{"id":5473,"date":"2010-04-05T19:52:20","date_gmt":"2010-04-05T19:52:20","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5473"},"modified":"2010-04-05T19:52:20","modified_gmt":"2010-04-05T19:52:20","slug":"de-madrid-y-su-futuro-y-no-hablo-de-las-elecciones-por-carlos-martinez-gorriaran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5473","title":{"rendered":"De Madrid y su futuro (y no hablo de las elecciones) (por Carlos Mart\u00ednez Gorriar\u00e1n)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>El blog de Carlos Mart\u00ednez Gorriar\u00e1n<\/em>, <a href=\"http:\/\/carlosmartinezgorriaran.net\/2010\/04\/05\/de-madrid-y-su-futuro-y-no-hablo-de-las-elecciones\/\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">Se acabaron las vacaciones. Ayer domingo busqu\u00e9 un sitio para comer, en solitario, por la zona de Alonso Mart\u00ednez. Eleg\u00ed una de esas t\u00edpicas tascas madrile\u00f1as que, para quienes venimos de fuera, sustancian como pocos lugares el alma tradicional de Madrid. No un bar <em>t\u00edpico<\/em> en una zona bulliciosa de inexcusable visita para los turistas, sino un establecimiento frecuentado m\u00e1s bien por los vecinos y visitas habituales (viajeros, que no turistas). Signo de los tiempos, llevan el negocio un par de chicas pertenecientes a la \u00faltima gran oleada demogr\u00e1fica incorporada al rompeolas de las Espa\u00f1as, que dec\u00edan antes: una joven latinoamericana probablemente caribe\u00f1a y una probable africana de \u2013impresionante- aspecto et\u00edope. La carta, sin embargo, no ofrece ninguna aportaci\u00f3n caribe\u00f1a o abisinia; quiz\u00e1s en la pr\u00f3xima generaci\u00f3n. Como es habitual de unos a\u00f1os a esta parte, la tasca ofrece a su clientela los platos tradicionales de-toda-la-vida de Madrid, lo que significa que, aparte de cocido, callos y similares bajo diversas formas, hay numerosas aportaciones del norte y el sur de la pen\u00ednsula en interesante mestizaje, desde las croquetas de queso de Cabrales al \u201csalmorejo a la madrile\u00f1a\u201d. Aunque dentro de un orden, porque se trata de una t\u00edpica casa de comidas de Madrid exenta de servidumbres a la moda. Y todo est\u00e1 muy limpio pero como anclado en, pongamos, los a\u00f1os cincuenta.<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">En el peque\u00f1o comedor al que me conduce la belleza de aire et\u00edope \u2013es decir, alta y esbelta, incre\u00edblemente elegante con su cuello gr\u00e1cil sobre el que reina una peque\u00f1a y hermosa cabeza de pelo rizado y piel m\u00e1s dorado-tostada que chocolate- hay media docena de mesas y s\u00f3lo dos est\u00e1n ocupadas. Conociendo los absurdos horarios de que hacen gala los nativos de Madrid, he tenido la precauci\u00f3n de llegar temprano para comer sin esperas ni agobios en una ciudad donde la gente se sienta alegremente a la mesa dominical a las tres y media e incluso m\u00e1s tarde, a la hora de la siesta.<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">Las paredes del comedor est\u00e1n alicatadas de colorines hasta media altura y la ventana bajo la que me siento es exactamente igual a la primera que hubo en la cocina de mis padres, con marcos de madera biselados, cerrajer\u00eda de lat\u00f3n y cristales trasl\u00facidos de textura rugosa. Nada que ver con las \u00faltimas tendencias. Altamente improbable que un lugar as\u00ed sorprenda en la secci\u00f3n de cocina o <em>fashion<\/em> de los <em>colorines<\/em> de fin de semana, como los que traigo conmigo para amenizar la espera y saber de esos mundos del periodismo, tan remotos. Pero el vino de la casa es un Ribera de Duero joven y decente que, cosa no tan frecuente en Madrid en los bares sin pretensiones (e incluso o sobre todo en algunos de \u00e9stos), llega servido a la temperatura adecuada. Una ca\u00f1a bien tirada para entretener la lectura de la carta y decidir qu\u00e9 va a caer al plato, y todo marcha sobre ruedas.<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">Las tabernas cl\u00e1sicas de barrio muestran como pocos observatorios el <em>ser social<\/em> de esta ciudad, de la que muchos maldicen y que muchos m\u00e1s cientos de miles abandonan en masa en cuanto cae un puente o cualquier excusa, pero que para m\u00ed siempre ha sido acogedora y divertida (y deben opinar lo mismo los muchos donostiarras con los que doy en calles y plazas). Esta <em>casa de comidas<\/em> muestra, por ejemplo, su admirable y al parecer inagotable capacidad de absorci\u00f3n humana, de formaci\u00f3n de una sociedad muy t\u00edpica precisamente porque no pretende serlo, surgida de sumar e incluir gente venida de todas partes. Si antes esas partes eran las espa\u00f1olas, luego algunas latinoamericanas y ahora de todo el mundo \u2013como sucede con este par de beldades ya plenamente madrile\u00f1as precisamente por haber nacido tan lejos-, la f\u00f3rmula para conseguir esa integraci\u00f3n ha sido siempre la misma: no preguntar a nadie de d\u00f3nde es. No por falta de curiosidad \u2013pues s\u00ed se preguntan otras cosas, incluso demasiadas-, sino por saber que ese dato es trivial, carece de relevancia. Pues, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s te da saber de d\u00f3nde viene alguien, comparado con saber de sus gustos o intereses de cualquier tipo?<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">Veamos en vivo c\u00f3mo funciona este proceso. Comparto comedor con una pareja joven y un tr\u00edo de dos adultos maduros y un chico. Los j\u00f3venes se marchan pronto, pero al poco nuevas mesas se ocupan con otros dos tr\u00edos muy parecidos a \u00e9ste. \u00bfSer\u00e1 casualidad? Prestando un poco de atenci\u00f3n en el sosegado comedor, el comensal descubre, por su idioma, que el primer tr\u00edo es valenciano. Tienen toda la pinta de ser unos padres sol\u00edcitos con su v\u00e1stago universitario, invitado a comer ese domingo como despedida para el tramo final del curso. Los dos tr\u00edos reci\u00e9n llegados, m\u00e1s pr\u00f3ximos a mi mesa, repiten ese patr\u00f3n: un par de vascos con su hijo \u2013el padre le dice a la madre al leer la carta: \u201cmira, hay esto, como en Bilbao\u201d-, que explica lo bien que se lo est\u00e1 pasando en la facultad, y un par de andaluces, de marcado acento, con su chaval. Los tres j\u00f3venes, el valenciano, el vasco y el andaluz, deben haberse matriculado en cualquiera de las universidades de Madrid. No porque no las haya en su ciudad de origen, sino porque han tenido el buen criterio, y la suerte, de aprovechar la oportunidad para escapar del nido y conocer mundo. Aunque pap\u00e1 y mam\u00e1 les invitan a comer, ma\u00f1ana, hoy, se despedir\u00e1n de ellos y pasar\u00e1n a ese nuevo mundo en constante recreaci\u00f3n del que ya son agentes activos. En mi \u00e9poca, hacia 1975, habr\u00edan probado a estudiar en Barcelona, donde estaban las universidades m\u00e1s famosas y atractivas por el \u2013entonces- ambiente cosmopolita de la urbe catalana, pero eso es cosa del pasado. Madrid ha ganado la batalla cultural a Barcelona simplemente, casi, por haber sabido desterrar esa pregunta tan urgente para los nacionalistas: \u201cy t\u00fa, \u00bfde d\u00f3nde eres?\u201d (para, a continuaci\u00f3n, reclamar complicidades a los nativos o impartir al for\u00e1neo un conferencia sobre las sagradas particularidades de su identidad).<\/p>\n<p style=\"TEXT-ALIGN: justify\">La gran particularidad de Madrid es la de carecer de particularismo, m\u00e1s all\u00e1 de algunos elementos anecd\u00f3ticos que a los de fuera nos resultan m\u00e1s divertidos que molestos, exactamente al rev\u00e9s de lo que sucede en las cada vez m\u00e1s insufribles \u201ccomunidades hist\u00f3ricas\u201d (\u00bfy cu\u00e1l no lo es o se postula para serlo?). Gracias a eso, Madrid, la sociedad de esta ciudad, se ha convertido en una excepci\u00f3n a la tendencia dominante en Espa\u00f1a, una fuerza que tira en sentido contrario y por tanto en la \u00faltima esperanza de redenci\u00f3n contra el naufragio en la trivialidad elevada al rango de categor\u00eda. Por fortuna, tiene el suficiente tama\u00f1o y potencia para superar con \u00e9xito el pegajoso asedio del artificioso particularismo de la \u201cEspa\u00f1a multinacional\u201d, donde lo mezquino nunca es lo suficientemente mezquino y siempre tiende a empeorar. Y uno se marcha de esa tasca tan madrile\u00f1a, precisamente por la variedad humana que acoge \u2013las chicas emigrantes, los comensales viajeros y hasta su par de americanos tom\u00e1ndose unas ca\u00f1as junto a la puerta-, con la esperanza de que esta de suma y sigue sea la Espa\u00f1a real que acabar\u00e1 abri\u00e9ndose paso y emergiendo, a pesar de los pesares, entre esa marea negra compuesta de logreros, caraduras y mentecatos cainitas o paletos que dominan el cotarro patrio, incluyendo a las fuerzas vivas de la Capital, que no de Madrid (conviene distinguir ambas cosas, la Corte y la Villa). Siempre nos quedar\u00e1, a los for\u00e1neos o madrile\u00f1os a tiempo parcial, la perfecta desconexi\u00f3n que representa volver unos d\u00edas a nuestros lugares de origen para marcharnos en cuanto fastidie demasiado su particularidad. Un d\u00eda de estos cuento c\u00f3mo son las cosas, por ejemplo, en mi ciudad de bolsillo, San Sebasti\u00e1n, donde es tan estupendo llegar a pasar unos d\u00edas o semanas como marcharse una vez bien pasados. Entre tanto, \u00bfno es una suerte inmerecida vivir a caballo de estos dos mundos? S\u00ed, entre la sociedad abierta (y sus enemigos) y la sociedad gastron\u00f3mica (y sus indigestiones).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en El blog de Carlos Mart\u00ednez Gorriar\u00e1n, aqu\u00ed) Se acabaron las vacaciones. Ayer domingo busqu\u00e9 un sitio para comer, en solitario, por la zona de Alonso Mart\u00ednez. Eleg\u00ed una de esas t\u00edpicas tascas madrile\u00f1as que, para quienes venimos de fuera, sustancian como pocos lugares el alma tradicional de Madrid. 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