{"id":642,"date":"2015-08-22T14:07:18","date_gmt":"2015-08-22T14:07:18","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=642"},"modified":"2015-08-22T14:07:18","modified_gmt":"2015-08-22T14:07:18","slug":"imagen-publica-conciencia-y-reputacion-por-adela-cortina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=642","title":{"rendered":"Imagen p\u00fablica: Conciencia y reputaci\u00f3n (por Adela Cortina)"},"content":{"rendered":"<div>\n<div>\n<div id=\"subtitulo_noticia\">\n<p>El mundo de la apariencia atrae voluntades, persuade o disuade. Un buen curr\u00edculum \u00e9tico es un aval para hacer negocio con organizaciones fiables, pero en la Era de las Redes todo se reduce al \u201cme gusta\u201d o no \u201cme gusta\u201d<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/elpais.com\/autor\/adela_cortina\/a\/\" rel=\"author\" title=\"Ver todas las noticias de Adela Cortina\">ADELA CORTINA<\/a>&#0160;(Publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2015\/07\/24\/opinion\/1437748874_092189.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/fecha\/20150822\" title=\"Ver todas las noticias de esta fecha\"><br \/><\/a><\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" height=\"496\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2015\/07\/24\/opinion\/1437748874_092189_1440167064_noticia_normal.jpg\" title=\"\" width=\"300\" \/><\/p>\n<p>ENRIQUE FLORES<\/p>\n<p>En su excelente libro&#0160;<em>Las buenas conciencias,<\/em>&#0160;el novelista mexicano Carlos Fuentes recogi\u00f3 una l\u00facida apreciaci\u00f3n que en el texto atribuye a Emmanuel Mounier, aunque originariamente es de Nietzsche: \u201cNos las arreglamos mejor con nuestra mala conciencia que con nuestra mala reputaci\u00f3n\u201d; una cuesti\u00f3n que sale de nuevo a la luz recientemente en trabajos como el del colombiano Juan Gabriel V\u00e1squez&#0160;<em>Las<\/em>&#0160;<em>reputaciones.<\/em><\/p>\n<p>Parecen enfrentarse en estos casos dos formas de saber acerca de nosotros mismos: la opini\u00f3n que nos desvela nuestra propia conciencia y la valoraci\u00f3n de los dem\u00e1s. Y llevaba raz\u00f3n Nietzsche al afirmar que, salvo casos excepcionales, que siempre los hay, a las personas de a pie, a las empresas, a los partidos pol\u00edticos y a sus l\u00edderes, les importa bastante m\u00e1s la reputaci\u00f3n que lo que ellos pueden pensar acerca de s\u00ed mismos.<\/p>\n<div id=\"sumario_3|despiece\"><a name=\"sumario_3\"><\/a><\/p>\n<div>\n<h2>Otros art\u00edculos de la autora<\/h2>\n<p><a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2015\/05\/05\/opinion\/1430852962_259702.html\">Ante las elecciones: moralita, no moralina<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2015\/02\/26\/opinion\/1424960491_863807.html\">El deterioro de la Universidad<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2015\/01\/22\/opinion\/1421948872_811856.html\">Salvar la sanidad p\u00fablica<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2014\/12\/15\/opinion\/1418641669_601913.html\">\u00bfReligi\u00f3n civil o justicia social?<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Tal vez porque, como Maquiavelo recordaba al pr\u00edncipe que, a su juicio, deb\u00eda conquistar el poder y salvar la rep\u00fablica, \u201ctodos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres\u201d. El mundo de la apariencia es el que atrae las voluntades, el que persuade o disuade, mientras que el de lo que realmente alguien es queda en el misterio de la conciencia.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 duda cabe de que es inteligente intentar labrarse una buena reputaci\u00f3n. Los medios de comunicaci\u00f3n sacan a la luz constantemente las valoraciones que la ciudadan\u00eda hace de los l\u00edderes de los partidos pol\u00edticos, con el sobrentendido de que su reputaci\u00f3n influir\u00e1 en los votos que recibir\u00e1 su partido; las empresas redactan memorias de Responsabilidad Social Corporativa como carta de presentaci\u00f3n a potenciales clientes, a otras empresas y al poder pol\u00edtico, tambi\u00e9n con el impl\u00edcito de que un buen curr\u00edculo \u00e9tico es un excelente aval para hacer negocio con organizaciones fiables.<\/p>\n<p>Y si esto siempre ha sido as\u00ed, m\u00e1s a\u00fan lo es en nuestro tiempo, en la Era de las Redes, cuando la visibilidad de las actuaciones aumenta de forma exponencial y la reputaci\u00f3n se gana en votaciones de \u201cme gusta\u201d, o no \u201cme gusta\u201d, refiri\u00e9ndose a hoteles, art\u00edculos de prensa, libros, agencias de viaje y un largu\u00edsimo etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>De donde se sigue que crear buena reputaci\u00f3n o destruirla no es dif\u00edcil siempre que se cuente con la inteligencia suficiente como para movilizar las emociones de las gentes en una direcci\u00f3n, a poder ser con mensajes simples y esquem\u00e1ticos que den en la diana de los sentimientos de la mayor\u00eda. Nuestro tiempo es, todav\u00eda m\u00e1s que el de Maquiavelo, Nietzsche o Mounier, el de las reputaciones, y no el de las conciencias. Saber movilizar las emociones es la clave del \u00e9xito.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Las personas actuamos m\u00e1s cordialmente con los dem\u00e1s cuando nos sentimos observados<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Ciertamente, estas apreciaciones tienen un respaldo en estudios cient\u00edficos de distinto g\u00e9nero que muestran c\u00f3mo las personas actuamos m\u00e1s cordialmente con los dem\u00e1s cuando nos sentimos observados, incluso cuando en un experimento el supuesto observador est\u00e1 representado por unos trazos colocados de tal modo que simulan ojos humanos. Por eso es indispensable enviar observadores de carne y hueso a los pa\u00edses que act\u00faan en contra de los derechos humanos, aunque s\u00f3lo fuera para que teman por su imagen a escala internacional.<\/p>\n<p>Nos las arreglamos mal con nuestra mala reputaci\u00f3n, entre otras razones, porque tiene malas consecuencias para nuestra autoestima, que es un bien b\u00e1sico para llevar adelante una vida feliz, pero tambi\u00e9n porque tiene malas consecuencias para realizar nuestros deseos y nuestras aspiraciones, mientras que la buena o mala conciencia se queda en el fuero interno. Parece la conciencia una cosa demasiado olvidada, como dec\u00eda el principito de Saint-Exup\u00e9ry. Nuestro tiempo es el de las reputaciones, no el de las conciencias.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, la vida p\u00fablica descansa, en muy buena medida, sobre el supuesto de que tambi\u00e9n nos las arreglamos mal con nuestra mala conciencia. Por poner un ejemplo bien patente, los cargos pol\u00edticos prometen o juran cumplir sus obligaciones por su honor y por su conciencia delante de la Constituci\u00f3n; y es perfectamente l\u00f3gico que en una sociedad pluralista quien no crea en Dios no tenga por qu\u00e9 ponerle por testigo ni jurar ante un libro sagrado. Pero igual de l\u00f3gico es confiar en que crea en su conciencia y en que la valore hasta tal punto que no est\u00e1 dispuesto a traicionarla a ning\u00fan precio.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\"><a name=\"sumario_2\"><\/a><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Aquellos iluminados que no acepta m\u00e1s juez que su conciencia son un aut\u00e9ntico peligro<\/strong><\/span><\/div>\n<p>Precisamente para evitar que la ciudadan\u00eda mintiera en los tribunales recomendaba Kant en&#0160;<em>La metaf\u00edsica de las costumbres<\/em>&#0160;mantener la fe en un Dios dispuesto a castigar a los perjuros, pero si en nuestro tiempo el garante \u00faltimo es la conciencia personal, cabe suponer que para nosotros es algo extremadamente apreciado.<\/p>\n<p>Es evidente que la apelaci\u00f3n a la conciencia no exime a una sociedad de elaborar leyes, a poder ser claras y precisas, referidas a la transparencia, la rendici\u00f3n de cuentas y la responsabilidad. Dar cuentas antes la ciudadan\u00eda es lo propio de una sociedad democr\u00e1tica, en la que se supone que deber\u00eda gobernar el pueblo. Pero, siendo esto verdad, siempre queda abierta la pregunta \u201c\u00bfqui\u00e9n controla al controlador?\u201d.<\/p>\n<p>Naturalmente, los iluminados que no quieren aceptar para sus actuaciones m\u00e1s juez que su propia conciencia son un aut\u00e9ntico peligro, y todav\u00eda m\u00e1s lo son los grupos de fan\u00e1ticos que asesinan sin compasi\u00f3n por una fe grupal, del tipo que sea. Por eso es esencial formar la conciencia personal a trav\u00e9s del di\u00e1logo, nunca a trav\u00e9s del mon\u00f3logo, ni siquiera s\u00f3lo a trav\u00e9s del di\u00e1logo con el grupo cercano, sea familiar, \u00e9tnico o nacional. Somos humanos y nada de lo humano nos puede resultar ajeno, el di\u00e1logo ha de tener en cuenta a cercanos y lejanos en el espacio y en el tiempo.<\/p>\n<p>Pero al final llegamos a un punto, en las cosas importantes, en el que cada persona ha de formarse su juicio y tomar sus decisiones, no puede depender s\u00f3lo de mensajes ajenos, si es que sigue teniendo un sentido el ideal de la libertad, entendida como autonom\u00eda personal.<\/p>\n<p>D\u00f3nde se forma hoy en d\u00eda esa conciencia es una de las grandes preguntas para las que hay muy dif\u00edcil respuesta, y, sin embargo, es preciso encontrarla si no queremos dejar de ser, junto con otros, los protagonistas de nuestra propia vida. Los artesanos de nuestra existencia, como aconsejaba S\u00e9neca.<\/p>\n<p><strong>Adela Cortina<\/strong>&#0160;es catedr\u00e1tica de \u00c9tica y Filosof\u00eda Pol\u00edtica de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, y directora de la Fundaci\u00f3n \u00c9TNOR<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo de la apariencia atrae voluntades, persuade o disuade. 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