{"id":176,"date":"2016-05-29T19:19:04","date_gmt":"2016-05-29T19:19:04","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=176"},"modified":"2025-09-11T17:17:23","modified_gmt":"2025-09-11T17:17:23","slug":"las-amistades-desaparecidas-por-javier-marias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=176","title":{"rendered":"Las amistades desaparecidas (por Javier Mar\u00edas)"},"content":{"rendered":"<div class=\"header\">\n<header><span class=\"kicker\"><a href=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/temas\/la-zona-fantasma\/\">LA ZONA FANTASMA<\/a><\/span><\/p>\n<h2><a href=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/autor\/javier-marias\" title=\"Javier Mar\u00edas\">Javier Mar\u00edas<\/a><\/h2>\n<h1>LAS AMISTADES DESAPARECIDAS<\/h1>\n<h3 class=\"subheading\">En algunos momentos produce v\u00e9rtigo acordarse de las personas dejadas por el camino.<\/h3>\n<\/header>\n<p class=\"update\">(Publicado en&#0160;<em>EL PA\u00cdS SEMANAL<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/columna\/las-amistades-desaparecidas\/\">aqu\u00ed<\/a>)<\/p>\n<figure><img decoding=\"async\" alt=\"COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS\" src=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS-440x330.png\" \/><\/figure>\n<\/div>\n<div class=\"article_body\">\n<div class=\"wrapper_adv adv_aside adv_xxl\" data-align=\"top\" data-flag=\"on\" data-order=\"fix\" data-suborder=\"container\" id=\"fixedAdv\">&#0160;<\/div>\n<p>LA OTRA noche me forc\u00e9 a llamar a una vieja amiga (lo es desde hace cuarenta y tantos a\u00f1os), para por lo menos hablar con ella, ya que en los \u00faltimos tiempos nos vemos poco. Poco, pero todav\u00eda nos vamos viendo, lo cual ya es mucho, pens\u00e9, en comparaci\u00f3n con lo que me sucede con decenas de amistades, o les sucede a ellas conmigo. Me temo que nos ocurre a todos, y en algunos momentos produce v\u00e9rtigo acordarse de las personas dejadas por el camino, o \u2013insisto\u2013 que nos han dejado a nosotros orillados, colgados o en la cuneta. A veces uno sabe por qu\u00e9. Las peleas, las decepciones, las ingratitudes, son algo de lo que nadie se libra a lo largo de una vida de cierta duraci\u00f3n, pongamos de cuatro d\u00e9cadas o m\u00e1s. Casi nada hiere tanto como sentirse traicionado por un amigo, y entonces la amistad suele verse sustituida por abierta enemistad. Uno puede no ir contra \u00e9l, no atacarlo, no buscar perjudicarlo en atenci\u00f3n al antiguo afecto, por una especie de lealtad hacia el pasado com\u00fan, hacia lo que hubo y ya no hay. Lo que es casi imposible es que no lo borre de su existencia. Uno cancela todo contacto, pasa a hacer caso omiso de \u00e9l, lo evita, y cabe que, si se lo cruza por la calle, mire hacia otro lado, finja no verlo y ni siquiera lo salude con el saludo m\u00e1s perezoso, un gesto de la cabeza.<\/p>\n<p>Uno sabe a veces por qu\u00e9. Curiosamente, las cuestiones pol\u00edticas son, en Espa\u00f1a, frecuente motivo de ruptura o alejamiento. Si dos amigos divergen en exceso en sus posturas, es f\u00e1cil que acaben re\u00f1idos sin que se haya dado entre ellos nada personal. Cabe la posibilidad de no sacar esos temas, pero es una alternativa siempre forzada: en el intercambio de impresiones se crea un hueco inc\u00f3modo y que tiende a ocupar cada vez m\u00e1s espacio, hasta que lo ocupa todo y no hay forma de rodearlo, ni de disimular. Se charla un poco de f\u00fatbol, de la familia, del trabajo, pero la conversaci\u00f3n se hace embarazosa, ortop\u00e9dica, sobre ella planea el independentismo vehemente que uno de los dos ha abrazado, o su entrega a la secta llamada Podemos, o su conversi\u00f3n al PP, por ejemplo. Cosas que el otro no puede entender ni soportar. Hay ocasiones m\u00e1s sorprendentes en las que uno tambi\u00e9n sabe por qu\u00e9: porque presenci\u00f3 una mala \u00e9poca del amigo, que \u00e9ste ya dej\u00f3 atr\u00e1s; porque le prest\u00f3 o dio dinero, o lo vio en momentos de extrema debilidad. Hay quienes, lejos de tenerle agradecimiento, no perdonan a otro el haberse portado bien, o el haberles sacado las casta\u00f1as del fuego. Cuando echamos una mano, del tipo que sea, en realidad nunca sabemos si estamos cre\u00e1ndonos un amigo o un enemigo para el resto de la vida, y eso es particularmente arriesgado hoy en d\u00eda, cuando hay tanta gente necesitada de manos para sobrevivir. Por propia experiencia, cada vez que echo una, me pregunto si recibir\u00e9 gratitud por ella o una inquina invencible e irracional, un desmedido rencor. Supongo que el mero hecho de pedir ayuda \u2013m\u00e1s a\u00fan de recibirla\u2013 representa para algunos individuos una humillaci\u00f3n intolerable que har\u00e1n pagar precisamente al que se la presta. Al que estuvo en condici\u00f3n de ofrec\u00e9rsela y por lo tanto en una posici\u00f3n de superioridad. Aunque \u00e9ste no la subraye en modo alguno, aunque d\u00e9 todas las facilidades y reste importancia a su generosidad, hay personas que nunca perdonar\u00e1n al testigo de su penuria, de su desmoronamiento o de su decadencia temporal. De su fragilidad.<\/p>\n<p>Otras veces alguien se aparta porque al otro le va demasiado bien y es un recordatorio de lo que no tenemos. O porque le va demasiado mal y es un recordatorio de lo que a cualquiera nos puede aguardar. En Espa\u00f1a hay que andarse con pies de plomo a la hora de mostrar los logros y los fracasos, la alegr\u00eda y la desdicha. Un exceso de lo uno o lo otro es siempre un peligro, se corre el riesgo de quedarse solo y abandonado. Creo que era Mihura quien dec\u00eda que un escritor afortunado deb\u00eda hacer correr el bulo de que estaba gravemente enfermo, para permitir que se lo mirase con piedad y rebajar el resentimiento por sus \u00e9xitos: \u201cYa, pero se va a morir\u201d, es un consuelo que atempera la envidia.<\/p>\n<p>Pero demasiadas veces no sabemos por qu\u00e9 se desvanece una amistad. Por qu\u00e9 las cenas semanales, o incluso la llamada diaria, se han quedado en nada, quiero decir en ninguna cena ni una sola llamada. S\u00ed, aparecen nuevos amigos que desplazan a los antiguos; s\u00ed, nos cansamos o nos desinteresamos por alguien o ese alguien por nosotros; s\u00ed, un ser querido se torna iracundo, o l\u00e1nguido y perpetuamente quejoso, o exige invariablemente sin aportar nunca nada, o s\u00f3lo habla de sus obsesiones sin el menor inter\u00e9s por el otro. De pronto nos da pereza verlo, nada m\u00e1s. No ha habido ri\u00f1a ni roce, ofensa ni decepci\u00f3n. Poco a poco desaparece de nuestra cotidianidad, o \u00e9l nos hace desaparecer de la suya. Y falta de tiempo, claro est\u00e1, el aplazamiento infinito. Esos son los casos m\u00e1s misteriosos de todos. Quiz\u00e1 los que menos duelen, pero tambi\u00e9n los que de repente, una noche nost\u00e1lgica, nos causan mayor incomprensi\u00f3n y mayor perplejidad.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA ZONA FANTASMA Javier Mar\u00edas LAS AMISTADES DESAPARECIDAS En algunos momentos produce v\u00e9rtigo acordarse de las personas dejadas por el camino. 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