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Cuenca y el colapso del modelo territorial, causado por el Plan X Cuenca (por Juan Andrés Buedo)

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La reciente firma del convenio entre Adif, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ayuntamiento de Cuenca bajo el denominado «Plan XCuenca» representa un caso de estudio paradigmático sobre cómo la gestión de infraestructuras puede entrar en colisión directa con los principios de cohesión territorial y sostenibilidad ambiental que emanan de las directrices de la Unión Europea.

Lo que se presenta como una «integración urbana necesaria» es, bajo un análisis técnico riguroso, una operación de canibalización de infraestructura estratégica a favor de intereses inmobiliarios y de un ahorro operativo a corto plazo que ignora las externalidades negativas en la provincia.

El Plan X Cuenca no es progreso, es una rendición técnica

La verdadera innovación no consiste en levantar vías para construir parques, sino en integrar el ferrocarril en la trama urbana para que sea el motor de una provincia viva. Si permitimos que el urbanismo de ocasión dicte la política de transporte, estaremos condenando a las provincias de la España interior a ser meros paisajes de paso, desconectados y, finalmente, irrelevantes.

1. La quiebra de la resiliencia infraestructural

Desde el punto de vista de la ingeniería de transporte, el levantamiento de las vías en el centro de Cuenca es una decisión irreversible que elimina la intermodalidad real. Al desmantelar el trazado ferroviario convencional, se está desarticulando un activo público de difícil reposición. En un contexto de crisis climática donde el ferrocarril es el único modo de transporte capaz de garantizar una movilidad descarbonizada a gran escala, la sustitución de raíles por asfalto (autobuses) es un anacronismo técnico que contraviene la Hoja de Ruta del Espacio Único Europeo de Transporte.

2. El espejismo del «Transporte a Demanda»

La narrativa oficial justifica el cierre de la línea Aranjuez-Cuenca-Utiel basándose en una baja demanda, ignorando que dicha demanda fue inducida por décadas de desinversión deliberada. Técnicamente, sustituir una infraestructura rígida y de alta capacidad por un sistema de autobuses a demanda fragmenta el territorio. Los sistemas «a demanda» son complementarios, nunca sustitutivos de un eje vertebral. El resultado técnico es la creación de desiertos de movilidad, donde el ciudadano pierde la certeza del servicio, incentivando el uso del vehículo privado y, por ende, acelerando el vaciamiento poblacional.

3. Una gobernanza fallida: El conflicto de escalas

El convenio de Cuenca revela una patología administrativa: la macrocefalia de la capital frente a la provincia. El Ayuntamiento de Cuenca ha negociado una solución urbanística local sacrificando una red de transporte de carácter provincial y nacional. Esta desconexión entre la escala local y la ordenación del territorio regional vulnera el principio de solidaridad interterritorial. La reforma técnico-administrativa necesaria debe impedir que la gestión de terrenos ferroviarios urbanos sea el motor que decida la supresión de líneas que dan servicio a comarcas enteras.

4. Hacia una nueva métrica de eficiencia

La prensa especializada y los cuadros técnicos debemos exigir un cambio en la evaluación de estos proyectos. No podemos seguir utilizando el balance de resultados de Adif como único indicador de éxito. Es urgente integrar la rentabilidad social y el coste de oportunidad territorial en los informes de viabilidad. Cerrar una línea en Cuenca tiene un coste indirecto en términos de degradación del patrimonio, pérdida de potencial logístico y aumento de la brecha demográfica que ningún presupuesto de mantenimiento ferroviario justifica.

La eutanasia ferroviaria: Cuenca y el colapso del modelo territorial

El desmantelamiento de la línea Aranjuez-Cuenca-Utiel bajo el paraguas del Plan XCuenca no es una anécdota de gestión; es la consumación de un modelo de Estado radial que condena a la periferia de la periferia. El convenio entre Adif, la JCCM y el Ayuntamiento representa el triunfo de la macrocefalia madrileña y el eje de alta velocidad sobre una provincia que languidece mientras ve pasar de largo el progreso a 300 km/h.

El suicidio demográfico y económico

Las consecuencias de este plan son un ataque directo a la línea de flotación de la provincia. En términos demográficos, el cierre del tren convencional elimina el último cordón umbilical de decenas de municipios. Sin transporte rígido y fiable, el «derecho a la movilidad» se convierte en una entelequia de «transporte a demanda», una solución precaria que invita al joven a marcharse y al mayor a aislarse.

Económicamente, la provincia renuncia a la logística de cercanía y al turismo sostenible. Convertir una infraestructura estratégica en una vía verde o en suelo urbanizable es pan para hoy y hambre —mucha hambre— para mañana. Se pierde la capacidad de transportar mercancías de forma limpia, un activo que será oro en la economía descarbonizada del futuro, pero que hoy se malvende por un puñado de licencias de edificación en la capital.

Hacia una reforma técnico-administrativa

Lo que Cuenca exige no es caridad, sino una reforma técnico-administrativa profunda. Es necesario que la gestión de las infraestructuras deje de medirse exclusivamente por el balance de resultados de Adif y empiece a computar la «rentabilidad social». El sistema actual premia la inversión donde ya hay riqueza y castiga el déficit donde hay necesidad, creando un círculo vicioso de abandono institucional. La burocracia no puede seguir siendo el verdugo del territorio.

La transformación política: Del vasallaje a la autonomía

Este escenario evidencia la necesidad de una transformación política radical. El convenio actual es fruto de un vasallaje institucional donde las administraciones locales y regionales han claudicado ante las directrices estatales, priorizando la paz entre siglas de partido por encima del interés general de los conquenses.

Cuenca necesita una política que entienda la ordenación del territorio no como un dibujo de carreteras sobre un mapa, sino como la garantía de que un ciudadano de Huete o Carboneras de Guadazaón tiene los mismos derechos de conexión que uno de la Castellana. El Plan XCuenca es el síntoma de una política agotada que ha decidido que, para que el centro brille, las provincias deben apagarse. Taparse la nariz ya no basta; hace falta una enmienda a la totalidad a este modelo de desguace territorial.

Decálogo para la Reforma de la Gobernanza Territorial e Infraestructuras
  1. Blindaje de la «Rentabilidad Social» en la Ley de Ferrocarriles: Modificar la legislación nacional para que el cierre de una línea no dependa del balance contable (beneficio económico), sino de un Informe de Impacto Social y Territorial vinculante. Si el cierre acelera la despoblación o incomunica comarcas, la administración debe mantenerlo por obligación constitucional.
  2. Creación de la Autoridad Única de Transporte Provincial: Superar la fragmentación entre Adif, Renfe, JCCM y Ayuntamientos. Un ente único con presupuesto propio para Cuenca que coordine trenes, autobuses y transporte a demanda, asegurando que los horarios del AVE y el tren regional coincidan con los buses de los pueblos.
  3. Moratoria de Desmantelamiento de Infraestructuras Estratégicas: Prohibir por ley el levantamiento de vías y la enajenación de suelo ferroviario durante un periodo de 30 años, incluso si la línea está en pausa. Esto garantiza la reversibilidad del sistema ante cambios tecnológicos o necesidades futuras (como el transporte de mercancías ligero).
  4. Reforma de los Convenios Interadministrativos: Establecer que cualquier convenio de «integración urbana» (como el de Cuenca) deba someterse a una consulta popular provincial si implica la pérdida de servicios que afectan a más de un municipio. El Ayuntamiento de la capital no puede decidir sobre el futuro de la movilidad de toda una provincia.
  5. Fiscalidad Diferenciada para la Inversión en Infraestructuras: Aplicar el concepto de «Zona de Prioridad Demográfica» para que toda obra pública en la provincia de Cuenca cuente con una cofinanciación estatal del 90%, reduciendo la carga sobre las arcas locales y facilitando la modernización técnica de las vías existentes.
  6. Actualización Técnica de la Red Convencional: Sustituir el concepto de «tren viejo» por el de «tren regional de altas prestaciones». Inversión directa en electrificación, señalización y eliminación de limitaciones de velocidad, demostrando que la falta de uso no era desinterés ciudadano, sino una degradación inducida del servicio.
  7. Descentralización de la Gestión de Adif y Renfe: Crear delegaciones territoriales con capacidad de decisión ejecutiva en provincias despobladas. Que las decisiones sobre las vías de Cuenca se tomen en Cuenca, no en Madrid ni en Toledo, por técnicos que conozcan la realidad orográfica y social del terreno.
  8. Integración de Logística y Mercancías de Proximidad: Reconvertir las estaciones rurales en «Hubs de Servicio» que incluyan puntos de recogida de mercancías, espacios de coworking y centros de logística para pymes locales, utilizando la vía del tren para sacar producción local hacia los grandes ejes.
  9. Ley de Estándares Mínimos de Conectividad: Definir por ley que ningún núcleo de población en la provincia pueda estar a más de 30 minutos de un nodo de transporte de alta capacidad. Si el tren se elimina, la administración debe garantizar por contrato una alternativa idéntica en tiempo, precio y capacidad.
  10. Auditoría Externa del Plan XCuenca: Someter el convenio actual a una auditoría técnica independiente (no política) que evalúe si las alternativas propuestas (autobuses) cumplen con los objetivos de la Agenda Urbana y los compromisos de descarbonización de la Unión Europea.

Una vez que el hormigón selle el suelo ferroviario en la capital, no habrá vuelta atrás. Se habrán cargado un eje vertebrador bajo la promesa de unos autobuses «a demanda» que tienen más de parche que de solución. Es el triunfo del coche sobre el raíl, del cortoplacismo político sobre la sostenibilidad real, y de la ciudad sobre un mundo rural al que se le pide que muera en silencio para no molestar en las estadísticas de eficiencia.

Lo que están haciendo con Cuenca es tratarla como un trastero o un solar. Se tapan la nariz ante la despoblación mientras le quitan al enfermo el respirador. Pero el tufo de esta traición institucional no se limpia con notas de prensa ni con inauguraciones de carriles bici sobre cadáveres de hierro. La provincia no pedía caridad, pedía justicia y mantenimiento. Hoy, lo que queda es la indignación de saber que, para las instituciones, Cuenca no es una tierra que vertebrar, sino un obstáculo que despejar.

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