{"id":5330,"date":"2010-05-23T09:58:53","date_gmt":"2010-05-23T09:58:53","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5330"},"modified":"2010-05-23T09:58:53","modified_gmt":"2010-05-23T09:58:53","slug":"el-elefante-y-el-pavo-real-por-pedro-j-ramirez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5330","title":{"rendered":"El elefante y el pavo real (por Pedro J. Ram\u00edrez)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>Reggio\u00b4s-El Mundo<\/em>, <a href=\"http:\/\/elcomentario.tv\/reggio\/el-elefante-y-el-pavo-real-de-pedro-j-ramirez-en-el-mundo\/23\/05\/2010\/\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<p><strong>La carta del director<\/strong><\/p>\n<div id=\"tamano\">\n<p>En un momento de grandes tribulaciones como este, en el que nadie parece estar a la altura de sus obligaciones y ni los magistrados del Constitucional ni el presidente del Congreso son capaces de asumir sus responsabilidades institucionales, date una vuelta por el Tribunal Supremo. Se lo recomend\u00e9 el mi\u00e9rcoles a un contertulio de Veo 7 y te lo propongo hoy a ti, lector dem\u00f3crata apegado a los valores de la Transici\u00f3n, querido espa\u00f1ol con sentido del Estado, ahora que, m\u00e1s que preocuparte, te angustia todo lo que est\u00e1 pasando. Vete al Supremo o acomp\u00e1\u00f1ame al menos a visitarlo.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s franquear la puerta a la que se accede desde la plaza de la Villa de Par\u00eds voy a presentarte a dos personas principales que sientan c\u00e1tedra en el vest\u00edbulo. Aqu\u00ed <strong>Justiniano<\/strong>, gran compilador del derecho y la jurisprudencia romana hasta el siglo V; aqu\u00ed <strong>Alfonso X el Sabio<\/strong>, autor del C\u00f3digo de las Siete Partidas que unific\u00f3 las leyes del Reino en el siglo XIII.<\/p>\n<p>Hechas las reverencias de rigor a ambas estatuas, procedamos sobre la alfombra verde que recubre los pelda\u00f1os de m\u00e1rmol de la solemne Escalera Real y, al llegar al primer rellano, rindamos tributo al escudo del tribunal, grabado en la pared sobre pan de oro y flanqueado por dos banderas de Espa\u00f1a: es el haz de los fasces romanos, es el hacha que da la fuerza a esa uni\u00f3n, es la balanza que simboliza la equidad, es el collar de la Justicia creado por el orfebre <strong>Pablo Cabrero<\/strong> en tiempos de <strong>Isabel II<\/strong>, es el ojo que todo lo ve, representando la actitud vigilante de los jueces.<\/p>\n<p>Desde ese mismo lugar, levantemos la vista y descubramos la belleza sensual de la desnuda diosa <strong>Themis<\/strong> en una vidriera cenital que la representa con la espada y la balanza, ejerciendo su imperio sobre el refulgente escudo de las Espa\u00f1as: el castillo, el le\u00f3n rampante, las barras de Arag\u00f3n, las cadenas de Navarra, la granada\u2026 todo lo que unieron los Reyes Cat\u00f3licos y unido sigue desde entonces.<\/p>\n<p>Igual da que tomemos ahora el ramal izquierdo o el derecho de la bella balaustrada de hierro forjado, rematada por un pasamanos dorado. Pronto estaremos bajo las imponentes ara\u00f1as de la Galer\u00eda de los Pasos Perdidos, contemplando el reflejo sobre el suelo de las esbeltas columnas j\u00f3nicas de m\u00e1rmol blanco, rematadas por capiteles aur\u00edferos. Casi de puntillas, conteniendo la respiraci\u00f3n, nos deslizaremos sobre sus mosaicos pulidos y brillantes, flotando entre tanta grandeza.<\/p>\n<p>Entonces descubriremos, elevando la vista, cuatro frescos cuyas tonalidades ingenuas evocan el escaparate de una pulcra pasteler\u00eda. Est\u00e1n ce\u00f1idos por sendos marcos rectangulares de madera, algo aguitarrados por los lados. Es la tetralog\u00eda sobre la Justicia que pint\u00f3<strong> Alvaro Alcal\u00e1 Galiano<\/strong>, Conde del Real Aprecio, a comienzos del siglo XX, ignorante del tr\u00e1gico destino que le llevar\u00eda a ser fusilado en Paracuellos.<\/p>\n<p>La primera figura representa a la Verdad, tal y como siempre yo la he imaginado: una mujer evanescente de piernas interminables, senos escuetos y pubis insinuante que deambula entre las nubes. La segunda es el \u00e1ngel alado del Progreso. La tercera es el Delito, un criminal que cae a los infiernos aferrado a su pu\u00f1al y su bot\u00edn. Y la cuarta, la Riqueza, una mujer ego\u00edsta inestablemente asentada sobre un c\u00famulo de nubes, con un curioso animal de contorno circular al lado.<\/p>\n<p>Pero antes de que la mirada pueda detenerse en ese bicho tan especial, ser\u00e1 el r\u00f3tulo inscrito en el dintel de una puerta de madera verde artesonada el que desplazar\u00e1 nuestra atenci\u00f3n: \u201cSala 2\u00aa\u201d. Empujaremos la manivela y asomaremos la cabeza, descubriendo a la derecha el estrado y a la izquierda, bajo el imponente Cristo de <strong>Alonso Cano<\/strong>, la doble hilera de bancos por cuyo pasillo a\u00fan parece deambular el ectoplasma de <strong>Felipe Gonz\u00e1lez<\/strong>, atrapado all\u00ed desde que acudi\u00f3 a declarar por los cr\u00edmenes de los GAL.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un par de escalones y unos postes unidos por un cord\u00f3n rojo separan del p\u00fablico la tarima en la que se sienta el tribunal que desde hace casi dos siglos viene entendiendo de las grandes causas penales. Tras la imponente mesa alargada de madera lacada se alinean 15 sillones de cuero marr\u00f3n y alto respaldo. Hoy est\u00e1n vac\u00edos, pero no es dif\u00edcil imaginarse en ellos, con sus togas reci\u00e9n planchadas, sus pu\u00f1etas o vuelillos bien almidonados, su placa bru\u00f1ida y su medalla en forma de escudo a los 15 magistrados que componen la Sala.<\/p>\n<p>A unos pocos podemos ponerles cara: mira, la silla de en medio es la de <strong>Juan Saavedra<\/strong>; \u00bfpero d\u00f3nde se sentar\u00e1 <strong>Luciano Varela<\/strong>?; \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 el sitio de <strong>Adolfo Prego<\/strong>?; \u00a1caray, cu\u00e1nto tiempo hace que no veo a <strong>Carlos Granados<\/strong>!\u2026 Pero la mayor\u00eda son apenas referencias period\u00edsticas. Tildamos a <strong>Perfecto Andr\u00e9s Ib\u00e1\u00f1ez<\/strong>, a <strong>Joaqu\u00edn Jim\u00e9nez<\/strong>, a Alberto Jorge Barreiro o a Andr\u00e9s Mart\u00ednez Arrieta de progresistas y decimos que <strong>Marchena<\/strong>, <strong>S\u00e1nchez Melgar<\/strong>, <strong>Soriano<\/strong>, <strong>Colmenero<\/strong>, <strong>Monterde<\/strong> o, con matices, <strong>Berdugo<\/strong> y <strong>Maza<\/strong> -menudos nombres para unos jueces- son conservadores. Apenas nada m\u00e1s. Ninguno da entrevistas, ninguno hace declaraciones. En conjunto son 15 hombres sin rostro. Igual que todos sus antecesores, igual que todos los que les suceder\u00e1n. Quince sillones que peri\u00f3dicamente cobran vida, insuflados por el soplo de las leyes.<\/p>\n<p>Catorce de estos 15 hombres de facciones diluidas -todos menos <strong>Granados<\/strong>&#8211; han intervenido ya en las tres decisiones de admisi\u00f3n de las causas especiales contra <strong>Baltasar Garz\u00f3n<\/strong> y en nada menos que 11 resoluciones adicionales sobre su curso procesal. Todas se han adoptado por unanimidad y todas han sido desfavorables al querellado. Lo mismo ha ocurrido con la reciente decisi\u00f3n sobre los trajes de <strong>Camps<\/strong>, adoptada por una sala de cinco. Y, curiosamente, los mismos medios y sectores que en las \u00faltimas semanas vienen organizando una batahola indescriptible, poniendo de chupa de d\u00f3mine a los magistrados, atribuy\u00e9ndoles las m\u00e1s aviesas intenciones y los m\u00e1s mezquinos sentimientos por proceder contra su \u00eddolo, se han aquietado de repente, convirtiendo su apreciaci\u00f3n de indicios de cohecho impropio en la conducta del presidente valenciano en una verdad revelada y en la m\u00e1s s\u00f3lida plataforma de agitaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Todos hablamos de la Justicia seg\u00fan nos va en ella, es decir seg\u00fan la concordancia o discrepancia de sus resoluciones con nuestros intereses, valores y anhelos. Durante los a\u00f1os que abarca la memoria, la Sala Segunda ha dictado sentencias de gran trascendencia y enorme valor c\u00edvico y ha servido de marco a alguna que otra vileza. Ha acertado y se ha equivocado. Ha logrado agarrar a la verdad por los tobillos para mostrarla en toda su elocuente desnudez y ha fracasado en su persecuci\u00f3n por fallos propios y ajenos. Pero siempre ha encarnado con dignidad la funci\u00f3n jurisdiccional, observando las normas procesales, motivando las sentencias, anteponiendo el respeto a la Ley a cualquier otra consideraci\u00f3n o cubriendo al menos las formas para poder dar la apariencia de hacerlo. Han pasado los jueces, la Sala de lo Penal permanece.<\/p>\n<p>La historia del Supremo va unida a la de nuestro constitucionalismo, pues no en vano su creaci\u00f3n con tal nombre y atribuciones muy similares a las actuales fue obra de las Cortes de C\u00e1diz. Y es significativo que desde esa perspectiva constituyente la defensa de la independencia judicial implicara desde el primer momento la contrapartida del control de la conducta de los jueces. As\u00ed qued\u00f3 n\u00edtidamente establecido en el discurso pronunciado el 20 de junio de 1812 por el magistrado asturiano <strong>Ram\u00f3n de Posada y Soto<\/strong> -especialista en Derecho de Indias y gran coleccionista de pintura- con motivo de su toma de posesi\u00f3n como primer presidente del Supremo.<\/p>\n<p>Es una l\u00e1stima que este p\u00e1rrafo no haya sido invocado hasta ahora en relaci\u00f3n a lo que se dirime en las causas contra <strong>Garz\u00f3n<\/strong> y a lo que pod\u00eda y deb\u00eda hacer el Consejo del Poder Judicial al respecto: \u201cEl art\u00edculo 252 [de aquella Constituci\u00f3n] proh\u00edbe que los magistrados y jueces sean depuestos sino por causa probada y sentenciada, ni suspendidos sino por acusaci\u00f3n intentada legalmente. Antes de ahora no habremos tenido excusa delante de Dios si no hemos procedido bien; de hoy m\u00e1s, fuera del alcance de la arbitrariedad y el despotismo, tampoco la tendremos delante de los hombres\u201d.<\/p>\n<p>El cuadrag\u00e9simo cuarto sucesor de <strong>Ram\u00f3n de Posada y Soto<\/strong> al frente de la instituci\u00f3n, <strong>Carlos D\u00edvar<\/strong>, suele comparar al Tribunal Supremo con un elefante s\u00f3lido y cabal que va avanzando impert\u00e9rrito en medio de la maleza entre las flechas, piedras y denuestos que le van lanzando los nativos m\u00e1s hostiles. A lo largo de sus casi 30 a\u00f1os de ejercicio en la Audiencia Nacional, as\u00ed como en sus primeros destinos en Extremadura o el Pa\u00eds Vasco, D\u00edvar ha encarnado las principales caracter\u00edsticas que ya en 1758 Lorenzo Guardiola atribu\u00eda al buen juez en su obra \u2018El Corregidor Perfecto\u2019.<\/p>\n<p>Repasemos algunas de ellas y veamos a qui\u00e9nes les cuadran -a la mayor\u00eda de los actuales miembros de la Sala Segunda sin duda- y a qui\u00e9n no: \u201cQue sea modesto\u2026 que sea agradable, benigno, cort\u00e9s y afable; no altivo, feroz, descompuesto, cruel o sobradamente duro\u2026 que no sea muy hablador ni se jacte de s\u00ed mismo\u2026 que no sea pomposo y presuntuoso, persuadi\u00e9ndose que por su propia ciencia acierta en todo\u2026 que no sea novelero, esto es amigo de hacer novedades, alterando los buenos usos y costumbres del Pueblo\u2026 que sea recatado\u2026 que no sea dado a vanquetes [sic] ni convites, especialmente privados, ni tenga amistades estrechas\u2026 que no sea extremado ni singular en sus determinaciones; esto es, que no haga solo su voluntad, ni siga su propio parecer, mayormente si fuera contrario al com\u00fan sentir de los Sabios\u201d.<\/p>\n<p>Est\u00e1 visto que, por desgracia, en la Audiencia Nacional no todo se pega y se contagia. Pero de momento aqu\u00ed, esta ma\u00f1ana en la que t\u00fa y yo, lector dem\u00f3crata, querido espa\u00f1ol atribulado, nos hemos acogido a sagrado en esta bas\u00edlica de las leyes, templo de la raz\u00f3n y palacio del Derecho, resulta reconfortante apartarse unos metros para ver pasar al elefante, aparentemente cansino, pero firme y seguro en sus pisadas -primero una pata, despu\u00e9s la otra-, desplazando su inmensa mole a trav\u00e9s del gran Durbar de la Historia. El elefante ha atravesado la Galer\u00eda de los Pasos Perdidos, ha entrado en la Sala Segunda, ha depositado all\u00ed a sus 15 pasajeros y se ha quedado esper\u00e1ndoles junto al estrado. T\u00fa y yo permanecemos mudos sobre el m\u00e1rmol, sintiendo que el Estado existe, que cuando todo lo dem\u00e1s falla siempre queda la Justicia, que como dijo Mirabeau en una ocasi\u00f3n solemne: \u201cNo somos salvajes llegados desnudos a las orillas del Orinoco para formar una nueva sociedad\u201d, de Estatut en Estatut, sino miembros de una \u201cvieja Naci\u00f3n\u201d de la que podemos sentirnos orgullosos.<\/p>\n<p>Y es justo en ese momento cuando volvemos a fijarnos en el bicho, en el pintoresco, extravagante y orondo animalejo que acompa\u00f1a a la representaci\u00f3n de la Riqueza en uno de los frescos de marco aguitarrado que nos miran desde el techo. Es un pavo real con las alas desplegadas en un inmenso abanico de casi 360 grados. Seg\u00fan los editores del mejor libro sobre el Supremo, \u201csimboliza la aspiraci\u00f3n imposible de eternidad\u201d.<\/p>\n<p>Hay que admitir que el pavo real tiene gracia y embelesa, pero en cuanto lo miras un rato ya s\u00f3lo sientes tort\u00edcolis. Sus vanidosas plumas verdes lo engullen todo y hacen casi imposible reconocer sus propias facciones. Pero de repente eres t\u00fa el que detectas algunos rasgos familiares en el brillo de las gafas, la ca\u00edda de ojos, los mofletes, el pelo prematuramente blanco\u2026<\/p>\n<p>-Pero, oye, \u00bfeste no se iba a ir al Tribunal de La Haya?<\/p>\n<p>-S\u00ed, eso es lo que yo cre\u00eda\u2026 Pues parece que no\u2026 que al final le han dado los Servicios Especiales, pero en el fresco de Alcal\u00e1 Galiano.<\/p>\n<p>-Bueno, eso es lo que \u00e9l quer\u00eda, \u00bfno? Una plaza en el Supremo. -\u00a1Ah!, s\u00ed, claro. Disecado de por vida.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en Reggio\u00b4s-El Mundo, aqu\u00ed) La carta del director En un momento de grandes tribulaciones como este, en el que nadie parece estar a la altura de sus obligaciones y ni los magistrados del Constitucional ni el presidente del Congreso son capaces de asumir sus responsabilidades institucionales, date una vuelta por el Tribunal Supremo. 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