{"id":7976,"date":"2026-03-29T12:18:37","date_gmt":"2026-03-29T12:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=7976"},"modified":"2026-03-29T12:18:37","modified_gmt":"2026-03-29T12:18:37","slug":"del-suicidio-aplaudido-a-la-vida-que-no-miramos-lo-que-el-caso-noelia-dice-de-nosotros-por-juan-andres-buedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=7976","title":{"rendered":"Del suicidio aplaudido a la vida que no miramos: lo que el caso Noelia dice de nosotros (por Juan Andr\u00e9s Buedo)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"655\" height=\"982\" src=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Eutanasia-de-Noelia2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7977\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Eutanasia-de-Noelia2.jpg 655w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Eutanasia-de-Noelia2-200x300.jpg 200w, https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Eutanasia-de-Noelia2-300x450.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 655px) 100vw, 655px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Respeto la decisi\u00f3n de morir de los pacientes incurables y defiendo que exista la eutanasia. Lo creo de verdad. Creo que pueden existir muertes compasivas, tristes y reparadoras, en las que una sociedad madura acompa\u00f1a a quien no tiene ya horizonte de alivio y pide acabar con su agon\u00eda. Pero frente al caso de Noelia Castillo, la joven de 25 a\u00f1os parapl\u00e9jica, psiquiatrizada y agotada que ha recibido la eutanasia tras una largu\u00edsima batalla judicial, hay algo que no encaja. Y ese desajuste no tiene tanto que ver con la letra de la ley como con el paisaje social, medi\u00e1tico y cultural en el que la hemos dejado sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, si Noelia se hubiera matado en silencio, de madrugada, saltando de un balc\u00f3n o clav\u00e1ndose un cuchillo en el pecho, hablar\u00edamos de \u201cfracaso colectivo\u201d, de la epidemia silenciosa de m\u00e1s de cuatro mil suicidios anuales en Espa\u00f1a, de salud mental desbordada y de un Estado que llega tarde. Eso es lo que decimos cada vez que una familia rompe el tab\u00fa y cuenta que su hijo, su pareja o su madre se quitaron la vida despu\u00e9s de a\u00f1os pidiendo ayuda. Pero cuando el deseo de morir se vehicula a trav\u00e9s de una ley garantista, con comit\u00e9s y resoluciones, y frente a ella se levantan actores religiosos y pol\u00edticos, la conversaci\u00f3n se deforma: ya no es la historia de una joven vulnerable a la que la vida ha ido destrozando por capas, sino una guerra de bandos en la que su muerte se celebra o se condena como una victoria m\u00e1s en la batalla cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas lo hemos visto con nitidez. Desde una parte del progresismo medi\u00e1tico se ha relatado la eutanasia de Noelia casi en el tono \u00e9pico de la \u201cconquista de un derecho\u201d. Se ha escrito que \u201cvenci\u00f3\u201d al fanatismo religioso de quienes consideran que la vida es un don de Dios y, por tanto, indisponible. Se ha presentado su muerte como el triunfo de la autonom\u00eda frente al control de los cuerpos por parte de la Iglesia, del patriarcado o del Estado. Esa lectura tiene una parte de raz\u00f3n \u2014Noelia se enfrent\u00f3 a un laberinto judicial alentado por asociaciones ultracat\u00f3licas que pretend\u00edan impedir su voluntad\u2014, pero corre un riesgo evidente: convertir un sufrimiento concreto, con nombre y apellidos, en un s\u00edmbolo servicial para una causa propia. En ese terreno, lo que Juan Soto Ivars ha llamado \u201cel suicidio aplaudido\u201d empieza a ser una tentaci\u00f3n real: la idea de que la muerte de una joven depresiva, pobre y traumatizada se celebra porque ha sido infligida \u201cpor los buenos\u201d y contra \u201clos malos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El reverso conservador no es menos utilitarista. La derecha pol\u00edtica y medi\u00e1tica y la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica han presentado el caso como una suerte de ep\u00edtome de la \u201ccultura de la muerte\u201d. Hablan de \u201cderrota social\u201d, de \u201cfracaso del Estado\u201d y de una sociedad del bienestar \u201cincapaz de cuidar y de amar\u201d, en palabras de la Conferencia Episcopal. Algunos columnistas han llegado a equiparar la eutanasia con una \u201cejecuci\u00f3n\u201d, y a los m\u00e9dicos con \u201cbrazo ejecutor de una sentencia de muerte\u201d. El mensaje de fondo es claro: si aceptamos que una joven con discapacidad y trastorno mental pueda acceder a la ayuda para morir, estamos legitimando que el suicidio asistido sea una salida m\u00e1s en los cuadros de depresi\u00f3n severa. De nuevo, el foco no est\u00e1 en la biograf\u00eda concreta de Noelia, en sus carencias y sus traumas, sino en el valor que su caso tiene como munici\u00f3n para frenar o revertir una ley que esos sectores nunca aceptaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos relatos comparten una misma ceguera: hablan de Noelia sin hablar de lo que la trajo hasta aqu\u00ed. En ambos, su vida previa \u2014infancia complicada, tutelas fallidas, ingresos psiqui\u00e1tricos, agresiones sexuales, precariedad\u2014 aparece como tel\u00f3n de fondo, un p\u00e1rrafo obligado antes de pasar al tema \u201cimportante\u201d: el derecho abstracto a morir, la lucha contra la Iglesia, la defensa de la vida a cualquier coste. Su historia real se convierte en decoraci\u00f3n moral de un debate que la trasciende.<\/p>\n\n\n\n<p>En los textos que se han ido publicando estos d\u00edas, y tambi\u00e9n en el testimonio de una superviviente de varios intentos de suicidio que se ha viralizado tras el caso, aparecen detalles que deber\u00edan impedirnos tomar este atajo c\u00f3modo. Esa superviviente cuenta qu\u00e9 significa, en la pr\u00e1ctica, vivir con ideaci\u00f3n suicida persistente: c\u00f3mo se estrecha el mundo, c\u00f3mo el dolor psicol\u00f3gico se vuelve f\u00edsico, c\u00f3mo el horizonte se nubla hasta el punto de que la muerte parece una especie de descanso l\u00f3gico. Cuenta tambi\u00e9n algo crucial: que lo que la fren\u00f3 no fue un discurso abstracto sobre el valor de la vida, sino una combinaci\u00f3n de atenci\u00f3n adecuada, acompa\u00f1amiento sostenido y tiempo. Tiempo para que los impulsos se enfriaran, para que los tratamientos hicieran efecto, para que apareciera al menos una m\u00ednima sensaci\u00f3n de sentido. Hoy, a\u00f1os despu\u00e9s, da las gracias por haber fallado. Y no lo hace desde un paternalismo condescendiente, sino desde una lucidez dolorosa: \u201cSi en mi peor momento alguien me hubiera ofrecido morir \u2018legalmente\u2019, con el aplauso de todos, probablemente lo habr\u00eda aceptado. Y hoy ya no estar\u00eda aqu\u00ed para contarlo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Noelia, en cambio, no fall\u00f3. No porque un d\u00eda decidiera matarse y al siguiente encontrara una ventana abierta, sino porque el Estado, a trav\u00e9s de su ley reci\u00e9n estrenada, le ofreci\u00f3 un dispositivo ordenado para concretar su deseo de morir. Y aqu\u00ed est\u00e1 el n\u00facleo inc\u00f3modo: ese mismo Estado hab\u00eda fracasado previamente casi en todos los frentes en los que deber\u00eda haber sostenido su vida. Fall\u00f3 cuando, siendo ni\u00f1a, no supo protegerla ni evitar que su biograf\u00eda se torciera desde muy pronto. Fall\u00f3 cuando, ya adolescente, rebot\u00f3 por centros de menores y psiqui\u00e1tricos sin reparar las grietas de fondo. Fall\u00f3 cuando, tras el primer intento serio de suicidio, la dej\u00f3 parapl\u00e9jica y la devolvi\u00f3 al mismo entorno de precariedad y soledad. Fall\u00f3, en definitiva, en garantizar que seguir viva mereciera m\u00ednimamente la pena.<\/p>\n\n\n\n<p>El editorial de Ivars plantea una imagen potente: si un joven se sube a un quinto piso y amenaza con tirarse, el barrio se paraliza, corren los bomberos, los psic\u00f3logos, la polic\u00eda. Nadie duda de que hay que hacer todo lo posible para evitar la ca\u00edda. Pero cuando la decisi\u00f3n se etiqueta como \u201ceutanasia\u201d, los conceptos se vuelven resbaladizos: empezamos a hablar de respeto a la autonom\u00eda, de decisiones meditadas, de derechos. Es verdad que no estamos ante la misma situaci\u00f3n. Una cosa es un impulso agudo y otra un sufrimiento cr\u00f3nico, evaluado durante meses por profesionales. Sin embargo, el paralelismo ilumina una tensi\u00f3n esencial: \u00bfqu\u00e9 esperamos que haga el Estado cuando una joven de 25 a\u00f1os nos dice, con toda la documentaci\u00f3n en regla, que quiere morir porque vivir se ha vuelto intolerable?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta f\u00e1cil es recurrir a la definici\u00f3n legal: eutanasia es la intervenci\u00f3n deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura, con sufrimiento f\u00edsico o ps\u00edquico grave, constante, e imposibilitante. Ideaci\u00f3n suicida es otra cosa: el deseo de matarse sin que medie necesariamente una enfermedad incurable. En teor\u00eda, la frontera est\u00e1 clara. El problema es que, en la vida real, hay situaciones \u2014como la de Noelia\u2014 que contienen elementos de ambas categor\u00edas: discapacidad irreversible, dolor cr\u00f3nico y, al mismo tiempo, una trayectoria de trauma, abuso y depresi\u00f3n severa. No es extra\u00f1o que haya quien se pregunte, como hace Ivars, si se intentaron \u201ctodas las curas posibles\u201d antes de certificar que la \u00fanica salida digna era la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la otra orilla del debate, la superviviente de varios intentos de suicidio aporta un matiz decisivo. Ella no niega el derecho a la eutanasia en casos de enfermedad f\u00edsica irreversible o deterioro cognitivo extremo. Lo que le aterra es el mensaje que puede recibir una chica de 18, 20 o 25 a\u00f1os con ideaci\u00f3n suicida intensa cuando ve que la muerte de Noelia se presenta en algunos medios como un desenlace \u201ccoherente\u201d, \u201cvaliente\u201d o incluso \u201cliberador\u201d. Si lo que hace a\u00f1os se le repet\u00eda \u2014que su vida importaba, que hab\u00eda que sujetarla con u\u00f1as y dientes a pesar del dolor\u2014 se ve reemplazado por un discurso en el que la sociedad parece decir: \u201cSi sufres demasiado, tambi\u00e9n puedes irte, y te aplaudiremos\u201d, la prevenci\u00f3n del suicidio se debilita. No porque la ley obligue a nadie a morir, sino porque el clima simb\u00f3lico cambia.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed es donde el tratamiento medi\u00e1tico del caso ha sido, en muchos momentos, imprudente. El \u201cshow de la eutanasia\u201d, como lo han llamado algunos cr\u00edticos, no ha sido solo la entrevista de Sonsoles \u00d3nega a horas de la inyecci\u00f3n, con r\u00f3tulos, m\u00fasica, planos de l\u00e1grima y promesas de una \u201c\u00faltima noche\u201d en televisi\u00f3n. Ha sido tambi\u00e9n el desfile de tertulias que han convertido a Noelia en un personaje de trama, la proliferaci\u00f3n de titulares que hablaban de su eutanasia como una especie de cl\u00edmax argumental y la avalancha de contenidos en redes donde se simplificaba su historia hasta hacerla irreconocible. Mientras los verificadores desmontaban bulos sobre \u201cmenas\u201d, sobre \u201ceutanasia por depresi\u00f3n\u201d o sobre inexistentes privilegios, en TikTok y en Twitter se encadenaban clip tras clip con reacciones viscerales, sin contexto, buscando el impacto inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>En paralelo, algunos influencers se lanzaron a opinar en directo, a veces desde el desconocimiento m\u00e1s absoluto del expediente y de la ley. Streamers que se declaran defensores de la eutanasia se indignaban porque \u201cquitarle la vida a alguien de veintipico a\u00f1os nunca puede ser la soluci\u00f3n\u201d sin haber le\u00eddo ninguna resoluci\u00f3n judicial; otros convert\u00edan el caso en una excusa para hablar, una vez m\u00e1s, de \u201ccultura woke\u201d o de la \u201cdictadura de lo pol\u00edticamente correcto\u201d. Es leg\u00edtimo que los creadores con audiencia expresen sus dudas; lo preocupante es que lo hagan en formatos y tonos en los que la complejidad no cabe, y en los que quienes est\u00e1n al otro lado \u2014j\u00f3venes fr\u00e1giles, gente con ideaci\u00f3n suicida\u2014 viven cada frase como un aval o una desautorizaci\u00f3n de sus propios pensamientos de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacemos entonces? Volver atr\u00e1s y derogar la ley no solo ser\u00eda injusto para quienes necesitan de verdad esa puerta de salida, sino que, adem\u00e1s, no resolver\u00eda la precariedad de fondo: la ausencia de recursos en salud mental, la soledad estructural, la pobreza que atraviesa tantas biograf\u00edas como la de Noelia. Pero tampoco basta con refugiarse en el \u201cas\u00ed lo dice la ley\u201d y cerrar los ojos a los matices que estos casos extremos nos ponen delante. Si algo ha demostrado esta historia es que necesitamos, como m\u00ednimo, tres cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera, reforzar de verdad \u2014con presupuesto, plantillas y tiempo\u2014 la atenci\u00f3n en salud mental y en discapacidad. No puede ser que la misma administraci\u00f3n que no es capaz de ofrecer una red densa de apoyos acabe siendo diligente solo cuando se trata de organizar la muerte compasiva. No porque la prestaci\u00f3n en s\u00ed sea ileg\u00edtima, sino porque, si no se percibe que se han agotado todas las posibilidades de sostener la vida, la eutanasia se convierte en el \u00faltimo eslab\u00f3n de una cadena de abandonos.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda, revisar el modo en que aplicamos la ley en contextos de ideaci\u00f3n suicida persistente. No se trata de negar de antemano la capacidad de decidir de cualquier persona con diagn\u00f3stico psiqui\u00e1trico \u2014ser\u00eda una forma m\u00e1s de estigmatizaci\u00f3n\u2014, pero s\u00ed de establecer salvaguardas adicionales claras: plazos m\u00e1s largos, equipos evaluadores reforzados, obligatoriedad de determinados tratamientos que hoy se ofrecen de forma err\u00e1tica. Y, sobre todo, coherencia: no podemos pedirle a un chico que baja a los ra\u00edles del metro que aguante porque \u201chay salida\u201d y, al mismo tiempo, celebrar sin matices el acceso ordenado a la muerte de alguien de su misma edad atrapado en otro tipo de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera, una \u00e9tica period\u00edstica y comunicativa a la altura del tema. Contar la historia de Noelia, o la de cualquier persona en una situaci\u00f3n l\u00edmite, exige un equilibrio dif\u00edcil entre el derecho a informar y el riesgo de espectacularizar el sufrimiento. Hacerlo bien implica renunciar a algunos de los ingredientes que la televisi\u00f3n, las redes y el clic f\u00e1cil consideran imprescindibles: la \u201c\u00faltima exclusiva\u201d, la l\u00e1grima en directo, el titular redondo. Supone aceptar que, a veces, la mejor forma de respeto es contar menos, con m\u00e1s contexto, y dejar que la intimidad conserve un espacio propio que no pertenece al consumo de masas.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cuenca, en Castilla-La Mancha, en cualquier territorio de la Espa\u00f1a interior, estas preguntas no son abstractas. Cada d\u00eda se registran intentos de suicidio que no salen en televisi\u00f3n, crisis de salud mental atendidas con urgencias sobresaturadas, vidas invisibles que acumulan trauma, pobreza y soledad. El caso de Noelia no es un meteorito ca\u00eddo sobre una sociedad sana; es un espejo inc\u00f3modo de din\u00e1micas que ya estaban aqu\u00ed: la fragilidad de nuestros sistemas de cuidado, la tendencia a convertirlo todo en contenido y la facilidad con la que preferimos discutir de grandes palabras \u2014\u201cvida\u201d, \u201cmuerte\u201d, \u201cautonom\u00eda\u201d, \u201cdignidad\u201d\u2014 mientras miramos de reojo las biograf\u00edas concretas que esas palabras atraviesan.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1, m\u00e1s que preguntarnos una y otra vez si Noelia ten\u00eda o no derecho a morir \u2014un derecho que la ley ya reconoce y que los tribunales le han garantizado\u2014, deber\u00edamos preguntarnos qu\u00e9 hicimos, como sociedad y como Estado, con cada una de las oportunidades que tuvimos para hacerle su vida un poco menos insoportable. Y, a partir de ah\u00ed, decidir si vamos a seguir aplaudiendo suicidios \u201clegales\u201d como quien celebra un gol contra el equipo rival, o si nos tomamos en serio la tarea mucho m\u00e1s ardua y menos vistosa de hacer que vivir, incluso para quienes m\u00e1s sufren, merezca algo m\u00e1s la pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Respeto la decisi\u00f3n de morir de los pacientes incurables y defiendo que exista la eutanasia. Lo creo de verdad. Creo que pueden existir muertes compasivas, tristes y reparadoras, en las que una sociedad madura acompa\u00f1a a quien no tiene ya horizonte de alivio y pide acabar con su agon\u00eda. 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