
La última moda informativa sobre la provincia consiste en hablar de “dinamismo económico” cada vez que CEOE CEPYME Cuenca presenta su informe anual. Se toman dos o tres datos positivos, se adornan con palabras como “esperanza” o “consolidación” y se da por hecho que la economía conquense ha cambiado de ciclo. Pero cuando uno baja del titular a las tablas, lo que aparece no es un milagro, sino un tablero lleno de contradicciones, fragilidades estructurales y señales claras de desaceleración.
No lo digo yo: lo dice la propia CEOE CEPYME cuando califica la situación económica de la provincia como “preocupante e inestable”. Lo reconocen al subrayar la presión impositiva y fiscal “alarmante”, las dificultades para contratar por falta de mano de obra, la presión normativa laboral y los problemas de acceso al crédito. Y lo ratifican los datos del Informe Socioeconómico 2025: empleo que mejora, sí, pero con un tejido productivo que no despega, un comercio exterior que se hunde por segundo año consecutivo y unos precios básicos que no dejan de asfixiar a familias y empresas.
Empleo: menos paro, pero con menos contratos y mucha temporalidad
Si uno se queda solo con la foto del mercado laboral, es fácil caer en el espejismo. Cuenca cerró 2025 con 9.002 personas desempleadas, 573 menos que al finalizar 2024, lo que supone una caída del paro registrado del 5,98%. Las afiliaciones a la Seguridad Social también crecieron, hasta 83.580 cotizantes, un 1,79% más. Son, sin duda, datos positivos.
El problema llega cuando se mira el reverso de la postal. Durante 2025 se firmaron 64.009 contratos en la provincia, 308 menos que el año anterior, es decir, un descenso del 0,48%. La contratación temporal sigue siendo mayoritaria: 33.319 contratos temporales frente a 30.690 indefinidos. Menos contratos y predominantemente precarios es una combinación difícil de conciliar con un relato de “dinamismo”.
A esa grieta se suma una divergencia que el propio informe reconoce: mientras el paro registrado baja, la Encuesta de Población Activa apunta a un fuerte aumento del desempleo y a una caída de la ocupación en Cuenca. CEOE atribuye esta contradicción a las limitaciones estadísticas de la EPA en territorios con muestra pequeña, pero el hecho permanece: incluso las series oficiales se desajustan cuando se trata de medir el empleo en una provincia con base productiva débil. Sobre ese terreno inestable, quizá convenga modular los adjetivos.
Empresas y autónomos: el dinamismo que no se atreve a constituirse
Si hubiera un auténtico cambio de ciclo, debería notarse, antes que en ninguna parte, en la creación de empresas. Sin embargo, 2025 terminó con 298 sociedades mercantiles constituidas, 22 menos que en 2024, lo que supone una caída del 6,88%. Se disolvieron 106 sociedades, también 22 menos, de modo que el saldo neto se quedó en 192 empresas, la misma cifra que el año anterior. El propio informe interpreta este comportamiento como reflejo de “un escenario de incertidumbre que frena la creación de nuevas empresas, aunque al menos contiene las disoluciones”.
Estamos, por tanto, ante un tejido empresarial que no se anima a dar el salto, que mantiene el tipo pero no se expande. Eso no es dinamismo; es resistencia. Y una resistencia que llega después de un 2024 en el que, según la presentación del informe económico anterior, ya se advertía de un “peor saldo” de sociedades —más disoluciones y menos autónomos— pese a que el empleo lograba sostenerse.
El colectivo de autónomos ofrece una lectura apenas más amable. La provincia cerró 2025 con 18.233 trabajadores por cuenta propia, 11 más que en 2024, un crecimiento del 0,06% que sirve para romper una racha de dos años de caída. Once autónomos más sobre una base de más de dieciocho mil no permiten hablar de un vuelco del modelo productivo. Es un rebote estadístico mínimo, no un renacimiento empresarial.
Turismo: nichos al alza, contexto a la baja
Otro de los pilares del discurso optimista es el turismo, a menudo presentado como sector “tractor” de la economía conquense. El propio informe reconoce, sin embargo, una “evolución desigual”. En 2025 llegaron a la provincia 305.729 viajeros, 2.304 menos que el año anterior, lo que supone una caída del 0,75%. Las pernoctaciones descendieron hasta 538.162, 9.131 menos, un retroceso del 1,67%. La organización empresarial alude a la climatología adversa en la primera mitad del año y a la fuerte dependencia del calendario, pero el resultado final es claro: menos turistas y menos noches.
La excepción está en el turismo rural, que vuelve a destacarse como indicador positivo. Los alojamientos rurales alcanzaron 93.301 viajeros, 8.799 más que en 2024, con un crecimiento del 10,41%, y superaron las 208.000 pernoctaciones. Es, sin duda, un ámbito en expansión, que refleja la capacidad de muchos pueblos para reinventarse como destino de naturaleza y descanso.
Pero convertir ese nicho en prueba global de “dinamismo económico” es confundir el árbol con el bosque. Que crezca una modalidad concreta de turismo no compensa que el conjunto del sector pierda viajeros y noches, ni corrige la estacionalidad extrema ni la dependencia de fines de semana y festivos. De nuevo, los matices importan: hay brotes verdes en el campo, pero el monte entero no está reverdeciendo.
Inflación, vivienda y coche: cuando las cifras esconden las costuras
Hay otro factor que se suele pasar de puntillas en las crónicas optimistas y que, sin embargo, CEOE sitúa entre las principales amenazas: la inflación. El IPC cerró 2025 en Cuenca con un incremento del 2,6%, encadenando el quinto año consecutivo por encima del 2%. Las mayores subidas se dieron en bebidas alcohólicas y tabaco (5,2%), vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (4,3%) y restaurantes y hoteles (3,8%). No estamos hablando, por tanto, de lujos, sino de suministros básicos del hogar y servicios esenciales.
La propia organización empresarial advierte de que esta inflación reduce la capacidad de inversión y contratación de las empresas, y limita el consumo de las familias. Si los hogares dedican cada vez más recursos a pagar luz, agua, gas y alquiler o hipoteca, queda menos margen para dinamizar el comercio, la hostelería o el ocio. Si las pymes ven cómo se encarecen sus costes energéticos, su margen para contratar, innovar o exportar se estrecha. Llamar “dinámico” a un entorno que estrangula por abajo el consumo y la inversión es, como mínimo, discutible.
Algo similar ocurre con la vivienda y las matriculaciones de vehículos. En 2025 se registraron 2.327 compraventas de vivienda en la provincia, pero el 94,15% correspondió a vivienda usada, lo que limita el efecto dinamizador sobre el sector de la construcción. Las hipotecas crecieron hasta 1.947 operaciones, un 16,68% más que en 2024, aunque firmadas por una cantidad media inferior, lo que apunta a un ajuste a la baja en el mercado inmobiliario.
En cuanto al automóvil, tras un 2024 muy flojo —1.434 matriculaciones, 96 menos que en 2023, con especial caída de las operaciones de empresa—, 2025 anota una recuperación hasta las 1.741 matriculaciones, 306 más (+21,32%). El salto porcentual impresiona, pero conviene recordar que se parte de un suelo muy bajo. Sin duda hay un cambio de tendencia hacia vehículos híbridos y eléctricos, que ya dominaban el mercado en 2024, pero también aquí la inversión requerida para adaptar flotas y hábitos no se traduce automáticamente en un bienestar extendido.
Comercio exterior: el talón de Aquiles que el titular no quiere ver
El capítulo más incómodo para cualquier relato de éxito es el del comercio exterior. Las exportaciones conquenses ya cayeron en 2024 en 28,5 millones de euros respecto a 2023, un 3,4% menos. En 2025 vuelven a retroceder: 786,4 millones, 35,3 menos que el año anterior, lo que supone una caída adicional del 4,3%. Dos años consecutivos de descensos no son un bache coyuntural; son una tendencia preocupante.
CEOE vincula este deterioro al contexto internacional, pero admite que el principal sector exportador de la provincia, alimentos y bebidas, apenas mantiene una evolución positiva y leve. Si el corazón exportador late cada vez con menos fuerza, es difícil sostener que la economía local se está consolidando. Mucho menos en una provincia pequeña y periférica, que debería encontrar en la apertura exterior uno de sus pocos palancas de tamaño suficiente para revertir el declive demográfico y productivo.
Mientras tanto, la organización empresarial alerta públicamente del “desplome” de las exportaciones a comienzos de 2026, lo que indica que la mala racha no se ha corregido, sino que se prolonga. Resulta llamativo que este dato central apenas aparezca en algunas piezas que prefieren destacar “esperanzas” y “proyectos” antes que asumir la magnitud del problema.
Esperanza condicionada: proyectos en el aire frente a realidades tozudas
Una parte del optimismo mediático se apoya en las palabras de la propia CEOE cuando habla de esperanza ligada a determinados proyectos e inversiones. En la presentación del Informe 2024, el secretario general de la patronal resaltó que estaban en contacto con empresas extranjeras interesadas en la provincia, mencionando dos iniciativas chinas ya materializadas, dos más en negociación y una tercera procedente de México. Nadie sensato puede despreciar la importancia de esas posibles inversiones.
Pero conviene leer el párrafo completo. Antes de hablar de esperanza, el presidente y el secretario general definen la economía conquense con las mismas palabras: “preocupante e inestable”. Señalan que 2024 se cerró con un peor saldo de sociedades mercantiles que 2023, con 10 empresas netas menos, y con 19 autónomos menos que al inicio del año. Insisten en la presión fiscal y normativa, en la carestía de los suministros del hogar, que subieron un 5,6% ese año, y en la consiguiente pérdida de dinamismo del consumo.
La esperanza, por tanto, es condicional y está supeditada a que esos proyectos, todavía en diversos grados de madurez, aterricen en un territorio que hoy sigue ofreciendo un entorno difícil. Convertir esas expectativas en prueba concluyente de dinamismo es confundir deseos con diagnósticos. Es legítimo aspirar a que 2026 sea —como afirma un comunicado reciente— el año de consolidación de grandes proyectos para Cuenca, pero mientras tanto los datos de 2025 y la evolución de las exportaciones en 2026 cuentan otra historia.
Periodismo de contextos, no de titulares complacientes
La cuestión de fondo no es si hay o no elementos positivos en la economía conquense. Los hay: el paro registrado baja, las afiliaciones suben, el turismo rural crece, las hipotecas se reactivan, las matriculaciones rebotan. El problema es qué hacemos con esa información. ¿La usamos para levantar un relato de autosatisfacción o para discutir, con franqueza, qué cambios de fondo hacen falta?
Una provincia con riesgo demográfico, con una base empresarial frágil, con dos años seguidos de caída exportadora y con cinco ejercicios de inflación por encima del 2% no puede permitirse el lujo de vivir en una burbuja de titulares amables. Menos aún cuando son los propios empresarios quienes, en sus informes, hablan de “preocupación”, “inestabilidad”, “incertidumbre” y “falta de dinamismo”. El papel del periodismo local no debería ser maquillar esas palabras, sino ponerlas en contexto, confrontarlas con la experiencia cotidiana de autónomos, trabajadores y vecinos, y exigir políticas capaces de atacar las raíces del problema.
No se trata de negar las luces, sino de no tapar las sombras. De aceptar que la reducción del paro, por sí sola, no corrige la pérdida de tejido productivo ni la debilidad del comercio exterior. De entender que un turismo rural pujante no compensa un turismo urbano y cultural que retrocede. De asumir que la esperanza ligada a unos pocos proyectos industriales o logísticos no bastará si el resto de la economía provincial sigue instalada en la precariedad, el pequeño tamaño y la dependencia de decisiones ajenas.
Cuenca necesita, quizá más que titulares de “dinamismo”, una conversación adulta sobre su modelo de desarrollo. Y esa conversación empieza por llamar a las cosas por su nombre.