
Hay canciones que no se escuchan: se habitan. Cuenca resiste encendida hasta que vuelva el tren es una de ellas. No nace para llenar listas de reproducción, sino para acompañar una vigilia colectiva; para sostener, con una melodía serena y una letra que abraza, la esperanza de que 2026 nos devuelva el latido ferroviario que nunca debió apagarse. Porque en Cuenca, cuando se habla del tren, no se habla solo de raíles: se habla de tiempo, de memoria y de futuro.
La canción avanza despacio, como avanzaban los convoyes al salir de la estación, con esa cadencia que permitía mirar el paisaje y reconocerse en él.
¡Escuchen!
Luces en Cuenca
Tiritan los balcones
Martes de lucha
Se abren los altavoces
Pancarta en la mano
Bufanda y café
Dicen que lo cierran
Y aquí no se ve por qué
Nos robaron vías
Promesas también
Pero el pueblo grita
Que vuelva nuestro tren
Tren de vuelta en año nuevo
Cuenca entera a una voz
Que lo escuchen los de arriba
Los andenes somos dos
Resistencia que no cansa
Cada martes
Otra vez
Reyes Magos
Ya sabemos
Solo os pedimos el tren
Suena la sirena
Resuena el portal
Ni frío ni lluvia
Nos paran en la señal
Pueblos que se apagan
Si no hay conexión
La vida se aleja
Se vacía la estación
dos mil veinticinco se marcha
Pero queda la razón
La ilusión va sobre ruedas
Late fuerte el corazón
Feliz año nuevo
Vecinos
Brindamos por veros llegar
Maletas
Abrazos
Historias
Rodando de vuelta al hogar
Que tiemble la vía dormida
Que bailen poemas en andén
Cuenca resiste encendida
Hasta que vuelva el tren
No hay estridencias; hay una voz que se posa sobre la ciudad como la luz de la tarde en las hoces. La letra recuerda que Cuenca sigue encendida —en sus barrios, en sus pueblos, en la paciencia de su gente— incluso cuando el silencio de las vías quiso imponer olvido. Resiste encendida porque sabe esperar, y porque esperar también es una forma de caminar.
Quien haya crecido escuchando el silbato del tren entiende la herida. El Madrid–Cuenca–Valencia no era solo un trayecto: era un puente cotidiano entre la meseta y el mar, entre estudiantes y familias, entre el trabajo y el regreso. Era la posibilidad de quedarse sin quedarse del todo, de ir y volver con la misma naturalidad con la que se cruza una calle. Cuando se apagó, algo se desordenó en el mapa íntimo de la provincia. La canción lo nombra sin reproche, con una ternura que no renuncia a la dignidad.
Hay un verso —de esos que se quedan— que habla de estaciones como plazas de encuentro. Y es verdad: allí se aprendía a despedirse y a recibir, a medir el tiempo en abrazos. La música lo entiende y lo traduce en acordes cálidos, casi domésticos. No es una elegía; es un farol encendido. Nos recuerda que la identidad de Cuenca se ha forjado siempre en el equilibrio entre la piedra y el paso, entre la quietud del paisaje y el movimiento de quienes lo atraviesan.
El Año 2026 aparece en la letra como una promesa pronunciada en voz baja, para que no se rompa. No hay triunfalismo; hay responsabilidad. Volver el tren no es un gesto nostálgico, es un compromiso con la cohesión, con el acceso a oportunidades, con la vida que late más allá de los grandes ejes. La canción lo sugiere con inteligencia: el futuro no llega de golpe, llega cuando se reconecta lo esencial.
Escuchar Cuenca resiste encendida hasta que vuelva el tren es recorrer la ciudad al anochecer. Es pasar por el casco antiguo, bajar a los barrios nuevos, mirar los pueblos que se sostienen con una luz en la ventana. Es reconocer a quienes no se fueron, a quienes volverían si el camino fuese posible, a quienes esperan sin ruido. La melodía se convierte así en una declaración cívica: aquí estamos, cuidando lo nuestro, listos para recibir.
Ojalá en 2026 el primer convoy vuelva a entrar en la estación y alguien tararee esta canción sin darse cuenta. Ojalá suene como suenan las cosas que regresan: naturales, necesarias, justas. Entonces sabremos que la música cumplió su función más antigua: acompañar a una comunidad hasta que la esperanza encuentra raíles. Porque Cuenca, mientras tanto, resiste encendida. Y espera.
Un tren normal y moderno y trenes de mercancías mantendrán a Cuenca en el mundo y el siglo XXI y siguientes. Por Cuenca ¡VAMOS A COGER EL TREN!! PERO EN CUENCA, no en el campo. Mantengamos la estación.