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Mercancías de saldo (por Jesús Pichel)

Publicada el noviembre 6, 2012 por admin6567
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Tribuna libre
Jesús Pichel (Publicado en elplural.com, aquí)
La última reforma laboral, la del PP, entró en vigor en febrero de 2012, o sea, hace algo más de siete meses. Su objetivo, según sus impulsores no era otro que el de crear las condiciones adecuadas para, primero, frenar la destrucción de empleo y, segundo, crear empleo, que es exactamente lo mismo que dijo el gobierno del PSOE cuando aprobó sus dos reformas laborales, en 2010 y 2011. Las tres reformas -con más fuerza la tercera, la de Rajoy- abundaron en lo mismo: en precarizar las condiciones laborares, y facilitar y abaratar el despido, peticiones tradicionales de la patronal y del fundamentalismo neoliberal.

En junio de 2010 -cuando entró en vigor la primera reforma de Zapatero- había 3.982.368 parados. Un año después, en junio de 2011 -cuando entró en vigor la segunda- había 4.121.801 parados (139.433 parados más). En febrero de 2012 -entrando en vigor la tercera reforma, la del PP- había 4.712.098 parados (590.297 más que en 2011; 729.730 más que en 2010). Hoy, con los datos de octubre, son 4.833.521 parados (121.423 más que en febrero; 711.720 más que en 2011; 851.153 más que en 2010.

La conclusión de estos números parece bastante clara: las reformas laborales no han servido ni para crear empleo ni para frenar la destrucción de empleo. Sí han servido, eso sí, para precarizar las condiciones laborales y, sobre todo, para facilitar y abaratar los despidos. Y su corolario, que las peticiones de la patronal tenían un claro objetivo y ese sí se ha conseguido, de manera que los gobiernos o se equivocaron gravemente o simplemente nos mintieron.

En fin, que hoy hay menos trabajo y el que hay es peor que el que había, pero los patronos tienen mejores herramientas para despedir barato y contratar -cuando lo hacen- más barato y en peores condiciones. Cuando la economía política liberal llamó al trabajo mercado laboral, ya nos estaban avisando de que los trabajadores éramos mercancías. Y ahora ya está claro que somos mercancías perecederas y de saldo. ¿De verdad a alguien le puede extrañar que se haya convocado una huelga general para el 14 de noviembre?

Jesús Pichel es filósofo

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