{"id":949,"date":"2015-02-06T19:30:19","date_gmt":"2015-02-06T19:30:19","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=949"},"modified":"2015-02-06T19:30:19","modified_gmt":"2015-02-06T19:30:19","slug":"el-auge-de-la-crueldad-por-luis-goytisolo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=949","title":{"rendered":"El auge de la crueldad (por Luis Goytisolo)"},"content":{"rendered":"<div>\n<div>\n<div id=\"subtitulo_noticia\">\n<p>Visualizar la barbarie en directo siempre ha gozado de gran predicamento; lo nuevo es que ahora se ofrece est\u00e9s donde est\u00e9s y al momento. Quemar a un reh\u00e9n y las degollinas del Califato intensifican el efecto contagio<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/elpais.com\/autor\/luis_goytisolo\/a\/\" rel=\"author\" title=\"Ver todas las noticias de Luis Goytisolo\">LUIS GOYTISOLO<\/a>&#0160;(Publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2015\/02\/04\/opinion\/1423067373_531256.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/fecha\/20150206\" title=\"Ver todas las noticias de esta fecha\"><br \/><\/a><\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" height=\"489\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2015\/02\/04\/opinion\/1423067373_531256_1423150616_noticia_normal.jpg\" title=\"\" width=\"300\" \/><\/p>\n<p>EULOGIA MERLE<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Casi podr\u00eda decirse que la crueldad est\u00e1 ya en el principio. Es decir: como por encima de los or\u00edgenes de la humanidad, en ese tiempo anterior al que se refieren la mayor parte de las creencias religiosas: dioses que devoran a sus hijos, o que destruyen ciudades por la conducta lasciva de sus habitantes, o que castigan a toda la especie humana porque alguien se comi\u00f3 una manzana. De ah\u00ed que la imagen que tenemos de las antiguas civilizaciones est\u00e9 indefectiblemente te\u00f1ida asimismo de crueldad: sus guerras, sus conquistas, la propia vida cotidiana. Una imagen siempre vinculada, a modo de inevitable contrapartida, a la expansi\u00f3n y el esplendor de absolutamente todos los imperios.<\/p>\n<p>Su brusca reaparici\u00f3n, tras varias d\u00e9cadas de&#0160;<em>buenismo<\/em>&#0160;que la daba poco menos que por extinguida, no supone de hecho una novedad ni a nivel individual ni colectivo, tr\u00e1tese de la ejecuci\u00f3n de prisioneros, rehenes o como se quiera llamarles, o del t\u00edpico crimen pasional fruto de los celos o el despecho. Lo que s\u00ed ha cambiado, lo \u00fanico que ha cambiado, es su percepci\u00f3n por parte de la sociedad. Y es que desde los asesinatos cometidos por miembros del Califato o por las milicias enfrentadas del \u00e1mbito isl\u00e1mico hasta la reconstrucci\u00f3n del asesinato de una mujer a manos de alguien que por lo general ten\u00eda ya antecedentes, la televisi\u00f3n y dem\u00e1s pantallas grandes y peque\u00f1as hoy nos informan de los hechos al momento. Esto es lo realmente nuevo: est\u00e9s donde est\u00e9s y al momento.<\/p>\n<p>Visualizar la crueldad lo m\u00e1s en directo posible es algo que siempre ha gozado de gran predicamento. Si en la Antig\u00fcedad constitu\u00eda un espect\u00e1culo de circo, a lo largo de los 1.000 a\u00f1os de Edad Media la quema de brujas y herejes y dem\u00e1s suplicios p\u00fablicos fueron un espect\u00e1culo de lo m\u00e1s reconfortante por lo que ten\u00edan de acatamiento a las leyes divinas y humanas. Una pr\u00e1ctica que se prolong\u00f3 desde el Renacimiento hasta el Siglo de las Luces, cuando la posesi\u00f3n de un libro prohibido pod\u00eda conducir a su portador directamente a la hoguera. Las principales plazas p\u00fablicas de ciudades como Par\u00eds, Londres o Madrid se convert\u00edan entonces en atestados anfiteatros de un ritual que convocaba tanto al bajo pueblo como a nobles y miembros de la realeza.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>El atentado de las Torres Gemelas cambi\u00f3 la percepci\u00f3n de la violencia a principios de este siglo<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>S\u00f3lo en el curso del siglo XIX la reiterada argumentaci\u00f3n de pensadores e ide\u00f3logos consigui\u00f3 erradicar paulatinamente tales h\u00e1bitos, seg\u00fan se impon\u00eda en las conciencias su car\u00e1cter inhumano. De ah\u00ed que en el curso de la primera mitad del siglo XX, probablemente el periodo m\u00e1s sangriento de la historia de la humanidad, las atrocidades cometidas durante las dos guerras mundiales, no menos que durante las revoluciones de diverso signo, fueran en lo posible silenciadas. Y, alcanzada la paz, el mundo entero pareci\u00f3 al fin decidido a iniciar una nueva era, protagonizada por los derechos humanos tanto individuales como colectivos. Claro que entretanto, a modo de r\u00e9plicas de un terremoto, siguieron produci\u00e9ndose guerras y revoluciones de lo m\u00e1s sangrientas en lugares remotos, pero el progreso en todos los \u00f3rdenes lleg\u00f3 a parecer una realidad incuestionable, pasando la consideraci\u00f3n de la crueldad de castigo ejemplar a la de delito, la ejerciera quien la ejerciera, no menos repudiable el abuso de poder que el maltrato machista. Y esas guerras y revoluciones, en la medida en que lejanas para Occidente \u2014Camboya es el mejor ejemplo\u2014 ten\u00edan m\u00e1s de mera noticia, de cuento de terror, que de algo susceptible de repercutir de alg\u00fan modo en nuestra vida cotidiana.<\/p>\n<p>La apreciaci\u00f3n de este tipo de hechos, como tantas otras cosas, cambi\u00f3 a comienzos del presente siglo. Y el hito o punto de referencia indiscutible del cambio fue el atentado de las Torres Gemelas, un espect\u00e1culo de muerte y destrucci\u00f3n sin equivalencia hist\u00f3rica en la medida en que el mundo entero pudo contemplarlo desde su propia casa a los pocos momentos, cuando no mientras estaba sucediendo. El atentado y sus repercusiones, Afganist\u00e1n, Irak de nuevo\u2026 No en vano, pol\u00edticos como Cheney o Rumsfeld \u2014como agobiado \u00e9ste \u00faltimo\u2014 hab\u00edan anunciado que se iban a ver obligados a realizar cosas terribles\u2026 Es decir: pagar con la misma moneda. La mejor ilustraci\u00f3n de tal enunciado, m\u00e1s que Guant\u00e1namo, ser\u00eda la difusi\u00f3n de las im\u00e1genes que se filtraron de la prisi\u00f3n de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, que hubieran hecho las delicias del marqu\u00e9s de Sade.<\/p>\n<p>Claro que, como vi\u00e9ndolas venir, el cine, la televisi\u00f3n, los juegos de consola, etc\u00e9tera, llevaban ya un tiempo ofreciendo im\u00e1genes de situaciones hasta entonces poco menos que in\u00e9ditas. El cine tradicional, por ejemplo, pod\u00eda contener escenas de una gran dureza, pero no recuerdo una sola pel\u00edcula de relieve de la que brotaran im\u00e1genes como de casquer\u00eda. Mientras que ahora, seg\u00fan se van cerrando cines y los productores adaptan sus productos a los gustos del mercado, la recreaci\u00f3n en el horror se repite hasta la saciedad a modo de variantes de unos pocos modelos tem\u00e1ticos: asesinos seriales, ajustes de cuentas, cr\u00edmenes relacionados con polic\u00edas corruptos, mafias, droga y \u2014no faltar\u00eda m\u00e1s\u2014 atentados terroristas. Dicho en im\u00e1genes: cuerpos destrozados, sangre, fuego, fogonazos, llamaradas en expansi\u00f3n\u2026 Raz\u00f3n por la que palabras como&#0160;<em>final, letal, mortal, total,<\/em>&#0160;etc\u00e9tera, acostumbren a formar parte del t\u00edtulo. Pel\u00edculas y series tem\u00e1ticamente intercambiables: una avalancha de m\u00e1s de lo mismo s\u00f3lo explicable por su \u00e9xito, enga\u00f1osamente dignificado por alguna que otra excepci\u00f3n de verdadera calidad. Y todo ello en paralelo a una r\u00e1pida expansi\u00f3n de la violencia real que, promovida por actividades criminales relacionadas con la droga y la explotaci\u00f3n sexual, especialmente en Latinoam\u00e9rica, y con enfrentamientos \u00e9tnicos o religiosos en \u00c1frica, ha hecho peligrosos, cuando no invivibles, una serie de pa\u00edses que tan s\u00f3lo hace unos pocos a\u00f1os pod\u00edan ser visitados sin problemas.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\"><a name=\"sumario_2\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>En las ejecuciones terroristas el verdadero protagonista es el verdugo, no la v\u00edctima<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Lo realmente decisivo, no obstante, ha sido el contagio, el paso de todo ello a las redes sociales y dem\u00e1s f\u00f3rmulas de difusi\u00f3n que ofrece Internet. Un buen ejemplo lo tenemos, a escala menor, en las innovaciones detectables en el comportamiento de ni\u00f1os y adolescentes. Romper cosas, experimentar la crueldad con animales, por ejemplo, ha sido siempre algo consustancial al comportamiento del ni\u00f1o, a su toma de contacto con la realidad, progresivamente encauzada y diluida por la educaci\u00f3n. Pero fen\u00f3menos como el&#0160;<em>bullying,<\/em>&#0160;o las con frecuencia temibles novatadas ahora tan de moda, s\u00f3lo son explicables por el contagio y la imitaci\u00f3n de conductas similares difundidas en la Red, al igual que otras pr\u00e1cticas en auge como la violaci\u00f3n en grupo, la pedofilia, la llamada&#0160;<em>violencia de g\u00e9nero,<\/em>&#0160;con frecuencia cr\u00edmenes pasionales de amantes despechados.<\/p>\n<p>Ni m\u00e1s ni menos que lo que est\u00e1 sucediendo con la imagen del terrorismo isl\u00e1mico desarrollado en los escenarios m\u00e1s diversos \u2014de Nueva York a Par\u00eds, de Pakist\u00e1n a Nigeria\u2014, de efecto directamente proporcional a su detallismo. El quemar vivo a un reh\u00e9n y las degollinas que organiza el Califato en los territorios bajo su control, sin ir m\u00e1s lejos, y que, por mucho que las cadenas televisivas eviten ofrecerlas en toda su crudeza, su difusi\u00f3n en las redes es determinante con el consiguiente efecto contagio o llamada. Contemplar al encapuchado que, cuchillo en mano, acaricia el cuello que se dispone a cercenar ante las c\u00e1maras, despierta la vocaci\u00f3n de hacer lo propio en los m\u00e1s diversos rincones del mundo. Es decir: lograr establecer el contacto adecuado, ser puesto a prueba, recibir la preparaci\u00f3n y los medios necesarios para hacer algo parecido en alguna parte. Y si no se era creyente, se hace creyente, y si hay que autoinmolarse, se autoinmola. Lo esencial es aparecer en las redes igualmente encapuchado, igualmente protagonista de un acto que ser\u00e1 contemplado en el mundo entero. Un triunfo personal a la vez que an\u00f3nimo, algo que quienes lo contemplen ans\u00eden a su vez imitar. Una ejecuci\u00f3n en la que el verdadero protagonista es el verdugo, no la v\u00edctima.<\/p>\n<p>El influjo de tal \u00e9xito de p\u00fablico lo podemos percibir hasta en la moda, en el vestir. De unos a\u00f1os a esta parte, la moda masculina est\u00e1 experimentando un retorno a los modelos rom\u00e1nticos: barbas puntiagudas, abrigos como levitas, pantalones estrechos, estrecha la silueta considerada en su conjunto. Pero si se ensaya otro tipo de barba \u2014abierta en abanico bajo un cr\u00e1neo pelado\u2014 el personaje en cuesti\u00f3n se asemejar\u00e1 a un ayatol\u00e1, del mismo modo que si se afila no ya la barba sino el rostro entero, el cuerpo entero como adelgaz\u00e1ndose en en\u00e9rgicos movimientos, todo \u00e9l como un cuchillo, su estampa ser\u00e1 muy similar a la de un miembro de alguna de esas milicias yihadistas. Vamos, lo que se entiende por un peligro potencial, lo que el bueno de Lombroso no hubiera dudado de calificar de \u201ccriminal nato\u201d.<\/p>\n<p><strong>Luis Goytisolo<\/strong>&#0160;es escritor.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Visualizar la barbarie en directo siempre ha gozado de gran predicamento; lo nuevo es que ahora se ofrece est\u00e9s donde est\u00e9s y al momento. 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