Skip to content

La Vanguardia de Cuenca

Intereses: comunicación y actualidad en general, weblogs, sociedad, política

Menu
  • INICIO
  • BIOGRAFÍA
  • PUBLICACIONES DEL AUTOR
  • Instagram
  • Facebook
  • X
Menu

El multilateralismo se retira y regresa el neocolonialismo al nuevo orden internacional (por Juan Andrés Buedo)

Publicada el enero 7, 2026enero 7, 2026 por Juan Andrés Buedo
Compartir

Durante décadas creímos vivir en un mundo regido por normas compartidas, instituciones comunes y una cierta idea de progreso colectivo. Hoy, ese relato se descompone. El multilateralismo se vacía de contenido y el poder vuelve a ejercerse sin disimulo. No entramos en un mundo más justo, sino en uno más desigual, más jerárquico y más crudo. Un nuevo orden internacional que se parece demasiado a un neocolonialismo del siglo XXI.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que la política internacional se explicaba a sí misma como un esfuerzo civilizatorio. Tras la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, tras el final de la Guerra Fría, se consolidó la idea de que el mundo avanzaba, con todas sus contradicciones, hacia un sistema basado en reglas, instituciones multilaterales fuertes y una interdependencia creciente que haría la guerra no solo inmoral, sino irracional.

Ese tiempo ha terminado.

No por colapso súbito, sino por abandono progresivo. El multilateralismo no ha sido derrotado en una gran batalla histórica; ha sido dejado de lado cuando dejó de servir a los intereses de quienes lo diseñaron y lo lideraron. Hoy sigue existiendo en los discursos, pero ya no estructura el poder real.

El multilateralismo como escenografía

Las grandes organizaciones internacionales continúan funcionando: se reúnen, emiten informes, aprueban resoluciones, celebran cumbres. Pero su capacidad para condicionar las decisiones estratégicas de las grandes potencias es cada vez menor. Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio o la propia Organización Mundial de la Salud han pasado de ser foros de gobernanza a convertirse en escenarios secundarios, útiles solo cuando legitiman decisiones previamente adoptadas.

Estados Unidos ha asumido sin complejos una política de cumplimiento selectivo de las normas internacionales. China construye un sistema paralelo de influencia económica, financiera y tecnológica que prescinde de los marcos tradicionales. Rusia directamente desafía el orden legal internacional cuando este limita su expansión geopolítica. Y Europa, mientras tanto, invoca el multilateralismo como una coartada moral, no como una herramienta efectiva de poder.

El resultado es un mundo en el que las reglas existen, pero ya no obligan; las instituciones funcionan, pero no deciden; el derecho internacional sobrevive, pero no protege.

El retorno del poder desnudo

Este vacío no ha sido ocupado por un orden más democrático o más plural, sino por una forma renovada de dominación que podemos denominar sin rodeos: neocolonialismo contemporáneo.

No es el colonialismo clásico de administraciones imperiales, mapas coloreados y banderas extranjeras ondeando en los edificios públicos. Es un colonialismo más sofisticado y, por ello, más eficaz. Se ejerce sin ocupación formal y sin responsabilidad política directa. Sus instrumentos son otros:

– La deuda, convertida en mecanismo estructural de dependencia.
– El control tecnológico, desde las infraestructuras digitales hasta los datos.
– La energía y las materias primas, extraídas sin generar desarrollo local.
– Los conflictos regionales, utilizados como palancas geopolíticas indirectas.

África, amplias zonas de América Latina y buena parte de Asia vuelven a ser territorios de competencia entre potencias, no sujetos soberanos del sistema internacional. Cambian los métodos, no la lógica: extracción de valor, subordinación estratégica y dependencia crónica.

La diferencia es que ahora la dominación se presenta como cooperación, inversión o ayuda al desarrollo. El lenguaje es amable; las consecuencias, no tanto.

Multipolaridad sin equilibrio

Se habla con frecuencia de un mundo multipolar. El término sugiere equilibrio, reparto de poder, contrapesos. Pero lo que estamos viviendo no es una multipolaridad ordenada, sino una fragmentación jerárquica del sistema internacional.

Un pequeño grupo de potencias define las reglas —cuando le conviene— y el resto de países debe adaptarse, alinearse o resignarse a la irrelevancia. Para los Estados medianos o pequeños, el refugio en las normas comunes ya no ofrece protección real. La soberanía formal existe, pero la soberanía efectiva se diluye.

Este nuevo orden no reduce las desigualdades globales; las congela. No promueve el desarrollo autónomo; consolida la dependencia. Y no genera estabilidad, sino una tensión permanente, gestionada a golpe de crisis sucesivas.

Europa: la potencia normativa desarmada

En este contexto, la Unión Europea aparece como el actor más desubicado. Construida como un proyecto de integración jurídica, económica y política en un mundo de reglas, Europa se enfrenta ahora a un entorno donde el poder se ejerce sin complejos y sin intermediarios.

La UE sigue hablando el lenguaje del derecho internacional, los valores universales y la gobernanza compartida. Pero carece de soberanía energética, dependencia tecnológica y autonomía militar suficiente para sostener ese discurso con hechos.

Europa se ha convertido en una potencia normativa sin poder real. Produce estándares, declaraciones y regulaciones, pero no define las grandes dinámicas estratégicas. Reacciona más de lo que actúa. Gestiona consecuencias más que causas.

El riesgo no es solo externo. Sin soberanía estratégica, el proyecto europeo corre el peligro de transformarse en una estructura administrativa eficiente, pero políticamente irrelevante. Un gestor del declive, no un actor del futuro.

España en el nuevo tablero

España no es ajena a este cambio de ciclo. Como potencia media integrada en la UE, su margen de maniobra está condicionado por decisiones que se toman lejos de Madrid. La dependencia energética, la fragilidad industrial y la pérdida de peso estratégico limitan su capacidad de influencia.

Pero hay algo aún más preocupante: la desconexión entre la política exterior y la realidad social y territorial del país. Mientras se habla de grandes estrategias globales, amplias zonas del interior —como Castilla-La Mancha— siguen sufriendo las consecuencias de un modelo económico periférico, dependiente y vulnerable.

El neocolonialismo global tiene su reflejo interno: territorios que producen recursos, energía o espacio, pero no deciden. Provincias que aportan, pero no cuentan. Infraestructuras que se cierran en nombre de la eficiencia, aunque condenen al aislamiento a miles de ciudadanos.

Cuenca como metáfora

Cuenca no aparece en los mapas geopolíticos, pero encarna muchas de las lógicas del nuevo orden. Es un territorio integrado formalmente, pero subordinado en la práctica. Depende de decisiones tomadas lejos, con criterios que rara vez tienen en cuenta el equilibrio territorial o la cohesión social.

El cierre del tren convencional, la fragilidad de los servicios públicos o la dificultad para atraer inversión productiva no son anomalías locales; son síntomas de un modelo que prioriza la rentabilidad inmediata sobre el desarrollo a largo plazo.

Cuando el poder se concentra y las reglas se debilitan, los territorios periféricos siempre pierden primero.

Un mundo más duro, no más libre

Conviene desterrar la idea de que el declive del multilateralismo abre un espacio de mayor libertad para los pueblos. Lo que emerge no es un mundo más soberano, sino más asimétrico. Un mundo donde el poder se ejerce sin responsabilidad y la dependencia se disfraza de elección.

La historia demuestra que cuando las reglas comunes se debilitan, no ganan los débiles, sino los fuertes. Y cuando el derecho retrocede, el vacío lo ocupa la fuerza, aunque adopte formas sofisticadas y aparentemente benignas.

Denominar a la realidad sin rodeos

El primer paso para afrontar este nuevo orden internacional es nombrarlo sin eufemismos. No estamos ante una simple reconfiguración geopolítica, sino ante un retroceso estructural del sistema de cooperación internacional. El multilateralismo no se reforma; se arrincona. Y en su retirada, reaparecen lógicas que creíamos superadas.

Neocolonialismo no es una palabra incómoda: es una descripción precisa de un mundo donde el poder decide y los demás se adaptan.

Europa, España y territorios como Cuenca deben entender que el futuro no se juega solo en grandes cumbres internacionales, sino en la capacidad de recuperar soberanía real, cohesión territorial y proyecto político propio. Porque en un mundo sin reglas compartidas, quien no tiene poder, lo sufre.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Actualidad
  • Administración Pública
  • Administraciones Públicas
  • Ciencia
  • Cine
  • Comunicación
  • Cultura
  • Deportes
  • Economía
  • Educación
  • Empleo
  • Gastronomía
  • Historia
  • Juegos
  • Libros
  • Literatura
  • Medio ambiente
  • Música
  • Pensamiento político
  • Política
  • Religión
  • Sociedad
  • Sociedad de la Información
  • Televisión
  • TIC y Sociedad del Conocimiento
  • Uncategorized
  • Urbanismo y Arquitectura
  • Viajes
  • Web/Tecnología
  • Weblogs

Recent Posts

  • El multilateralismo se retira y regresa el neocolonialismo al nuevo orden internacional (por Juan Andrés Buedo)
  • El alto coste de la decisión política de quitarle a Cuenca el tren (por Juan Andrés Buedo)
  • La pulsión imperial de Trump y la Europa que no decide (por Juan Andrés Buedo)
  • EPISODIOS PROVINCIALES. 27 – Reforma técnico-administrativa para una comarcalización más funcional y operativa de la provincia de Cuenca (por Juan Andrés Buedo)
  • Año nuevo, política vieja en Cuenca (por Juan Andrés Buedo)

Recent Comments

  1. Pedro Guillen en El alto coste de la decisión política de quitarle a Cuenca el tren (por Juan Andrés Buedo)
  2. Jesua Barreña Nielfa en El alto coste de la decisión política de quitarle a Cuenca el tren (por Juan Andrés Buedo)
  3. RAFAEL JOSE BOLINCHES RICHART en El alto coste de la decisión política de quitarle a Cuenca el tren (por Juan Andrés Buedo)
  4. Dolors Domi en El alto coste de la decisión política de quitarle a Cuenca el tren (por Juan Andrés Buedo)
  5. Rdf Picazo .Perez ,Dr arq y urbanista en EPISODIOS PROVINCIALES. 27 – Reforma técnico-administrativa para una comarcalización más funcional y operativa de la provincia de Cuenca (por Juan Andrés Buedo)
© 2026 La Vanguardia de Cuenca | Desarrollado por Superbs Tema de blog personal