las responsabilidades administrativas o penales que pudieran establecer las investigaciones. No cabe anticipar conclusiones técnicas, pero tampoco convertir la complejidad de las investigaciones en una excusa para aplazar indefinidamente las explicaciones.
En este contexto aparece un protagonista inesperado: Antonio Fraguas, Forges, fallecido en 2018. Su capacidad para resumir las contradicciones del poder en unas pocas líneas permite examinar la crisis con una lucidez que difícilmente alcanzan los discursos partidistas. Tres de sus viñetas ofrecen un recorrido por la responsabilidad, la autodefensa de los gobernantes y el cansancio de los electores.
I. La dimisión tardía y la responsabilidad que nunca termina

Forges: la obligación de que los gestores asuman sus responsabilidades durante las crisis.
Pocas viñetas retratan tan certeramente determinados hábitos de nuestra vida pública como aquella en la que Forges relaciona la asunción de responsabilidades con la posibilidad de abandonar la política de la pandereta. El humorista denuncia una cultura que transforma el cargo público en patrimonio personal y la explicación de los errores en una operación de propaganda.
La dimisión de Puente debe examinarse desde esa perspectiva. Cabe reconocer que haya decidido marcharse. Pero también debemos recordar que su continuidad fue defendida hasta pocas horas antes de abandonar el cargo. La mañana del 3 de noviembre se transmitía desde el Gobierno la expectativa de que seguiría como ministro; esa noche anunció lo contrario.
Puente afirmó que había adoptado la decisión después del accidente de Urda y que consideró necesario atender primero las obligaciones de la emergencia. La explicación puede resultar comprensible administrativamente: las instituciones necesitan continuidad cuando sucede una catástrofe. Sin embargo, la forma en que se comunicó la renuncia abre interrogantes sobre la coordinación gubernamental y su calendario político.
El periodista Pedro J. Ramírez sostiene, en la documentación aportada, que Puente sorprendió incluso al presidente Sánchez y que este prefería mantenerlo hasta las elecciones. Es una interpretación periodística severa, no un hecho demostrado en todos sus extremos. La contradicción pública justifica preguntas sobre cómo se gestionó el anuncio, pero no permite conocer con certeza las conversaciones privadas.
Lo esencial es que el problema de la seguridad ferroviaria no puede resolverse mediante una escenificación parlamentaria. Una dimisión no sustituye una auditoría; un discurso emotivo no reemplaza los informes técnicos y los aplausos no equivalen a recuperar la confianza ciudadana. La autoridad democrática se fortalece cuando explica sus decisiones y adopta medidas verificables para evitar nuevos errores.
II. La viñeta que eligió Puente y la disputa por la superioridad moral

Forges: «Todos los políticos son iguales». Es la viñeta difundida por Puente después de su dimisión.
Pocas horas después de abandonar el Ministerio, Puente difundió una viñeta de Forges en la que un personaje afirma que todos los políticos son iguales y otro replica que eso es precisamente lo que algunos desearían. La publicación no fue inocua: el exministro utilizó la autoridad del humorista para marcar diferencias morales con sus adversarios.
El mensaje encajaba con la interpretación socialista: mientras unos dirigentes asumen responsabilidades, otros se aferran a sus cargos. Pedro Sánchez elogió la decisión de su ministro; la oposición interpretó la renuncia como tardía y reclamó responsabilidades superiores. Alberto Núñez Feijóo la calificó de «un teatrillo» y dirigió el foco hacia el presidente del Gobierno.
La misma decisión produjo dos relatos enfrentados: para el PSOE, un ejercicio de ejemplaridad; para el PP, la confirmación de una crisis de gestión y un intento de administrar sus consecuencias electorales. Pero la moraleja de Forges es más exigente que ambas lecturas: las diferencias entre políticos deben acreditarse mediante hechos, preparación, transparencia y resultados, no mediante proclamaciones de superioridad moral.
La dimisión puede ser responsable sin que por ello quede acreditada como satisfactoria la gestión anterior. Tampoco cabe deducir de ella una culpabilidad técnica o penal por los accidentes. La cultura española de responsabilidades oscila demasiado a menudo entre presentar toda renuncia como una confesión y convertirla en un sacrificio heroico que exonera del examen posterior.
La pugna se extendió a los medios de comunicación y a las redes sociales. Allí donde unos valoraron el gesto como una rareza democrática, otros cuestionaron su tardanza y su oportunidad. El relato sobre la responsabilidad terminó por ocupar, una vez más, más espacio que el examen sereno de las causas y las reformas necesarias.
III. El 29-N ante el cansancio de los españoles

Forges: la responsabilidad de los partidos ante la repetición electoral y el desencanto ciudadano.
La tercera viñeta satiriza una situación en la que las formaciones políticas se consideran libres de culpa y acaban trasladando a los ciudadanos la responsabilidad de las crisis que no han sabido resolver. En plena campaña electoral, su mensaje cobra actualidad: el elector recibe promesas, reproches y relatos interesados, pero rara vez se convierte en protagonista de las decisiones.
La crisis ferroviaria ha alterado sustancialmente la campaña. A los debates sobre el coste de la vida, la vivienda, las pensiones y la gobernabilidad se suma una cuestión elemental: la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de los servicios públicos. La ciudadanía evalúa no solamente programas e ideologías, sino competencia, credibilidad y confianza en sus instituciones.
El PSOE deberá defender su gestión sin minimizar las tragedias, reconocer la dimisión sin presentarla como solución suficiente y recuperar la credibilidad perdida. La salida de Puente también supone la pérdida de una figura electoral muy visible. Su estilo combativo, particularmente activo en las redes, multiplicó su notoriedad y también su exposición cuando la conversación pública pasó a centrarse en accidentes mortales.
El PP dispone de una oportunidad para situar la conservación de infraestructuras y la eficiencia administrativa en el centro de su propuesta. Pero denunciar no basta: las promesas de una auditoría independiente o de mayor inversión en mantenimiento deberán concretarse en financiación, plazos y controles públicos. Los problemas de una infraestructura se acumulan durante años y ningún partido debería usar la herencia recibida como explicación universal.
Vox puede reforzar su discurso sobre la desconfianza hacia el Gobierno, aunque su crítica deberá distinguir las deficiencias acreditadas de las afirmaciones generalizadas sobre la inseguridad. Las fuerzas a la izquierda del PSOE afrontan, por su parte, la dificultad de exigir correcciones sin reducir la crisis a una competición de reproches dentro del mismo espacio político.
Sin encuestas posteriores a los acontecimientos y fichas técnicas comparables, nadie puede determinar seriamente cuántos votos cambiarán por la dimisión. Lo que sí cabe afirmar es que la seguridad ferroviaria ha entrado en la agenda electoral y puede desplazar el debate hacia la competencia de quienes aspiran a gobernar.
IV. Cuatro escenarios electorales abiertos tras la dimisión
| Escenario | Consecuencia electoral posible | Incidencia en Cuenca |
| 1. La dimisión se interpreta como ejemplaridad | El PSOE puede recuperar parte de su credibilidad y reducir el desgaste asociado a Puente. | Los socialistas podrían invocar la responsabilidad institucional, pero deberán responder por el cierre del tren convencional. |
| 2. La renuncia se percibe como tardía y electoralista | El PP y otras fuerzas pueden reforzar la crítica a la gestión gubernamental y extenderla a Sánchez. | El debate ferroviario podría aumentar el desgaste socialista entre quienes rechazan el Plan xCuenca. |
| 3. Persisten las dudas sobre seguridad | El debate puede desplazarse de Puente a la gestión global del Ejecutivo. | Se reabre la discusión sobre mantenimiento, planificación de la red y alternativas de movilidad. |
| 4. Se anuncian reformas verificables | La campaña podría centrarse en compromisos de mantenimiento, seguridad e inversión. | Los candidatos deberán concretar propuestas sobre tren convencional, AVE y conexiones comarcales. |
Cuadro de elaboración propia: escenarios interpretativos, no pronósticos demoscópicos.
La evolución dependerá de los avances de las investigaciones, la reacción de las víctimas, la respuesta institucional y la capacidad de los partidos para formular soluciones. El desencanto general también podría favorecer la abstención o el voto de protesta. Ese riesgo es el que la sátira de Forges anticipaba con mayor claridad.
V. Cuenca ante el 29-N: el tren cerrado vuelve al centro de la política
Si existe una provincia donde esta crisis debe provocar una reflexión particular sobre el Ministerio de Transportes, es Cuenca. No porque el cierre del ferrocarril convencional Madrid-Cuenca-Valencia mantenga una relación causal demostrada con Adamuz y Urda, sino porque toda política ferroviaria debe valorarse de forma integral: seguridad, conservación, vertebración, accesibilidad y utilidad social de la inversión.
Cuenca lleva años asistiendo a una contradicción: España ha dedicado grandes recursos a extender la alta velocidad mientras distintos territorios perdían servicios ferroviarios convencionales que desempeñaban funciones de comunicación y cohesión. La clausura de la línea Madrid-Cuenca-Valencia supuso la pérdida de una alternativa de transporte y la renuncia, bajo el modelo aprobado, a modernizar un corredor que sus defensores consideran estratégico.
Los partidarios del Plan xCuenca argumentan que los autobuses y las actuaciones urbanísticas pueden generar mayores beneficios que mantener una línea necesitada de importantes inversiones. Sus argumentos deben contrastarse mediante datos. Los partidarios de la recuperación ferroviaria recuerdan, por otra parte, que una infraestructura posee valor social y territorial que no siempre recoge la contabilidad inmediata de viajeros.
Aquí aparecen dos visiones del desarrollo. Una concentra inversiones allí donde resulta más fácil acreditar rentabilidad a corto plazo. Otra sostiene que determinadas conexiones deben conservarse por su capacidad para crear oportunidades futuras y evitar que el abandono territorial se vuelva irreversible. Cuenca necesita una evaluación rigurosa de ambas, sin resultados predeterminados.
La responsabilidad por la clausura no puede imputarse exclusivamente a Óscar Puente: deriva de decisiones anteriores y de distintas administraciones. Tampoco la existencia de resoluciones judiciales contrarias a las impugnaciones de la clausura agota el debate político sobre qué infraestructuras desea conservar o recuperar una provincia.
En una sociedad envejecida y territorialmente dispersa, la movilidad condiciona el acceso al trabajo, a los estudios, a la sanidad y a los vínculos familiares. La ausencia de alternativas puede aumentar la dependencia del coche privado y perjudicar a quienes tienen menos recursos. La alta velocidad es un activo relevante para Cuenca, pero no reemplaza automáticamente la movilidad intermunicipal y comarcal.
Por eso, el 29-N no debería convertirse en otra sucesión de fotografías y consignas. Los candidatos tendrían que asumir compromisos precisos sobre la reapertura o revisión independiente del ferrocarril convencional, la preservación del patrimonio ferroviario, las auditorías de seguridad, las conexiones con el medio rural y la publicación de evaluaciones de costes y beneficios.
El PSOE debe explicar los resultados concretos de la política de sustitución ferroviaria que ha defendido; el PP ha de aclarar si su apuesta por el mantenimiento incluiría revisar el corredor conquense; Vox debe precisar cómo financiaría sus compromisos; y las demás candidaturas, incluidas las territoriales, deberán demostrar que sus propuestas son técnicamente viables y verificables.
Cuenca no puede aspirar a recuperar población, atraer actividad económica y fortalecer sus comarcas mientras pierde capacidad de conexión. No se trata de enfrentar por principio AVE y tren convencional, sino de determinar qué combinación de servicios sirve mejor a sus ciudadanos. Esa discusión merece un lugar central en la campaña provincial.
VI. El problema de fondo es la credibilidad del Estado
La dimisión ha abierto una discusión que supera al Ministerio de Transportes: la confianza en la capacidad institucional para prevenir errores graves, corregir deficiencias y responder con transparencia cuando el sistema falla. La seguridad ferroviaria depende de mantenimiento continuado, controles eficaces, personal cualificado y decisiones presupuestarias sostenidas.
Reducir todos los fallos a una sola persona sería tan simplificador como creer que la salida de esa persona los resuelve. Las investigaciones deberán determinar causas y responsabilidades sin interferencias partidistas. La política, entretanto, debe impulsar auditorías independientes, mecanismos transparentes de supervisión e inversiones justificadas.
Es imprescindible escuchar a las víctimas y evitar su instrumentalización. Su dolor no es un recurso de campaña. La ciudadanía tiene derecho a exigir explicaciones, a conocer las medidas correctoras y a comprobar su eficacia. La democracia se fortalece cuando sus instituciones aprenden de las crisis y mejoran su funcionamiento.
VII. La última lección de Forges ante las urnas
Las tres viñetas seleccionadas convergen en una enseñanza: la autoridad obliga a asumir responsabilidades; las diferencias entre políticos han de demostrarse mediante conductas y resultados; y el sistema se deteriora cuando los partidos son incapaces de reconocer sus errores y trasladan a la ciudadanía el coste de sus insuficiencias.
España necesita algo más que gobernantes dispuestos a dimitir cuando una crisis se vuelve insostenible. Necesita responsables capaces de anticiparse a los problemas, escuchar las advertencias, administrar con prudencia los recursos y rendir cuentas antes de que sucedan tragedias irreparables.
Pedro Sánchez debe ofrecer respuestas sobre la gestión ferroviaria, más allá de los elogios a su exministro. Feijóo ha de demostrar que sus críticas pueden traducirse en una alternativa solvente. Y todos los partidos deberían comprender que la confianza ciudadana no se recupera mediante acusaciones recíprocas, sino con compromisos creíbles y comprobables.
En Cuenca no deberíamos permitir que la controversia nacional relegue otra vez el futuro de nuestro ferrocarril. El 29-N debe servir para que los candidatos expliquen qué modelo de movilidad defienden, con qué inversión, bajo qué instrumentos administrativos y en qué plazos.
Forges retrató con humor una manera de entender el poder que no pertenece a un solo partido ni a una legislatura. Su lección conserva vigencia: la dimisión de Puente ha cerrado una etapa personal, pero no la crisis ferroviaria ni el examen de las responsabilidades institucionales.
Porque dimitir puede ser un acto de dignidad. Pero gobernar con responsabilidad, prevenir las tragedias y cumplir los compromisos contraídos con los ciudadanos constituye una obligación mayor. Y en Cuenca, donde sabemos demasiado bien lo que significa perder el tren, convendría recordárselo a todos los candidatos antes de votar el 29 de noviembre.
NOTA EDITORIAL. Las viñetas pertenecen a Antonio Fraguas, Forges, y se incorporan con fines de revisión editorial a partir de los archivos comprados en su día. Las valoraciones electorales son interpretativas y no equivalen a resultados de encuestas.