{"id":3536,"date":"2012-03-07T19:38:00","date_gmt":"2012-03-07T19:38:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=3536"},"modified":"2012-03-07T19:38:00","modified_gmt":"2012-03-07T19:38:00","slug":"las-razones-y-las-calles-por-felix-ovejero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=3536","title":{"rendered":"Las razones y las calles (por F\u00e9lix Ovejero)"},"content":{"rendered":"<h3>Los fundamentalistas del mercado aseguran que este, sin intromisiones institucionales, asegura la prosperidad: m\u00e9rito y bienestar, justicia y eficiencia. Con la crisis ni uno solo de sus principios ha conseguido mantenerse<\/h3>\n<div><a href=\"http:\/\/elpais.com\/autor\/felix_ovejero\/a\/\" rel=\"author\" title=\"Ver todas las noticias de F\u00e9lix Ovejero\">F\u00e9lix Ovejero<\/a> (Publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2012\/02\/27\/opinion\/1330369021_930158.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" height=\"462\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2012\/02\/27\/opinion\/1330369021_930158_1331050293_noticia_normal.jpg\" width=\"300\" \/><\/p>\n<p class=\"figcaption estirar\"><span class=\"firma sola\">RAQUEL MAR\u00cdN<\/span><\/p>\n<div class=\"disposicion_vertical\">\n<div class=\"contenedor_compartir estirar\">\n<div class=\"posicionador\">\n<div class=\"capa_compartir\" id=\"capaCompartir\" style=\"display: none;\">\n<ul id=\"capaCompartirUl\">\n<\/ul>\n<\/div>\n<p>La izquierda est\u00e1 contra las cuerdas y la derecha crecida. A primera vista no se entiende. Era George Busch quien gobernaba en Estados Unidos aquel 15 de septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers anunci\u00f3 su quiebra y comenz\u00f3 el l\u00edo. Y no pasaba por all\u00ed, que llevaba ocho a\u00f1os en el poder. Lo que se nos vino encima, que no era peque\u00f1o, no dejaba en buen lugar a los conservadores. Para que se hagan una idea, con un comparaci\u00f3n que a estas alturas ya se queda peque\u00f1a, el precio de los rescates en EE UU supera a la suma de lo que costaron la compra de Luisana, el Plan Marshall, la crisis de las cajas de ahorro de los 80, las guerras de Corea y Vietnam, la invasi\u00f3n de Irak, el <em>New Deal<\/em> y el presupuesto entero de la NASA incluidos los viajes a la Luna.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"cuerpo_noticia\" id=\"cuerpo_noticia\">\n<p>Despu\u00e9s de paladear el inventario, resulta dif\u00edcil entender de donde sacan <em>pa<\/em> tanto como destacan los que a diario nos vienen con la cantinela de la incondicional eficiencia privada y los despilfarros de los gobiernos, que existen, pero que, en comparaci\u00f3n, apenas alcanzan para cubrir el catering de las reuniones en las que se decid\u00edan estas oce\u00e1nicas transferencias de riqueza.<\/p>\n<p>Para los fundamentalistas del mercado desregulado como si llueve. Seg\u00fan ellos, el mercado, cuando se respetan los acuerdos libremente aceptados, garantiza que cada cual cargue con las consecuencias de sus \u2014buenas o malas\u2014 acciones. Vamos, que el que la hace la paga y adem\u00e1s, en sus justas dosis, en proporci\u00f3n a sus aciertos o desatinos. No s\u00f3lo eso, adem\u00e1s, el mercado, sin intromisiones institucionales, asegura la prosperidad. Mejor imposible. M\u00e9rito y bienestar, justicia y eficiencia. Con estos mimbres los conservadores amueblan su andamio ret\u00f3rico y sus muchachos se pasean por las radios.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 13pt;\">Se ha penalizado a los decentes y ha habido una amplificaci\u00f3n incontrolada de las patolog\u00edas<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Un relato que la crisis ha revelado lleno de costurones. Ni uno de sus principios se ha mantenido. Los ciudadanos hemos visto violados acuerdos fundamentales a pesar de cumplir con nuestra parte: empresas y hogares solventes que, sin haberse enredado en apuestas arriesgadas, han encontrado cerradas sus fuentes de financiaci\u00f3n; trabajadores a los que se les modifican las condiciones laborales (indemnizaciones por despido, calendario laboral, cotizaciones sociales de los empresarios) pactadas en complicadas negociaciones y, en muchos casos, convertidas en derechos; votantes que ven como se desmantela un Estado del bienestar que los partidos se comprometieron a sostener; empleados p\u00fablicos a quienes se reprocha su estabilidad laboral, algo que estaba en el acuerdo inicial que establecieron cuando optaron a sus puestos.<\/p>\n<p>Tampoco se ha cumplido el principio de que &quot;quien la hace, la paga&quot;. Ni los bancos cargaban con el riesgo de las hipotecas ni los intermediarios financieros ten\u00edan que degustar el veneno de las titulaciones que inyectaban en las venas del sistema financiero. La supuesta relaci\u00f3n entre las acciones y la (justa) retribuci\u00f3n quedaba en nada cuando las agencias de calificaci\u00f3n, contratadas por las propias entidades que evaluaban, sab\u00edan que si hac\u00edan debidamente su trabajo, lo perder\u00edan, que su mejor modo de conservar el negocio era callarse, o cuando los sistemas de las bonificaciones e incentivos alentaban en los empleados de los bancos de inversi\u00f3n o de gesti\u00f3n de fondos una apuestas temerarias a corto plazo con las que ellos ganaban un fortuna, despreocup\u00e1ndose por los intereses de sus clientes y hasta de sus empresas.<\/p>\n<p>Con todo, los mayores descosidos los ha experimentado la ret\u00f3rica de la bondad de los resultados, seg\u00fan la cual, la competencia desregulada asegura el bienestar y, de paso, el castigo del mal comportamiento. En realidad, se impuso lo contrario, una penalizaci\u00f3n de los decentes y una amplificaci\u00f3n incontrolada de las patolog\u00edas. Recuerden c\u00f3mo se extendi\u00f3 la mancha. Un prestamista sensato en la concesi\u00f3n de hipotecas, al encontrase con que sus competidores capturaban \u2014a m\u00e1s elevados intereses\u2014 a los prestatarios que \u00e9l rechazaba y que, por ello, su cuota de mercado y sus acciones ca\u00edan, se enfrentaba a un dilema: seguir con la prudencia y desaparecer, o asumir riesgos, como sus rivales. Hasta aqu\u00ed, el mecanismo de penalizaci\u00f3n cl\u00e1sico del mercado: el que la hace, la paga. Pero con la desregulaci\u00f3n ya nada era igual. Ahora las hipotecas se pod\u00edan reexpedir a las empresas de Wall Street para su titulaci\u00f3n y trasladar los riesgos. Se acabaron los miramientos para conceder pr\u00e9stamos. La temeridad era la \u00fanica estrategia ante competidores que, aunque no quisieran, recelosos de que se les anticiparan, se comportaban con temeridad. Una historia que se repiti\u00f3, amplificada, en el siguiente escal\u00f3n, cuando las empresas de Wall Street pon\u00edan en circulaci\u00f3n las hipotecas titulizadas. Los primeros a\u00fan pod\u00edan saber alguna cosa acerca de la fiabilidad de los prestamistas; en Wall Street no ten\u00edan ni idea. Hasta es posible que pensaran que los otros ten\u00edan razones para examinar las hipotecas. Es posible, aunque no es seguro. Despu\u00e9s de todo, mediante los famosos CDO, Goldman Sachs apost\u00f3 en contra \u2014para obtener beneficios en el caso de que quebraran\u2014 los valores que recomendaba comprar a sus clientes dici\u00e9ndoles que eran tan seguros como las letras del Tesoro.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\"><a name=\"sumario_2\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 13pt;\">Hay quienes solo pueden salir a manifestar que tambi\u00e9n tienen intereses, seguramente m\u00e1s justos<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Pero aunque el relato conservador no se sostenga, la izquierda no levanta cabeza. La cr\u00edtica no es suficiente. Hacen falta propuestas. Un terreno yermo, si miramos el panorama m\u00e1s cercano. Pero hay vida m\u00e1s all\u00e1 de nuestra triste izquierda. Basta con compararnos, ahora que se aproximan las elecciones francesas, con nuestros vecinos. Un par de ejemplos que confirman que la radicalidad no es enemiga de la calidad: la defensa de un Estado garante del contrato social y de la protecci\u00f3n bienestarista de Philippe Aghion, en <em>Repensar l\u2019\u00c9tat,<\/em> o las iniciativas fiscales basadas en los principios de equidad, progresividad real y democracia de Thomas Piketty en <em>Pour une r\u00e9volution fiscale.<\/em><\/p>\n<p>Desafortunadamente tampoco basta con tener claros retos y soluciones. En el desierto y sin alimentos, o con una enfermedad curable y sin seguro m\u00e9dico ni recursos, de poco me sirve conocer la soluci\u00f3n a mis quebrantos. Al final, lo importante es poder aplicar las propuestas. El poder, que de eso va la pol\u00edtica real.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esto hemos aprendido. Por ejemplo, que mientras a unos pocos les basta con una llamada de tel\u00e9fono para pedir un cambio en la Constituci\u00f3n o con asomarse a los medios de comunicaci\u00f3n para recordarnos que no est\u00e1n dispuestos a invertir si no se generan ciertas condiciones de confianza, de confianza para ellos, a muchos otros no les queda m\u00e1s que salir a la calle para recordar que tambi\u00e9n tienen intereses, seguramente m\u00e1s justos. Y si no lo hacen, saldr\u00e1n perdiendo. Disponen de menos poder y, por eso mismo, les resulta mucho m\u00e1s dif\u00edcil ser escuchados.<\/p>\n<p>No exagero. Es otra de las lecciones de la crisis, en particular de los altos ejecutivos del sector financiero, quienes, en virtud de su posici\u00f3n de poder \u2014de problemas de agencia y de informaci\u00f3n asim\u00e9trica\u2014 con los propietarios, pudieron fijar sus propios salarios, sin que importase &quot;su productividad&quot;. Sus enormes ingresos derivaban de su poder negociador. La ense\u00f1anza: el poder pol\u00edtico, como el empresarial, se decanta por la l\u00ednea de menor resistencia. Tiene que decidir qu\u00e9 modifica y qu\u00e9 da por sagrado, qu\u00e9 da por bueno y qu\u00e9 no. Una elecci\u00f3n en la que importa la fuerza de cada cual, no la justicia de lo que pide.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed las cosas pintan mal. Tengo dudas acerca de la eficacia de la reforma laboral, pero de lo que no tengo duda alguna es de que modifica las relaciones de fuerza entre los trabajadores y los empresarios ni de que, m\u00e1s temprano que tarde, eso tendr\u00e1 consecuencias en la redistribuci\u00f3n de la renta. Nos jugamos bastantes m\u00e1s cosas que una hipot\u00e9tica recuperaci\u00f3n a cualquier precio. Y quien no est\u00e9 de acuerdo, quien crea que todo vale, deber\u00eda reconsiderar la legislaci\u00f3n del trabajo infantil. De momento ya se discute el derecho a quejarse y, a la m\u00ednima, los dicharacheros portavoces de la derecha reaccionan como si vinieran los hunos. Un respeto, que no hacemos m\u00e1s que aplicar lo aprendido.<\/p>\n<p><strong>F\u00e9lix Ovejero Lucas<\/strong> es profesor de Econom\u00eda de la Universidad de Barcelona.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los fundamentalistas del mercado aseguran que este, sin intromisiones institucionales, asegura la prosperidad: m\u00e9rito y bienestar, justicia y eficiencia. Con la crisis ni uno solo de sus principios ha conseguido mantenerse F\u00e9lix Ovejero (Publicado en El Pa\u00eds, aqu\u00ed) RAQUEL MAR\u00cdN La izquierda est\u00e1 contra las cuerdas y la derecha crecida. 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