
Cuenca no atraviesa una crisis coyuntural; atraviesa una crisis de sistema. Lo que hoy se respira en la ciudad no es el aire fresco de la Serranía, sino el ambiente viciado de un ciclo político agotado, donde la gestión pública ha sido sustituida por una coreografía de negligencia, grandes obras faraónicas y una desconexión absoluta con las necesidades reales de sus ciudadanos.
La ciudad se ha convertido en el escenario de un «karma» político que golpea una y otra vez a quienes, sentados en las poltronas institucionales, creyeron que el dinero público era infinito y que la memoria de los conquenses era selectiva.
En Cuenca lloró la vía
crujió la vieja estación
mientras cuatro despachos fríos
firmaban la demolición
Y ahora viene el karma del tren
como un martillo sobre el andén
no hay maquillaje que tape la piel
de quien vendió futuro por poder
El pueblo no va a olvidar
las vías vuelven a gritar
y aunque arranquéis cada raíl
la memoria no la vais a enterrar
silva rabia por la noche
no les deja descansar
porque quien rompe una tierra
algún día ha de pagar
Papeles, firmas y sombras
demasiado por explicar
si la verdad abre puertas
más de uno va a temblar
Y ahora viene el karma del tren
retumbando como a cien
las pancartas vuelven otra vez
como locomotoras contra la pared
no se borra una estación
con hormigón ni corrupción
Porque hay raíles
invisibles
clavados dentro
del corazón
es el karma del tren
golpeando otra vez
como una máquina
ardiendo en la piel
Desde Aranjuez hasta Levante
la memoria sigue adelante
y quien arrancó las vías
puede oír rodar el convoy volver
Porque hay raíles invisibles
clavados dentro del corazón
y si la ley algún día
empieza todo a mirar
que hablen claro los documentos
y la verdad salga al final
es el karma del tren
golpeando otra vez
desde Aranjuez hasta Levante
la memoria sigue adelante
Y quien arrancó las vías
lo pagará algún día
es el karma del tren
golpeando otra vez
y nosotros pacíficamente también
El «Bosque de Acero»: El monumento a la soberbia
Para entender por qué Cuenca camina hoy sobre cáscaras de huevo, hay que volver al punto de partida: el Bosque de Acero. Aquel engendro presupuestario de cerca de 8 millones de euros no es solo un edificio inacabado o mal gestionado; es el pecado original. Durante años, fue el recordatorio físico de que en esta ciudad el progreso se medía en toneladas de hormigón y acero, no en bienestar social.
Aquel fracaso dejó una huella imborrable: el ciudadano aprendió a desconfiar de cada nuevo proyecto. Cuando los responsables políticos actuales presentan hoy nuevas «visiones» de futuro, el conquense no ve innovación; ve el espectro del Bosque de Acero preguntándole: ¿Quién pagará tu mantenimiento dentro de diez años?
El «Karma del Tren»: La traición que nunca se olvida
Si el Bosque de Acero fue la advertencia, el desmantelamiento del tren convencional fue la sentencia. La supresión de un servicio esencial, bajo la promesa de una modernización que nunca terminó de materializarse, supuso la ruptura definitiva del contrato social. El «karma del tren» es la fuerza que persigue a cada político que se atrevió a defender un cierre que aisló a la provincia y dejó una herida abierta en el tejido urbano.
Hoy, los terrenos de ADIF son el símbolo de esa herida. Un solar que debería ser un punto de encuentro se ha transformado en un vertedero de expectativas rotas y focos de insalubridad. Las instituciones, paralizadas por su propia incapacidad, se encuentran en un callejón sin salida: si intervienen, recuerdan al ciudadano su propio error ferroviario; si no intervienen, la degradación les devora. Es un ciclo de inoperancia que castiga a la ciudad por partida doble.
El laberinto de los remontes: La última hipoteca
En este escenario de desconfianza, la apuesta por los remontes mecánicos para conectar la ciudad baja con el Casco Antiguo aparece ante los ojos de muchos no como una solución, sino como el último «regalo envenenado». La política del corto plazo —la política de la «foto de inauguración»— vuelve a imponerse sobre la prudencia financiera.
¿Qué ocurrirá cuando las luces se apaguen y llegue la factura del mantenimiento? El nerviosismo que hoy embarga a las instituciones ante los próximos comicios no es gratuito. Saben que han heredado —y en muchos casos, creado— una estructura de costes inasumible. Están atrapados en un laberinto donde el mantenimiento de las infraestructuras actuales está drenando los recursos que Cuenca necesita para servicios básicos, empleo y fijación de población.
La tragedia de la oposición: El oportunismo sin proyecto
La tragedia de Cuenca no termina en el gobierno; se extiende a una oposición que, a menudo, se refugia en el oportunismo. Muchos de los que hoy alzan la voz contra los remontes o el estado de los terrenos fueron quienes, en el pasado, sostuvieron el andamiaje del dispendio.
La crítica es necesaria, pero cuando carece de una propuesta alternativa —valiente, austera y honesta—, suena a ruido vacío. Al ciudadano le queda el sabor amargo de saber que, en la próxima cita electoral, se verá obligado a elegir entre quienes gestionaron mal y quienes, habiendo sido parte del problema, no ofrecen más que reproches sin una hoja de ruta clara para sacar a Cuenca del fango.
El final de la partida
Cuenca ha pasado de ser una ciudad con un potencial inmenso a convertirse en una ciudad con una deuda moral y económica incalculable. La clase política local se enfrenta al juicio de una ciudadanía que ya no se deja engañar por maquetas coloridas.
El «karma del tren» no es una metáfora; es la realidad de una ciudad que se siente traicionada. El próximo proceso electoral no será un debate sobre el futuro, sino un ajuste de cuentas sobre el pasado. Las instituciones saben que el regalo envenenado que intentaron vender como progreso ha estallado en sus manos. Ahora, la factura ha llegado a la mesa, y el electorado de Cuenca, esta vez, parece dispuesto a no dejar que nadie se marche sin pagarla.
Se podría añadir el sinsentido del paso peatonal en el Arco de Bezudo …un pésimo proyecto de paso,encargado directamente sin concurso, y que ahora consiste en una chapa de hierro apoyada sobre viguetas,con riesgo de patinar si nieva, y cuyo coste incluyendo barandas ,según el alcalde Dolz , fue de 400.000 €…cuando con sólo un par de viguetas de hierro sobre las que se apoyasen unos tablones -como en el puente de S.Pablo- con una barandilla metálica o cristal a un lado y aprovechando la ya existente de piedra al otro hubiera salido por unos 20.000 € además de permitir el paso de agua de lluvia.
Otro absurdo es la enorme escalera metálica que se está construyendo en calle Alcazar junto a zona de juegos infantikes existente ,para subir a plaza de Mangana cuando ya hay otra a pocos metros a su izquierda y un ascensor apenas usado a su derecha gastándose otras 70.000€ para este absurdo rechazado por vecinos y paseantes.
Se podría seguir con más barbaridades tontas como supresión del los árboles en plaza Mayor junto a catedral que daban sombra en verano y sustituidos por parasoles en las mesas de los bares junto a cambiar el canto rodado por carismas placas de granito,ya agrietadas, caluroso en verano y paso peligroso en invierno…y tantos otros desmanes que seria largo de exponer