{"id":3249,"date":"2012-06-22T23:44:32","date_gmt":"2012-06-22T23:44:32","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=3249"},"modified":"2012-06-22T23:44:32","modified_gmt":"2012-06-22T23:44:32","slug":"el-precio-de-lo-importante-por-felix-ovejero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=3249","title":{"rendered":"El precio de lo importante (por F\u00e9lix Ovejero)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">No hay manera de prescindir de consideraciones morales en las decisiones econ\u00f3micas. Poner a la venta ciertas cosas rompe con elementales principios de igualdad y corrompe el bien al que se le pone precio<\/span><\/p>\n<div><a href=\"\/autor\/felix_ovejero\/a\/\" rel=\"author\" title=\"Ver todas las noticias de F\u00e9lix Ovejero\">F\u00e9lix Ovejero<\/a>&#0160;(Publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2012\/06\/20\/opinion\/1340194989_531194.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" height=\"448\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2012\/06\/20\/opinion\/1340194989_531194_1340297330_noticia_normal.jpg\" width=\"300\" \/><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 8pt;\">ENRIQUE FLORES<\/span><\/p>\n<div>\n<div>No hay mal que por bien no venga. A lo tonto, los espa\u00f1oles, a cuenta de la crisis, hemos hecho un m\u00e1ster en econom\u00eda financiera. No solo eso. En el camino tambi\u00e9n hemos aprendido la higi\u00e9nica perspectiva anal\u00edtica de los economistas: al final, todo se reduce a ponderar costes y beneficios, o m\u00e1s exactamente, a dise\u00f1ar unas instituciones que, al enmarcar un juego de incentivos para los agentes econ\u00f3micos, permitan obtener resultados interesantes desde alg\u00fan punto de vista. Es buena cosa, entre otras razones, porque nos alivia de las ret\u00f3ricas antropol\u00f3gicas que, a solas o en compa\u00f1\u00eda del virus nacionalista, florecen con tanta facilidad en las circunstancias complicadas para acabar echando la culpa de los males propios a la identidad de los otros: que si los espa\u00f1oles somos unos haraganes, los alemanes unos mezquinos y los griegos, ni les cuento.<\/div>\n<div>\n<p>La perspectiva econ\u00f3mica, se dice, tambi\u00e9n habr\u00eda expulsado las consideraciones morales. Lo importante es resolver los problemas y no oficiar como rabinos. Es posible que en el presente embrollo los peatones de la historia no tengan responsabilidades y los banqueros muchas, pero, cuando todo se hunde, no cabe andarse con rogatorias: si queremos salir de pozo, los ciudadanos deben olvidarse de los compromisos y los acuerdos sociales sobre los que planearon sus vidas y allanar la senda a los bancos para que sobrevivan. No son tiempos para homil\u00edas o reprimendas, o solo para las que sirvan a la eficacia, aquellas que eviten el acomodo en la irresponsabilidad, como sucede cuando los agentes econ\u00f3micos saben que, si yerran a lo grande, el Estado asumir\u00e1 sus desastres, y si les sale bien, se quedan con el dinero.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<p>Se acepta poner precio a la democracia, como si se tratara de un lujo in\u00fatil<\/p>\n<\/div>\n<p>Aqu\u00ed ya la apelaci\u00f3n a la asepsia \u00e9tica comienza a complicarse. Y es que no resulta f\u00e1cil hacer econom\u00eda sin rozar la moral. Hemos visto al gobierno invocar una \u00e9tica del m\u00e9rito y lamentarse de que \u201cdespu\u00e9s de tantos esfuerzos es injusto que no nos recompensen\u201d. Y los m\u00e1s refinados economistas, aunque recubran sus an\u00e1lisis con el celof\u00e1n de costos y beneficios, a diario se avecinan a la moralina, cuando no a la m\u00e1s c\u00e1ndida filosof\u00eda de la historia, esa que asume que, al final, el curso de la historia camina en la buena direcci\u00f3n. Que en eso y no en otra cosa incurren cuando sostienen cosas como que \u201cno se llegar\u00e1 a una situaci\u00f3n irreparable porque a Alemania le supone m\u00e1s costes\u201d. Pues no. Si algo nos ha ense\u00f1ado la teor\u00eda social, cuando no la vida, es que enfilado cada cual en su vereda \u2014sobre todo, en ausencia de instancias de coordinaci\u00f3n y decisi\u00f3n colectiva\u2014 nos podemos meter, incluso con la mejor voluntad, en los peores avisperos. Los alemanes, sin ir m\u00e1s lejos, en un par de guerras mundiales, bastante m\u00e1s \u201ccostosas\u201d que cualquier alternativa. Vamos, que en la historia, <em>pace<\/em> Hegel, no rige la astucia de la raz\u00f3n. Salvo, claro, que pensemos que Dios vela por el buen curso de los acontecimientos. Pero no creo yo que los economistas quieran echar de la fiesta a la filosof\u00eda moral para invitar a la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Lo cierto es que no hay manera de prescindir de consideraciones morales en las decisiones econ\u00f3micas y conviene no ignorarlo. Incluso para aceptar que muchas veces, ante los dilemas de nuestras vidas, la mejor decisi\u00f3n consiste en echar las cuentas, en \u201csoluciones de mercado\u201d, para decirlo en el l\u00e9xico del gremio. Aunque no siempre. Parece razonable que, al vender una casa, se la quede quien m\u00e1s dinero ofrece pero no resulta tan claro que un coraz\u00f3n se le deba trasplantar al que m\u00e1s puje por \u00e9l. No se asombren, que hay quien lo propone. La asignaci\u00f3n de los recursos escasos seg\u00fan la capacidad y disposici\u00f3n a pagar por ellos ya funciona en contextos que nadie hubiera imaginado hace unos a\u00f1os: la calidad de las celdas en las prisiones; el acceso a un carril libre de tr\u00e1nsito en los atascos; el tel\u00e9fono privado del m\u00e9dico; la adquisici\u00f3n de la nacionalidad; la caza de animales en peligro de extinci\u00f3n; la admisi\u00f3n de zotes en las universidades de \u00e9lite y mil asuntos m\u00e1s.<\/p>\n<p>A los humanos psicol\u00f3gicamente normales se nos puede ocurrir que, en esos casos, algo serio, que tiene que ver con la igualdad, se est\u00e1 poniendo en peligro, que no todos juegan con las mismas cartas. Claro que, si los ciudadanos andan faltos de recursos, siempre tienen la posibilidad de acudir a otros mercados para mejorar sus ingresos: ofrecer su frente para anuncios publicitarios, su h\u00edgado para pruebas de laboratorio, su vientre para gestar hijos ajenos o las p\u00e1ginas de sus poemarios para trufarlas con marcas comerciales, aquello que los nov\u00edsimos hac\u00edan de franco, ingenuos. Y si no, pues aceptar una retribuci\u00f3n de su compa\u00f1\u00eda de seguros por perder peso, de un rico que quiere asistir a un espect\u00e1culo o a las sesiones del Parlamento y no est\u00e1 para perder tiempo en una fila y, si es un escolar, por leer un libro.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\"><a name=\"sumario_2\"><\/a><\/p>\n<p>Al final, lo que importa, tambi\u00e9n para la mejor econom\u00eda, son las mejores instituciones<\/p>\n<\/div>\n<p>Esos ejemplos, y otros no menos vistosos, los recorre con brillantez Michael Sandel en <em>What Money Can&#39;t Buy<\/em>. Su moraleja es moderada: el mercado, que sirve para muchas cosas, en otros casos mina importantes soportes morales de las sociedades. No nos parece bien que, en mitad de un desastre como el Katrina, las escasas botellas de agua se subasten al mejor postor o que se puedan comprar y acumular votos, como se acumula dinero, por m\u00e1s que no falten te\u00f3ricos de la pol\u00edtica que lo defiendan. Poner a la venta ciertas cosas rompe con elementales principios de igualdad. Y algo peor. Corrompe el bien al que se le pone precio y hasta puede hacerlo desaparecer. Tener hijos parar venderlos degrada la paternidad, pagar a un amigo para compensarle por llegar tarde a una cita pervierte la amistad, subastar el acceso de los ciudadanos al Parlamento envilece la vida c\u00edvica.<\/p>\n<p>No debi\u00e9ramos descuidar estas consideraciones en d\u00edas en los que con naturalidad se acepta poner precio a la democracia, como si se tratara de un lujo in\u00fatil. Ni las comunidades pol\u00edticas son sociedades an\u00f3nimas, <em>pace<\/em> los nacionalismos y su matraca de que \u201cEspa\u00f1a no hace lo suficiente para que nos quedemos\u201d, ni el control de los ciudadanos de su vida compartida se puede dejar en manos de lo que unos ocurrentes hermeneutas infieren de la sintaxis de un funcionario alem\u00e1n o de las sutiles muecas de Draghi. La existencia de instituciones \u2014espa\u00f1olas o europeas\u2014 que nos aseguren una buena democracia no es un lujo sino el soporte de todo lo dem\u00e1s, incluido el buen mercado. Fiscalidades, tribunales, funcionarios, bancos centrales, sistemas educativos, conforman una red institucional sobre la que se levantan las monedas, los derechos, las comunicaciones, la seguridad al planear la vida, las finanzas, en suma, un orden del mundo, sin el que no existir\u00edan las modernas econom\u00edas. Sin esa trama, no hay mercado o, para ser m\u00e1s exactos, buen mercado. Sin esa trama y otra red moral \u2014e incluso emocional\u2014 de confianza, mutuo respeto, aceptaci\u00f3n de la libre voluntad ajena o reconocimiento del esfuerzo con fuente de riqueza y que, puestos a contarlo todo, se sostiene en importantes disposiciones biol\u00f3gicas, instintivas. Tambi\u00e9n lo han contado con detalle los economistas que saben de algo m\u00e1s que de econom\u00eda (Samuel Bowles, <em>Microeconomics: Behavior, Institutions, and Evolution).<\/em><\/p>\n<p>Al final, lo que importa, tambi\u00e9n para la mejor econom\u00eda son las mejores instituciones, que no son resultado del mercado, sino su condici\u00f3n de posibilidad. Son previas y se inspiran en valores que nos parecen importantes, que, literalmente, no tienen precio. Esa es la tesis, por cierto, excelentemente sostenida por dos economistas de primera, Daaron Acemoglu y James Robinson, en su muy importante libro \u00faltimo, <em>Why Nations Fail<\/em>. Econom\u00eda de la buena. Nada que ver con esa otra que tanto se pasea por los medios y cuya \u201cteor\u00eda\u201d m\u00e1s seria \u2014y \u00fanica\u2014 consiste en que la actividad p\u00fablica es un latrocinio, la redistribuci\u00f3n un expolio y los impuestos una confiscaci\u00f3n. Eso es otra cosa: mala econom\u00eda y repugnante moral. Econom\u00eda al mejor postor.<\/p>\n<p><strong>F\u00e9lix Ovejero<\/strong> es profesor de la Universidad de Barcelona. Su \u00faltimo libro publicado es <em>La trama est\u00e9ril<\/em> (Montesinos).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay manera de prescindir de consideraciones morales en las decisiones econ\u00f3micas. Poner a la venta ciertas cosas rompe con elementales principios de igualdad y corrompe el bien al que se le pone precio F\u00e9lix Ovejero&#0160;(Publicado en El Pa\u00eds, aqu\u00ed) ENRIQUE FLORES No hay mal que por bien no venga. 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