
Resulta difícil de digerir que, mientras se destinan partidas presupuestarias a la mejora de instalaciones de tiro al plato —una actividad de ocio vinculada a un perfil socioeconómico muy específico y con recursos—, existan pueblos en la Serranía o en la Alcarria conquense que luchan por mantener abierto un consultorio médico, una escuela o simplemente por tener una conexión a internet digna.
La crítica resulta obvia: ¿Es ético priorizar el «perfeccionamiento» de un deporte minoritario frente a las carencias estructurales que expulsan a la gente de sus pueblos?
Hay una «Cuenca de dos velocidades»
Esta inversión alimenta la percepción de una provincia dividida:
La Cuenca beneficiada: Zonas cercanas a la capital o núcleos con influencia política donde se invierte en infraestructuras deportivas y recreativas.
La Cuenca olvidada: Localidades remotas donde la falta de transporte público o la precariedad de las carreteras dificulta el día a día. Invertir 17.000 € en un foso de tiro puede parecer una cifra pequeña, pero para un pequeño ayuntamiento esa cantidad podría suponer el arreglo de una tubería de abastecimiento de agua o la mejora de un parque infantil degradado.
Un fenómeno a tener en cuenta: Clientelismo vs. Interés General
El apoyo a federaciones y clubes que organizan eventos nacionales suele justificarse bajo la etiqueta de «promoción turística». Sin embargo, cabe preguntarse:
¿A quién beneficia realmente? El impacto económico de un campeonato de tiro suele quedar en un nicho muy cerrado.
¿Es sostenible? Mientras se «embellecen» los fosos de tiro, el patrimonio arquitectónico de muchos pueblos se cae a pedazos y los servicios sociales están al límite.
Una deducción consecuente: La gestión pública no solo debe ser eficiente, sino también moralmente coherente. Cuando la Diputación elige poner el dinero en el campo de tiro en lugar de en la furgoneta que lleva la compra a los ancianos de un pueblo aislado, está enviando un mensaje claro sobre qué ciudadanos considera «prioritarios» y cuáles son secundarios en su agenda de desarrollo provincial.
Desde una perspectiva de análisis de gestión pública, lo que estamos viendo aquí es un ejemplo clásico de «política de escaparate» frente a «política de trinchera».
El impacto real vs. el impacto visual: Es mucho más «agradecido» para un político hacerse una foto en un campeonato nacional con deportistas y trofeos que inaugurar una tubería de alcantarillado en un pueblo de 20 habitantes. Lo primero da titulares y proyección externa; lo segundo solo evita que un pueblo muera en silencio, pero no «vende» igual.
La trampa del «Retorno Económico»: La administración suele escudarse en que estos eventos atraen turismo. Pero seamos realistas: el gasto de un fin de semana de tiro no compensa la pérdida de población en las zonas rurales. Es pan para hoy y hambre para mañana. Mientras se financia el ocio de una élite o un grupo federado, se está descuidando el derecho básico de un vecino de la Cuenca profunda a tener servicios mínimos.
La desconexión con la urgencia: Invertir en un foso de tiro cuando hay zonas con carreteras secundarias que parecen caminos de cabras o donde el transporte a demanda es insuficiente, denota una falta de sensibilidad hacia la equidad territorial. Es tratar de ponerle un alerón a un coche que no tiene motor; se ve muy bien por fuera, pero no va a ninguna parte.
En resumen: Parece que la Diputación prefiere invertir en lo que brilla (deporte, eventos, trofeos) antes que en lo que sostiene (servicios básicos, comunicaciones, ayuda directa al pequeño municipio). Es una estrategia que beneficia a los que ya tienen sus necesidades cubiertas y deja en la cuneta a quienes más dependen de la ayuda pública para no desaparecer.