{"id":8671,"date":"2026-10-10T13:53:11","date_gmt":"2026-10-10T13:53:11","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8671"},"modified":"2026-10-10T13:53:11","modified_gmt":"2026-10-10T13:53:11","slug":"los-vanidosos-de-la-parra-de-las-vegas-53-por-juan-andres-buedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8671","title":{"rendered":"Los vanidosos de La Parra de las Vegas. 53 (por Juan Andr\u00e9s Buedo)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8672\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-300x169.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-299x168.jpg 299w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-767x431.jpg 767w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera-849x477.jpg 849w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/LPV-53.-Imagen-cabecera.jpg 1103w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La tierra que me nombra: del ni\u00f1o que fui al pueblo que todav\u00eda podemos cuidar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay d\u00edas en que uno ordena papeles y acaba desordenando el coraz\u00f3n. Me sucede ahora, mientras escribo mis memorias y re\u00fano fotograf\u00edas, versos y testimonios de un tiempo que no se deja encerrar en una carpeta. Entre esos materiales est\u00e1 el ejemplar de <em>La Vanguardia Espa\u00f1ola<\/em> del 5 de mayo de 1951, la fecha de mi nacimiento. Lo contemplo con una curiosidad que tiene algo de ternura y bastante de extra\u00f1eza: mientras aquel peri\u00f3dico daba cuenta del mundo, en La Parra de las Vegas comenzaba mi vida. Nada sab\u00eda yo de generales, fronteras, escaseces o discursos. Mi primera noticia fue, necesariamente, la de quienes me recibieron. Todo lo dem\u00e1s vendr\u00eda despu\u00e9s, cuando aprendiese que la historia entra en las casas aunque nadie le haya abierto expresamente la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Setenta y cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, aquel s\u00e1bado me permite colocar una primera piedra en el edificio de la memoria. El peri\u00f3dico conserva las im\u00e1genes oficiales, las preocupaciones econ\u00f3micas y hasta los anuncios con los que una sociedad intentaba persuadirse de que pod\u00eda vivir mejor. En sus p\u00e1ginas interiores aparece una conferencia sobre la ruralidad peninsular; cerca de ella, un editorial reconoce carencias de materias primas y deficiencias en los transportes, aunque las explica desde el discurso justificativo del r\u00e9gimen. Resulta revelador encontrar, en la prensa del d\u00eda en que nac\u00ed, ese contraste entre la exaltaci\u00f3n del campo y las dificultades materiales del pa\u00eds. Los pueblos pod\u00edan recibir grandes elogios mientras sus habitantes segu\u00edan esperando medios suficientes para prosperar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No voy a atribuirle al reci\u00e9n nacido una conciencia que s\u00f3lo adquirir\u00eda con los a\u00f1os. Ser\u00eda una vanidad excesiva, incluso para esta serie. Pero s\u00ed puedo advertir que las preguntas que hoy me ocupan \u2014el territorio, la dignidad de las personas, los servicios p\u00fablicos, la posibilidad de permanecer en el lugar querido\u2014 poseen ra\u00edces anteriores a mis estudios y a mis art\u00edculos. Antes de aprender a interpretar una estructura social, uno ha sido sostenido por ella. Antes de conocer la palabra comunidad, ha necesitado que alguien lo cuide. La biograf\u00eda empieza mucho antes de que seamos capaces de contarla, y quiz\u00e1 por eso su escritura exige escuchar tanto como recordar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"725\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Poemario-de-vida-de-JABG-modificado-725x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8674\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Poemario-de-vida-de-JABG-modificado-725x1024.jpg 725w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Poemario-de-vida-de-JABG-modificado-212x300.jpg 212w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Poemario-de-vida-de-JABG-modificado-299x423.jpg 299w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Poemario-de-vida-de-JABG-modificado.jpg 738w\" sizes=\"auto, (max-width: 725px) 100vw, 725px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-b176e388-f3a5-4d95-88e3-1027d8b6ae20\" href=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/JABG-Poemario-de-vida.docx\">JABG-Poemario de vida<\/a><a href=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/JABG-Poemario-de-vida.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-b176e388-f3a5-4d95-88e3-1027d8b6ae20\">Descarga<\/a><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el <em>Poemario de vida<\/em>, bajo el t\u00edtulo <em>La tierra que me nombra<\/em>, encuentro una frase que quisiera situar en el umbral de estas p\u00e1ginas: \u00abAntes de que mi nombre fuera m\u00edo, ya me esperaba un lugar\u00bb. Su verdad es literaria y afectiva: expresa la experiencia de pertenecer antes de haber elegido. El lugar no se reduce a un t\u00e9rmino municipal. Lo componen las personas que hacen sitio, las voces que nos reconocen, los cuidados que todav\u00eda no sabemos agradecer. Mi La Parra comienza ah\u00ed. Despu\u00e9s vendr\u00e1n los caminos, los horizontes y las explicaciones; primero estuvo aquel nosotros del que fue desprendi\u00e9ndose, despacio, el hombre que hoy escribe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La infancia posee una confianza que los adultos rara vez recuperamos entera. Creemos que las casas seguir\u00e1n abiertas, que los mayores permanecer\u00e1n siempre a la altura de nuestra mirada, que bastar\u00e1 regresar para encontrar cada cosa en su sitio. Los poemas dedicados a la calle, a la escuela y a la mesa familiar recogen esa proximidad. Me interesan porque permiten decir algo que la relaci\u00f3n de fechas apenas alcanza: cu\u00e1nto puede sostenernos lo que entonces parec\u00eda corriente. El ni\u00f1o disfruta del orden cotidiano sin conocer su coste. Ya mayor, descubre que aquella aparente facilidad estaba hecha de trabajo, de renuncias y de preocupaciones que otros procuraron mantener lejos de sus juegos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al escribir mis memorias quiero detenerme en ese descubrimiento. A veces contamos nuestra formaci\u00f3n enumerando t\u00edtulos, destinos y responsabilidades, y dejamos fuera a quienes hicieron posible que lleg\u00e1ramos hasta ellos. El poema <em>Donde empezaba el d\u00eda<\/em> recuerda precisamente el cuidado que queda detr\u00e1s de las cosas dispuestas. No basta con decir que hubo pan sobre la mesa: importa comprender qui\u00e9n lo puso y qu\u00e9 tuvo que hacer para conseguirlo. Tampoco basta con evocar una casa luminosa: alguien sostuvo aquella luz. La edad me invita a mirar de nuevo esas escenas, con una gratitud m\u00e1s consciente y con menos prisa por colocarme en el centro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene, sin embargo, que el afecto conserve la honradez. No quiero transformar el mundo rural de mi infancia en un para\u00edso sin sombras. Las dificultades, las estrecheces y las oportunidades desiguales tambi\u00e9n pertenecen a aquella Espa\u00f1a. Que recordemos con cari\u00f1o a quienes vivieron en ella no obliga a embellecer todas sus condiciones de vida. El cari\u00f1o se dirige a las personas; el juicio hist\u00f3rico debe atender a lo que las limitaba. Confundir ambas cosas acaba haciendo un flaco favor a nuestros mayores, porque disimula el esfuerzo con que sacaron adelante a sus familias. Su m\u00e9rito aumenta cuando reconocemos los obst\u00e1culos que tuvieron que vencer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s lleg\u00f3 la inquietud de crecer, esa mezcla de apego e impaciencia que el poemario recoge en <em>El muchacho que quiso irse<\/em>. La juventud desea ampliar el mundo y conservar al mismo tiempo cuanto le resulta querido. A menudo pide las dos cosas sin comprender a\u00fan las dificultades de conciliarlas. Quien sale de un pueblo descubre espacios donde nadie conoce su historia y donde debe presentarse desde el principio. Esa experiencia puede liberar, pero tambi\u00e9n hace sentir el valor de una conversaci\u00f3n en la que no tenemos que explicar qui\u00e9nes somos. Para enriquecer mis memorias me interesa explorar esa tensi\u00f3n: lo que se gana al partir y lo que, desde la distancia, empieza a comprenderse mejor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No considero que marcharse constituya una deslealtad. Tampoco que quedarse equivalga a carecer de ambici\u00f3n. Hay personas que necesitan buscar fuera su formaci\u00f3n o su trabajo y otras que ensanchan el horizonte de un lugar mediante una perseverancia diaria. Las dos experiencias merecen ser escuchadas. La cuesti\u00f3n m\u00e1s dolorosa aparece cuando salir deja de ser una elecci\u00f3n y se convierte en el \u00fanico camino practicable. Ah\u00ed comienza una responsabilidad p\u00fablica que ninguna evocaci\u00f3n sentimental puede sustituir. El arraigo necesita posibilidades concretas. Si deseamos que alguien permanezca, hemos de preguntarnos de qu\u00e9 vivir\u00e1, d\u00f3nde encontrar\u00e1 vivienda y c\u00f3mo acceder\u00e1 a los servicios que requiere.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los materiales reunidos sobre los a\u00f1os setenta abren otra ventana en este recorrido. Yo ten\u00eda diecinueve a\u00f1os al empezar aquella d\u00e9cada y veinticuatro cuando muri\u00f3 Franco. Son edades en las que el porvenir se siente cerca, aunque todav\u00eda no se sepa bien qu\u00e9 hacer con \u00e9l. La rese\u00f1a de Llu\u00eds Fern\u00e1ndez sobre el libro de Xavier Gassi\u00f3, <em>\u00bfQu\u00e9 fue de los 70?<\/em>, recupera m\u00fasicas, revistas, objetos y cambios culturales. Es una lectura con un enfoque pol\u00edtico definido, que no hay por qu\u00e9 aceptar en todos sus extremos, pero sirve para recordar cu\u00e1nto de la transformaci\u00f3n de una sociedad se manifiesta en sus h\u00e1bitos: en lo que escucha, en lo que lee y en las libertades que empieza a reclamar para su vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escribir sobre aquella juventud requiere resistir dos tentaciones. Una consiste en reducirla a una colecci\u00f3n de canciones, prendas y aparatos; la otra, en presentarla como si cada joven hubiera conocido de antemano el desenlace de la historia. Los objetos despiertan recuerdos, pero no explican por s\u00ed solos las circunstancias de quienes los usaban. Y quienes atravesamos aquellos a\u00f1os vivimos dentro de su incertidumbre, cada uno desde una situaci\u00f3n distinta. Las memorias ganan espesor cuando recuperan las preguntas de entonces sin prestarles respuestas adquiridas despu\u00e9s. Me interesa conservar la distancia entre lo que sab\u00eda el muchacho y lo que interpreta ahora el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al volver sobre la Transici\u00f3n encuentro tambi\u00e9n la reflexi\u00f3n de Jordi Sevilla, <em>Lo que hemos olvidado desde la Transici\u00f3n<\/em>. Su defensa de los avances democr\u00e1ticos y de la disposici\u00f3n a acordar reformas plantea una cuesti\u00f3n que merece acompa\u00f1ar este ejercicio de memoria. Reconocer lo conseguido no impide criticar el presente. Exige, en cambio, comparar con cuidado y recordar que las mejoras necesitaron esfuerzo y cooperaci\u00f3n. Desde esa lectura me pregunto qu\u00e9 hemos hecho con la capacidad de entendernos, y cu\u00e1nto pierde una comunidad cuando la discrepancia se convierte en enemistad permanente. <a href=\"https:\/\/cincodias.elpais.com\/opinion\/2026-04-13\/lo-que-hemos-olvidado-desde-la-transicion.html?utm_source=chatgpt.com\">Cinco D\u00edas<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi trayectoria en la Administraci\u00f3n, la docencia y la vida p\u00fablica ha a\u00f1adido otros \u00e1mbitos a estas preguntas. Las responsabilidades profesionales ense\u00f1an que detr\u00e1s de un expediente hay alguien que necesita una respuesta, y que la eficacia de una instituci\u00f3n se mide tambi\u00e9n en el trato que dispensa. La atenci\u00f3n a las personas con discapacidad ocupa un lugar esencial en esa experiencia. Al incorporarla a mis memorias quisiera evitar que todo quedase reducido a una sucesi\u00f3n de cargos. Importa contar qu\u00e9 aprend\u00ed, qu\u00e9 convicciones se afirmaron y qu\u00e9 l\u00edmites encontr\u00e9. Una vida de trabajo se comprende mejor cuando aparecen las personas y las necesidades que dieron sentido a ese trabajo. <a href=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?page_id=7159&amp;utm_source=chatgpt.com\">La Vanguardia de Cuenca<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El soci\u00f3logo sabe que una biograf\u00eda transcurre dentro de procesos colectivos; el escritor procura que esos procesos no borren los rostros. Entre ambos oficios intento encontrar el tono de estas p\u00e1ginas. La emigraci\u00f3n, la expansi\u00f3n educativa, el cambio pol\u00edtico o el envejecimiento de nuestros pueblos ayudan a explicar una \u00e9poca, pero cada familia los vivi\u00f3 a su manera. Un cuadro estad\u00edstico permite reconocer una tendencia; una memoria puede mostrar c\u00f3mo se experiment\u00f3. Para contar La Parra hacen falta ambas miradas, y tambi\u00e9n la prudencia de reconocer que mi recuerdo constituye una aportaci\u00f3n entre otras. No puedo convertirlo en la medida de todas las vidas del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la entrega 49 de estos <em>Vanidosos<\/em> dej\u00e9 constancia de una ma\u00f1ana de San Isidro en El Ejido, compartida con mi esposa y con Juli, Elena y Alicia. La caldereta y la conversaci\u00f3n nos condujeron hacia las tradiciones y hacia el futuro rural. Hoy vuelvo a aquella jornada porque contiene algo que los discursos sobre la despoblaci\u00f3n suelen expresar con dificultad: la alegr\u00eda de encontrarse. Y conservo en lo escrito el detalle de las cuatro piedras que mi esposa llev\u00f3 a nuestra vivienda de Cuenca. Un gesto peque\u00f1o puede guardar una experiencia entera. Por eso merece sitio en unas memorias: ayuda a comprender lo que un lugar significa para quienes lo quieren. <a href=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=14&amp;utm_source=chatgpt.com\">La Vanguardia de Cuenca<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reuni\u00f3n, sin embargo, deja abierta una pregunta para el d\u00eda siguiente. \u00bfQu\u00e9 necesita el pueblo cuando termina la celebraci\u00f3n? Necesita que la vida ordinaria sea posible, que haya cuidados, actividad, viviendas utilizables y comunicaciones suficientes. Los encuentros renuevan el v\u00ednculo, pero mantenerlo durante todo el a\u00f1o exige una labor continuada. De ah\u00ed mi insistencia en pasar del elogio rural a la atenci\u00f3n efectiva. La memoria de un pueblo debe permitirnos ver tanto lo que hemos perdido como lo que todav\u00eda podemos cuidar. Si s\u00f3lo recogemos estampas hermosas, corremos el riesgo de acostumbrarnos a una ausencia que deber\u00edamos combatir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un poema del libro que me lleva a otra clase de ausencia: <em>No caben todos en una fotograf\u00eda<\/em>. Su t\u00edtulo basta para detener la mirada. Las fotograf\u00edas re\u00fanen a las personas en un instante y permanecen ajenas a cuanto vino despu\u00e9s. Nosotros, en cambio, sabemos. Reconocemos en ellas a quienes ya no est\u00e1n y sentimos cu\u00e1nto se ha alejado aquella escena. Pero quisiera que mis memorias recordasen a los ausentes con toda su vida, sin reducirlos al dolor de haberlos perdido. Antes de la ausencia hubo conversaci\u00f3n, consejo, risa y compa\u00f1\u00eda. Recuperar esa riqueza permite que su recuerdo siga participando en nuestra manera de recibir y cuidar a otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n el regreso necesita aprender algo. El pueblo tiene derecho a cambiar; quienes viven hoy en \u00e9l merecen ser mirados por s\u00ed mismos. No puedo exigir a La Parra que conserve intacto el escenario de mi ni\u00f1ez para ofrecerme consuelo. Una casa que despierta en m\u00ed recuerdos puede albergar ahora el comienzo de otra historia. Y una voz joven puede contar unas experiencias que no se parezcan a las m\u00edas. Quiero que mis p\u00e1ginas dejen sitio a esas diferencias. La continuidad de una comunidad se sostiene cuando las generaciones pueden reconocerse y, al mismo tiempo, vivir de manera propia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con ese \u00e1nimo entiendo hoy la palabra <em>vanidosos<\/em>. En estas p\u00e1ginas me permite sonre\u00edr ante el orgullo de procedencia, siempre que ese orgullo permanezca hospitalario. Amar La Parra de las Vegas me ayuda a comprender el v\u00ednculo de otras personas con sus lugares. No necesito establecer una competici\u00f3n entre pueblos ni demostrar que mi infancia fue superior a ninguna. Basta con intentar contarla bien, agradecer lo recibido y reconocer lo que todav\u00eda debo. La pertenencia se vuelve m\u00e1s fecunda cuando nos hace atentos a los dem\u00e1s; se empobrece cuando \u00fanicamente sirve para levantar una frontera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigo, pues, escribiendo. El peri\u00f3dico de mayo de 1951 me presta el marco de una \u00e9poca; el poemario, palabras para acercarme a los afectos; los antecedentes de esta serie, una conversaci\u00f3n que deseo prolongar. Mis memorias habr\u00e1n de reunir esas dimensiones con paciencia, distinguiendo lo vivido, lo documentado y lo que la literatura ayuda a expresar. Si estas p\u00e1ginas consiguen que alguien recuerde una voz, pregunte por una historia familiar o mire con mayor cuidado la vida actual del pueblo, habr\u00e1n encontrado una utilidad que me importa. <strong>El ni\u00f1o que fui no puede regresar. El hombre que soy todav\u00eda puede abrir una puerta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tierra que me nombra: del ni\u00f1o que fui al pueblo que todav\u00eda podemos cuidar Hay d\u00edas en que uno ordena papeles y acaba desordenando el coraz\u00f3n. Me sucede ahora, mientras escribo mis memorias y re\u00fano fotograf\u00edas, versos y testimonios de un tiempo que no se deja encerrar en una carpeta. 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