{"id":4829,"date":"2010-11-25T20:01:38","date_gmt":"2010-11-25T20:01:38","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=4829"},"modified":"2010-11-25T20:01:38","modified_gmt":"2010-11-25T20:01:38","slug":"la-cultura-sin-cultura-por-cesar-antonio-molina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=4829","title":{"rendered":"La cultura sin cultura (por C\u00e9sar Antonio Molina)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s<\/em>, <a href=\"http:\/\/elcomentario.tv\/reggio\/la-cultura-sin-cultura-de-cesar-antonio-molina-en-el-pais\/25\/11\/2010\/\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<div>\n<p><strong><em>Los males que acucian hoy a la cultura universal son el consumismo, su conversi\u00f3n en mercanc\u00eda. El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el de los medios de comunicaci\u00f3n. Todo es espect\u00e1culo<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Cuando se acaba de leer <em>La cultura-mundo, <\/em>de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (Anagrama 2010, traducci\u00f3n de Promoteo-Moya), la desaz\u00f3n es terrible. Y lo es no por lo que se cuenta, ya sabido, sino por la constataci\u00f3n documental y fehaciente de los males que acucian hoy a la cultura. No a la cultura de uno u otro pa\u00eds, sino a la cultura universal invadida por la industria y el consumismo y cada vez m\u00e1s ajena a su funci\u00f3n secular de explicar y entender el mundo. Una cultura sometida a los gustos del p\u00fablico y destinada al \u00e9xito inmediato, al consumo como una mercanc\u00eda m\u00e1s. El lector transformado en consumidor mientras, el creador, el escritor o el artista, en simple productor de servicios.<\/p>\n<p>El desencanto de la vida intelectual es cada vez mayor, se nos dice. El valor de la cultura ha sufrido en las \u00faltimas d\u00e9cadas una depreciaci\u00f3n irrecuperable, los grandes maestros han desaparecido (Foucault ya lo avis\u00f3), las grandes obras est\u00e1n solo en el pasado y un amplio sector de la vida intelectual se ha entregado al funcionariado universitario y a la comercializaci\u00f3n. Hoy en d\u00eda, la p\u00e9rdida del peso que ten\u00edan las obras literarias, art\u00edsticas o filos\u00f3ficas en la esfera p\u00fablica es una triste realidad.<\/p>\n<p>El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el poder de los medios de comunicaci\u00f3n que fabrican m\u00e1s celebridades que los c\u00edrculos de eruditos e intelectuales. Celebridades que opinan desde su incultura como si fueran sabios. Hoy se escucha m\u00e1s a un cantante, a un deportista, o a una estrella del <em>star-system<\/em> que a un intelectual. As\u00ed lo explican los autores, Lipovetsky y Serroy: \u201cDesacralizaci\u00f3n del mundo de las ideas, eclipse de los gu\u00edas del esp\u00edritu humano, desaparici\u00f3n del poder intelectual\u201d. El consumidor no ha gozado jam\u00e1s de tanta libertad y tanta oferta para consumir productos ef\u00edmeros, y si antes la cultura proporcionaba conocimientos imperecederos, hoy d\u00eda la \u201cincertidumbre\u201d y la \u201cdesorientaci\u00f3n\u201d son los sentimientos que invaden nuestro mundo democr\u00e1tico en una transformaci\u00f3n de dimensiones jam\u00e1s sospechadas: familia, identidad sexual, educaci\u00f3n, moda, tecnolog\u00edas, alimentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La cultura humanista est\u00e1 hoy abandonada por j\u00f3venes entregados al becerro de oro de las redes de comunicaci\u00f3n. Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- all\u00ed, en el poder cada vez mayor de la informaci\u00f3n sobre el conocimiento. O, si se prefiere, en el poder cada vez mayor de la econom\u00eda sobre la cultura. Las industrias de lo imaginario, del entretenimiento, se alzan sobre los valores del esp\u00edritu, la meditaci\u00f3n, la reflexi\u00f3n. Lo \u00fatil sobre lo <em>in\u00fatil.<\/em> La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo medi\u00e1tico-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones desarrolladas.<\/p>\n<p>Las exportaciones de la industria cinematogr\u00e1fica, audiovisual, editorial, los beneficios derivados de la ense\u00f1anza de las grandes lenguas, producen hoy tantos ingresos como cualquier otra industria. Y esos beneficios tambi\u00e9n conllevan mutaciones en la cultura. Al prestigio se le opone la rentabilidad; a la reflexi\u00f3n, la facilidad. El peso econ\u00f3mico en la cultura la distorsiona, la infantiliza, la empobrece. El mundo hipermoderno, tal como lo estudian estos dos autores, est\u00e1 organizado alrededor de cuatro polos estructuradores que configuran la fisonom\u00eda de los nuevos tiempos: hipercapitalismo, hipertecnificaci\u00f3n, hiperindividualismo y el hiperconsumo. Es decir, la fuerza motriz de la globalizaci\u00f3n econ\u00f3mica, la universalizaci\u00f3n t\u00e9cnica, la respuesta del individuo frente a la masificaci\u00f3n y universalizaci\u00f3n y, finalmente, el hedonismo comercial como felicidad.<\/p>\n<p>En medio de esta cultura sin fronteras se alza la sociedad universal de consumidores, cada vez m\u00e1s an\u00f3nimos, m\u00e1s satisfechos, m\u00e1s alienados. La cultura va perdiendo batallas y tambi\u00e9n la pol\u00edtica. De ello se deriva el escepticismo y desconfianza hacia los pol\u00edticos, el descenso de la militancia y la confusi\u00f3n de las identidades ideol\u00f3gicas. Internet es un peligro para el v\u00ednculo social, a\u00f1aden los autores de <em>La cultura-mundo,<\/em> en la medida en que, en el ciberespacio, los individuos se comunican continuamente, pero se ven cada vez menos. En esta era digital los individuos llevan una vida abstracta e informatizada, en vez de tener experiencias juntos quedan enclaustrados por las nuevas tecnolog\u00edas.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, mientras el cuerpo deja de ser el asidero real de la vida, se forma un universo descorporeizado, desensualizado, desrealizado: el de las pantallas y los contactos inform\u00e1ticos. Lipovetsky y Serroy, por cierto, con dos a\u00f1os de anticipaci\u00f3n, resum\u00edan perfectamente la espeluznante pel\u00edcula de David Fincher <em>La red social,<\/em> basada en la invenci\u00f3n de Facebook, un fen\u00f3meno social tan revolucionario como inquietante.<\/p>\n<p>Fue la Escuela de Fr\u00e1ncfort la primera que habl\u00f3, hace m\u00e1s de medio siglo, de industria cultural, refiri\u00e9ndose a la reproducibilidad de las obras de arte destinadas a un mercado de mayor consumo. Adorno y Horkheimer ya nos previnieron de los males de la cultura masificada, aunque no se imaginaron los extremos sin retorno a los que llegar\u00edamos. Aquella alarma se ha convertido hoy en una gran amenaza y, cada vez m\u00e1s, la cultura revolucionaria de creaci\u00f3n que desprecia el mercado est\u00e1 siendo devorada inmisericorde por la cultura industrial, menos exigente, m\u00e1s accesible, menos elitista, m\u00e1s divertida, evasiva y conformista.<\/p>\n<p>En una civilizaci\u00f3n as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 queda de los ideales humanistas sobre los que se levant\u00f3 la cultura occidental? \u00bfQu\u00e9 clase de ser humano producir\u00e1 esta nueva civilizaci\u00f3n? El <em>homo sapiens<\/em> se ha transformado en <em>pantalicus,<\/em> absorbido por la televisi\u00f3n, por las pantallas de los ordenadores. El mundo existe por las im\u00e1genes que aparecen en la pantalla y los individuos lo conocen tal como se deja ver. La televisi\u00f3n cambia el mundo: el mundo pol\u00edtico, la publicidad, el ocio, el mundo de la cultura. Hoy no existe m\u00e1s que lo que se ve en televisi\u00f3n, lo que ve la masa, lo que todos comparten. Es el triunfo de la sociedad de la imagen y sus poderes.<\/p>\n<p>Frente a la oralidad, frente a la escritura, frente al pensamiento, la imagen aparece como un t\u00f3tem absoluto. Y, mientras tanto, los escritores, los intelectuales, los artistas negociando sus derechos de autor a trav\u00e9s de los agentes -exactamente como en la industria del espect\u00e1culo- y empuj\u00e1ndose para estar en las listas de los m\u00e1s vendidos, que ya no son por fuerza los mejores. Un libro vendido equivale a un votante. \u00c9xito, superventas, r\u00e9cords, firmas masivas: lo que no se vende ya no puede ser bueno. Las obras de arte acaban en las subastas, en el mercado m\u00e1s escandaloso, vulgar. Todo es ya espect\u00e1culo. Los museos-espect\u00e1culo, elevados al rango de objeto tur\u00edstico de masas, semejan tan solo hipermercados apenas m\u00e1s refinados. Los museos, antes lugares de recogimiento, son hoy espacios para el bullicio y el aturdido turismo cultural. Las obras de los museos no se contemplan, se consumen. Hay un dato interesante aportado en <em>La cultura-mundo:<\/em> seg\u00fan una encuesta, un visitante medio pasa entre 15 y 40 segundos mirando <em>El rapto de las sabinas<\/em> de David; entre cinco y nueve segundos, <em>La gran odalisca<\/em> de Ingres. \u00bfCu\u00e1ntos ante <em>Las meninas<\/em> o <em>El Guernica?<\/em> Y ante esa visi\u00f3n rel\u00e1mpago \u00bfqu\u00e9 conocimiento obtendr\u00e1n? Sin embargo, los museos hoy solo son relevantes por el <em>merchandising<\/em> adquirido en sus tiendas.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo salvarnos? Estoy absolutamente de acuerdo con la soluci\u00f3n que dan los dos fil\u00f3sofos: solo la educaci\u00f3n est\u00e1 a la altura del problema. Pero escuela y universidad no funcionan. \u00bfEs a\u00fan una tarea posible? La cultura, como valor espiritual, seg\u00fan aprendimos de Val\u00e9ry, est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n, destronada por la industria, el consumo y la mal llamada cultura medi\u00e1tica. Hoy, la lectura, y lo s\u00e9 por mi propia experiencia docente, no est\u00e1 entre las preferencias de los estudiantes, si bien en el ordenador no paran ca\u00f3ticamente de leer y escribir. El mismo desinter\u00e9s cunde en otras actividades culturales anta\u00f1o masivas: teatro, cine, conciertos de m\u00fasica cl\u00e1sica y recitales. Como Lipovetsky y Serroy comentan, el capitalismo y el placer consumista han derribado a la cultura literaria y art\u00edstica del pedestal en que estaba: en ese espectro ambiental \u201clo insignificante tiene ya valor cultural\u201d y las jerarqu\u00edas que no hace mucho distingu\u00edan la cultura noble de la cultura de masas han desaparecido. Este es el mar de las tinieblas en que navegamos. Siempre habr\u00e1 n\u00e1ufragos que mantengan la memoria del origen, siempre alguien se librar\u00e1 y cuando eso suceda, la verdadera cultura permanecer\u00e1 como tabla de salvaci\u00f3n. El libro de Lipovetsky y Serroy es una llamada de atenci\u00f3n desesperada, una muestra nada exagerada de que nuestra civilizaci\u00f3n sufre una crisis de valores de grandes proporciones.<\/p>\n<p><strong>C\u00e9sar Antonio Molina <\/strong>es escritor y fue ministro de Cultura.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s, aqu\u00ed) Los males que acucian hoy a la cultura universal son el consumismo, su conversi\u00f3n en mercanc\u00eda. El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el de los medios de comunicaci\u00f3n. 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