{"id":5341,"date":"2010-05-18T19:55:33","date_gmt":"2010-05-18T19:55:33","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5341"},"modified":"2010-05-18T19:55:33","modified_gmt":"2010-05-18T19:55:33","slug":"el-alcoholico-y-su-botella-por-francisco-sosa-wagner","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5341","title":{"rendered":"El alcoh\u00f3lico y su botella (por Francisco Sosa Wagner)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>El Mundo-Reggio\u00b4s<\/em>, <a href=\"http:\/\/elcomentario.tv\/reggio\/el-alcoholico-y-su-botella-de-francisco-sosa-wagner-en-el-mundo\/18\/05\/2010\/\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<p><em>El autor se muestra cr\u00edtico con las teor\u00edas que vinculan prosperidad con crecimiento econ\u00f3mico indefinido. Cree que no se trata de crecer m\u00e1s sino de repartir mejor, y lamenta que nadie dude de la validez del actual sistema<\/em><\/p>\n<p>Crecimiento econ\u00f3mico es igual a bienestar. Este es el mandamiento que rige nuestras sociedades. Quien lo ponga en duda pone en riesgo su cr\u00e9dito de persona sensata. Sin embargo, cada vez parece m\u00e1s claro que el crecimiento indefinido no s\u00f3lo no aumenta nuestro bienestar sino que lo va minando de forma dram\u00e1tica. Un nuevo horizonte se impone y hacia \u00e9l debemos empezar a caminar \u00abmejor hoy que ma\u00f1ana\u00bb.<\/p>\n<p>Este es el resumen de la contraportada de un libro que acaba de aparecer en Alemania y cuyo t\u00edtulo es <em>Exit. Wohlstand ohne Wachstum<\/em> (<em>Salida. Bienestar sin crecimiento<\/em>, Propyl\u00e4en, 2010). Su autor se llama Meinhard Miegel y no es precisamente un joven <em>verde<\/em> ni un pensador que viva al margen de los circuitos finos del sistema pol\u00edtico y econ\u00f3mico. Antes al contrario, se trata de un hombre de 70 a\u00f1os que ha sido asesor de la Democracia Cristiana alemana y consejero de varias empresas relevantes en la econom\u00eda de su pa\u00eds. Cuenta con esa formaci\u00f3n tan t\u00edpica -y envidiable- de los alemanes: empez\u00f3 estudiando M\u00fasica para aterrizar despu\u00e9s en la Sociolog\u00eda, la Filosof\u00eda y el Derecho (es doctor por la Universidad de Fr\u00e1ncfort).<\/p>\n<p>Este intelectual, vinculado a la derecha, es quien escribe que \u00abgran parte del mundo -y a su cabeza los pa\u00edses tempranamente industrializados- dependen del crecimiento econ\u00f3mico como los alcoh\u00f3licos de la botella o los drogadictos de la aguja-. Avanzan ebrios por la historia apoyados en el bast\u00f3n de una consigna que nadie disputa: \u00absiempre adelante y siempre m\u00e1s\u00bb. Las 300 p\u00e1ginas de su libro est\u00e1n dedicadas a demostrar lo peligroso de este modo de razonar partiendo de una constataci\u00f3n: nos ha llevado a una crisis \u00abde burgueses que han cultivado un estilo de vida que est\u00e1 muy por encima de sus posibilidades y que han pretendido edificar un patrimonio sobre deudas\u00bb. Es la crisis adem\u00e1s de \u00ablas empresas que han vivido gracias al gotero de los bancos\u00bb y que de forma ingenua han cre\u00eddo en su imparable crecimiento. Pero es tambi\u00e9n la crisis de los propios banqueros, que han traficado de manera irresponsable con el dinero de sus clientes. Y la de los cient\u00edficos, que han vendido sus hip\u00f3tesis y creencias como verdades inconcusas. Y la de los sindicatos, que exigen y exigen sin tener en cuenta el contexto. Y es, en fin, la crisis de los pol\u00edticos, que desde hace decenios act\u00faan como si el crecimiento econ\u00f3mico fuera algo inmanente y consustancial con nuestros genes y, que, atentos al d\u00eda a d\u00eda, no son capaces de contemplar un futuro que no pase por esa fantas\u00eda.<\/p>\n<p>Todos ellos han tejido los hilos de una sociedad para cuyos miembros contraer deudas ha sido pura rutina y pagar los plazos puntualmente cortedad de miras propia de mentecatos que no ven m\u00e1s all\u00e1 de sus narices. En ella ha regido la insensata invitaci\u00f3n a una <em>barra libre<\/em> para todos y todas, el joven y el viejo, el nene y la nena. Gracias a los embelecos de unos y otros hemos cabalgado sobre un tigre sin saber en realidad lo que es un tigre ni c\u00f3mo se las gasta este f\u00e9lido. A quien no ha participado de este jolgorio se le ha considerado sin m\u00e1s carne de cenobio o ha sido objeto de befa.<\/p>\n<p>La pregunta que ahora se impone es: \u00bfse puede continuar as\u00ed? De momento, parece que nadie est\u00e1 dispuesto a dejar de darle a la manivela, pues si se contemplan las medidas tomadas por los gobiernos, advertimos que han consistido en seguir derramando dinero: sobre los bancos, sobre la industria del autom\u00f3vil, sobre la construcci\u00f3n de carreteras\u2026 Es decir, no se aprecia un esfuerzo destinado a <em>empezar de nuevo<\/em>, a imaginar otro mundo. Como mucho, a corregir algunos defectos o fallos de un sistema al que se reputa nimbado por la infalibilidad.<\/p>\n<p>Una actitud reaccionaria que defienden quienes blasonan de izquierdismo y de esos otros <em>ismos<\/em> que en rigor no son sino el punto en el que se encuentran los caminos de la bober\u00eda y la briboner\u00eda. Pero adem\u00e1s una actitud peligrosa, pues conduce a crisis futuras de mayores dimensiones. Advi\u00e9rtase que hasta ayer han sido los bancos y las empresas -y por supuesto los ciudadanos- los afectados; hoy, lo estamos viendo de forma dram\u00e1tica, son ya los mismos Estados los que se asoman a profundos abismos al fondo de los cuales les espera un espacio montaraz donde se ignora qu\u00e9 reglas estar\u00e1n en vigor.<\/p>\n<p>El autor parte de que el bienestar de unos pocos convive con la penuria de millones de seres humanos que miran el gran convite segregando los mismos jugos g\u00e1stricos que segregaban los ni\u00f1os de los cuentos de Dickens cuando miraban los dulces de las pasteler\u00edas tras los cristales de sus escaparates. Esta injusticia no es posible mantenerla por razones \u00e9ticas pero adem\u00e1s porque, al vivir en un mundo globalizado en el que todos nos podemos ver las caras, resulta ya ineludible escapar de la maldita ecuaci\u00f3n que liga el bienestar con el crecimiento econ\u00f3mico ilimitado: en un mundo finito no es posible el crecimiento infinito. En la hora actual no se trata de crecer m\u00e1s sino de repartir mejor. De idear un plan nuevo de convivencia -m\u00e1s justo o menos feroz- entre los habitantes de una Tierra que no est\u00e1 hecha para acoger una industrializaci\u00f3n como la que han vivido los pa\u00edses tempranamente industrializados, beneficiarios de una situaci\u00f3n irrepetible: la que permiti\u00f3 servirse a discreci\u00f3n de los recursos naturales alojados en la panza benefactora y mult\u00edpara de la Tierra y de sus mares.<\/p>\n<p>Por ello la sociedad debe acabar con la religi\u00f3n del crecimiento y el bienestar que tantas v\u00edctimas propiciatorias exige a diario: seres humanos, animales, plantas, paisajes, ciudades, y hasta el sentido com\u00fan arde en el pebetero de ese dios arrogante que es el crecimiento indefinido, concebido como \u00fanica tabla salvadora de la humanidad. No olvidemos que estamos ante una religi\u00f3n que es monote\u00edsta y que, por ello, no admite otros dioses que proyecten sobre los creyentes sus sombras de dudas.<\/p>\n<p>Y sin embargo hay que limpiar los altares de falsos \u00eddolos. Hasta ahora el bienestar se ha medido tan solo con las cifras del Producto Interior Bruto, un desprop\u00f3sito que se asemeja al del m\u00e9dico que se empe\u00f1a en medir la presi\u00f3n arterial con un term\u00f3metro. Si queremos interpretar la realidad m\u00e1s ajustadamente, preciso es saber que el aumento del bienestar material es crecimiento econ\u00f3mico m\u00e1s descuento de todos los costes y da\u00f1os que ese crecimiento ha causado en la Tierra. Por ello, en el futuro, el bienestar ha de ser algo distinto a la propiedad de bienes materiales y al disfrute de servicios comerciales. Seguir defendiendo los postulados tradicionales lleva a graves perturbaciones de la Tierra en su conjunto y en particular del hombre, de quien hace un ser intelectualmente pobre y -\u00bfpor qu\u00e9 no decirlo?- un poco mochales.<\/p>\n<p>A partir de estas ideas se enhebran unas propuestas sugestivas que abarcan aspectos de la vida social como la construcci\u00f3n de las ciudades y la ordenaci\u00f3n del territorio, el transporte, las nuevas formas de trabajar y de dejar de trabajar (jubilaciones), la necesidad de repensar el Estado social, el papel de la familia, los movimientos migratorios, la educaci\u00f3n, el disfrute de la cultura\u2026<\/p>\n<p>Reflexiones estas de Miegel que no son nuevas, como sabe el lector avisado, pues conviven con una literatura abundante en la que figuran nombres -citados c\u00e1lamo currente- como los de Dennis Meadows y Herbert Gruhl, entre otros muchos, y los de nuestros Carlos Taibo o, con otros acentos, Ignacio Sotelo. Compartiendo o combatiendo sus opiniones, es muy conveniente no perderlas de vista y recordar que, probablemente sin saberlo, se apoyan en la proclama que un hombre poco sospechoso, el padre del milagro alem\u00e1n, Ludwig Erhard, hizo en 1965: \u00abnecesitamos un nuevo estilo de vida porque el crecimiento permanente carece de sentido\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Sospecho que por este semillero de ideas transgresoras circular\u00e1 el progreso de la sociedad. Muy lejos desde luego de las embaucadoras supercher\u00edas que nos quieren colocar los quincalleros de la <em>progres\u00eda<\/em> oficial.<\/p>\n<p><strong>Francisco Sosa Wagner <\/strong>es catedr\u00e1tico y eurodiputado por UPyD. Su \u00faltimo libro es <em>Juristas en la Segunda Rep\u00fablica<\/em> (Marcial Pons, 2009).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en El Mundo-Reggio\u00b4s, aqu\u00ed) El autor se muestra cr\u00edtico con las teor\u00edas que vinculan prosperidad con crecimiento econ\u00f3mico indefinido. Cree que no se trata de crecer m\u00e1s sino de repartir mejor, y lamenta que nadie dude de la validez del actual sistema Crecimiento econ\u00f3mico es igual a bienestar. 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