
Durante décadas, la provincia de Cuenca ha sido citada como uno de los ejemplos más claros de los desequilibrios territoriales del interior peninsular. Municipios que pierden población año tras año, servicios públicos cada vez más lejanos, carreteras que conectan mejor con otras provincias que entre sí y una sensación persistente de abandono institucional. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a abrirse paso una reflexión distinta, menos centrada únicamente en la demografía o la economía y más en una cuestión de fondo: ¿y si el problema de Cuenca fuera también, en gran medida, un problema de organización territorial?
Un territorio extenso, fragmentado y difícil de gobernar
La forma en que se estructura un territorio no es neutra. Condiciona dónde se prestan los servicios, qué espacios concentran oportunidades y cuáles quedan relegados a la periferia. En una provincia como Cuenca, con más de dos centenares de municipios y una población escasa y muy dispersa, la arquitectura administrativa heredada del siglo XIX empieza a mostrar signos evidentes de agotamiento. En este contexto, la idea de una recomarcalización funcional emerge como una propuesta que, sin prometer soluciones milagro, invita a repensar el mapa provincial desde criterios más próximos a la vida cotidiana de sus habitantes.
El problema no es únicamente cuántos habitantes hay, sino cómo están distribuidos. Pequeños municipios muy alejados entre sí, con poblaciones envejecidas y recursos limitados, conforman un mosaico territorial difícil de gestionar desde la proximidad. A ello se suma una paradoja bien conocida por los conquenses: muchos pueblos están mejor conectados con Madrid, Valencia o Albacete que con su propia capital provincial.
Las dinámicas reales de movilidad —ir a trabajar, al instituto, al hospital o a hacer una gestión administrativa— no siempre coinciden con los límites administrativos tradicionales. Sin embargo, la organización institucional sigue anclada en ellos. El resultado es una provincia en la que los ayuntamientos pequeños carecen de capacidad para sostener servicios complejos, mientras que la Diputación Provincial asume cada vez más funciones desde una escala que no siempre permite atender las especificidades locales.
Entre el municipio y la provincia existe, por tanto, un vacío funcional. Una escala intermedia que en otros territorios se articula a través de comarcas con competencias claras y recursos suficientes, pero que en Cuenca ha quedado históricamente diluida entre divisiones informales o puramente identitarias.
La provincia de Cuenca se encuentra ante una encrucijada histórica. Décadas de pérdida demográfica, envejecimiento progresivo y debilitamiento del tejido económico han puesto de manifiesto una realidad incómoda: el actual modelo de organización administrativa no responde adecuadamente a las necesidades del territorio. El problema no es únicamente cuánto se invierte, sino cómo se organiza la acción pública.
Cuenca es una de las provincias con menor densidad de población de España y con un mapa municipal altamente fragmentado. Muchos ayuntamientos, con escasos recursos humanos y técnicos, se ven obligados a gestionar competencias cada vez más complejas. El resultado es una administración sobrecargada, desigual en su eficacia y, en muchos casos, incapaz de garantizar servicios básicos en condiciones de equidad.
Frente a esta situación, empieza a consolidarse un consenso técnico: no es posible afrontar los retos del medio rural con estructuras pensadas para otra época. La respuesta no pasa por suprimir municipios ni por recentralizar competencias, sino por reforzar la cooperación territorial mediante una comarcalización funcional y operativa.
Qué significa comarcalizar de forma funcional
La comarcalización funcional no debe confundirse con una mera división territorial ni con la creación automática de nuevas administraciones. Se trata, ante todo, de reconocer áreas reales de vida, servicios y relaciones económicas, y de utilizarlas como base para organizar la prestación de determinados servicios públicos.
Hoy los ciudadanos ya viven de manera comarcalizada: acuden al centro de salud de referencia, al instituto, al comercio o a la oficina administrativa en municipios que ejercen de cabecera natural. Sin embargo, la administración sigue operando, en muchos casos, como si cada municipio fuera una isla autosuficiente.
Una reforma técnico-administrativa permitiría adaptar la gestión pública a esta realidad, mejorando la eficiencia, reduciendo duplicidades y fortaleciendo la capacidad de los municipios más pequeños sin menoscabar su identidad ni su autonomía democrática.
El papel clave de la Diputación Provincial
En este proceso, la Diputación Provincial de Cuenca está llamada a desempeñar un papel central. No como imposición jerárquica, sino como institución vertebradora del territorio, con capacidad para coordinar, asistir técnicamente y liderar procesos de cooperación voluntaria.
La Diputación dispone de margen legal suficiente para impulsar marcos comarcales funcionales, promover programas piloto de gestión compartida de servicios —como servicios sociales, transporte rural, asistencia administrativa o promoción económica— y evaluar sus resultados con criterios objetivos. Esta vía permite avanzar sin conflictos competenciales y con un enfoque progresivo y consensuado.
Una propuesta de mapa comarcal más operativa
Como base para el debate público, técnico y político, puede plantearse una comarcalización operativa de la provincia en torno a áreas funcionales claras, articuladas desde cabeceras que ya actúan como nodos de servicios. A modo orientativo, el siguiente mapa comarcal ofrece una propuesta coherente con las dinámicas reales del territorio:
Propuesta de comarcalización funcional de la provincia de Cuenca
- Comarca de Cuenca Capital
Cabecera: Cuenca
Área de influencia administrativa, sanitaria y educativa del entorno central. - Comarca de La Mancha Conquense
Cabecera: Tarancón
Eje económico, industrial y logístico del oeste provincial. - Comarca de la Alcarria Conquense
Cabecera: Huete
Zona de transición con fuerte identidad territorial y funcionalidad propia. - Comarca de la Serranía Alta
Cabecera: Tragacete
Espacio de alta dispersión poblacional, con necesidades específicas de servicios rurales. - Comarca de la Serranía Baja
Cabecera: Cañete
Área funcional ligada a servicios básicos y vertebración del sureste serrano. - Comarca de la Manchuela Conquense
Cabecera: Motilla del Palancar
Zona dinámica, vinculada a ejes de comunicación y actividad agroindustrial. - Comarca de la Alcarria Baja – Campichuelo
Cabecera: Priego
Territorio con fuerte dependencia funcional de servicios compartidos.
Este mapa no debe entenderse como definitivo, sino como una herramienta de trabajo, susceptible de ajustes tras estudios técnicos y procesos participativos. Su valor reside en que se apoya en cabeceras reales, accesibilidad y flujos de población, no en límites administrativos heredados.
Una reforma necesaria, no ideológica
La comarcalización funcional no es una cuestión ideológica, sino una respuesta técnica a un problema estructural. No resolverá por sí sola la despoblación, pero sí puede crear las condiciones necesarias para políticas más eficaces, una mejor utilización de los recursos públicos y una mayor igualdad territorial.
Abrir este debate con rigor, transparencia y participación es hoy una responsabilidad institucional y ciudadana. La provincia de Cuenca necesita menos resignación y más capacidad de adaptación. Reformar cómo nos organizamos es, en última instancia, una forma de defender el derecho a vivir dignamente en cualquier punto del territorio.
Ante esta realidad, comienza a abrirse paso la idea descrita, que no es nueva pero sí cada vez más necesaria y en la que el editor de La Vanguardia de Cuenca posee una amplia documentación -dispuesta para hacerla efectiva y ponerla en marcha: la comarcalización funcional. No se trata de crear nuevas capas burocráticas ni de suprimir municipios, sino de articular espacios estables de cooperación supramunicipal, adaptados a cómo se organiza hoy la vida cotidiana de la población: dónde se accede a la sanidad, a la educación, a los servicios sociales, al comercio o al empleo.
Hablar de comarcalización funcional implica asumir que las fronteras administrativas tradicionales no siempre coinciden con las dinámicas reales del territorio. Los desplazamientos diarios, las áreas de influencia de los servicios y las relaciones económicas dibujan un mapa distinto, que la administración debe saber interpretar si quiere ser eficaz.
Desde esta perspectiva, la reforma no tiene por qué ser radical ni inmediata. Existen distintos escenarios posibles, desde fórmulas básicas de cooperación técnica entre municipios hasta modelos más avanzados en los que determinadas competencias —como servicios sociales, transporte rural o asistencia administrativa— se gestionen de forma compartida en ámbitos comarcales. Lo relevante es iniciar el proceso con criterios técnicos, realismo político y participación.
Si Aragón y Cataluña lo han hecho, Cuenca también puede; y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha tiene la obligación de prestar la asistencia conveniente para lograrlo. El firmante y autor de este artículo, incluso, tiene elaborado ya el borrador de decreto para empezar la nueva marcha. ¡A ver si el vicepresidente de la JCCM, el señor Mtz Guijarro, atiende esta vez la voz pensante del profesor Buedo! Cosa que no hizo en la propuesta ofrecida hace unos años para modificar la política en materia de población, y que el tiempo ha demostrado ser más acertada que la aplicada por la JCCM.
Vengo potenciando,con nulo éxito,esta ya vieja idea de que servicios de todo tipo se ubiquen en las cabezas comarcales…venia con experiencia de responsable tecnico de urbanismo en Tarragona,especificanente en las comarcas del Alt Camp,Priorat,Conca de Barbera etc etc
Posteriormente en mi periodo de jefe de servicio en la Diputación de cuenca, años 1995-97,dedicaba «de motu propio» -aparte de mis tareas cotidianas- dedicar un día a la semana a desplazarme a cabezas comarcales (Priego,Cañete,Motilla,Cañaveras,…) organizando un despacho comarcal y atendiendo necesidades …
Antes cuando trabajaba en mi despacho de Nuevos Ministerios ya organicé el corredor Madrid -Guadalajara en esta dirección con desarrollo, que aun conservo, de «directrices de planteamiento» comarcales a los que se debían ajustar los municipios si querían recibir subvenciones desde la Comunidad.
Mas tarde ,sonando mi nombre como director de Castilla la Mancha ,propuse en mi programa esa idea como aspecto territorial principal…y no fue aceptado por el PSOE.
De modo que me alegra se halla recuperado ,ahora, esa vieja estructuración del territorio
Rdf Picazo .Perez ,Dr arq y urbanista