{"id":851,"date":"2015-04-05T13:28:32","date_gmt":"2015-04-05T13:28:32","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=851"},"modified":"2015-04-05T13:28:32","modified_gmt":"2015-04-05T13:28:32","slug":"politicos-de-ficcion-o-no-tanto-por-aitziber-azpeitia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=851","title":{"rendered":"Pol\u00edticos de ficci\u00f3n (o no tanto) [por Aitziber Azpeitia]"},"content":{"rendered":"<h3>Cinco pol\u00edticos de ficci\u00f3n con cinco formas de gobernar y una invitaci\u00f3n para conocer las entretelas del poder<\/h3>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/politica\/index.html\" title=\"Pol\u00edtica\">Pol\u00edtica<\/a><\/strong>&#0160;|&#0160;05\/04\/2015&#0160;<\/p>\n<div id=\"dgrid1530944725\">\n<div>\n<div id=\"adm14282326671941\">\n<div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Pol\u00edticos de ficci\u00f3n (o no tanto)\" height=\"191\" src=\"http:\/\/img02.lavanguardia.com\/2015\/04\/05\/La-grandeza-no-es-una-cuestion_54429678680_51351706917_600_226.jpg\" title=\"Pol\u00edticos de ficci\u00f3n (o no tanto)\" width=\"507\" \/><\/div>\n<p>&quot;La grandeza no es una cuesti\u00f3n de suerte, es una elecci\u00f3n&quot;, T. Kane &#39;Boss&#39;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/20101028\/54061016231\/aitziber-azpeitia.html\" title=\"Aitziber Azpeitia\">AITZIBER AZPEITIA<\/a>&#0160;(Publicado en <em>La Vanguardia<\/em>, <a href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/politica\/20150405\/54429678655\/politicos-de-ficcion.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<p>A lo largo de este a\u00f1o seremos bombardeados con esl\u00f3ganes, tentados con promesas y seducidos con im\u00e1genes de cambio. Todo para conseguir el voto, porque los ciudadanos somos los peones necesarios para alcanzar el poder en el sistema democr\u00e1tico. Un mecanismo gobernado por las apariencias, plagado de ambici\u00f3n y con las cunetas repletas de buenas intenciones, en el que la intriga y las traiciones est\u00e1n a la orden del d\u00eda. As\u00ed que tom\u00e9monos un respiro y, con ayuda de la ficci\u00f3n -que no es sino un reflejo distorsionado de la realidad-, reflexionemos sobre los entresijos de la pol\u00edtica. Porque, como se\u00f1al\u00f3 Italo Calvino, hay dos maneras de no sufrir el infierno que habitamos: &quot;La primera es f\u00e1cil: aceptar el infierno y volverse parte de \u00e9l hasta no verlo m\u00e1s. La segunda exige atenci\u00f3n y aprendizaje continuos: buscar y reconocer qui\u00e9n y qu\u00e9 en medio del infierno no lo es, hacerlo durar y darle espacio&quot;.<\/p>\n<p><strong>El ALA OESTE DE LA CASA BLANCA<\/strong><\/p>\n<p><strong>El ideal de la pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Aaron Sorkin abri\u00f3 a los telespectadores las puertas del sancta sanctorum de la pol\u00edtica estadounidense con una propuesta idealista centrada en la figura del presidente dem\u00f3crata Josiah Bartlet (Martin Sheen). Un hombre brillante, de buena familia, premiado con el Nobel de Econom\u00eda y m\u00e1ster en Teolog\u00eda Cat\u00f3lica, secundado por un grupo de profesionales dispuestos a sacrificar su vida personal para conseguir un mejor gobierno para su pa\u00eds.<\/p>\n<p>El ala oeste representa el mundo de la pol\u00edtica como una especie de Camelot, que a pesar de las dificultades est\u00e1 gobernado por la inteligencia, la honradez y la lealtad, con un Bartlet inspirado en lo mejor de otros presidentes dem\u00f3cratas. No en vano, la serie cont\u00f3 con la asesor\u00eda de una exsecretaria de prensa de Bill Clinton y de un exasesor de Jimmy Carter. Todo ello aderezado con sutiles alusiones al m\u00e1s legendario de todos los presidentes dem\u00f3cratas, John F. Kennedy.<\/p>\n<p>La solidez de sus tramas y la brillantez de su gui\u00f3n, destilado en di\u00e1logos electrizantes que tienen lugar durante los fren\u00e9ticos paseos de los protagonistas por los pasillos de la Casa Blanca -el walk &amp; talk caracter\u00edstico del autor-, hacen que la serie se mantenga bien a pesar del paso del tiempo. Sin embargo, su concepci\u00f3n idealizada de la pol\u00edtica es el principal inconveniente con el que tendr\u00eda que lidiar si se estrenase hoy. La exhortaci\u00f3n patri\u00f3tica de los t\u00edtulos de cr\u00e9dito, con la ondeante bandera de Estados Unidos arropando la presentaci\u00f3n de los protagonistas, tampoco resulta f\u00e1cil de digerir para el espectador despu\u00e9s de todo lo ocurrido en los \u00faltimos a\u00f1os, desde los atentados del 11-S a los trapos sucios filtrados por Wiki\u00adleaks. Una serie noble para tiempos menos abyectos.<\/p>\n<p><strong>THE WIRE<\/strong><\/p>\n<p><strong>El peligro de la demagogia<\/strong><\/p>\n<p>En las ant\u00edpodas de la Arcadia ideada por Sorkin se encuentra The wire, una radiograf\u00eda desencantada del fracaso del sistema capitalista que dedic\u00f3 la tercera de sus cinco magn\u00edficas temporadas a la pol\u00edtica, poniendo el foco en las luchas por el poder y la corrupci\u00f3n. The wire nos acerca a la vida y al funcionamiento de las instituciones en Baltimore, convertida en ejemplo de cualquier gran metr\u00f3poli contempor\u00e1nea. Retrata al estamento pol\u00edtico como un ente viciado, movido \u00fanicamente por intereses personales y culpable de haber institucionalizado la corrupci\u00f3n. En medio de este panorama desolador emerge la figura del concejal Tommy Carcetti (Aidan Gillen), un pol\u00edtico joven y carism\u00e1tico, tan ambicioso como ambiguo, que se presenta a s\u00ed mismo como la persona capaz de cambiar el sistema desde dentro. Y los ciudadanos de Baltimore, al igual que los espectadores, quieren creerle. Su campa\u00f1a para alcanzar la alcald\u00eda es tan demag\u00f3gica como efectiva. Y su ascensi\u00f3n pol\u00edtica, inversamente proporcional a su deterioro moral, que iremos siguiendo a lo largo de la cuarta y quinta temporadas. Su ejemplo resulta tan instructivo que J\u00f3n Gnarr, alcalde de Reikiavik entre 2010-14, impuso como condici\u00f3n indispensable para entrar en su gobierno el visionado de las cinco temporadas de la serie.<\/p>\n<p>Y si el lector a\u00fan no la ha visto se preguntar\u00e1: \u00bfes para tanto? Alguien escribi\u00f3 que era lo m\u00e1s cercano a Dostoyevski que pod\u00eda verse en la televisi\u00f3n, y ciertamente la esencia de este precursor del existencialismo es f\u00e1cilmente rastreable en unos personajes que viven situaciones extremas, en un entorno carente de valores y en el que deben actuar sin m\u00e1s gu\u00eda que su propia conciencia. Pero su creador, David Simon, aludi\u00f3 a S\u00f3focles y Eur\u00edpides como fuente de inspiraci\u00f3n. Sin embargo, no se debe olvidar que el tono realista de la serie es fruto de la experiencia de Simon como periodista de sucesos del Baltimore Sun y de las aportaciones de su socio, Ed Burns, exdetective de homicidios en la polic\u00eda de Baltimore durante 20 a\u00f1os. Con su bagaje crearon personajes inspirados en figuras reales, y se\u00f1alaron al gobernador de Maryland, Martin O&#39;Malley, como el referente de Carcetti.<\/p>\n<p><strong>BOSS<\/strong><\/p>\n<p><strong>La mafia en la alcald\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Bajando un escal\u00f3n m\u00e1s hacia las cloacas de la pol\u00edtica encontramos Boss, en la que Kelsey Grammer se mete en la piel de Tom Kane, un mesi\u00e1nico alcalde de Chicago. Un pol\u00edtico astuto y despiadado que miente, manipula y destruye a quien se le ponga por delante con tal de conservar su cargo. Unas caracter\u00edsticas que se ven exacerbadas cuando descubre que est\u00e1 gravemente enfermo. Lo de menos son la ciudad y sus ciudadanos, aqu\u00ed reducidos a un mero contexto. Lo que Boss cuenta a trav\u00e9s de un personaje hiperb\u00f3lico son los mecanismos del poder, y la sucesi\u00f3n de abusos, traiciones e injusticias es de tal calibre que ejerce una especie de fascinaci\u00f3n sobre el espectador, que asiste al espect\u00e1culo como debieron hacerlo los ciudadanos romanos al circo. Pero si creen que esta bestia parda es fruto de la mente calenturienta de los guionistas, tengan en cuenta que el protagonista declar\u00f3 haberse inspirado en Richard J. Daley, alcalde de Chicago de 1955 a 1976.<\/p>\n<p><strong>HOUSE OF CARDS<\/strong><\/p>\n<p><strong>Shakespeare en el Capitolio<\/strong><\/p>\n<p>Digna heredera de la anterior, House of cards ahonda en este nihilismo crepuscular. Su protagonista, Frank Underwood, es un moderno Yago, que nada tiene que envidiar en iniquidad al creado por Shakespeare. Conocemos a Underwood en un momento crucial de su carrera, es un congresista dem\u00f3crata que ejerce de jefe de la mayor\u00eda de la C\u00e1mara de Representantes, que ve frustrado su nombramiento para ocupar el cargo de secretario de Estado. En ese momento el personaje despliega su naturaleza m\u00e1s c\u00ednica para lograr destruir al hombre que se ha interpuesto en su camino, que no es otro que el mism\u00edsimo presidente de EE.UU. Ambos, Yago y Underwood, comparten lo que Harold Bloom llamar\u00eda &quot;un sentido del m\u00e9rito ofendido&quot;. En la tragedia shakespeariana, Otelo relega a su fiel servidor, y el despechado se rebela. &quot;No voy por afecto ni obediencia, sino pareci\u00e9ndolo as\u00ed, para mis fines personales (&#8230;) No soy el que soy&quot;, advierte Yago en la primera escena. Y al final del primer acto, este h\u00e1bil manipulador explica a los espectadores los pormenores de su plan para traer la desgracia sobre su jefe. Los guionistas de House of cards s\u00f3lo han tenido que actualizar el discurso. Y aunque su trabajo ha sido irregular a lo largo de las tres temporadas que por ahora tiene la serie, para compensar cuentan con un portentoso Kevin Spacey, capaz de mirar de frente al espectador y dejarlo clavado en el sill\u00f3n con sus soliloquios. Tampoco se debe desde\u00f1ar el trabajo de David Fincher, que dirigi\u00f3 los dos primeros episodios y sent\u00f3 las bases de la atm\u00f3sfera inquietante, propia de un thriller , que preside la funci\u00f3n.<\/p>\n<p>House of cards goza de tal popularidad que ha eclipsado el hecho de que se trata de la adaptaci\u00f3n de una miniserie brit\u00e1nica de 1990, que a su vez estaba basada en la novela de Michael Dobbs. Un hombre que fue asesor de la primera ministra Margaret Thatcher y jefe de gabinete del gobierno conservador y que, por lo tanto, conoc\u00eda de primera mano los entresijos del poder. En la versi\u00f3n americana los referentes reales no est\u00e1n tan claros, pero s\u00ed sabemos que es la serie preferida del presidente Barack Obama.<\/p>\n<p><strong>BORGEN<\/strong><\/p>\n<p><strong>La humanizaci\u00f3n de la pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Curiosamente, entre tanto pesimismo, la reivindicaci\u00f3n del papel de la pol\u00edtica viene de la mano del Argui\u00f1ano dan\u00e9s, Adam Price. Un guionista y popular chef televisivo al que le pareci\u00f3 interesante reflexionar sobre el gran dilema de las democracias occidentales: &quot;\u00bfc\u00f3mo podemos defender la democracia siendo a la vez tan c\u00ednicos con ella?&quot;. El resultado es la excelente Borgen, que alude al nombre por el que se conoce coloquialmente el palacio de Christianborg en Copenhague, sede del Parlamento, el Tribunal Supremo y la oficina del primer ministro. Esta producci\u00f3n danesa sigue los avatares de Birgitte Nyborg (Sidse Babette Knudsen), l\u00edder de un peque\u00f1o partido de centro, que inesperadamente se convierte en la primera mujer que ocupa el cargo de primer ministro en Dinamarca.<\/p>\n<p>Lejos de la pompa estadounidense, Borgen muestra la pol\u00edtica a una escala m\u00e1s humana, y pone en pr\u00e1ctica el consejo de Lincoln: &quot;Si quieres probar el car\u00e1cter de un hombre, dale poder&quot;. A lo largo de tres temporadas Nyborg aprender\u00e1 las dificultades de conciliar la \u00e9tica personal con las convicciones pol\u00edticas y el gobierno real. Y somos testigos del impacto que ello tiene a nivel personal, porque nadie sale indemne del ejercicio del poder. Inspirados por El pr\u00edncipe de Maquiavelo -que inaugur\u00f3 hace cinco siglos el pensamiento pol\u00edtico moderno-, cada uno de los cap\u00edtulos de Borgen es una lecci\u00f3n de pol\u00edtica real que invita a reflexionar sobre el liderazgo, los pactos, la prostituci\u00f3n, las ecotasas o la libertad de prensa. Su nivel de veracidad es tal, que una encuesta reciente reflejaba que el 83% de los daneses piensan que la serie retrata fielmente su realidad pol\u00edtica. Un a\u00f1o despu\u00e9s de su estreno, Helle Thorning-Schmidt se convirti\u00f3 en la primera mujer primer ministro de Dinamarca. La realidad imitando al buen arte.<\/p>\n<p>&#0160;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cinco pol\u00edticos de ficci\u00f3n con cinco formas de gobernar y una invitaci\u00f3n para conocer las entretelas del poder Pol\u00edtica&#0160;|&#0160;05\/04\/2015&#0160; &#0160; &quot;La grandeza no es una cuesti\u00f3n de suerte, es una elecci\u00f3n&quot;, T. 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