{"id":5085,"date":"2010-09-02T22:12:53","date_gmt":"2010-09-02T22:12:53","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5085"},"modified":"2010-09-02T22:12:53","modified_gmt":"2010-09-02T22:12:53","slug":"clases-a-la-bolonesa-por-jose-lazaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=5085","title":{"rendered":"Clases a la bolo\u00f1esa (por Jos\u00e9 L\u00e1zaro)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s<\/em>, <a href=\"http:\/\/elcomentario.tv\/reggio\/clases-a-la-bolonesa-de-jose-lazaro-en-el-pais\/02\/09\/2010\/\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<div>\n<p><strong><em>La implantaci\u00f3n este curso del \u2018modelo Bolonia\u2019 abre la posibilidad de acabar con las \u201cclases magistrales\u201d. Sin embargo, a\u00fan hay profesores y alumnos que defienden este m\u00e9todo medieval, anterior a la imprenta<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Es posible que la implantaci\u00f3n del llamado <em>modelo Bolonia<\/em> (que algunos profesores llaman \u201cla amenaza Bolonia\u201d) tenga muchos de los inconvenientes que nos predicen los agoreros, pero tiene sin duda una enorme ventaja: abre la posibilidad de acabar con el nefasto h\u00e1bito medieval de dar y recibir clases. O, al menos, nos facilita mucho las cosas a los profesores que llevamos a\u00f1os intentando no dar ni una. Es la parte buena del modelo docente cuya implantaci\u00f3n est\u00e1 prevista para este mismo mes en las universidades espa\u00f1olas que todav\u00eda no lo han hecho. Una espl\u00e9ndida noticia, al margen de que sea cierto o no que el <em>modelo Bolonia<\/em> es solo una estrategia del Mercado Feroz para acabar con los heroicos especialistas en filolog\u00eda wahili o para reconvertir a los novelistas en ingenieros.<\/p>\n<p>De las costumbres arcaicas que a\u00fan padecemos en la ense\u00f1anza, pocas hay m\u00e1s absurdas y da\u00f1inas que las llamadas \u201clecciones magistrales\u201d (no es broma, se llaman as\u00ed). Como es sabido, el asunto consiste en que por las tardes los profesores repasan en alg\u00fan libro el tema que tienen que exponer a la ma\u00f1ana siguiente. Durante la hora de clase lo desarrollan, m\u00e1s o menos correctamente, en forma de soliloquio. Los alumnos toman notas (los tristemente famosos \u201capuntes\u201d) de lo que logran escribir de lo que consiguen entender de lo que el profesor ha dicho. Meses despu\u00e9s, para preparar el examen, memorizan lo que son capaces de descifrar en las notas que han tomado.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s l\u00f3gico empezar al rev\u00e9s? Es decir, que sea la lectura por los alumnos de un texto bien elaborado el punto de partida y el di\u00e1logo con el profesor un apoyo para la mejor comprensi\u00f3n y asimilaci\u00f3n del texto. \u00bfO es que hay tantos profesores capaces de exponer un tema mejor de forma oral que dedicando un par de tardes a escribirlo? Y esta cuesti\u00f3n, particularmente importante en el caso de las disciplinas human\u00edsticas, debe plantearse tambi\u00e9n a las ciencias sociales y a las experimentales.<\/p>\n<p>El origen medieval del m\u00e9todo se advierte claramente en el pomposo t\u00e9rmino \u201clecciones magistrales\u201d. La lecci\u00f3n <em>(lectio)<\/em> era una lectura que el ayudante realizaba y que despu\u00e9s el maestro <em>(magister)<\/em> comentaba de forma oral. El mismo esquema que a\u00fan utilizan las misas de los cat\u00f3licos: los subalternos leen fragmentos del Nuevo Testamento y luego el sacerdote los comenta para extraer y desarrollar su sentido. Tal sistema era inevitable cuando a\u00fan no exist\u00eda la imprenta, que abri\u00f3 la posibilidad de que todo el mundo pudiese leer los textos directamente. Es decir: las \u201clecciones magistrales\u201d dejaron de tener sentido a partir de Gutenberg. O, mejor dicho, tienen sentido cuando se trata de un texto sagrado cuyo sentido ortodoxo hay que predicar, pero no cuando se trata de una disciplina racional o cient\u00edfica cuyo sentido hay que comprender y sobre el que hay que reflexionar y deliberar.<\/p>\n<p>Todos hemos tenido profesores espl\u00e9ndidos a los que daba gusto escuchar. \u00bfCu\u00e1ntos fueron? \u00bfEl 10%, el 20%? Mi impresi\u00f3n, a ojo de buen cubero, es que fueron menos. El resto aburr\u00eda a las ovejas. Es cierto que hay algunos profesores que hablan con brillantez y, sin embargo, solo escriben textos pl\u00fambeos. \u201cJos\u00e9 Mar\u00eda\u201d -le dec\u00eda un amigo m\u00edo al catedr\u00e1tico que hab\u00eda sido su maestro-, \u201c\u00bfc\u00f3mo es posible que sea tan fascinante escucharte y tan aburrido leerte?\u201d. Estos profesores deber\u00edan seguir dando clases tradicionales, que adem\u00e1s -en su caso- son realmente magistrales. Tambi\u00e9n es cierto que hay escritores magn\u00edficos que, al escucharlos en persona, le tiran a uno el alma a los pies. No recuerdo cu\u00e1l era el que le dec\u00eda a un decepcionado admirador al rato de conocerlo: \u201cTenga usted en cuenta que mis libros son mucho m\u00e1s inteligentes que yo\u201d. Pero la regla general es que lo que uno piensa, estructura, redacta y corrige tiene mucha m\u00e1s coherencia y solidez que lo que expone oralmente de forma m\u00e1s o menos ordenada. Y, desde luego, tiene mucha m\u00e1s calidad que los apuntes que un estudiante toma al escuchar al <em>magister.<\/em><\/p>\n<p>Quienes hayan tenido que padecer las deprimentes reuniones que en nuestras universidades se han realizado recientemente para organizar la adaptaci\u00f3n al <em>modelo Bolonia<\/em> habr\u00e1n comprobado que una gran parte de los profesores las han planteado de forma abiertamente lampedusiana: \u201cVamos a ver lo que tenemos que aparentar que hemos cambiado para poder seguir haciendo lo de siempre\u201d. Lo curioso es que tambi\u00e9n son bastantes (aunque no tantos) los alumnos que defienden el m\u00e9todo tradicional con argumentos del tipo: \u201cEs que se nos quedan mejor las cosas al escucharlas que al leerlas\u201d. Claro, la falta de funci\u00f3n atrofia el \u00f3rgano. As\u00ed que a las afirmaciones pintorescas, respuestas disparatadas: \u201cEntonces, si os parece, yo grabo todas las clases y os las doy para que las escuch\u00e9is en vuestro MP3\u2033. Entonces los estudiantes sonr\u00eden y empiezan a entender lo que es argumentar por reducci\u00f3n al absurdo.<\/p>\n<p>Cuando se les dice el primer d\u00eda de clase a los alumnos que el principal objetivo de la asignatura es ense\u00f1arles a leer, sus rostros expresan el diagn\u00f3stico que acaban de hacer: \u201cEste profesor es un cachondo mental que pretende tomarnos el pelo\u201d. D\u00edas despu\u00e9s, tras unas cuantas horas de deliberaci\u00f3n sobre los primeros textos que han le\u00eddo, tras haber dialogado acerca de ellos con el profesor y haber escuchado lo que sus compa\u00f1eros entendieron en las mismas p\u00e1ginas que ellos han le\u00eddo, la expresi\u00f3n de los rostros cambia bastante. Expresan entonces el descubrimiento de que leer no es una actividad tan autom\u00e1tica como pensaban, que el sentido cambia mucho cuando hay la oportunidad de dar una cuantas vueltas a lo que otros han encontrado en esas mismas p\u00e1ginas que en una primera lectura parec\u00edan tener un sentido tan claro.<\/p>\n<p>Podr\u00eda pensarse que la resistencia a abandonar el sistema tradicional por parte de muchos profesores es debida a que el comentario de textos (propios o ajenos) requiere bastantes horas de interacci\u00f3n con los estudiantes, grupos poco numerosos y, por tanto, mucho m\u00e1s tiempo de docencia presencial para el profesor. Se podr\u00eda matizar tal objeci\u00f3n, porque lo que requiere el m\u00e9todo son horas previas de lectura por el estudiante, pero este tipo de clases requiere menos preparaci\u00f3n inmediata que las monologales y adem\u00e1s el n\u00famero de horas de docencia presencial que solemos tener los profesores universitarios (por razones justificadas, desde luego) es bastante menor que el que tienen los de ense\u00f1anza media (por no hablar de los horarios de taxistas o camareros).<\/p>\n<p>Pero el verdadero problema quiz\u00e1 est\u00e9 en la preparaci\u00f3n de fondo, pues este tipo de ense\u00f1anza lo que de verdad requiere es una s\u00f3lida base de conocimientos, una capacidad de responder a cuestiones imprevistas, una flexibilidad para interaccionar con el interlocutor sin saber cu\u00e1l va a ser su pr\u00f3ximo paso\u2026 Es mucho m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s c\u00f3modo memorizar el temario y repetir a\u00f1o tras a\u00f1o las lecciones. Magistrales, claro est\u00e1.<\/p>\n<p>Pero la pereza y la inseguridad probablemente no sean las \u00fanicas razones que se ocultan tras la defensa numantina de las clases tradicionales y la resistencia a las dialogadas. Es curioso que los profesores m\u00e1s proclives a la ense\u00f1anza interactiva suelen ser los que reciben m\u00e1s invitaciones a impartir seminarios, ponencias y conferencias fuera de su propia universidad (y fuera de la universidad). Y es curioso tambi\u00e9n observar la forma en que muchos defensores de las clases tradicionales en formato de soliloquio disfrutan en el momento de repetir sus peri\u00f3dicos mon\u00f3logos. Gozan intensamente de las horas de clase, con el placer de tener a unas docenas (\u00a1a veces un centenar!) de criaturas escuchando (y anotando) su brioso verbo a lo largo de una hora, sin interrupciones. Dec\u00eda Freud que nadie es capaz de renunciar sinceramente a un placer que ha conocido. Y hay pocos placeres m\u00e1s dulces que los que acarician el n\u00facleo de la naturaleza humana. Es decir, el narcisismo.<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 L\u00e1zaro<\/strong> es profesor de Humanidades M\u00e9dicas en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid y premio Comillas de Historia, Biograf\u00eda y Memorias por su libro <em>Vidas y muertes de Luis Mart\u00edn-Santos<\/em> (Tusquets).<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s, aqu\u00ed) La implantaci\u00f3n este curso del \u2018modelo Bolonia\u2019 abre la posibilidad de acabar con las \u201cclases magistrales\u201d. 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