{"id":8620,"date":"2026-09-19T09:59:40","date_gmt":"2026-09-19T09:59:40","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8620"},"modified":"2026-09-19T09:59:41","modified_gmt":"2026-09-19T09:59:41","slug":"la-maroma-de-la-memoria-relato-de-juan-andres-buedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8620","title":{"rendered":"La maroma de la memoria (relato de Juan Andr\u00e9s Buedo)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8621\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-300x169.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-299x168.jpg 299w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-766x431.jpg 766w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria-850x478.jpg 850w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-maroma-de-la-memoria.jpg 1170w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera en llegar fue Ana, que baj\u00f3 del autob\u00fas de Madrid con una mochila peque\u00f1a, un pa\u00f1uelo sin estrenar y la llave de una casa en la calle del Trabuco donde ya no viv\u00eda nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La llave hab\u00eda pertenecido a su abuela Matilde. Durante cuarenta a\u00f1os la llev\u00f3 en el monedero, envuelta en un trozo de papel donde hab\u00eda escrito una direcci\u00f3n que nunca necesit\u00f3 consultar. Se march\u00f3 a Madrid en 1965 para servir en una casa de la calle de Narv\u00e1ez y regres\u00f3 cada septiembre mientras las piernas se lo permitieron. Cuando muri\u00f3, Ana encontr\u00f3 la llave entre una estampa de la Virgen de la Luz y una fotograf\u00eda de seis muchachas sentadas en un pretil, con las hoces al fondo. En el reverso dec\u00eda: \u00abSan Mateo, 1963. Antes de que nos fu\u00e9ramos casi todas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ana abri\u00f3 la puerta y el olor de la casa \u2014madera cerrada, yeso h\u00famedo, espliego antiguo\u2014 le pareci\u00f3 una respiraci\u00f3n retenida. Subi\u00f3 las persianas. La luz entr\u00f3 despacio, descubriendo los muebles cubiertos con s\u00e1banas, una palangana desportillada y un calendario de 1998 que nadie se hab\u00eda molestado en retirar. En la cocina segu\u00eda colgado el delantal de la abuela. En la despensa hab\u00eda seis vasos peque\u00f1os, de vidrio grueso, esperando una celebraci\u00f3n que se hab\u00eda retrasado demasiados a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A las dos llegaron Ra\u00fal y Pedro en un coche compartido desde Madrid. Ra\u00fal era nieto de un ferroviario de la l\u00ednea Madrid\u2013Cuenca\u2013Valencia; hablaba de ella como quien habla de un pariente expulsado de la familia. Pedro, arquitecto de veintinueve a\u00f1os, conservaba de Cuenca recuerdos intermitentes: el fr\u00edo de las Navidades, las piedras brillantes despu\u00e9s de la lluvia y la voz de su abuelo Eusebio afirmando que all\u00ed las casas no estaban construidas sobre el vac\u00edo, sino negociando con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Hemos tardado menos por la autov\u00eda \u2014dijo Ra\u00fal al descargar las bolsas\u2014, pero tu abuela dir\u00eda que llegar sin tren no cuenta como volver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi abuelo dir\u00eda que volver cuenta siempre \u2014contest\u00f3 Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alex e Irene aparecieron poco despu\u00e9s. \u00c9l llevaba una c\u00e1mara colgada al cuello y la determinaci\u00f3n de grabarlo todo; su familia hab\u00eda emigrado a Getafe cuando cerr\u00f3 la serrer\u00eda donde trabajaba su abuelo. Irene, enfermera en Alcal\u00e1 de Henares, tra\u00eda una bolsa de medicamentos, tiritas y prudencia, como si supiera que en toda fiesta alguien acaba necesitando las tres cosas. Gloria fue la \u00faltima. Hab\u00eda conducido desde Valencia con las ventanillas abiertas al acercarse a la ciudad. Su abuela Amparo, nacida en el barrio de San Ant\u00f3n, se march\u00f3 en 1971 detr\u00e1s de un empleo en una f\u00e1brica de conservas y de un novio que termin\u00f3 siendo su marido. Hablaba de Cuenca en presente, aunque llevaba quince a\u00f1os sin regresar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los seis se conoc\u00edan desde ni\u00f1os, pero de una forma incompleta: bodas, entierros, veranos familiares y un grupo de mensajer\u00eda llamado \u00abNietos de Cuenca\u00bb, creado medio en broma tras la muerte de la abuela Matilde. Durante meses hab\u00edan intercambiado fotograf\u00edas, recetas y audios de sus mayores. Despu\u00e9s surgi\u00f3 la idea de reunirse en San Mateo de 2026. Ninguno supo decir qui\u00e9n la propuso. Quiz\u00e1 la hab\u00edan propuesto todos, empujados por la misma culpa discreta: la de heredar un lugar sin haber aprendido a habitarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la tarde del viernes 18, bajaron hasta la Plaza de Espa\u00f1a para ver salir el desfile de las pe\u00f1as. Cuenca parec\u00eda haberse puesto todos sus colores a la vez. Las camisas blancas desaparec\u00edan bajo pa\u00f1uelos de tonos imposibles; las charangas acomet\u00edan los pasodobles con una alegr\u00eda que no ped\u00eda afinaci\u00f3n, sino entrega; de las garrafas sub\u00eda el olor dulce y \u00e1spero de la zurra. En los balcones, los vecinos hab\u00edan colgado banderas y miraban la calle con esa mezcla de orgullo y resignaci\u00f3n de quien sabe que durante cuatro d\u00edas su portal dejar\u00e1 de pertenecerle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ra\u00fal compr\u00f3 seis pa\u00f1uelos rojos en un puesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Uno para cada heredero \u2014anunci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfHerederos de qu\u00e9? \u2014pregunt\u00f3 Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014De una hipoteca emocional \u2014dijo Alex, enfoc\u00e1ndola con la c\u00e1mara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria le apart\u00f3 el objetivo con la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues procura que no nos suban los intereses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Subieron con las pe\u00f1as por Carreter\u00eda y la calle de Alfonso VIII. A medida que ascend\u00edan, el presente se volv\u00eda m\u00e1s ruidoso y el pasado m\u00e1s visible. Las fachadas estrechas parec\u00edan inclinarse sobre el desfile para reconocer a los reci\u00e9n llegados. Ana record\u00f3 una frase de su abuela: \u00abEn Cuenca, para ir al pasado siempre hay que subir una cuesta\u00bb. La repiti\u00f3 en voz alta, y Pedro mir\u00f3 hacia las ventanas como si acabara de entender algo de su oficio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Plaza Mayor apenas cab\u00eda otro cuerpo. Desde el balc\u00f3n del Ayuntamiento, el preg\u00f3n de \u00c1lvaro Guijarro, Alvarito, jefe de maromeros, puso a la vaquilla en el centro de la celebraci\u00f3n y habl\u00f3 de respeto, de cuidado y de los hombres que hab\u00edan ense\u00f1ado a llevar la cuerda antes que ellos. Cuando grit\u00f3 que all\u00ed ol\u00eda a vaca, la plaza contest\u00f3 con una carcajada gigantesca. Y cuando termin\u00f3 con los vivas a Cuenca, Alfonso VIII y San Mateo, los seis amigos se miraron sorprendidos por la facilidad con que una multitud pod\u00eda convertir un nombre antiguo en algo corporal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi abuelo dec\u00eda que San Mateo era el d\u00eda en que Cuenca dejaba de recordar en silencio \u2014coment\u00f3 Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria lo oy\u00f3 pese al estruendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi abuela dec\u00eda que era el d\u00eda en que los que se fueron volv\u00edan aunque no pudieran venir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue la primera conversaci\u00f3n que tuvieron a solas, aunque a su alrededor hubiera miles de personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La salida de la vaquilla alter\u00f3 el aire. No fue solo el animal, sino la maroma, los tirones, la s\u00fabita geometr\u00eda de los corredores y el grito que se propagaba antes de que la gente supiera por d\u00f3nde llegaba. Los maromeros gobernaban aquella fuerza sin anularla: tensaban, ced\u00edan, avisaban, abr\u00edan espacio. Desde una zona protegida, Irene observaba con atenci\u00f3n cl\u00ednica; Alex buscaba encuadres; Ra\u00fal gritaba consejos que nadie le hab\u00eda pedido. Ana apretaba en el bolsillo la vieja llave. Pedro y Gloria quedaron junto a un arco, hombro con hombro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vaquilla apareci\u00f3 de pronto al fondo. Hubo una sacudida en la multitud. Un muchacho resbal\u00f3 y uno de los maromeros cambi\u00f3 el peso del cuerpo para contener la cuerda. Todo ocurri\u00f3 en segundos: el animal gir\u00f3, la plaza se abri\u00f3 y volvi\u00f3 a cerrarse, la m\u00fasica reanud\u00f3 el comp\u00e1s. Gloria hab\u00eda cogido a Pedro de la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Perdona \u2014dijo, solt\u00e1ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No tienes por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ha sido el susto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ya. A m\u00ed tambi\u00e9n me ha asustado que me sueltes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria lo mir\u00f3 con incredulidad y luego se ech\u00f3 a re\u00edr. Pedro se avergonz\u00f3 de su propia frase, pero la risa de ella no era una burla. Ten\u00eda algo franco, casi agradecido. La fiesta sigui\u00f3 alrededor mientras entre ambos se instalaba una pausa, un peque\u00f1o lugar sin charanga ni empujones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche cenaron patatas asadas y morteruelo en la casa del Trabuco. Bebieron zurra en los seis vasos de la despensa y brindaron por sus abuelos. Cada cual cont\u00f3 una historia. El de Ra\u00fal llegaba a Cuenca con olor a carb\u00f3n y grasa ferroviaria. La abuela de Irene hab\u00eda criado a cuatro hijos cosiendo uniformes en Madrid. El abuelo de Alex aseguraba que desde Getafe distingu\u00eda algunos d\u00edas el perfil de las hoces, una mentira geogr\u00e1fica que la nostalgia hab\u00eda convertido en verdad. La abuela de Gloria guardaba tierra del jard\u00edn de su infancia en una caja de lata. El abuelo de Pedro jam\u00e1s vendi\u00f3 la casa familiar porque dec\u00eda que un hombre sin una puerta a la que regresar acaba pidiendo permiso hasta para recordar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ana dej\u00f3 la llave en el centro de la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Nosotros hemos recibido las llaves \u2014dijo\u2014, pero no s\u00e9 si hemos heredado las puertas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie contest\u00f3 inmediatamente. Desde la Plaza Mayor llegaban la verbena y un rumor grave de pasos. Irene propuso que cada septiembre regresaran. Ra\u00fal a\u00f1adi\u00f3 que pod\u00edan arreglar la casa entre todos. Alex habl\u00f3 de grabar las historias de los mayores antes de que se perdieran. Eran proyectos pronunciados de madrugada, cuando las promesas parecen baratas, pero esta vez ninguno sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedro y Gloria salieron al balc\u00f3n. La calle ol\u00eda a vino, piedra fr\u00eda y madrugada. Abajo pas\u00f3 una pe\u00f1a cantando con una dignidad muy deteriorada. Gloria apoy\u00f3 los codos en la barandilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014En Valencia, mi abuela hablaba de estas calles como si hubiera salido de ellas esa misma ma\u00f1ana \u2014dijo\u2014. Yo pensaba que exageraba. Ahora creo que intentaba no perderlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfY t\u00fa qu\u00e9 intentas no perder?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria tard\u00f3 en contestar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Todav\u00eda no lo s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedro quiso decirle que algunas cosas se descubr\u00edan precisamente cuando empezaban a perderse. No lo dijo. Ella volvi\u00f3 la cara y quedaron muy cerca, pero una trompeta atac\u00f3 bajo el balc\u00f3n las primeras notas de un pasodoble y los dos rompieron a re\u00edr. El beso que no se dieron qued\u00f3 suspendido sobre la calle, no como un fracaso, sino como una cita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El s\u00e1bado caminaron temprano por una ciudad que curaba sus excesos. Los operarios limpiaban la Plaza Mayor; un camarero apilaba sillas; varias mujeres regaban los portales y comentaban la jornada anterior con severidad de notarias. Bajaron hacia el J\u00facar. Pedro se\u00f1al\u00f3 la ladera del cerro de la Majestad y record\u00f3 la leyenda de la luz que habr\u00eda alentado a Alfonso VIII durante el cerco. Ra\u00fal, m\u00e1s amigo del documento que del prodigio, explic\u00f3 que la toma de 1177, la fecha transmitida y la instituci\u00f3n oficial de la fiesta no formaban una historia tan sencilla como repet\u00edan las gu\u00edas. La celebraci\u00f3n c\u00edvica y religiosa hab\u00eda quedado fijada documentalmente en 1581, siglos despu\u00e9s de la conquista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Entonces, \u00bftodo es mentira? \u2014pregunt\u00f3 Alex, bajando la c\u00e1mara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Al contrario \u2014respondi\u00f3 Ana\u2014. Significa que una ciudad puede tardar siglos en decidir c\u00f3mo quiere recordar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria mir\u00f3 a Pedro. Aquel razonamiento tambi\u00e9n parec\u00eda hablar de ellos, aunque todav\u00eda no hubiera nada que recordar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la tarde regresaron a la vaquilla. Esta vez no se limitaron a mirar. Ra\u00fal y Alex se acercaron m\u00e1s de lo sensato; Irene los oblig\u00f3 a retroceder. Ana encontr\u00f3 a una mujer mayor que hab\u00eda conocido a su abuela Matilde. Se llamaba Celia, llevaba un pa\u00f1uelo verde y conservaba una memoria capaz de atravesar sesenta a\u00f1os sin perder detalle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tu abuela corr\u00eda m\u00e1s que los mozos \u2014le dijo\u2014. Y cuando se march\u00f3 a Madrid jur\u00f3 que volver\u00eda al a\u00f1o siguiente para quedarse. Luego la vida hace sus cuentas por su lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La frase cay\u00f3 sobre el grupo con el peso de una verdad familiar. Sus abuelos no se hab\u00edan ido por desamor a Cuenca, sino porque la provincia no pudo ofrecer trabajo suficiente a todos sus hijos. Madrid y Valencia les dieron salarios, barrios nuevos, escuelas para los ni\u00f1os y una vida posible. Pero cada mejora tuvo una sombra: casas cerradas, fotograf\u00edas sin nombres, palabras que los nietos ya no empleaban, cementerios visitados deprisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces son\u00f3 la charanga. Celia agarr\u00f3 a Ana del brazo y la arrastr\u00f3 hacia la pe\u00f1a. Los dem\u00e1s las siguieron. Bailaron sin destreza, bebieron poco y rieron mucho. Gloria llevaba el pa\u00f1uelo anudado a la mu\u00f1eca; Pedro se lo coloc\u00f3 al cuello con una delicadeza que ella sinti\u00f3 m\u00e1s \u00edntima que una caricia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014As\u00ed no lo pierdes \u2014dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Quiz\u00e1 quer\u00eda perderlo para tener que volver a buscarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta vez fue Gloria quien acort\u00f3 la distancia. Se besaron junto a una fachada color ocre, mientras la vaquilla pasaba por otra calle y la multitud lanzaba un rugido que pareci\u00f3 aprobarlos. No hubo m\u00fasica lenta ni silencio milagroso. Un pe\u00f1ista los salpic\u00f3 con zurra, alguien choc\u00f3 contra Pedro y Gloria tuvo que apartarse el pelo de la cara. Fue un beso verdadero precisamente por eso: porque sucedi\u00f3 en mitad de la vida y no fuera de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El domingo 20 participaron en las gachas de una pe\u00f1a amiga de Celia. A mediod\u00eda, alrededor de la sart\u00e9n, las edades se mezclaron sin ceremonia. Un jubilado explic\u00f3 a Alex c\u00f3mo se corr\u00eda la vaquilla cuando no hab\u00eda pe\u00f1as organizadas, ni grandes equipos de sonido, ni pa\u00f1uelos convertidos en uniforme. Record\u00f3 bidones de zurra, botas de vino y tapones humanos en la calle de Alfonso VIII. Una mujer de cincuenta a\u00f1os habl\u00f3 de los ochenta, de las primeras pe\u00f1as y de una libertad que ol\u00eda a embrague quemado. Un joven de dieciocho ense\u00f1\u00f3 en el m\u00f3vil un v\u00eddeo de la tarde anterior, ya visto por miles de personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alex comprendi\u00f3 que la fiesta no era una pieza de museo. Cada generaci\u00f3n la hab\u00eda recibido incompleta, hab\u00eda a\u00f1adido algo y hab\u00eda estropeado otra cosa. La tradici\u00f3n no consist\u00eda en repetir una fotograf\u00eda antigua, sino en discutir con ella sin romperla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A las cuatro y media vieron el traslado del Pend\u00f3n de Alfonso VIII. El ruido se repleg\u00f3 ante la solemnidad. El pa\u00f1o avanz\u00f3 acompa\u00f1ado por autoridades, pe\u00f1as y la Banda Municipal, y durante unos minutos la conquista medieval, el acuerdo de 1581, los festejos de los abuelos y aquel septiembre de 2026 quedaron unidos en la misma calle. Pedro pens\u00f3 en la maroma: una cuerda que parec\u00eda sujetar a la vaquilla, aunque en realidad vinculaba a todos los que deb\u00edan moverse con ella. La memoria se le pareci\u00f3 entonces a esa cuerda. Si uno tiraba demasiado, asfixiaba el pasado; si la soltaba, pod\u00eda perderlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la noche, Gloria le cont\u00f3 que en octubre comenzar\u00eda un trabajo en un estudio de restauraci\u00f3n patrimonial de Valencia. Pedro le confes\u00f3 que llevaba meses pensando en abandonar Madrid. Ninguno convirti\u00f3 la coincidencia en destino. Eran hijos de una \u00e9poca que desconfiaba de las promesas grandes: contratos temporales, alquileres desmedidos, ciudades que exig\u00edan dos sueldos para conceder una habitaci\u00f3n. El amor espont\u00e1neo no borraba los kil\u00f3metros ni pagaba los trenes que ya no circulaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No quiero que esto sea una historia bonita de cuatro d\u00edas \u2014dijo Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Eso no significa que sepa qu\u00e9 quiero que sea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedro mir\u00f3 las luces de la hoz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Podemos empezar por no mentirnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Muy poco rom\u00e1ntico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Soy arquitecto. Primero miro si el terreno aguanta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues mira bien. Aqu\u00ed todo parece construido sobre un precipicio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mi abuelo dec\u00eda que no. Que est\u00e1 negociando con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gloria apoy\u00f3 la cabeza en su hombro. No hubo juramento, solo una decisi\u00f3n modesta: verse en Valencia dos semanas despu\u00e9s y en Madrid antes de que acabara octubre. A veces el porvenir entra en una vida no como una avenida, sino como dos billetes comprados a tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El lunes 21, d\u00eda de San Mateo, la casa amaneci\u00f3 llena de cansancio y de vasos por fregar. Ana hizo caf\u00e9. Irene reparti\u00f3 analg\u00e9sicos. Ra\u00fal redact\u00f3 en una servilleta un manifiesto exagerado para \u00abla recuperaci\u00f3n moral y ferroviaria de los nietos de Cuenca\u00bb. Alex revis\u00f3 sus grabaciones: el desfile, el preg\u00f3n, la maroma tens\u00e1ndose, Celia hablando de Matilde, Gloria y Pedro descubiertos al fondo de un plano antes de su primer beso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Eso se borra \u2014orden\u00f3 Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Eso se archiva \u2014corrigi\u00f3 Ana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de salir, los seis se hicieron una fotograf\u00eda en el mismo pretil donde aparec\u00edan la abuela Matilde y sus amigas en 1963. Buscaron aproximadamente el encuadre: las hoces al fondo, el muro de piedra, la ma\u00f1ana limpia despu\u00e9s de la fiesta. Una mujer que paseaba se ofreci\u00f3 a tomarla. En la primera imagen Ra\u00fal cerr\u00f3 los ojos; en la segunda Alex mir\u00f3 hacia otro lado; en la tercera Gloria y Pedro aparecieron cogidos de la mano sin darse cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ana guard\u00f3 la c\u00e1mara y sac\u00f3 la llave de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQui\u00e9n se queda con ella?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante un momento todos miraron el objeto como si fuera una responsabilidad excesiva. Luego Ra\u00fal propuso hacer cinco copias. Pedro dijo que deb\u00edan ser seis. Gloria neg\u00f3 con la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Siete \u2014dijo\u2014. Una se queda aqu\u00ed, por si alguno vuelve sin avisar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encargaron las copias en una ferreter\u00eda de la parte baja. El hombre que las hizo no pregunt\u00f3 para qu\u00e9 quer\u00edan tantas. En una ciudad marcada por la emigraci\u00f3n, duplicar una llave era una forma conocida de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la tarde regresaron por \u00faltima vez a la Plaza Mayor. La vaquilla volvi\u00f3 a salir, viva y poderosa, rodeada por el oficio de los maromeros y la excitaci\u00f3n de los corredores. Los seis permanecieron juntos detr\u00e1s de la barrera. Ya no eran turistas ni pod\u00edan llamarse del todo conquenses. Eran algo intermedio: la generaci\u00f3n nacida en otras ciudades que empezaba a comprender que la pertenencia no se recibe terminada, sino que se practica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la maroma se tens\u00f3 frente a ellos, Pedro busc\u00f3 la mano de Gloria. Esta vez no hubo susto ni excusa. Ana pens\u00f3 en su abuela sirviendo mesas en Madrid con la llave de Cuenca dentro del monedero. Ra\u00fal oy\u00f3, debajo de la charanga, el silbato de un tren que quiz\u00e1 solo exist\u00eda en la memoria. Irene reconoci\u00f3 en las mujeres de los balcones los gestos de su madre. Alex dej\u00f3 de grabar durante un minuto, porque comprendi\u00f3 que no todo lo que merece conservarse cabe en una imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vaquilla gir\u00f3 y la multitud se desplaz\u00f3 como un solo cuerpo. Sobre las fachadas cay\u00f3 la luz amarilla de septiembre. Durante unos segundos, la cuerda pareci\u00f3 prolongarse m\u00e1s all\u00e1 de la plaza, descender por las hoces, atravesar carreteras, barrios y d\u00e9cadas, y llegar hasta Madrid y Valencia, hasta las viviendas donde los abuelos hab\u00edan envejecido diciendo \u00abmi pueblo\u00bb, \u00abmi tierra\u00bb, \u00abmi Cuenca\u00bb, aunque sus nietos no entendieran del todo aquellas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora empezaban a entenderlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era una cuerda que los obligara a regresar. Era una cuerda que les imped\u00eda perderse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera en llegar fue Ana, que baj\u00f3 del autob\u00fas de Madrid con una mochila peque\u00f1a, un pa\u00f1uelo sin estrenar y la llave de una casa en la calle del Trabuco donde ya no viv\u00eda nadie. La llave hab\u00eda pertenecido a su abuela Matilde. 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