{"id":8609,"date":"2026-09-15T09:56:00","date_gmt":"2026-09-15T09:56:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8609"},"modified":"2026-09-15T09:59:32","modified_gmt":"2026-09-15T09:59:32","slug":"el-mapa-de-las-huellas-relato-de-juan-andres-buedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8609","title":{"rendered":"El mapa de las huellas (relato de Juan Andr\u00e9s Buedo)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8610\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-300x169.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-299x168.jpg 299w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-766x431.jpg 766w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas-850x478.jpg 850w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/El-mapa-de-las-huellas.jpg 1170w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Pre\u00e1mbulo<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El mapa de las huellas<\/em> naci\u00f3 como una idea pr\u00e1ctica propuesta en el taller de relatos celebrado el 14 de septiembre de 2026, durante la presentaci\u00f3n de los dos \u00faltimos libros de Mariano Gimeno Machetti: <em>El mapamundi de mi mente<\/em> y <em>Confidencias de mi felpudo<\/em>. El ejercicio part\u00eda de una ense\u00f1anza sencilla: cualquier objeto cotidiano puede guardar una historia si aprendemos a observarlo con otra mirada. As\u00ed surgi\u00f3 la imagen de un felpudo abandonado a la entrada de un antiguo balneario. Sobre \u00e9l permanec\u00edan las huellas invisibles de quienes acudieron all\u00ed buscando alivio para sus cuerpos y sus vidas. Al pisarlo, un anciano descubre que su mente se transforma en un ins\u00f3lito mapamundi de recuerdos ajenos. Escucha dolores, secretos y esperanzas que ni el agua ni el paso del tiempo consiguieron borrar. De este encuentro entre un objeto humilde, la memoria y la imaginaci\u00f3n procede el relato que sigue. Una historia nacida en un taller y guiada por una certeza literaria: algunas heridas no necesitan ser olvidadas, sino comprendidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">*****************************************************************************************<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">EL MAPA DE LAS HUELLAS<\/h1>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando clausuraron el balneario, nadie se acord\u00f3 del felpudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se llevaron las l\u00e1mparas de bronce, los espejos del sal\u00f3n, la vajilla con el escudo azul de la casa y hasta la campana de recepci\u00f3n, cuyo sonido hab\u00eda convocado durante medio siglo a hu\u00e9spedes, m\u00e9dicos, camareros y fantasmas. Arrancaron tambi\u00e9n las placas de las habitaciones, quiz\u00e1 porque alguien pens\u00f3 que los n\u00fameros pod\u00edan reutilizarse. Sin embargo, el felpudo permaneci\u00f3 delante de la puerta principal, encajado entre dos baldosas, recibiendo durante a\u00f1os la lluvia, el barro y las hojas secas de los chopos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ten\u00eda escrita una sola palabra:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>BIENVENIDOS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era una exageraci\u00f3n. All\u00ed ya no era bienvenido nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Don Eusebio regres\u00f3 al balneario una tarde de octubre, cuarenta y dos a\u00f1os despu\u00e9s de su \u00faltima estancia. Hab\u00eda cumplido ochenta y uno y caminaba con un bast\u00f3n que utilizaba menos para apoyarse que para discutir con el suelo. El m\u00e9dico le hab\u00eda diagnosticado artrosis, hipertensi\u00f3n, insuficiencia respiratoria y una tristeza que no figuraba en ning\u00fan informe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014A su edad, no conviene vivir solo \u2014le repet\u00eda su hija.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014A mi edad, lo que no conviene es vivir acompa\u00f1ado por obligaci\u00f3n \u2014contestaba \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00eda ido hasta all\u00ed porque, al ordenar un caj\u00f3n, encontr\u00f3 una fotograf\u00eda de 1963. En ella aparec\u00eda junto a su esposa, Clara, delante de la entrada del balneario. \u00c9l ten\u00eda el pelo negro y una corbata demasiado estrecha. Ella llevaba un vestido claro y sonre\u00eda con esa mezcla de pudor y desaf\u00edo que hab\u00eda conseguido enamorarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Clara muri\u00f3 hac\u00eda siete a\u00f1os. Desde entonces, Eusebio hablaba con ella cuando no hab\u00eda nadie delante y tambi\u00e9n, cada vez con m\u00e1s frecuencia, cuando s\u00ed lo hab\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verja lateral estaba rota. Entr\u00f3 por ella y avanz\u00f3 entre ortigas, bancos carcomidos y estatuas sin nariz. La fachada continuaba en pie, aunque las ventanas parec\u00edan cuencas vac\u00edas. Sobre la puerta a\u00fan se adivinaban unas letras descoloridas: \u00abLas aguas devuelven al cuerpo su armon\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mentira \u2014murmur\u00f3 Eusebio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces vio el felpudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estaba sorprendentemente entero. Sucio, apelmazado, cubierto de polvo. Golpe\u00f3 sobre \u00e9l las suelas de sus zapatos, primero una y despu\u00e9s otra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al levantar el pie derecho oy\u00f3 una voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No quiero curarme si para hacerlo tengo que olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio se volvi\u00f3 de inmediato. No hab\u00eda nadie. Solo la tarde deshaci\u00e9ndose entre los \u00e1rboles y el crujido de una contraventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvi\u00f3 a pisar el felpudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Me llamo Adela. He venido porque mi marido dice que estoy enferma. El m\u00e9dico asegura que son los nervios. Nadie me ha preguntado de qu\u00e9 estoy nerviosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Retir\u00f3 el pie con un respingo. La voz ces\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se agach\u00f3 con dificultad y roz\u00f3 las fibras con la punta de los dedos. Sinti\u00f3 un fr\u00edo repentino y, dentro de su cabeza, apareci\u00f3 una mujer sentada en un comedor. Vest\u00eda de negro, apretaba una servilleta entre las manos y miraba continuamente hacia la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio se incorpor\u00f3 como pudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfAdela?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El vest\u00edbulo vac\u00edo le devolvi\u00f3 el nombre convertido en eco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deber\u00eda haberse marchado. Eso habr\u00eda hecho cualquier persona sensata. Pero la sensatez, pens\u00f3, es una prudencia sobrevalorada cuando se han cumplido ochenta a\u00f1os. Volvi\u00f3 a colocar los dos pies sobre el felpudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta vez oy\u00f3 muchas voces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un ni\u00f1o asegur\u00f3 que el agua sab\u00eda a monedas. Un coronel retirado confes\u00f3 que fing\u00eda dolores de est\u00f3mago para pasar los veranos lejos de su mujer. Una muchacha embarazada suplic\u00f3 que nadie avisara a sus padres. Un sacerdote reconoci\u00f3 que hab\u00eda perdido la fe en la habitaci\u00f3n doce. Una cocinera cont\u00f3 que a\u00f1ad\u00eda az\u00facar a escondidas en las infusiones de los enfermos m\u00e1s tristes. Un hombre tartamudo pronunci\u00f3, sin vacilar, el nombre de la mujer a la que nunca se atrevi\u00f3 a declararse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las voces se acumulaban como pa\u00edses en un mapa imposible. Cada huella abr\u00eda un territorio. El miedo ten\u00eda costas. La culpa levantaba monta\u00f1as. La esperanza era una frontera mal dibujada. Los recuerdos ajenos aparec\u00edan dentro de Eusebio con tanta claridad que lleg\u00f3 a dudar de cu\u00e1les le pertenec\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entr\u00f3 en el edificio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La recepci\u00f3n conservaba el mostrador, inclinado hacia un lado. Sobre la pared hab\u00eda quedado la silueta rectangular de un reloj. Eusebio avanz\u00f3 por el pasillo. A cada paso, el polvo se alzaba y el balneario parec\u00eda respirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encontr\u00f3 las ba\u00f1eras de m\u00e1rmol, las tuber\u00edas oxidadas y las cabinas donde los pacientes recib\u00edan chorros de agua a diferentes temperaturas. Record\u00f3 a Clara saliendo de una de ellas, envuelta en un albornoz blanco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00edan llegado al balneario despu\u00e9s de perder a su primer hijo. El m\u00e9dico habl\u00f3 de reposo, cambio de aires y tratamientos termales. A Clara le recetaron ba\u00f1os templados y paseos breves. A \u00e9l no le recetaron nada. En aquellos a\u00f1os se supon\u00eda que los hombres no necesitaban curarse de ciertas cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante tres semanas caminaron juntos por los jardines sin hablar del ni\u00f1o. Comentaban el tiempo, la comida y el ruido de las ca\u00f1er\u00edas. Por las noches, cada uno fing\u00eda dormir para no perturbar la vigilia del otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio hab\u00eda olvidado casi todo aquello. O eso se hab\u00eda dicho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Regres\u00f3 a la entrada y contempl\u00f3 el felpudo. Pens\u00f3 que all\u00ed deb\u00edan de permanecer tambi\u00e9n sus propias huellas y las de Clara, escondidas bajo miles de pisadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se situ\u00f3 encima y cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Clara \u2014dijo\u2014. Si est\u00e1s aqu\u00ed, habla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No escuch\u00f3 nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Movi\u00f3 los pies, los arrastr\u00f3, golpe\u00f3 con el bast\u00f3n. Surgieron nuevas voces: un enfermero, una viuda, un viajante de comercio, dos hermanas que se odiaban y una ni\u00f1a convencida de que en el manantial viv\u00eda una sirena. Pero Clara no habl\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Vamos \u2014insisti\u00f3\u2014. Siempre ten\u00edas algo que decir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio continu\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio sinti\u00f3 que hab\u00eda recorrido m\u00e1s de cien kil\u00f3metros para recibir otra ausencia. Levant\u00f3 el bast\u00f3n y golpe\u00f3 el felpudo con rabia. Una nube de polvo envolvi\u00f3 sus piernas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces oy\u00f3 un llanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era d\u00e9bil, contenido, casi vergonzoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reconoci\u00f3 su propia voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No puedo llorar delante de ella \u2014dec\u00eda el Eusebio de veinticuatro a\u00f1os\u2014. Si me ve derrumbarme, \u00bfqui\u00e9n la sostendr\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El anciano qued\u00f3 inm\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s escuch\u00f3 a Clara:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No llora porque cree que as\u00ed me protege. No comprende que su silencio me deja sola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio dej\u00f3 caer el bast\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las dos voces siguieron hablando sin encontrarse. Eran dos n\u00e1ufragos separados por unos pocos cent\u00edmetros de colch\u00f3n, convencidos de que callar era una forma de amor. Durante d\u00e9cadas \u00e9l hab\u00eda recordado aquel viaje como el principio de su recuperaci\u00f3n. Ahora comprend\u00eda que no se hab\u00edan curado en el balneario. Solo hab\u00edan aprendido a caminar alrededor de la herida sin pisarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Perd\u00f3name \u2014susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No tienes que pedirme perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La respuesta son\u00f3 tan cerca que Eusebio abri\u00f3 los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Clara estaba delante de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era un fantasma. Era una imagen construida con recuerdos: el vestido claro de la fotograf\u00eda, el cabello recogido, la sonrisa inclinada. Permanec\u00eda al otro lado de la puerta, en el mismo lugar donde se hab\u00eda situado aquella ma\u00f1ana de 1963 mientras esperaban a que un empleado les hiciera la foto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No supe ayudarte \u2014dijo Eusebio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo tampoco supe pedirte ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Cre\u00ed que el tiempo lo curar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014El tiempo no cura. El tiempo guarda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La imagen de Clara mir\u00f3 hacia el felpudo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Esto tambi\u00e9n ha guardado mucho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio quiso acercarse, pero ella levant\u00f3 una mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No has venido para encontrarme a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfEntonces para qu\u00e9 he venido?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Para encontrarte t\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La imagen se deshizo cuando una r\u00e1faga atraves\u00f3 el vest\u00edbulo. Las hojas secas entraron por la puerta y giraron alrededor del anciano. Eusebio se apoy\u00f3 en el mostrador y llor\u00f3. Lo hizo sin elegancia, sin moderaci\u00f3n y sin preocuparse por qui\u00e9n deb\u00eda sostener a qui\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llor\u00f3 por Clara, por el ni\u00f1o sin nombre y por el muchacho que confundi\u00f3 fortaleza con silencio. Llor\u00f3 tambi\u00e9n por el balneario, por las voces encerradas en sus habitaciones y por todos los que llegaron buscando una curaci\u00f3n que ning\u00fan agua pod\u00eda prometerles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al salir, ya estaba anocheciendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio se limpi\u00f3 los zapatos sobre el felpudo. Antes de abandonar el lugar, crey\u00f3 escuchar una \u00faltima confidencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Gracias \u2014dijo una voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No supo si era la de Clara, la suya o la del propio balneario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la ma\u00f1ana siguiente, dos operarios municipales acudieron al edificio para revisar su estado. Uno de ellos encontr\u00f3 la puerta abierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Alguien ha entrado \u2014dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Aqu\u00ed no hay nada que robar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primero se\u00f1al\u00f3 el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viejo felpudo hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Semanas despu\u00e9s, la hija de Eusebio encontr\u00f3 uno igual delante de la puerta de su padre. Parec\u00eda muy antiguo y ten\u00eda escrita la palabra <strong>BIENVENIDOS<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfDe d\u00f3nde has sacado esta porquer\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Es un mapa \u2014respondi\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfUn mapa de qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eusebio sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014De todos los lugares que llevamos dentro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su hija sacudi\u00f3 los pies antes de entrar. Durante un instante crey\u00f3 escuchar la risa de su madre, pero no dijo nada. Eusebio tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay confidencias que solo pueden ser escuchadas cuando dejamos fuera el ruido del mundo. Y existen huellas que no se\u00f1alan el camino recorrido, sino aquel que todav\u00eda nos falta por comprender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pre\u00e1mbulo El mapa de las huellas naci\u00f3 como una idea pr\u00e1ctica propuesta en el taller de relatos celebrado el 14 de septiembre de 2026, durante la presentaci\u00f3n de los dos \u00faltimos libros de Mariano Gimeno Machetti: El mapamundi de mi mente y Confidencias de mi felpudo. 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