{"id":8351,"date":"2026-06-30T12:39:16","date_gmt":"2026-06-30T12:39:16","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8351"},"modified":"2026-06-30T12:39:17","modified_gmt":"2026-06-30T12:39:17","slug":"la-sepi-y-la-morfologia-de-un-poder-en-descomposicion-por-juan-andres-buedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=8351","title":{"rendered":"La SEPI y la morfolog\u00eda de un poder en descomposici\u00f3n (por Juan Andr\u00e9s Buedo)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8352\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto-300x169.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto-768x432.jpg 768w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto-850x478.jpg 850w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-sanchismo-no-defiende-un-proyecto.jpg 1059w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la pol\u00edtica espa\u00f1ola hay un momento en el que la defensa deja de ser defensa y se convierte en una forma de confesi\u00f3n diferida. Ese momento parece haber llegado para el sanchismo, no porque haya asumido responsabilidad alguna, sino porque la acumulaci\u00f3n de indicios, imputados, intermediarios, favores cruzados y estructuras de protecci\u00f3n ha terminado por dibujar algo m\u00e1s profundo que una suma de esc\u00e1ndalos aislados: un sistema. La cuesti\u00f3n ya no es si el Gobierno de Pedro S\u00e1nchez puede sobrevivir a una nueva sacudida judicial o medi\u00e1tica, sino qu\u00e9 precio institucional est\u00e1 pagando Espa\u00f1a para sostener una supervivencia asentada sobre la negaci\u00f3n, la propaganda y la ocupaci\u00f3n partidista de los resortes del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tesis conjunta que emerge de las informaciones recientes es demoledora. Por un lado, se consolida la idea de una supervivencia pol\u00edtica imposible y casi patol\u00f3gica, sostenida a base de resistir aunque alrededor se ensanche el per\u00edmetro penal y reputacional del poder. Por otro, crece la n\u00f3mina de imputados, investigados y nombres salpicados en la \u00f3rbita del sanchismo, hasta el punto de que la imagen de un proyecto regenerador ha quedado sustituida por la de un aparato obsesionado con conservar el poder aun cuando ese poder aparece cercado por sospechas cada vez m\u00e1s graves. Y, en ese marco, la SEPI deja de ser un ente t\u00e9cnico para convertirse en una pieza central de la discusi\u00f3n p\u00fablica sobre c\u00f3mo se administra la influencia en el coraz\u00f3n mismo del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trata solo de denunciar una presunta cadena de irregularidades. Se trata de comprender qu\u00e9 representa la SEPI dentro de esa arquitectura. La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales no es una oficina menor ni un actor decorativo de la Administraci\u00f3n. Es un brazo decisivo del sector p\u00fablico empresarial, con capacidad para intervenir en compa\u00f1\u00edas estrat\u00e9gicas, gestionar participaciones, supervisar rescates y, por tanto, condicionar decisiones de enorme valor econ\u00f3mico y pol\u00edtico. Cuando un organismo con ese alcance aparece mencionado en investigaciones period\u00edsticas y judiciales sobre presiones, influencias y rescates bajo sospecha, el problema ya no afecta solo a los protagonistas del momento: compromete la credibilidad misma del Estado como \u00e1rbitro neutral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El debate de fondo, por tanto, no es \u00fanicamente penal, aunque la dimensi\u00f3n penal resulte imposible de ignorar. El debate es institucional. Porque si la SEPI se convierte en un territorio donde confluyen intereses partidistas, empresariales y personales; si su poder de decisi\u00f3n puede verse rodeado de mediadores, confidentes, operadores pol\u00edticos o redes de presi\u00f3n; si los rescates o apoyos financieros dejan de percibirse como decisiones justificadas por el inter\u00e9s general y empiezan a leerse como intercambios de favores, entonces el da\u00f1o supera con mucho cualquier procedimiento judicial concreto. Lo que se erosiona es la frontera entre Estado y partido, entre gobierno y facci\u00f3n, entre pol\u00edtica p\u00fablica y aprovechamiento privado de lo p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La SEPI aparece en ese contexto como un laboratorio perfecto del sanchismo tard\u00edo. Un poder que naci\u00f3 envuelto en una ret\u00f3rica de renovaci\u00f3n democr\u00e1tica y que termina proyectando la imagen opuesta: opacidad, blindaje, colonizaci\u00f3n institucional y resistencia numantina frente a cualquier exigencia de rendici\u00f3n de cuentas. La supervivencia deja de ser una virtud pol\u00edtica cuando se convierte en un fin en s\u00ed mismo. Persistir, en democracia, no equivale necesariamente a gobernar; a veces equivale tan solo a retrasar el derrumbe. Y cuanto m\u00e1s se prolonga esa l\u00f3gica, mayor es la tentaci\u00f3n de utilizar todas las palancas disponibles para asegurar que nada cambie, aunque todo se pudra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso importa tanto la naturaleza de los nombres que han ido apareciendo en torno a estas tramas. Las informaciones publicadas apuntan a expresidentes o altos cargos vinculados a la SEPI, a responsables p\u00fablicos, a intermediarios pol\u00edticos y a empresarios relacionados con operaciones sensibles. No es la caricatura de un funcionario aislado que se excede en sus funciones; es el retrato de un ecosistema. Un ecosistema donde la influencia parece circular por canales informales, donde las decisiones relevantes se rodean de presiones y donde lo decisivo no es solo qu\u00e9 se resolvi\u00f3, sino qui\u00e9n habl\u00f3 con qui\u00e9n, al servicio de qui\u00e9n y con qu\u00e9 expectativa de contraprestaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese es precisamente el coraz\u00f3n del tr\u00e1fico de influencias: no siempre una orden expresa, no siempre un papel firmado con torpeza incriminatoria, sino la administraci\u00f3n interesada de la proximidad al poder. La capacidad de abrir puertas, acelerar expedientes, orientar decisiones o generar un clima favorable para que determinados actores obtengan ventajas. En una democracia sana, esas zonas grises deber\u00edan ser combatidas con controles extremos, trazabilidad y transparencia radical. En una democracia fatigada, en cambio, las zonas grises se convierten en el h\u00e1bitat natural de los gobiernos que ya no distinguen entre legitimidad electoral e impunidad operativa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo m\u00e1s inquietante del caso SEPI no es solo la posible irregularidad de una operaci\u00f3n concreta, sino su valor simb\u00f3lico. Porque la SEPI administra poder material: dinero, participaciones, rescates, influencia sobre sectores estrat\u00e9gicos. Y donde hay esa concentraci\u00f3n de recursos, hay tambi\u00e9n una alt\u00edsima necesidad de escrutinio p\u00fablico. Si ese escrutinio se sustituye por propaganda, victimismo o descalificaci\u00f3n sistem\u00e1tica de jueces, periodistas y adversarios, el mensaje que recibe la ciudadan\u00eda es devastador: las instituciones no se gobiernan para servir a todos, sino para proteger a los propios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed que resulte insuficiente la respuesta habitual del sanchismo, consistente en presentar cualquier investigaci\u00f3n, denuncia o revelaci\u00f3n como una conspiraci\u00f3n reaccionaria. Ese recurso pudo tener cierta eficacia en las primeras fases, cuando a\u00fan cab\u00eda invocar el ruido partidista como coartada. Hoy esa excusa se agota. Cuando la secuencia se prolonga y se ramifica; cuando aparecen m\u00e1s nombres, m\u00e1s conexiones y m\u00e1s organismos; cuando la propia estructura del poder ofrece demasiadas coincidencias en torno a rescates, contratos y colocaciones; cuando la palabra imputado deja de ser una excepci\u00f3n y empieza a formar parte del paisaje, lo que fracasa no es la oposici\u00f3n, sino la narrativa oficial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay adem\u00e1s una dimensi\u00f3n moral que no conviene rebajar. Un gobierno puede sufrir casos de corrupci\u00f3n y responder con contundencia, depurando responsabilidades y facilitando controles. O puede optar por una defensa cerrada del aparato, minimizando los hechos, reduciendo todo a \u201cfango\u201d y confiando en que la polarizaci\u00f3n lo tape todo. La segunda v\u00eda es la que vuelve enfermiza la supervivencia. No porque resistir sea ileg\u00edtimo en s\u00ed mismo, sino porque la resistencia deja de sostener un proyecto pol\u00edtico y pasa a proteger una maquinaria de intereses que ya no puede permitirse la luz. Cuando el poder solo concibe el tiempo como pr\u00f3rroga, cada d\u00eda adicional se pone al servicio de la autopreservaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, la SEPI no ser\u00eda una anomal\u00eda, sino una pieza coherente dentro de una forma de gobernar. Una forma de gobernar que ha mostrado una inclinaci\u00f3n persistente a controlar instituciones, ocupar espacios estrat\u00e9gicos y convertir organismos p\u00fablicos en extensiones del combate partidista. La novedad es que ahora esa l\u00f3gica se ve atravesada por sospechas de mayor densidad: no solo colonizaci\u00f3n pol\u00edtica, sino posibles redes de influencia con consecuencias econ\u00f3micas concretas. Ese salto cualitativo es el que convierte el asunto en una tribuna de denuncia y no simplemente en un debate administrativo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene recordar qu\u00e9 est\u00e1 realmente en juego cuando se habla de rescates o participaciones p\u00fablicas. No se trata de abstracciones tecnocr\u00e1ticas. Se trata de miles de millones potencialmente comprometidos, de empresas cuya viabilidad afecta a trabajadores y territorios, y de decisiones capaces de alterar mercados, salvar patrimonios privados o redistribuir costes al conjunto de los contribuyentes. Por eso la exigencia de imparcialidad debe ser m\u00e1xima. Cualquier sospecha de favoritismo en ese \u00e1mbito tiene una gravedad superior a la de otros episodios de clientelismo, porque opera sobre recursos masivos y sobre sectores sensibles para la econom\u00eda nacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La izquierda que justific\u00f3 su llegada al poder en nombre de la regeneraci\u00f3n deber\u00eda ser la primera en comprender la enormidad del problema. No basta con proclamarse dique frente a la derecha cuando los mecanismos internos del poder empiezan a parecerse a aquello que se prometi\u00f3 desterrar. La hipocres\u00eda pol\u00edtica alcanza su forma m\u00e1s destructiva cuando utiliza el lenguaje de la virtud para encubrir pr\u00e1cticas de aparato. Y nada desacredita tanto un discurso \u00e9tico como la persistencia de sombras en los lugares donde se decide el destino del dinero p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En provincias como Cuenca, donde cada euro p\u00fablico se mide con la angustia de la despoblaci\u00f3n, la falta de infraestructuras, el deterioro de servicios y el abandono inversor, estas noticias se leen con una mezcla de indignaci\u00f3n y cansancio. Mientras comarcas enteras mendigan atenci\u00f3n institucional para lo esencial, el ciudadano asiste a la posibilidad de que organismos decisivos del Estado hayan podido funcionar como espacios de influencia reservada para redes de poder bien conectadas. Esa es la obscenidad de fondo: no solo la presunta corrupci\u00f3n arriba, sino el contraste brutal entre las prioridades reales del pa\u00eds oficial y las necesidades del pa\u00eds olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque la corrupci\u00f3n, o su mera sospecha razonable, nunca es solo una cuesti\u00f3n \u00e9tica. Es tambi\u00e9n una pol\u00edtica de asignaci\u00f3n de recursos. Cada estructura clientelar implica una jerarqu\u00eda de preferencias, una selecci\u00f3n de beneficiarios, una concentraci\u00f3n de atenci\u00f3n y una degradaci\u00f3n del criterio de m\u00e9rito o necesidad p\u00fablica. Cuando eso se instala en el centro del Estado, la periferia paga dos veces: primero porque recibe menos, y despu\u00e9s porque contempla c\u00f3mo lo poco que existe puede quedar subordinado a l\u00f3gicas ajenas al inter\u00e9s general. Quien escribe desde una provincia conoce bien esa pedagog\u00eda del agravio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tesis conjunta de la supervivencia enfermiza, la multiplicaci\u00f3n de imputados y la centralidad de la SEPI conduce as\u00ed a una conclusi\u00f3n inc\u00f3moda: el sanchismo ya no parece defender un proyecto, sino administrar un cerco. Un cerco judicial, medi\u00e1tico, parlamentario y moral que obliga a redoblar la disciplina interna y a extremar la ret\u00f3rica victimista. De ah\u00ed la sensaci\u00f3n de que cada esc\u00e1ndalo no se afronta para esclarecerlo, sino para encapsularlo; no para depurar responsabilidades, sino para ganar tiempo; no para restaurar la confianza p\u00fablica, sino para impedir que el edificio se venga abajo antes de la pr\u00f3xima maniobra pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a eso, la obligaci\u00f3n del periodismo no consiste en dictar sentencias, sino en iluminar patrones. Y el patr\u00f3n que asoma es el de una estructura de poder que habr\u00eda utilizado organismos estrat\u00e9gicos no solo como instrumentos de pol\u00edtica econ\u00f3mica, sino como espacios donde la influencia pol\u00edtica pod\u00eda transformarse en ventaja operativa. Esa conversi\u00f3n del poder institucional en poder de intermediaci\u00f3n es lo que resulta letal para la democracia. Porque normaliza la idea de que gobernar es repartir accesos, tejer blindajes y gestionar lealtades mediante resortes p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La defensa del inter\u00e9s general exige exactamente lo contrario: instituciones con muros cortafuegos, directivos capaces de resistir presiones, procedimientos verificables y una cultura pol\u00edtica que entienda que la apariencia de limpieza importa casi tanto como la limpieza misma. En la SEPI, seg\u00fan las informaciones publicadas, lo que aparece es justo la sospecha inversa: contactos opacos, mediaciones pol\u00edticas y operaciones cuya comprensi\u00f3n p\u00fablica depende cada vez m\u00e1s de filtraciones, sumarios e investigaciones period\u00edsticas. Ese no es el paisaje de un Estado seguro de s\u00ed mismo; es el de un poder que teme ser observado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trata de discutir si toda decisi\u00f3n controvertida es delictiva. Esa simplificaci\u00f3n favorece a quienes desean reducir el debate a un choque entre tribunales y partidos. El verdadero esc\u00e1ndalo es anterior incluso a una eventual condena. Es la posibilidad de que la maquinaria p\u00fablica haya sido dise\u00f1ada o tolerada de modo que las influencias personales cuenten demasiado, los controles lleguen tarde y la responsabilidad pol\u00edtica jam\u00e1s comparezca por iniciativa propia. Cuando un gobierno aguanta sobre esa l\u00f3gica, deja de ser un ejecutivo sometido a control para convertirse en una estructura de resistencia corporativa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Espa\u00f1a que necesita reformas profundas, servicios fiables, inversiones racionales y cohesi\u00f3n territorial no puede permitirse un Estado reh\u00e9n de sus clanes. Y ah\u00ed la SEPI simboliza algo m\u00e1s que un caso concreto: simboliza la disputa por el sentido mismo de lo p\u00fablico. O es una instituci\u00f3n al servicio del inter\u00e9s general, regida por criterios transparentes y fiscalizables, o es un engranaje m\u00e1s de ese ecosistema en el que el poder se protege a s\u00ed mismo mientras exige confianza ciega a los ciudadanos. Ambas cosas a la vez no pueden ser. Y hoy, por desgracia, lo que m\u00e1s crece no es la confianza, sino la sospecha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el sanchismo hubiera querido preservar algo de autoridad moral, habr\u00eda entendido hace tiempo que no hay relato que tape indefinidamente una constelaci\u00f3n de imputados, rescates discutidos, operadores pol\u00edticos y organismos estrat\u00e9gicos bajo sospecha. Habr\u00eda asumido que la ejemplaridad no consiste en resistir cualquier coste, sino en saber d\u00f3nde termina la legitimidad democr\u00e1tica y d\u00f3nde empieza la degradaci\u00f3n institucional. Pero la l\u00f3gica elegida ha sido otra: sobrevivir a todo, negar casi todo y convertir cada revelaci\u00f3n en una excusa para cerrar filas. Esa elecci\u00f3n ya define una \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y quiz\u00e1 esa sea la peor noticia para el pa\u00eds. No solo que existan investigaciones graves, sino que el poder haya interiorizado que gobernar puede consistir en resistir entre ruinas, siempre que la propaganda aguante un poco m\u00e1s y la maquinaria de partido siga ocupando las palancas decisivas. La SEPI, en esta historia, no es un detalle t\u00e9cnico ni una nota a pie de p\u00e1gina. Es una ventana privilegiada para observar c\u00f3mo un proyecto que prometi\u00f3 regeneraci\u00f3n puede terminar retratado como un sistema de autoprotecci\u00f3n, influencia y captura institucional. Cuando eso ocurre, el problema ya no es de un gobierno: es de la calidad democr\u00e1tica de todo un pa\u00eds.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la pol\u00edtica espa\u00f1ola hay un momento en el que la defensa deja de ser defensa y se convierte en una forma de confesi\u00f3n diferida. 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