{"id":4096,"date":"2011-07-26T18:50:07","date_gmt":"2011-07-26T18:50:07","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=4096"},"modified":"2011-07-26T18:50:07","modified_gmt":"2011-07-26T18:50:07","slug":"sorpresas-nada-sorprendentes-por-norman-birnbaum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=4096","title":{"rendered":"Sorpresas nada sorprendentes (por Norman Birnbaum)"},"content":{"rendered":"<p>(Publicado en <em>El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s<\/em>, <a href=\"http:\/\/elcomentario.tv\/reggio\/sorpresas-nada-sorprendentes-de-norman-birnbaum-en-el-pais\/26\/07\/2011\/\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<p>La crisis financiera y el desempleo, los miedos y disturbios consiguientes, la disminuci\u00f3n general de las expectativas y la airada retirada a una pol\u00edtica de gestos son rasgos que caracterizan a las democracias industriales. Las clases dirigentes est\u00e1n especialmente preocupadas, y con raz\u00f3n: su incapacidad colectiva e individual para encontrar soluciones pone en peligro su legitimidad. Los proyectos de reconstrucci\u00f3n a largo plazo exigen, tanto de las \u00e9lites como de la poblaci\u00f3n, precisamente lo que no tenemos: unas visiones coherentes del pasado, el presente y el futuro. La desorientaci\u00f3n e incluso la incredulidad est\u00e1n en todas partes. Parece como si las privaciones y las desgracias que sufren las familias, las comunidades, las regiones y las naciones, desde los desastres clim\u00e1ticos hasta los conflictos econ\u00f3micos y sociales sin soluci\u00f3n, fueran unas sorpresas.<\/p>\n<p>Los ciudadanos y las \u00e9lites de Europa Occidental y Estados Unidos parecen especialmente sorprendidos. Dejemos de lado las inquietudes por el hecho de que los asi\u00e1ticos est\u00e1n adelant\u00e1ndonos y por la amenaza (rid\u00edculamente exagerada) del islam militante. Lo preocupante es la convicci\u00f3n persistente de que, si nos regimos por nuestros propios criterios de democracia igualdad y justicia social, estamos fracasando. Las grandes esperanzas de 1945 son recuerdos amargos. Ha habido victorias importantes, por supuesto. Los derechos de las mujeres han progresado, el espantoso legado del racismo en Estados Unidos est\u00e1 muy debilitado. Pero cada vez es m\u00e1s evidente que los ciudadanos experimentan un furioso alejamiento de las decisiones pol\u00edticas que, en vez de generar proyectos de cambio institucional, crean un resentimiento contra el sistema.<\/p>\n<p>Entre 1945 y 1970, las clases dirigentes cambiaron de composici\u00f3n social. En Estados Unidos, el fen\u00f3meno de Kennedy simboliz\u00f3 la integraci\u00f3n de las oleadas de inmigrantes europeos de finales del siglo XIX y principios del XX. En Europa, la extensi\u00f3n de la ense\u00f1anza superior abri\u00f3 la puerta a los hijos (y, con m\u00e1s lentitud, a las hijas) de las capas medias de la sociedad. Las revueltas estudiantiles de los a\u00f1os sesenta definieron con gran exactitud nuevos l\u00edmites. No todo el mundo pod\u00eda ser <em>inspecteur des finances<\/em> o abogado con un t\u00edtulo de Harvard y dedicarse a entrar y salir del Gobierno. Las nuevas \u00e9lites se comportaron con tanta arrogancia como las viejas. Aceptaban (la doctrina socialcristiana era tan importante como la convicci\u00f3n socialista) asumir la responsabilidad del bienestar de toda la sociedad, pero, ateni\u00e9ndose a un <em>noblesse oblige<\/em> modernizado, insist\u00edan en que eran ellos los que ten\u00edan que actuar en nombre de otros.El arreglo fue eficaz mientras los niveles de vida fueron subiendo y se ampliaron los servicios p\u00fablicos y las prestaciones sociales al alcance de la poblaci\u00f3n. A las reducciones iniciadas en los a\u00f1os setenta y ochenta se les dio la misma interpretaci\u00f3n que a los avances logrados en los cuarenta, los cincuenta y los sesenta, no como resultados de decisiones pol\u00edticas e institucionales, sino como producto de la naturaleza de la econom\u00eda y la sociedad. La doctrina de la inevitabilidad sirvi\u00f3 de base a la reanimaci\u00f3n de la ideolog\u00eda del mercado. Se le quit\u00f3 la libertad de elecci\u00f3n al pa\u00eds y se puso a la venta la soberan\u00eda de Estado. En las d\u00e9cadas de progreso social, hubo pocos experimentos dirigidos a extender la democracia existente en el gobierno nacional y local a los mecanismos de la econom\u00eda. Las empresas estatales en Francia, Gran Breta\u00f1a, Alemania e Italia estaban dirigidas de forma muy similar a unas empresas capitalistas normales, y la planificaci\u00f3n nacional se aten\u00eda a unos l\u00edmites muy estrictos. En Estados Unidos, los sindicatos, de gran dimensi\u00f3n e influencia, se aliaron con los empresarios industriales capitalistas para formar sus propios Estados de bienestar. Cuando la producci\u00f3n industrial empez\u00f3 a declinar, tambi\u00e9n lo hizo esa versi\u00f3n privatizada de la socialdemocracia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s estamos viviendo las consecuencias aplazadas del reaganismo y el thatcherismo, de los compromisos de Mitterrand y Schroeder, de los limitad\u00edsimos proyectos de bienestar de Blair y Clinton. Durante los \u00faltimos 30 a\u00f1os, la educaci\u00f3n c\u00edvica, en forma de extensiones del ejercicio cotidiano de la democracia, ha sido m\u00ednima. Los partidos socialistas y socialdem\u00f3cratas europeos se han convertido en grandes grupos de presi\u00f3n o en m\u00e1quinas de clientelismo. La redacci\u00f3n de programas y el desarrollo de proyectos, a veces de gran nivel intelectual, contin\u00faa. Pero la conexi\u00f3n con la historia, a trav\u00e9s de las vidas de personas reales, se ha atenuado o incluso desvanecido. Un gran historiador franc\u00e9s, Pierre Nora, se ha dedicado al estudio de la memoria colectiva, precisamente cuando una fragmentaci\u00f3n sin precedentes separa a sus conciudadanos de su propio legado. La entusiasta acogida que tienen en Estados Unidos los libros y las pel\u00edculas sobre temas hist\u00f3ricos no suele incluir las luchas sociales de las personas corrientes. Nuestro pasado sigue siendo, en gran parte, muy desconocido.<\/p>\n<p>La eliminaci\u00f3n de las tradiciones de renovaci\u00f3n democr\u00e1tica en los grupos sociales locales es un obst\u00e1culo para la aparici\u00f3n de nuevos movimientos de transformaci\u00f3n. La vieja clase obrera ha sido sustituida por un amplio espectro de culturas e intereses independientes. Es asombroso que en Estados Unidos, donde en la actualidad no existe ning\u00fan potencial socialista, los guardianes de la ortodoxia social vigilen la memoria cultural. Se gasta mucho dinero en justificar la ideolog\u00eda de mercado, pese a la ausencia de una oposici\u00f3n amplia y organizada. Los terratenientes y sus apologistas no acaban de creerse su buena suerte pol\u00edtica. Temen el empuje en sentido contrario de una narrativa que no existe m\u00e1s que en recuerdos dispersos, proyectos aislados de renovaci\u00f3n y las cr\u00edticas de una minor\u00eda intelectual, y que no tiene una encarnaci\u00f3n pol\u00edtica. El presidente, que est\u00e1 dispuesto a negociar y ceder parte de las adquisiciones sociales de los \u00faltimos 80 a\u00f1os (a partir del <em>New Deal),<\/em> es el tecn\u00f3crata supremo. Acepta la jerarqu\u00eda establecida del poder y la riqueza. Su calma y su contenci\u00f3n enfurecen a sus adversarios, que son demasiado est\u00fapidos para comprender su exquisita defensa del orden actual. Y preocupan a su propio partido, incapaz de desarrollar un nuevo proyecto para el pa\u00eds y obligado a seguir a un presidente al que muchos consideran demasiado despegado del atribulada alma de los dem\u00f3cratas.<\/p>\n<p>Los verdes europeos han modernizado en parte la tradici\u00f3n socialista. Pero est\u00e1n tan empe\u00f1ados en dominar la rutina pol\u00edtica que rechazan muchos elementos del <em>pathos<\/em> secular del socialismo. Los recientes movimientos de protesta dirigidos por j\u00f3venes son admirables, pero las protestas no van a darnos forzosamente un proyecto m\u00e1s amplio a largo plazo. En las dos orillas del Atl\u00e1ntico, la esfera p\u00fablica recuerda a un estadio cuyo techo est\u00e1 amenazado por un hurac\u00e1n. El techo est\u00e1 temblando. No sabemos si se va a caer o si va a salir volando. Solo sabemos que algo malo va a pasar. Es sorprendente que nos sorprenda.<\/p>\n<p><strong>Norman Birnbaum<\/strong> es catedr\u00e1tico em\u00e9rito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducci\u00f3n de Mar\u00eda Luisa Rodr\u00edguez Tapia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Publicado en El Pa\u00eds-Reggio\u00b4s, aqu\u00ed) La crisis financiera y el desempleo, los miedos y disturbios consiguientes, la disminuci\u00f3n general de las expectativas y la airada retirada a una pol\u00edtica de gestos son rasgos que caracterizan a las democracias industriales. 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