{"id":331,"date":"2016-02-14T13:05:18","date_gmt":"2016-02-14T13:05:18","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=331"},"modified":"2016-02-14T13:05:18","modified_gmt":"2016-02-14T13:05:18","slug":"teoria-del-aguafiestas-por-javier-goma-lanzon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=331","title":{"rendered":"Teor\u00eda del aguafiestas (por Javier Gom\u00e1 Lanz\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<ul class=\"story-leaf-subtitles\">\n<li class=\"story-leaf-subtitle\">\n<h3>El fil\u00f3sofo Javier Gom\u00e1, uno de los pensadores de referencia en la Espa\u00f1a actual, nos ofrece un breve ensayo a prop\u00f3sito del humor<\/h3>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Teor\u00eda del aguafiestas\" class=\"img-responsive\" height=\"305\" src=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/r\/GODO\/LV\/p3\/WebSite\/2016\/02\/13\/Recortada\/img_ctellez_20160201-110956_imagenes_lv_otras_fuentes_no_archivables_aguafiestas_01-kr6F-U301654417544VgB-992x558@LaVanguardia-Web.jpg\" width=\"519\" \/><\/p>\n<p>Ilustraci\u00f3n del aguafiestas<\/p>\n<div class=\"story-leaf-author\"><a class=\"story-leaf-author-link\" data-link-name=\"auto tag link\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20160213\/302119208796\/teoria-aguafiestas.html\" itemprop=\"url name\" rel=\"author\">JAVIER GOM\u00c1 LANZ\u00d3N<\/a>&#0160;(Publicado en <em>La Vanguardia<\/em>, <a href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20160213\/302119208796\/teoria-aguafiestas.html\">aqu\u00ed<\/a>)<\/div>\n<div class=\"story-leaf-author\">&#0160;<\/div>\n<div class=\"story-leaf-author\">\n<p class=\"p\">En Caracteres, Teofrasto, disc\u00edpulo de Arist\u00f3teles, inaugura el estudio sobre la tipolog\u00eda de las principales formas de ser del hombre, una especie de primer bestiario del animal humano. Salvo que se considerase gen\u00e9ricamente incluido en su cap\u00edtulo XX titulado De la impertinencia, echo de menos en el breve tratado la catalogaci\u00f3n y la oportuna descripci\u00f3n de un tipo demasiado abundante, por desgracia, para poder ser desestimado: el del <strong>aguafiestas<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"p\">No se necesita larga experiencia: basta haber gustado siquiera las primicias de la vida para saber que sus frutos no son siempre dulces. Al contrario, el oficio de vivir resulta con frecuencia gravoso y, comoquiera que nos est\u00e1 reservada en este mundo no poca pesadumbre por inmutable decreto del hado, nos inventamos ilusiones que nos ayudan a sobrellevarla con buen \u00e1nimo, imagin\u00e1ndonos que la vida pueda llegar a parecernos a veces divertida como una fiesta. Pero tan pronto ponemos el pie en esta, no uno sino varios cenizos malasombras compiten entre s\u00ed por ser el primero en aguarla record\u00e1ndonos la inmensidad de las desgracias que nos aguardan, desenga\u00f1\u00e1ndonos de la m\u00e1s dudosa esperanza que anide en nuestro pecho, anticip\u00e1ndonos toda suerte de decepciones y, en general, esforz\u00e1ndose por deprimirnos y desmoralizarnos, y ello en nombre de la lucidez, de la honestidad, del realismo o de una sinceridad mal entendida. Recuerdo haber asistido a una boda en la que el sacerdote que oficiaba la misa, durante la homil\u00eda, pregunt\u00f3 a los contrayentes si acud\u00edan contentos a recibir el sacramento del matrimonio y, sin esperar respuesta, se contest\u00f3 a s\u00ed mismo que c\u00f3mo no iban a estarlo, que por supuesto que estaban contentos, que si no lo estaban entonces cu\u00e1ndo lo estar\u00edan, siendo ese sin duda el mejor momento, el pin\u00e1culo de sus biograf\u00edas, pues a partir de esa hora habr\u00edan de venir \u2013a\u00f1adi\u00f3, mientras la pareja empalidec\u00eda y los desconcertados asistentes empez\u00e1bamos a murmurar\u2013 los conflictos, las frustraciones, las faltas de respeto, las peque\u00f1as o grandes infidelidades, las humillaciones mutuas, las vejaciones\u2026<\/p>\n<p class=\"p\">No me retraigo de decir que una buena porci\u00f3n de la cultura contempor\u00e1nea, precisamente la de m\u00e1s ambiciosa vena, se me antoja a menudo tan aguafiestas como el serm\u00f3n de este cl\u00e9rigo. Abro con avidez intelectual, por ejemplo, un libro de filosof\u00eda reci\u00e9n publicado, aplaudido por la mejor cr\u00edtica, y compruebo que el autor se aplica, una vez m\u00e1s, a la faena de persuadirnos de que nuestra vida es absurda, carente absolutamente de sentido alguno, y que s\u00f3lo nos queda demostrar el valor de aceptar la podredumbre y la miseria de nuestra triste condici\u00f3n superando el infantilismo de los falsos espejismos que nos hechizan. Y no otro mensaje de fondo transmiten la \u00admayor\u00eda de las novelas de la alta literatura, las pel\u00edculas de los directores m\u00e1s vanguardistas, las obras dram\u00e1ticas m\u00e1s originales, las instalaciones de los artistas m\u00e1s rompedores. Ser\u00e1 un arte l\u00facido, honesto, realista y sincero, pero di\u00adgamos como m\u00ednimo que no contribuye mucho a vivir con gozo.<\/p>\n<p class=\"p\">Un esp\u00e9cimen peculiar dentro del g\u00e9nero de aguafiestas lo constituye el individuo que, presa de \u00adalguna forma de resentimiento, sufre por las risas que nacen alegremente en el grupo y trata de arruinar esta felicidad compartida por medio de comentarios destinados a neutralizar el ingenio de quienes han sabido crearla. La palabra espantagustos lo designa con precisi\u00f3n: alguien que no hace nada por sostener la conversaci\u00f3n o colaborar en el entretenimiento general, pero, rencoroso del placer ajeno, en especial del colectivo, nunca encuentra gracioso el chiste pronunciado por otro, o lo revienta, o a mitad del cuento anticipa con un gesto de desd\u00e9n que ya se lo sab\u00eda.<\/p>\n<p class=\"p\">Hallar\u00edamos incompleta, incluso inhumana, a una persona que, compendiando todas las virtudes intelectuales y morales imaginables, fuera por completo incapaz de re\u00edrse. Tomemos, por ejemplo, el ideal renacentista dibujado en El cortesano (1528) de Baltasar de Castiglione. \u201cLa risa \u2013escribe\u2013 es tan natural en nosotros que, por describir un hombre, se suele decir que es un animal dispuesto a re\u00edrse; porque el re\u00edr solamente se ve en los hombres y es casi siempre tes\u00adtigo de una alegr\u00eda que se siente en el coraz\u00f3n, el cual naturalmente es inclinado al placer y apetece el \u00adreposo y desenfadarse\u201d. \u00bfY por qu\u00e9 nos re\u00edmos? \u00bfQu\u00e9 nos mueve a risa? \u201c Digo que el fundamento y casi la fuente donde nacen las gracias que hacen re\u00edr consiste en una cierta desproporci\u00f3n o disfor\u00admidad, si quisi\u00e9redes as\u00ed llamarla; porque \u00adsolamente nos re\u00edmos de aquellas cosas que en s\u00ed desconvienen\u201d. Con esta observaci\u00f3n, Castiglione se adelanta en m\u00e1s de dos siglos a la teor\u00eda que, a partir de Francis Hutcheson y sus Thoughts on laughter (1725), ser\u00e1 dominante: la risa es la respuesta placentera a la percepci\u00f3n en la realidad de una in\u00adcongruencia (ese tropiezo y aparatosa ca\u00edda en la calle que provoca la carcajada de los viandantes). Somos receptivos a la percepci\u00f3n de esta incongruencia porque nosotros mismos somos una manifestaci\u00f3n de ella, una verdadera anomal\u00eda. La naturaleza, que s\u00f3lo cuida de la perpetuaci\u00f3n de la especie y se desentiende de la suerte de sus miembros particulares, tuvo un rapto de genialidad en una loca noche de excesos y cre\u00f3 su obra \u00admaestra: el individuo consciente de su dignidad incondicional, \u00fal\u00adtimo estadio en la evoluci\u00f3n de la \u00advida. Pero como si a la ma\u00f1ana siguiente, ya serena, se arrepintiera de lo hecho, no llev\u00f3 despu\u00e9s su obra hasta las \u00faltimas consecuencias y, en lugar de hacerle justicia a la dignidad que le otorg\u00f3, le re\u00adserv\u00f3 el mismo destino que al resto de las entidades impersonales sin su consciencia ni su dignidad: la vulgaridad de la muerte. De ah\u00ed el \u00adextra\u00f1amiento esencial del hombre respecto a su entorno natural, y de ah\u00ed tambi\u00e9n la g\u00e9nesis de la cultura, la construcci\u00f3n de una segunda \u00adnaturaleza que hace habitable la primera para este ser esencial\u00admente contradictorio, exc\u00e9ntrico (en t\u00e9rminos del antrop\u00f3logo Helmuth Plessner), natural y antinatural a partes iguales. En conclusi\u00f3n, incongruente \u00e9l mismo en sumo grado y muy inclinado a re\u00edr por las incongruencias del mundo.<\/p>\n<p class=\"p\">Esta anomal\u00eda riente que somos cada uno de nosotros ha de someterse al imperio de una realidad mortalmente seria. Uno desea, anhela, espera, pero un ciego y fatal mecanicismo, que se complace en destruir las entidades individuales, desbarata los planes y acaba siempre imponiendo su cruel econom\u00eda. Todos los d\u00edas nuestra experiencia cotidiana confirma esta resistencia densa y pesada, que deja en nuestro coraz\u00f3n posos de angustia, malestar o melancol\u00eda.<\/p>\n<p class=\"p\">Con todo, tambi\u00e9n se producen treguas, vacaciones de la realidad, instantes en los que sus leyes quedan provisionalmente suspendidas. El sue\u00f1o, el juego, la inten\u00adsidad del arte y del erotismo o el sentimiento oce\u00e1nico de lo divino abren espacios en nuestras vidas que interrumpen dichosamente el viejo encadenamiento causal del mundo, niegan por un tiempo la tremenda seriedad de la vida y, al suscitarnos la ilusi\u00f3n de un mundo alternativo, sin dolor, nos convidan a liberar una fantas\u00eda largamente reprimida. El humor constituye una de estas placenteras vacaciones de realidad. Escribi\u00f3 Kierke\u00adgaard: \u201cLo tr\u00e1gico es la contra\u00addicci\u00f3n sufriente; lo c\u00f3mico, la contradicci\u00f3n indolora\u201d. La percepci\u00f3n de una contradicci\u00f3n inesperada en dicha realidad causa placer mental. Siempre satisface sorprender la existencia de fallos en el amo tir\u00e1nico que nos humilla. Y, por otro lado, esa contradicci\u00f3n nos desvela de forma incruenta, obje\u00adtivada en el mundo, la verdad sobre nuestra propia incongruencia esencial.<\/p>\n<p class=\"p\">La observaci\u00f3n de estos desajustes en el mundo despliega un efecto genuinamente c\u00f3mico, que singulariza al humor de las otras treguas del inflexible principio de realidad: un efecto de relativizaci\u00f3n de lo observado. Muchas son las modalidades de lo c\u00f3mico: el ingenio, la broma, el chiste, la iron\u00eda, el sarcasmo, la parodia, la s\u00e1tira. Pero en todas subyace un elemento com\u00fan: el objeto del humor siempre disminuye en tama\u00f1o a los ojos del observador. Kant acu\u00f1\u00f3 la c\u00e9lebre f\u00f3rmula: \u201cLa risa es una emoci\u00f3n que nace de la s\u00fabita transformaci\u00f3n de una ansiosa espera en nada\u201d, donde el acento recae sobre la nada final. Lo c\u00f3mico tiene, pues, un impacto anonadante. Y, como era de esperar, la relativizaci\u00f3n nihilista de lo c\u00f3mico ofende a quien aspira a constituirse en todo. Es decir, a los totalitarismos.<\/p>\n<p class=\"p\">Aludir\u00e9 ahora a cuatro formas de totalitarismo a los que el humor muerde especialmente por la v\u00eda de cuestionar o disolver sus pretensiones absolutistas.<\/p>\n<p class=\"p\">El totalitarismo pol\u00edtico, que, en nombre del patriotismo, destierra el humor de sus fronteras como Plat\u00f3n expuls\u00f3 a los poetas de su rep\u00fablica. El totalitarismo religioso de aquellos fan\u00e1ticos que se adhieren incondicionalmente a los credos y preceptos que dicta la autoridad espiritual sin someterlos siquiera m\u00ednimamente al tribunal de su conciencia. Aunque los dos grandes sistemas totalitarios del pasado siglo han sido notoriamente ateos, la Historia ense\u00f1a que el totalitarismo pol\u00edtico y el religioso se buscan y con frecuencia se al\u00edan, porque mutuamente se convienen para la consecuci\u00f3n del com\u00fan fin perseguido: la obediencia. Se reparten los papeles: el primero, el sometimiento del cuerpo; el segundo, el acatamiento \u00edntimo de la conciencia. En ambos casos, hurtan algunos aspectos de la realidad a la deliberaci\u00f3n racional y libre por el procedimiento de su sacralizaci\u00f3n. El humor, por el contrario, desacraliza el \u00eddolo as\u00ed levantado y, con su actuaci\u00f3n iconoclasta, parad\u00f3jicamente libera una posibilidad pol\u00edtico-religiosa sana, aquella pol\u00edtica y aquella religi\u00f3n que resisten con \u00e9xito y sin temor el relativismo que introduce lo c\u00f3mico.<\/p>\n<p class=\"p\">Buenas dosis de sano relativismo son tambi\u00e9n indicadas como remedio para la tercera forma aqu\u00ed considerada: el totalitarismo del yo. El yo moderno, enamorado de s\u00ed mismo con sobrado \u00e9nfasis, muestra una continuada tendencia a la autodivinizaci\u00f3n. Si la propensi\u00f3n es llevada demasiado lejos, evoluciona en egolatr\u00eda patol\u00f3gica. El loco r\u00ede pero sin humor, porque la percepci\u00f3n de la incongruencia inherente a la risa presupone una normal comprensi\u00f3n, que le falta al enfermo mental, de la congruencia de la realidad que justamente el hecho c\u00f3mico trastoca (el tropiezo es divertido s\u00f3lo para quien esperaba un caminar normal, sin traspi\u00e9). Quien se toma a s\u00ed mismo demasiado en serio deja enseguida de re\u00edr, y en ese minuto se hace risible, rid\u00edculo ante los dem\u00e1s. No se trata de negar el amado ego, con sus anhelos infinitos, sino de educarlo para propiciar la convivencia entre iguales, y una buena manera de civilizarlo es practicar el humor a costa de uno mismo. La cortes\u00eda de la autoiron\u00eda.<\/p>\n<p class=\"p\">Por \u00faltimo, la forma de totalitarismo m\u00e1s universal y definitiva de las cuatro aqu\u00ed enunciadas: el totalitarismo de la muerte. Desde el mismo momento del nacimiento, ya empezamos a envejecer y en el devenir de nuestra mortalidad va esta asumiendo los contornos de un perfil individual que alg\u00fan d\u00eda, incomprensible e injustamente, la muerte destruir\u00e1. \u201cLa muerte \u2013escribe Max Scheler en Muerte y supervivencia\u2013 no es simplemente una parte emp\u00edrica de nuestra experiencia, sino que es de esencia de la experiencia de toda vida, inclusive de la nuestra propia, el hallarse dirigido hacia la muerte\u201d. En consecuencia, la muerte no s\u00f3lo nos espera al final del camino sino que informa y configura nuestro ser mientras lo recorre. El absolutismo del principio de realidad nos abruma, como un fondo tr\u00e1gico que enmarca nuestra cotidianidad hasta su amargo desenlace. De ah\u00ed que Scheler recomiende en su ensayo un poco de frivolidad metaf\u00edsica, \u201cese sosiego y esa jovialidad ante la gravedad e importancia del pensamiento de la muerte\u201d. Si nos tom\u00e1ramos la vida con la enfadosa circunspecci\u00f3n que merece, posiblemente se nos har\u00eda invivible. Hemos de preferir, pues, un desenfado filos\u00f3fico con funci\u00f3n desdramatizadora, que d\u00e9 a nuestra vida cotidiana una liviandad soportable. Y, entre las frivolidades que desenfadan y alivian, destaca sin duda la risa, que no es salvadora ni redentora, por desgracia, pero s\u00ed higi\u00e9nica, sanadora y maravillosamente amable.<\/p>\n<p class=\"p\">El humor se encuentra en permanente tensi\u00f3n con sus l\u00edmites. M\u00e1s a\u00fan, s\u00f3lo si hay l\u00edmites el humor tiene gracia. Le ocurre como al eros: que, seg\u00fan Bataille, requiere de lo sagrado para profanarlo, igual que el blasfemo necesita cerca a un devoto temeroso de Dios. Pasarse de la raya pero s\u00f3lo para confirmarla y luego volver a pasarse. Ese juego entre la regla y su rebasamiento est\u00e1 reservado a quien sabe proceder con tacto y posee el don de la oportunidad para comprender la idiosincrasia de las diferentes situaciones, atento a lo que cada momento concreto prudencialmente pide o permite. El cortesano perfecto, en el ideal de Castiglione, ha de desarrollar este sentido indefinible, al que, por su importancia, dedica todo un cap\u00edtulo de su tratado: T\u00e9rminos y modos que debe usar el cortesano en el decir de las gracias y motes para hacer re\u00edr y(II, 5), donde se lee: \u201c As\u00ed que todo lo que mueve a risa decimos que alegra y da placer, y hace que aquel rato el hombre se olvide de las enojosas pesadumbres, que tienen en nuestra vida lo m\u00e1s del tiempo ocupada. Por eso todos huelgan de re\u00edr, y es de mucho loar el que le mueve en los otros a buena saz\u00f3n y por \u201d. Un buen arte, contextual y situacional, que ayuda a discernir los l\u00edmites temporales, espaciales y tem\u00e1ticos concurrentes en cada caso, sin que sea posible formularlos de antemano con un car\u00e1cter universal.<\/p>\n<p class=\"p\">Con todo, no ser\u00eda demasiado arriesgado proponer un principio vagamente general, ya sugerido en el tratado renacentista cuando dice: \u201c Conviene que huya el cortesano de ser tenido por maligno o perjudicial, y no cure de decir donaires por s\u00f3lo hacer despecho y tocar en la llaga que m\u00e1s duele\u201d. En otras palabras, el l\u00edmite es\u2026 el dolor ajeno. El humor no debe a\u00f1adir sufrimiento a este mundo, sino aliviar el mucho ya existente, y a medida que la empat\u00eda \u2013la imaginaci\u00f3n para ponerse en el lugar del otro\u2013 progresa en una cultura, los l\u00edmites tambi\u00e9n avanzan. La s\u00e1tira, que ridiculiza pol\u00e9micamente la conducta de los poderosos, ser\u00eda una excepci\u00f3n s\u00f3lo aparente, porque aqu\u00ed el aguij\u00f3n del humor se pondr\u00eda al servicio de la cr\u00edtica social, funcionando como punzante instrumento de antipoder.<\/p>\n<p class=\"p\">El humor nos permite tomarnos, de vez en cuando, unas placenteras vacaciones de realidad; derrama perfumadas gotas de frivolidad sobre un mundo mortalmente serio y previsible; combate los totalitarismos, incluido el m\u00e1s temible y absoluto de ellos; destierra la pesadumbre y proporciona descanso y pasatiempo al pecho afligido. Vistas tantas ventajas y otras que podr\u00edan a\u00f1adirse, uno estar\u00eda tentado de vocear por plazas y pregonar por calles: \u201cR\u00edase, r\u00edase la gente\u201d.<\/p>\n<p class=\"p\">Y ahora puede tambi\u00e9n calcularse la magnitud del delito que comete el aguafiestas, especializado en frustrar el raro placer de estar en buena compa\u00f1\u00eda. Cantan los versos de la&#8230;<\/p>\n<p class=\"p\">Javier Gom\u00e1 es escritor. Su libro&#0160;m\u00e1s reciente, \u2018Filosof\u00eda mundana. Microensayos completos\u2019, ser\u00e1 publicado por&#0160;la editorial Galaxia Gutenberg el&#0160;pr\u00f3ximo 2 de marzo<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo Javier Gom\u00e1, uno de los pensadores de referencia en la Espa\u00f1a actual, nos ofrece un breve ensayo a prop\u00f3sito del humor Ilustraci\u00f3n del aguafiestas JAVIER GOM\u00c1 LANZ\u00d3N&#0160;(Publicado en La Vanguardia, aqu\u00ed) &#0160; En Caracteres, Teofrasto, disc\u00edpulo de Arist\u00f3teles, inaugura el estudio sobre la tipolog\u00eda de las principales formas de ser del hombre, una&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":[],"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","footnotes":""},"categories":[2,4,5,6,24,7,16,8,19,22,25],"tags":[],"class_list":["post-331","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-cultura","category-educacion","category-historia","category-libros","category-literatura","category-politica","category-sociedad","category-sociedad-de-la-informacion","category-web-tecnologia","category-weblogs"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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