
De la resignación a la estrategia: bases para un nuevo contrato territorial que sitúe a Cuenca en el centro de las decisiones, más allá de los viejos partidos y de la propaganda vacía.
Durante décadas, la provincia de Cuenca ha vivido atrapada entre dos inercias: la rutina bipartidista que administra la decadencia sin cambiar la estructura, y un provincianismo victimista que se limita a protestar sin articular un poder político real. Mientras, la despoblación avanza, los jóvenes emigran y proyectos clave en infraestructuras, vertebración territorial e innovación productiva se anuncian en campaña y se desvanecen al día siguiente del escrutinio. Es hora de hablar, no de un enésimo “plan estratégico” de laboratorio, sino de un proyecto político renovador para Cuenca que cambie prioridades, métodos y protagonistas.
Por qué Cuenca necesita algo más que alternancia
La conversación política provincial gira, una y otra vez, sobre la promesa de “cambio” que PP y PSOE se lanzan como eslogan, mientras los indicadores duros de población, empleo de calidad e inversión productiva siguen estancados o en retroceso en amplias zonas de la provincia. El problema de Cuenca no es tanto quién gana las elecciones cada cuatro años, sino que ninguno de los grandes partidos ha querido asumir seriamente el coste político de romper inercias administrativas, reordenar prioridades presupuestarias y enfrentarse al centralismo –regional y estatal– cuando toca.
Las formaciones tradicionales han aprendido a gestionar el malestar con ciclos de promesas, fotos y anuncios de proyectos que se presentan de forma oportunista y se dosifican en función del calendario electoral, no de la lógica territorial. De ahí que una parte creciente de la ciudadanía perciba que se juega siempre el mismo partido, con distintos colores en las siglas pero un idéntico guion de fondo.
Lo que sí ha cambiado: nuevas sensibilidades provinciales
En los últimos años han aparecido en la escena conquense actores con vocación municipalista y provincialista que han intentado llenar el espacio político “huérfano” que deja la desafección hacia los grandes partidos. Plataformas como Cuenca Ahora, surgidas al calor de la España vaciada, han puesto sobre la mesa elementos que el discurso oficial apenas rozaba: la fractura entre la Cuenca institucional y la Cuenca real, la necesidad de que la provincia tenga voz propia y la urgencia de ir más allá del folclore identitario para construir políticas públicas medibles.
Sin embargo, estas experiencias se mueven todavía en una fase de transición: arrastran tensiones internas, dificultades para traducir el malestar en estructuras organizativas sólidas y, a veces, una tendencia al localismo defensivo que corre el riesgo de sustituir el análisis de estructura por el lamento permanente. El reto es transformar esa energía dispersa en un proyecto de poder político territorial, estable y con capacidad de condicionar agendas regionales y estatales.
Cuatro pilares de un proyecto renovador
Un proyecto político renovador para Cuenca no puede ser un catálogo de buenas intenciones, ni un documento programático más que se archiva al día siguiente. Necesita apoyarse, como mínimo, en cuatro pilares claros, verificables y comunicables.
- Contrato territorial vinculante
- Exigir, frente a Junta y Estado, un contrato plurianual con objetivos medibles en materia de infraestructuras ferroviarias, carreteras, conectividad digital, sanidad, educación y servicios básicos, con calendarios y sanciones políticas por incumplimiento.
- Este contrato debería incluir una cláusula de “prioridad provincial” que obligue a justificar por qué inversiones estratégicas se desvían a otros territorios cuando Cuenca sigue en situación de desventaja objetiva.
- Revolución en gobernanza y transparencia
- Implantar presupuestos provinciales y municipales con trazabilidad pública proyecto a proyecto, para que el ciudadano sepa qué se promete, qué se ejecuta y qué se queda en powerpoint.
- Establecer órganos de seguimiento con participación ciudadana y de la sociedad civil organizada (colegios profesionales, cooperativas, asociaciones empresariales, plataformas vecinales), no como adorno, sino con capacidad real de veto consultivo y de emisión de informes vinculantes en grandes proyectos.
- Estrategia provincial de reindustrialización inteligente
- Pasar de la retórica vacía de “industrialización” a la identificación concreta de tres o cuatro cadenas de valor compatibles con la escala conquense: agroindustria avanzada, bioeconomía ligada a recursos forestales, energías renovables con retorno local garantizado, y economía del cuidado y la silver economy en comarcas envejecidas.
- Exigir que cualquier proyecto de energías renovables o infraestructuras que ocupe suelo conquense incorpore, por norma, condiciones de empleo estable local, participación en beneficios y retornos fiscales para los municipios afectados.
- Políticas valientes contra la despoblación
- Sustituir los programas dispersos por una política demográfica con tres ejes: vivienda digna y asequible, servicios básicos garantizados en radio razonable, y fiscalidad diferenciada que premie el arraigo y la actividad económica en municipios en riesgo.
- Condicionar ayudas y subvenciones a la generación de empleo de calidad en territorio, evitando el modelo de “proyecto fotogénico” que dura lo que dura la nota de prensa.
Metodología: cómo se construye ese proyecto
El método es tan importante como el contenido. Un proyecto renovador para Cuenca no puede nacer en un despacho de Madrid, ni limitarse a un documento redactado por consultores de campaña. Debería articularse en tres movimientos.
- Escucha territorial estructurada
No basta con giras de autobombo. Se trata de organizar procesos de escucha en comarcas, con actas públicas y devolución posterior, donde se prioricen problemas y potencialidades sobre el terreno. Esa información debe sintetizarse en diagnósticos comarcales que sirvan de base a las decisiones estratégicas. - Alianzas inteligentes
El proyecto no puede encerrarse en un identitarismo miope. Necesita sumar a técnicos, emprendedores, plataformas ciudadanas, sindicatos y asociaciones que estén dispuestas a compartir un mínimo común denominador: la prioridad del interés provincial frente a la lógica partidista. - Compromisos verificables
Cada propuesta debe ir asociada a un indicador y a un horizonte temporal de cumplimiento. Un proyecto de este tipo no se mide en likes ni en titulares, sino en kilómetros de infraestructura funcional, empleos creados, jóvenes que permanecen o vuelven, y servicios recuperados.
¿Qué papel juegan los partidos?
La pregunta incómoda es inevitable: ¿pueden los partidos tradicionales liderar este giro, o la regeneración solo puede venir de nuevos sujetos políticos? La experiencia reciente en Cuenca muestra un doble fenómeno: por un lado, tanto PP como PSOE han comenzado a ajustar su discurso, hablando de “cambio”, “oportunidades” y “futuro de la provincia” en clave más territorializada; por otro, su práctica de gobierno y oposición sigue lastrada por dinámicas de improvisación, oportunismo electoral y falta de coherencia en grandes proyectos.
Al mismo tiempo, las plataformas provinciales y municipalistas que emergen como alternativa tienen el desafío de consolidarse como fuerza estable, superar personalismos y dotarse de un programa robusto que evite caer en el simple “no a todo” o en el localismo reactivo. La salida realista probablemente pase por una tensión creativa: nuevos actores que hagan de ariete y condicionen, y viejos actores que se vean obligados a asumir contenidos y métodos que hasta ahora han despreciado.
De la queja al proyecto: un cambio cultural
Un proyecto político renovador para Cuenca exige también un cambio cultural en la ciudadanía y en las élites locales. No basta con indignarse cíclicamente ni con resignarse al “siempre ha sido así”. Hace falta abandonar los clientelismos cómodos, aceptar que la defensa de la provincia implica prioridades, renuncias y conflicto político frente a centros de decisión que no están aquí.
Ese cambio pasa por exigir más a quienes piden el voto, por no premiar el titular fácil, y por implicarse en organizaciones y procesos que persiguen objetivos de largo plazo, aunque no ofrezcan recompensas inmediatas. Una provincia que quiera existir políticamente en 2040 tiene que empezar a comportarse como sujeto político hoy.
Una invitación abierta
Este artículo no pretende ofrecer un programa cerrado, sino trazar el esqueleto de algo que Cuenca necesita con urgencia: un proyecto político renovador que combine ambición estratégica, rigor técnico y arraigo territorial. El resto –los nombres, las siglas, las fórmulas organizativas– vendrá después, si la sociedad conquense decide que es hora de dejar de mendigar futuro para empezar a escribirlo con su propia letra.
La invitación está hecha: o seguimos aceptando la provincia como una periferia de periferias, o nos tomamos en serio la tarea de convertirla en sujeto político con voz propia. La decisión, como siempre, será colectiva.