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Cuenca, capital opaca: últimos en transparencia, primeros en subirse el sueldo (por Juan Andrés Buedo)

Publicada el junio 22, 2026junio 22, 2026 por Juan Andrés Buedo
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El Ayuntamiento de Cuenca figura en el último lugar del ranking de transparencia de las capitales españolas elaborado a partir de los índices de Dyntra, con apenas algo más de un tercio de los indicadores cumplidos mientras otras ciudades superan con holgura esa marca. Al mismo tiempo, el alcalde y la Corporación se han aprobado una escalada de retribuciones que dispara el coste político más de un 60% en un solo ejercicio, según los datos del sistema ISPA y de los presupuestos municipales. No es un simple descuido técnico ni una anécdota estadística: es la fotografía de una democracia local rebajada, donde el vecino paga más, sabe menos y se le niegan instrumentos reales para fiscalizar a quienes gobiernan en su nombre.

La transparencia que se quedó en ordenanza

En 2017 el Pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad una ordenanza de transparencia que, en palabras del entonces alcalde, convertiría a Cuenca en una de las ciudades “más exigentes de España” en acceso a la información, buen gobierno y publicación de todos los gastos “por pequeños que sean”. Se prometió un portal actualizado donde se colgarían contratos, convenios, acuerdos y cualquier documento firmado por alcalde y concejales, además de la adhesión a la Red de Entidades Locales por la Transparencia de la FEMP.

Siete años después, el resultado es el contrario: el estudio de Dyntra y su difusión en medios conquenses sitúan a Cuenca en el último puesto de transparencia entre las 50 capitales de provincia españolas, con un cumplimiento en torno a un 37% de los indicadores evaluados. El suspenso es especialmente grave en ámbitos tan sensibles como la publicación clara y accesible de retribuciones de cargos electos y personal eventual, contratos de servicios, participación ciudadana y seguimiento de la gestión económica.

Dyntra no es un capricho de activistas digitales: su metodología se ha convertido en referencia para medir en tiempo real la información pública de ayuntamientos y otras administraciones, y otros municipios la utilizan como acicate para mejorar. En Cuenca, sin embargo, el mensaje que se lanza es nítido: se aprueban ordenanzas solemnes, se hacen fotos hablando de “gobierno abierto”… y luego se incumple, consciente y persistentemente, aquello que se firmó.

La política bien pagada: la subida silenciosa de sueldos

Mientras la transparencia se queda en papel mojado, las retribuciones de los órganos de gobierno han conocido un sprint ascendente difícil de explicar a la ciudadanía sin rubor. El análisis de datos del ISPA y de los presupuestos municipales revela que el salario del alcalde pasa de unos 51.010 euros en 2023 a 83.529 euros en 2024, un salto de alrededor del 64% en un solo año. El coste total de las retribuciones de la Corporación municipal se dispara en paralelo: de 397.604,89 euros en 2023 a 639.320,92 euros en 2024, es decir, un incremento del 61%.

Lejos de moderarse, el proyecto de presupuesto de 2025 consolida y amplía esa senda al alza. La partida “Retribuciones de Altos Cargos” aumenta desde 419.971,86 euros en 2024 hasta 561.752,94 euros en 2025, un nuevo salto cercano al 34% adicional. A la vez, se elevan otras partidas políticas como las dietas de los miembros de los órganos de gobierno, que pasan de 120.000 a 140.000 euros, y el gasto en publicidad y propaganda, que sube de 35.000 a 45.000 euros.

Mientras tanto, los salarios medios del personal funcionario se mueven en bandas muy alejadas de este ritmo de subida, según reflejan las estadísticas del propio ISPA para los ayuntamientos españoles por tramos de población. El mensaje implícito es demoledor: para la cúpula política hay margen de sobra, pero para explicar con total transparencia cuánto cobra, por qué lo cobra y cómo se ha decidido, de repente todo son obstáculos técnicos, enlaces rotos y promesas de futuro.

No se trata de discutir si un alcalde debe cobrar mucho o poco, sino de asumir que cualquier subida relevante exige luz, taquígrafos y una justificación pública muy sólida. Cuando la actualización salarial es drástica y el Ayuntamiento está en la cola nacional de transparencia, el problema deja de ser de cifras y pasa a ser de decencia democrática.

Presupuestos opacos, democracia de baja intensidad

La opacidad no se limita a los sueldos. El proyecto de presupuesto de gastos 2025 del Ayuntamiento de Cuenca muestra en detalle capítulos y partidas, pero para el ciudadano medio esa información es prácticamente ininteligible sin un portal que la organice, la explique y la conecte con objetivos de ciudad. Partidas como la deuda pública, la seguridad, los servicios urbanos o la acción social se desgranan en una maraña de códigos orgánicos y económicos que convierten el presupuesto en un bosque burocrático donde sólo se orienta quien ya conoce el terreno.

En ese contexto, la falta de transparencia activa —contratos menores publicados de forma sistemática, estudios y trabajos técnicos accesibles, informes de impacto, cronogramas de proyectos— reduce la capacidad real de la oposición, de los medios y del vecindario para seguir el rastro del dinero. La democracia local se queda en un ritual de Pleno y notas de prensa, mientras las decisiones sustantivas sobre gasto, concesiones y prioridades de inversión se toman en despachos poco iluminados.

La ironía es que las mismas instituciones que exigen transparencia extrema cuando se trata del ciudadano —subvenciones, ayudas, justificaciones de gastos— se permiten estar en el furgón de cola estatal cuando se trata de su propia rendición de cuentas. Y esto ocurre en pleno despliegue de agendas urbanas y fondos europeos que incorporan como cláusula central la transparencia, la participación y el control social de los proyectos financiados con dinero de todos.

Recelos vecinales y cultura de opacidad

Las consecuencias políticas de esta combinación de opacidad y autobeneficio no son abstractas: se traducen en recelos profundos, en desafección y en la sensación de que el Ayuntamiento juega con las cartas marcadas. Las asociaciones vecinales, colectivos profesionales y varios grupos municipales han tenido que recurrir a escritos formales para exigir información clara y participación real en proyectos tan emblemáticos como la reurbanización de Carretería, denunciando falta de transparencia y dudas en la contratación.

Cuando los indicadores externos —como los de Dyntra— suspenden al Ayuntamiento, y los propios vecinos tienen que organizarse para arrancar información básica de proyectos que cambian la fisonomía de la ciudad, el problema deja de ser un simple “defecto de gestión” para convertirse en un rasgo estructural de la cultura política local. La opacidad alimenta rumores, sospechas de favoritismos, teorías sobre quién gana y quién pierde en cada obra o contrato; la ausencia de datos abiertos deja el campo libre a la rumorología y a la propaganda oficial.

Es llamativo que mientras algunos grupos, como +Cuenca Ahora, subrayan la necesidad de automatizar procesos y mejorar la legibilidad de la documentación municipal “para construir confianza”, insistiendo en que la información debe ser clara y accesible, el gobierno local continúe suspendiendo en transparencia global según las mediciones independientes. La brecha entre el discurso y la práctica se ensancha cada año que pasa sin un giro real.

Cierre: lo que está en juego

Cuenca no está condenada a ser una capital opaca. Tiene una ordenanza de transparencia aprobada por unanimidad, instrumentos técnicos suficientes y ejemplos cercanos de otros ayuntamientos que han mejorado posiciones gracias a una política deliberada de apertura de datos, publicación de contratos y claridad retributiva. Lo que falta no es normativa, ni tampoco tecnología, sino voluntad política de asumir que la crítica y el control ciudadano son el precio inevitable de gobernar en democracia.

Cumplir de verdad la ordenanza significaría publicar de forma proactiva y comprensible las retribuciones de todos los cargos electos, los contratos menores y mayores, los estudios externos, las actas de órganos colegiados y los criterios que guían cada gran obra o decisión estratégica. Significaría, además, explicar al detalle por qué se suben los sueldos políticos un 60% en un año y por qué el coste de los altos cargos crece por encima de la media de la plantilla municipal y de la economía local.

Mientras el Ayuntamiento de Cuenca siga ocupando el último puesto de España en transparencia y el primer puesto en pudor a la hora de hablar de sus propias retribuciones, la ciudad seguirá atrapada en una democracia de baja intensidad, donde se pide confianza a cambio de oscuridad. Y una capital que acepta eso sin rebelarse corre el riesgo de acostumbrarse a que la opacidad sea la norma y no la excepción.

2 comentarios en “Cuenca, capital opaca: últimos en transparencia, primeros en subirse el sueldo (por Juan Andrés Buedo)”

  1. Juan Peralta dice:
    junio 22, 2026 a las 10:11 pm

    Es una vergüenza que el ayuntamiento de Cuenca sea el último en transparencia y el primero en subirse las nóminas en unas cuantías desorbitadas, y lo peor de todo es que tienen la ciudad patrimonio de la humanidad hecha unos zorros. Y yo me pregunto no son cómplices de esa situación los socios de gobierno “Cuenca nos une “?

    Responder
  2. Melli Pérez Madero dice:
    junio 24, 2026 a las 1:10 pm

    Este es el ejemplo socialista, cuando están en el poder solo saben robar por eso el único sitio dónde funcionan es en la oposición.
    Es una verdadera vergüenza que no hayan dimitido ya en todas las plazas que gobiernan.
    Les invito a que lo hagan nos irá mejor a todos incluso a ellos.

    Responder

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