{"id":1070,"date":"2014-12-07T12:11:01","date_gmt":"2014-12-07T12:11:01","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=1070"},"modified":"2014-12-07T12:11:01","modified_gmt":"2014-12-07T12:11:01","slug":"las-deformaciones-de-la-memoria-por-jose-alvarez-junco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadecuenca.es\/?p=1070","title":{"rendered":"Las deformaciones de la memoria (por Jos\u00e9 \u00c1lvarez Junco)"},"content":{"rendered":"<div>\n<div>\n<div id=\"subtitulo_noticia\">\n<ul>\n<li>La Guerra de la Independencia espa\u00f1ola y la ocupaci\u00f3n alemana de Francia son conflictos complejos simplificados por inter\u00e9s patri\u00f3tico. Para entender el pasado nada hay m\u00e1s distorsionador que el nacionalismo<\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/elpais.com\/autor\/jose_alvarez_junco\/a\/\" rel=\"author\" title=\"Ver todas las noticias de Jos\u00e9 \u00c1lvarez Junco\">JOS\u00c9 \u00c1LVAREZ JUNCO<\/a>&#0160;(Publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, <a href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2014\/12\/03\/opinion\/1417620379_683896.html\" target=\"_self\">aqu\u00ed<\/a>)<a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/fecha\/20141207\" title=\"Ver todas las noticias de esta fecha\"><br \/><\/a><\/div>\n<div>&#0160;<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" height=\"439\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2014\/12\/03\/opinion\/1417620379_683896_1417886877_noticia_normal.jpg\" title=\"\" width=\"300\" \/><\/p>\n<p>RAQUEL MAR\u00cdN<\/p>\n<p>Este 2014 ha sido un a\u00f1o de centenarios: el del inicio de la Gran Guerra europea, por ejemplo, o el del final de la de Sucesi\u00f3n espa\u00f1ola. M\u00e1s inadvertido ha pasado, sin embargo, la conmemoraci\u00f3n de 1814, fecha en la que termin\u00f3 la guerra napole\u00f3nica en Espa\u00f1a y volvi\u00f3 el&#0160;<em>Deseado<\/em>Fernando VII, quien dio su golpe de Estado contra el r\u00e9gimen constitucional, encarcelando o enviando al exilio a sus padres fundadores.<\/p>\n<p>Aquella guerra que finaliz\u00f3 hace 200 a\u00f1os fue un acontecimiento de extraordinaria complejidad. Se combinaron en ella, como m\u00ednimo, un enfrentamiento internacional (entre Francia e Inglaterra, las dos grandes potencias imperiales del momento; suyos fueron los dos Ej\u00e9rcitos que libraron las principales batallas en la Pen\u00ednsula) y una guerra civil (pues hubo espa\u00f1oles en los dos bandos). Pero tuvo mucho tambi\u00e9n de reacci\u00f3n xen\u00f3foba, antifrancesa, que conectaba con la francofobia heredada de la Monarqu\u00eda de los Austrias y, espec\u00edficamente, de las resistencias al reformismo ilustrado del siglo anterior; de pugna partidista entre godo\u00edstas y fernandinos (protagonistas, estos \u00faltimos, de muchas de las sublevaciones que se presentaron como \u201cantifrancesas\u201d a finales de mayo de 1808); de cruzada antirrevolucionaria, que reactivaba las pr\u00e9dicas de la guerra de 1793-1795 contra nuestros ateos y regicidas vecinos; de explosi\u00f3n localista, plasmada en las diversas juntas rebeldes (cuya unificaci\u00f3n en una Central y Suprema no fue nada f\u00e1cil); de protesta social popular (contra los godo\u00edstas, que sol\u00edan coincidir los \u201cafrancesados\u201d y, no por casualidad, con los potentados del lugar), etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Tan dif\u00edcil fue entender pol\u00edticamente aquel conflicto que tard\u00f3 a\u00f1os en ser bautizado: tras recibir nombres como la&#0160;<em>Revoluci\u00f3n espa\u00f1ola<\/em>&#0160;o la&#0160;<em>Guerra del<\/em>&#0160;<em>Franc\u00e9s,<\/em>&#0160;acab\u00f3 siendo simplificado en t\u00e9rminos nacionales: hab\u00eda sido una&#0160;<em>Guerra de Independencia<\/em>&#0160;de todos los espa\u00f1oles \u2014salvo los inevitables traidores; hasta en las mejores familias hay degenerados\u2014 contra un intento de absorci\u00f3n imperial por parte de Napole\u00f3n. Siguiendo este gui\u00f3n se convertir\u00eda, durante el resto del XIX, en piedra angular de la mitolog\u00eda nacionalista. A\u00f1o tras a\u00f1o, el Dos de Mayo ser\u00eda conmemorado en t\u00e9rminos patri\u00f3ticos, principalmente en Madrid; se erigir\u00edan monumentos a los fusilados en esas fechas; Gald\u00f3s dedicar\u00eda a aquella guerra la primera serie de sus&#0160;<em>Episodios<\/em>&#0160;<em>nacionales;<\/em>&#0160;y Bernardo L\u00f3pez Garc\u00eda escribir\u00eda el poema patri\u00f3tico de mayor \u00e9xito, que comenzaba con el lastimero \u201cOigo, patria, tu aflicci\u00f3n\u201d. En definitiva, era un buen comienzo para el siglo del nacionalismo \u2014un siglo que, en el caso espa\u00f1ol, parec\u00eda ofrecer tan pocas cosas de las que enorgullecerse\u2014: un levantamiento un\u00e1nime, protagonizado por un pueblo inerme, abandonado por sus \u00e9lites dirigentes, que pese a todo hab\u00eda derrotado al mejor Ej\u00e9rcito del mundo; proeza que reforzaba la leyenda escolar de la raza invencible en milenaria pugna por afirmar su identidad frente a intentos de dominio extranjero.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Las versiones autocomplacientes olvidan la colaboraci\u00f3n masiva con los ocupantes<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Para defender aquella versi\u00f3n hab\u00eda que olvidar que el general en jefe de los Ej\u00e9rcitos supuestamente \u201cespa\u00f1oles\u201d se hab\u00eda llamado sir Arthur Wellesley, duque de Wellington; que en las filas \u201cfrancesas\u201d hab\u00edan luchado no solo regimientos y mariscales de Napole\u00f3n (con tropas polacas o italianas), sino tambi\u00e9n soldados y generales espa\u00f1oles; que las \u00e9lites intelectuales, eclesi\u00e1sticas, burocr\u00e1ticas y militares del pa\u00eds se hab\u00edan alineado mayoritariamente con Jos\u00e9 Bonaparte; y que la guerra hab\u00eda estado virtualmente ganada por los josefinos durante tres a\u00f1os, entre principios de 1809 y finales de 1811, hasta que Napole\u00f3n se llev\u00f3 a m\u00e1s de la mitad de sus tropas a la desastrosa campa\u00f1a rusa; solo entonces se atrevi\u00f3 el cauteloso Wellington a salir de Portugal; y fue \u00e9l, y no los generales espa\u00f1oles, quien gan\u00f3 batallas a los franceses. En la primavera de 1810, cuando C\u00e1diz y Palma de Mallorca eran las \u00fanicas ciudades rebeldes al rey Jos\u00e9, este hizo un periplo por Andaluc\u00eda en el que fue recibido de manera entusiasta en numerosas poblaciones. Ning\u00fan monumento, ni libro subvencionado por instituciones nacionales ni regionales, recuerda aquel viaje.<\/p>\n<p>Para explicar la complejidad de este conflicto sin herir susceptibilidades patri\u00f3ticas, se me ocurre compararlo con un per\u00edodo paralelo de la historia francesa: los a\u00f1os 1940-1944, pasados bajo ocupaci\u00f3n alemana; algo que seguramente agradar\u00e1 a los espa\u00f1olistas (as\u00ed como el chauvinista galo estar\u00e1 probablemente encantado de lo que lleva leyendo en este art\u00edculo hasta el momento). Un siglo y cuarto despu\u00e9s de Napole\u00f3n, tambi\u00e9n Francia fue ocupada por los Ej\u00e9rcitos de su vecino del noreste y se desarroll\u00f3 un tr\u00e1gico enfrentamiento que la historia hoy dominante presenta como de resistencia un\u00e1nime contra el invasor alem\u00e1n. El r\u00e9gimen de Vichy, seg\u00fan esta versi\u00f3n, habr\u00eda consistido en un pu\u00f1ado marginal de traidores, mero producto de la imposici\u00f3n extranjera y desprovisto de toda legitimidad. Quien encarn\u00f3 la&#0160;<em>Francia eterna<\/em>&#0160;fue la&#0160;<em>R\u00e9sistence,<\/em>acaudillada por De Gaulle desde el otro lado del Canal. Y de ah\u00ed que nuestros vecinos galos se crean con perfecto derecho a figurar entre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Lamentablemente para esta versi\u00f3n tan autocomplaciente, tambi\u00e9n en este caso se produjo una colaboraci\u00f3n con los ocupantes mucho m\u00e1s generalizada de lo que se nos quiere hacer creer; que el gobierno de Vichy no fue solo una marioneta (que lo fue), sino que sintonizaba con una parte importante de la poblaci\u00f3n francesa; que la conservadora visi\u00f3n del mundo del mariscal P\u00e9tain, tan ajena a la tradici\u00f3n revolucionaria, coincid\u00eda con lo que sent\u00edan muchos franceses, sobre todo provincianos de clases medias. Para P\u00e9tain, el eximio patriota, el h\u00e9roe de Verd\u00fan, la colectividad deb\u00eda primar sobre los individuos; Francia era un pa\u00eds cat\u00f3lico; protestantes, extranjeros y jud\u00edos no eran gente de fiar; era preciso eliminar el capitalismo liberal, una \u201cimportaci\u00f3n extranjera\u201d; y el pa\u00eds deber\u00eda reorganizarse, no sobre la base del individualismo inorg\u00e1nico propio de la \u201cseudo-democracia plutocr\u00e1tica\u201d, sino a partir de sus \u201ccomunidades naturales\u201d (familia, profesi\u00f3n, regi\u00f3n), \u00fanicos principios s\u00f3lidos para una sociedad ordenada y estable.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\"><a name=\"sumario_2\"><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>La autoestima colectiva exige que se compare la maldad extranjera con la nobleza propia<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>Con P\u00e9tain colaboraron, aparte de la mir\u00edada de oportunistas que aparecen en estas ocasiones, las organizaciones de excombatientes de 1914-1918 y buena parte de los altos cuerpos de la Administraci\u00f3n, la Iglesia, los patronos, los grandes industriales, la banca y muchos artistas e intelectuales; en general, clases sociales acomodadas, dominadas por el antibolchevismo, la obsesi\u00f3n por mantener el imperio colonial y el temor a los cambios sociales propios de la modernidad que Francia llevaba d\u00e9cadas experimentando. Hubo cientos de miles de franceses, de todas las procedencias y clases sociales, que no solo denunciaron a jud\u00edos sino que prestaron apoyo pol\u00edtico expl\u00edcito a los alemanes, hicieron propaganda a favor de la colaboraci\u00f3n e incluso se enrolaron con el uniforme del ocupante.<\/p>\n<p>La principal diferencia entre estos dos fen\u00f3menos de ocupaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n es que Vichy est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo en el tiempo. Quiz\u00e1s por eso, o porque en nuestra \u00e9poca los mitos nacionalistas van siendo m\u00e1s dif\u00edciles de vender, en Francia ha habido gestos que apuntan hacia la revisi\u00f3n de esta versi\u00f3n patri\u00f3tica de aquellos hechos. Incluso Chirac, presidente de la Rep\u00fablica, reconoci\u00f3 la participaci\u00f3n francesa en redadas antijud\u00edas y pidi\u00f3 perd\u00f3n por ello. En Espa\u00f1a, aparte de algunos libros acad\u00e9micos de gran calidad, a nadie se le ha ocurrido todav\u00eda reivindicar a los \u201cafrancesados\u201d ni denunciar las crueldades de la guerrilla.<\/p>\n<p>La Espa\u00f1a de 1808-1814 y la Francia de 1940-1944 no son, desde luego, casos \u00fanicos. No hace falta traer a colaci\u00f3n la distorsi\u00f3n que el nacionalismo catal\u00e1n ha hecho de la Guerra de Sucesi\u00f3n espa\u00f1ola. Algo similar ocurre en relaci\u00f3n con la actuaci\u00f3n de tantos pa\u00edses europeos en la Segunda Guerra Mundial. Especialmente en el este de Europa, donde las sociedades se dividieron y muchos colaboraron con el nazismo y\/o con el estalinismo, hoy no se encuentran m\u00e1s rastros p\u00fablicos de aquel complicado per\u00edodo que los museos o las l\u00e1pidas en que cada pa\u00eds se autorretrata como v\u00edctima inocente de la barbarie extranjera.<\/p>\n<p>Puede que la autoestima colectiva exija elaborar versiones del pasado en las que se contraste la maldad extranjera con la nobleza propia. Pero para comprender adecuadamente el pasado no hay prisma m\u00e1s distorsionador que el nacionalismo.<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 \u00c1lvarez Junco<\/strong>&#0160;es historiador. Su \u00faltimo libro es&#0160;<em>Las historias de Espa\u00f1a<\/em>(Pons \/ Cr\u00edtica).<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Guerra de la Independencia espa\u00f1ola y la ocupaci\u00f3n alemana de Francia son conflictos complejos simplificados por inter\u00e9s patri\u00f3tico. 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